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Ulises, Alejandro y Eurasia

Ulises, Alejandro y Eurasia


Claudio Mutti   (publicado en Archivo Eurasia)

RESISTENCIA

http://web.archive.org/web/20080305012937/http://usuarios.lycos.es/resistencia/ulises.htm
Hace algún tiempo releía el canto XXVI del Inferno de Dante (el célebre canto de Ulises). Como probablemente recordaréis, en cierto momento el Ulises dantesco recuerda la arenga con la que convenció a sus compañeros de singladura para atravesar las Columnas de Hércules: “O frati, dissi, che per cento milia – perigli siete giunti all’occidente (…)” (1). Esforzándome en vislumbrar algo de aquel sentido alegórico que, por declaración expresa de Dante, se haya oculto tras el sentido literal, he aventurado la siguiente conjetura: el Occidente evocado por Ulises en la “orazion picciola” es probable que no agote su significado en la acepción espacial y geográfica del vocablo “Occidente”, que designa el lugar del “Sol que muere” (Sol occidens), el lugar donde acaba el cosmos humano y comienza el “mondo sanza gente” (2),el reino de las tinieblas y de la muerte.

Es por contra probable que el Occidente dantesco, habida cuenta la polivalencia del símbolo, señale también una fase temporal, así pues un sentido ulterior del discurso de Dante sería que sus compañeros, en cuanto “vecchi e tardi”, han llegado “a l´occidente” de su existencia, esto es a la proximidad de la muerte.(3)

Y así como ellos representan a la humanidad europea ¿cómo no comprender, simultáneamente, que Europa debía llegar – y de hecho habría llegado precisamente en la época de Dante, en los inicios del siglo XIV- a la proximidad de esa fase histórico-cultural que, según lo que ha dicho René Guénon, “ha representado en realidad la muerte de muchas cosas”?

Pero Occidente, el lugar de las tinieblas, es también un símbolo de eso que Martin Heidegger ha denominado “el oscurecimiento del mundo”.

“Mundo” –explica el propio Heidegger- “debe entenderse siempre en sentido espiritual“, pues, “el oscurecimiento del mundo implica un despotenciamiento del espíritu”.

Y la situación de Europa, continua Heidegger, “resulta mucho más fatal e irremediable en cuanto el despotenciamiento del espíritu proviene de ella misma”.

Este despotenciamiento del espíritu, este oscurecimiento del mundo, ha tenido, según Guénon, su momento decisivo con el final de la gran civilización medieval (la última civilización relativamente normal conocida por Europa) y con el inicio de la cultura inmanentista y laica del Renacimiento. Según Heidegger, “aunque haya sido preparado desde el pasado, éste (el oscurecimiento del mundo, ndr) se ha manifestado definitivamente partiendo de las condiciones espirituales de la primera mitad del siglo XIX”, verbigracia: mediante el triunfo del racionalismo contemporáneo, del materialismo, del individualismo liberal.

En cualquier caso, podemos afirmar que este oscurecimiento del mundo ha marchado en paralelo con lo que ha sido recientemente denominado “la occidentalización del mundo”.

El infierno, en el fondo del cual acabó ese Ulises dantesco que abandonó Europa para adentrarse en las tinieblas occidentales, es un Occidente perenne (¡ley de la balanza!), porque la luz no alumbra allí jamás. Dante escapa de esta eterna tiniebla occidental e infernal gracias a la guía de Virgilio, el poeta del Imperio, el poeta de un Imperio que, como se dice en Paradiso, VI, 4-6, está por su mismo origen vinculado a Europa: “cento e cent´anni e più l´uccel di Dio – ne lo stremo d´Europa si ritenne, – vicino a’ monti de’ quai prima uscìo”.(4)

En efecto, debemos recordar que, según Dante, el Águila imperial (“l´uccel di Dio”) tuvo su origen “ne lo stremo d´Europa”, esto es en la actual Anatolia, allí donde se alzaba Troya. Por otra parte, también Europa, la doncella “dall´ampio volto” que fue amada por Zeus y que dio su nombre a nuestro continente, era originaria de la ribera oriental del Mediterráneo.

Sería interesante pararse a considerar que para los Griegos y para los Romanos, y aún después para los hombres del Medioevo, la imagen geográfica de Europa se extendía hacia oriente mucho más que no en la edad moderna y en la contemporánea; pero esto sería otro discurso.(5)

Nosotros, que estamos aquí para hablar del “destino de Europa”, debemos al contrario preguntarnos: ¿ quién señalará a Europa, en los umbrales del tercer milenio, el camino para salir del Occidente y volver “a riveder le stelle”?

La primera tarea consiste en efectuar una aclaración. Debemos por tanto restablecer los verdaderos términos de la relación que se establece entre Europa y Occidente, relación de natural oposición y de antagonismo; debemos refutar una escandalosa sinonimia que, impuesta por los vencedores occidentales de la Segunda Guerra Mundial, ha sido aceptada por los Europeos de la forma más acrítica e ignorante.

El concepto Occidente es relativamente nuevo y resulta sinónimo casi de modernidad; por consiguiente, como visión del mundo, Occidente es esencialmente otro respecto al espíritu que preside las manifestaciones de la civilización europea tanto en la Antigüedad como en el Medioevo.

Es cierto que la civilización occidental trata a menudo de identificar sus propias raíces con alguna de las fases histórico-culturales a través de las cuales se ha ido configurando Europa, es decir, la antigua Grecia, el mundo romano o la Cristiandad latino-germánica.

Sin embargo, es preciso objetar que, si la modernidad es “desencanto del mundo”, resulta cuando menos aventurado presentar como antecedente de la civilización occidental a la cultura griega, esto es una cultura que no produce solamente anticipaciones del pensamiento moderno como el racionalismo sofistico y el mecanicismo atomista, sino que se expresa también (y sin duda en mayor medida y con mayor intensidad) en los Misterios órficos y eleusinos, en la teología de la historia de Herodoto, en la metafísica de los Presocráticos, de Platón y de Aristóteles, en la poesía religiosa de Esquilo y de Píndaro, en la teurgia y en la mística de los platónicos.

Y ni siquiera está claro en función de qué lógica Occidente tendría el derecho a remitirse a la civilización romana, que en realidad se funda precisamente sobre aquello que es más escandaloso desde el punto de vista de la modernidad, a saber: sobre la identificación del ámbito religioso con el jurídico y político. Una identificación que posteriormente se ha vuelto a dar si acaso bajo el Islam de ningún modo en la civilización occidental.

Por otro lado, el Imperio de Roma, como posteriormente también el Imperio Bizantino y el Imperio de los Otomanos, no fue un imperio occidental, sino una gran síntesis mediterránea y, en cierto medida, eurasiática. Incluso el Sacro Romano Imperio pareció recuperar una dimensión de este género, cuando, con Federico de Suabia, la corte imperial se trasladó a Palermo y el Emperador extendió su autoridad sobre Jerusalén y otras partes de Palestina. La misma Alemania, que en tanto imagen histórica del Imperio medieval ha seguido siendo hasta 1945 das Reich, “el Imperio”, ha buscado siempre su propio espacio no hacia occidente, sino hacia oriente.

* * *

Volviendo a Ulises, recuerdo haber leído en alguna publicación que el Odiseo homérico, “fue el viajante (sic) de la modernidad”. Una vulgaridad de este tipo, que revela la necesidad de la modernidad de inventarse una galería de antepasados, es posible precisamente porque la esencia del Odiseo homérico, prototipo del homo Europaeus, ha sido tergiversada por la propia modernidad.

De hecho, para la percepción moderna Odiseo no es lo que era para los Griegos, a saber: el anèr polytropos que, alentado por la nostalgia de los Orígenes y asistido por Atenea, es decir por el Intelecto divino, lucha contra las fuerzas inferiores y, tras un largo cautiverio en la isla occidental de Eea, retorna a una patria “central”, a una “tierra del medio”, que simboliza esencialmente la perfección primordial del estado humano.

La modernidad ha desfigurado al Odiseo homérico convirtiéndolo en un héroe cultural a su propia imagen y semejanza; así, colocado ante un espejo deformante, el homo Europaeus nos devuelve la imagen falaz del homo Occidentalis.

Existe luego una variante “filosófica”, por llamarla de algún modo, de la misma vulgaridad: el Odiseo que describe a Penélope el lecho matrimonial tallado con la madera del olivo (el lecho de Odiseo es en realidad el símbolo homérico del Axis Mundi) según Horkheimer y Adorno sería, mira por donde, el “prototipo del burgués (que) tiene, en su smatness un hobby“, aquello de “háztelo tú mismo”. Los autores de la Dialéctica del iluminismo completamente ignorantes del auténtico significado del héroe homérico, han creído poder identificar, tras la máscara de Odiseo, el rostro del burgués occidental que da comienzo al desarrollo racionalista liberándose de la superstición y ejercitando su dominio sobre la naturaleza y sobre los hombres.

El Odiseo de los rabinos de (la Escuela de) Frankfurt se convierte de este modo en la metáfora de ese poder racional de dominio que se organiza como saber sistemático y tiene como sujeto al burgués occidental, “en las formas sucesivas –así lo escriben ellos – del esclavista, del libre emprendedor, del administrador”.

Sin embargo, tal metáfora se basa en una típica reducción de lo superior a lo inferior, puesto que Adorno y Horkheimer identifican indebidamente el intelecto (principio de orden universal) con la razón (facultad específicamente humana, limitada, relativa e individual). Ahora bien, Odiseo, prototipo del homo Europaeus, es concretamente un símbolo del intelecto, es decir del principio espiritual que trasciende la individualidad y con ella el conjunto de elementos psíquicos y corporales, representados en el poema homérico por los compañeros del héroe.

El periplo de la Escuela de Frankfurt, nacido por iniciativa de un grupo de judíos liberales, concluye su ciclo desembocando finalmente en una explícita adhesión al judaísmo. Poco antes de morir, Horkheimer recomendó el “retorno a Yahvé” y la “eterna espera” de un Mesías que, dicho por el propio Horkheimer, no vendrá nunca. Esta posición será retomada y desarrollada por los llamados nouveaux philosophes André Glucksmann y Bernard Henri-Lévy.
Ahora, por lo que respecta a la irreductibilidad del Odiseo homérico, prototipo del homo Europaeus, a la visión judaica y a la visión moderna, nos remitimos a las palabras de un autorizado representante del pensamiento judeo-cristiano, Sergio Quinzio, el cual en Radici ebraiche del moderno afirma que no sólo la concepción griega del tiempo, sino también la concepción griega del espacio es circular, dado que el espacio odisíaco transcurre de Itaca a Itaca. El tiempo y el espacio de los Griegos –escribe Quinzio- “son el tiempo y el espacio del eterno retorno, en los que nada realmente nuevo puede suceder. Viceversa, como el tiempo judaico es lineal, así también el espacio judaico es lineal, va desde la tierra de esclavitud hacia la tierra prometida”.

Por lo demás, ya Emmanuel Levinas había contrapuesto en términos de antítesis irreductible el retorno odisíaco y el éxodo bíblico, así como las figuras de Odiseo y de Abraham: el Abraham de la representación bíblica, naturalmente, porque bien distinta resulta la figura del Profeta Ibrahim tal como es trazada en el Corán; el cual rechaza de plano (ad. es. III, 60) (6) la caracterización judía y cristiana del Patriarca de Ur, haciendo de éste último un representante de la Tradición Primordial. “Al mito de Ulises que retorna a Itaca –escribe Levinas en La traccia dell’altro – querríamos contraponer la historia de Abraham que deja para siempre su patria por una tierra aún desconocida y que prohíbe a su criado volver a llevar a su hijo hasta aquel punto de partida”.

Evocando a este Abraham bíblico y antiodisíaco, prototipo de los “padres peregrinos” que abandonaron Europa para establecerse en el continente occidental, Levinas ha dado forma al contramito del déraciné: una especie de “contramito fundador” de la Zivilisation occidental, en la que tiene un peso relevante lo que René Guénon llama el “aspecto ‘maléfico’ y desviado del nomadismo”. En cualquier caso, Levinas ha tenido el mérito de contraponer explícitamente al prototipo mítico del homo Europaeus el prototipo contramítico y antitradicional del homo Occidentalis.

* * *

Así con toda justicia, se ha dicho que la Odisea, junto a la Ilíada, constituye lo que se ha calificado como la Biblia de los Griegos, del mismo modo que la Eneida será la Biblia de los Romanos. Si queremos usar un lenguaje consecuente con esta metáfora, debemos afirmar que Homero ha sido el primer profeta de Europa y que sus poemas han constituido la más antigua revelación religiosa manifestada a los Europeos.

En una página llena de pathos nietzscheano, el gran filólogo clásico e historiador de las religiones Walter Otto describe la visión homérica contraponiéndola implícitamente a la judeo-cristiana, en los siguientes términos:

“Homero se convierte en la Biblia de los Helenos (…) También su revelación tuvo un gran eco, pero mucho más viril, más fiel a la vida, más respetuosa con la realidad que el mensaje de espíritus trastornados, en contienda consigo mismos y con la vida. La religión en la que el pueblo debía ser instruido había sido primeramente revelada al corazón de los más nobles y de los más gentiles. (…) La religión de Homero era religión revelada según la opinión cierta y humana de que todo gran pensamiento es hijo de la divinidad” (W. Otto, Spirito classico e mondo cristiano, La Nuova Italia, Firenze, 1973, p.25).

En un escrito de 1931 que, investigando los orígenes del espíritu europeo, identifica en la herencia homérica la prefiguración de nuestra identidad de Europeos, Walter Otto vuelve a hablar de Homero:

“El no es por lo tanto solamente el maestro que ha creado en Europa la primera gran poesía, dando por escrito la ley viviente del arte poético europeo. No es tampoco solamente el destinado a elevarse a expresión del ser griego de modo tan grande y profundo que su obra se convierte en genio formativo de toda la nación. El es también para nosotros, aún hoy, no obstante los avatares históricos, aquél que proclama admirablemente la vida y el mundo. (….) De hecho, a través de él el espíritu griego, y con él el europeo, ha encontrado su primera expresión, que permanece válida hasta la fecha. Y si comprendiéramos de modo correcto su palabra, quizás también el significado de la ciencia y de la filosofía griegas nos mostraría su más profundo significado.” (W. Otto, Lo spirito europeo e la saggezza dell’Oriente, SEB, Milano 1997, p. 11).

Junto a Homero, el otro gran maestro de la antigüedad europea es Platón. No por casualidad otro filósofo judío y liberal, Karl Popper, ha asignado a Platón el papel de padre espiritual de la corriente de “enemigos de la sociedad abierta”, una corriente que partiendo del pensamiento platónico llega a los totalitarismos del siglo XX.

Popper aparte, la República de Platón resulta fundamental con relación al reconocimiento de la originaria Weltanschauung europea, porque en dicha obra encontramos expuesta de forma transparente y orgánica esa doctrina de la trifuncionalidad que, según Georges Dumézil, constituyó la característica propia de todas y cada una de las sociedades indoeuropeas, tanto de Europa como de Asia.

Como es sabido, los estudios realizados por Dumézil en el dominio de la historia de las religiones y de la lingüística han demostrado que los pueblos indoeuropeos más allá del parentesco idiomático, poseen una estructura mental específica y una concepción peculiar del hecho religioso, de la sociedad, de la soberanía, de las relaciones entre el hombre y la Divinidad. En definitiva, Dumézil ha sacado a la luz una común Weltanschauung indoeuropea, una visión del mundo plena de implicaciones teológicas y político-sociales, según la cual la comunidad puede vivir y prosperar gracias sólo a la colaboración y a la solidaridad de las tres funciones de soberanía, fuerza y fecundidad. La primera función (la soberanía) corresponde a lo sagrado, al poder y al derecho; la segunda (la fuerza) corresponde a la actividad guerrera; la tercera (la fecundidad) corresponde a la producción y a la distribución de los bienes materiales.

Ahora, si en la estructura religiosa y social ilustrada por Dumézil se manifiesta una exigencia fundamental de la más profunda mentalidad indoeuropea; si la denominada “ideología trifuncional” es una característica inherente a la mentalidad del Europeo; si ella es una de esas estructuras latentes que resultan indisociables de la cultura y el espíritu de un pueblo y si conservan de algún modo a través de las generaciones, tan es así que todavía en la Edad Media la composición de la sociedad era establecida por las tras categorías de los oratores, bellatores e laboratores y que tal tripartición sobreviviera de alguna forma hasta la Revolución Francesa – entonces sería lícito hacerse la siguiente pregunta: ¿En qué medida la concepción trifuncional puede encarnar una via para volver a pensar el mundo y la vida en términos adecuados a nuestra cualidad de Europeos?

Sobre esta interrogación no sería superfluo reflexionar seriamente.

De momento, bastaría con hacer notar que la organización liberalcapitalista de la sociedad es típica no de la civilización europea, sino de la civilización occidental. El lema de tal organización podría ser la frase proverbial que circula en los Estados Unidos: Whatever is good for General Motors is also good for the USA.(7)

De hecho, el liberal capitalismo, surgido de la Revolución Francesa con la rebelión de la tercera función, el Tercer Estado, contra las otras dos, representa por una parte el poder efectivo del elemento económico sobre el político y sobre el militar, mientras que por otro lado conlleva una penetración de la mentalidad mercantil en las capas de la sociedad.

Una sociedad normal, al contrario, es aquella en la cual gobierna la función soberana; una sociedad es aquella en la que lo político prevalece sobre lo económico.

El propio concepto de Europa debe ser contemplado a la luz de la ideología trifuncional. Más allá de las simples relaciones comerciales (tercera función), más allá de los problemas propios de la defensa común (segunda función), Europa debe afrontar la cuestión principal, que es la de su soberanía (primera función).

Este proyecto solo puede extraer su sustento de una sola fuente: nuestra tradición más auténtica.

En 1935 Martin Heidegger decía de los Alemanes de entonces lo que hoy podría decir de los Europeos en general:

“Este pueblo podrá forjarse un destino solo si es capaz de provocar en sí mismo una resonancia (…) y si sabe captar su tradición de forma creadora. (…) Y si la gran decisión concerniente a Europa no debe realizarse en el sentido de una aniquilación, solamente se realizará mediante el despliegue, a partir de este centro, de nuevas fuerzas históricas espirituales“.

En otros términos: si Europa tiene todavía un futuro y si nosotros queremos encontrar una solución europea para su futuro, debemos volvernos hacia nuestros orígenes, interrogar a los maestros más antiguos de nuestra cultura y –creemos poder añadir- poner en marcha aquellas ideas que constituyen la herencia espiritual específicamente europea.

* * *

Alguno podría objetar que el punto de vista del antecitado Walter Otto, resumible en una fórmula del tipo “La Weltanschauung homérica o sea Europa”, debe ser actualizado y sustituido por aquel que hallamos sintetizado en el célebre título de Novalis, La cristiandad o sea Europa.

En todo caso, el corolario de tales fórmulas, que reivindican ambas a Europa, podría ser. “La modernidad o sea Occidente”. En realidad, como recuerda Franco Cardini en Nosotros y el Islam (8), “el concepto Occidente es relativamente nuevo y parece de por sí inseparable del de modernidad”.

Si en cuanto visión del mundo Occidente es sinónimo de modernidad y es por ello esencialmente otro respecto al espíritu que rigió las manifestaciones de la civilización europea en la antigüedad y en la Edad media, también como elemento del simbolismo geográfico Occidente se opone a Europa de forma radical.

Aquí conviene poner en evidencia una realidad elemental, que la cultura convertida en hegemónica ha intentado oscurecer a toda costa. Basta con echar una ojeada a cualquier atlas geográfico para darse cuenta que el Occidente del mapamundi terrestre coincide con el continente americano y con las aguas oceánicas que lo rodean. Europa no es Occidente, porque se encuentra en el hemisferio oriental y es parte integrante de esa unidad continental llamada Eurasia. Así, si Europa tiene una relación de continuidad o de contacto natural con otras partes del mundo, éstas no son América, sino Asia y África. Todo esto, aun sin decirlo, el propio Cardini nos induce a pensarlo cuando abre una interrogación de este tipo: ¿Pero el ecuador es realmente una línea divisoria también en términos culturales o económicos –y de poder- más nítida del meridiano atlántico que separa el continente europeo del americano?

La tesis de la localización occidental de nuestro continente es por otra parte desmentida por la configuración geográfica de las construcciones imperiales que han unificado zonas más o menos amplias del espacio europeo. Los imperios de Alejandro, de Roma, de Bizancio, de los Otomanos fueron grandes síntesis euroasiáticas y mediterráneas. Incluso el Sacro Romano Imperio pareció recuperar una dimensión de este género, cuando, con Federico II de Suabia, la corte imperial se trasladó a Palermo y el mismo Emperador extendió su autoridad sobre Jerusalén y otras zonas de Palestina. La misma Alemania, que en tanto imagen histórica del Imperio medieval ha seguido siendo hasta 1945 das Reich, “el Imperio”, ha buscado siempre su propio espacio no hacia occidente, sino hacia oriente.

Más allá de la extensión en el espacio que han alcanzado realmente y de la incidencia temporal de los efectos de ellas derivados, todas las acciones políticas que han tratado de unificar el continente han contribuido a consolidar el tejido euroasiático, más allá de las divisiones políticas, de las diferencias étnicas y de las contraposiciones culturales.

* * *

Si es cierto que los mitos implican una serie de significados sobrepuestos al literal, no sería del todo ilegítimo buscar en ese difundido arquetipo que nos habla del desmembramiento de un dios (Prajââ`pati, Osiris, Zagreus, etc.) y del posterior origen del cosmos a partir de sus miembros dispersos, un significado relacionado con el origen de la geografía terrestre. ¿Que son en realidad el conjunto de las tierras emergidas, si no un cuerpo, dividido en esas cuatro o cinco partes que hemos convenido en llamar continentes?

Tratemos primeramente de establecer el número de estos últimos, porque es posible enumerar cuatro (Eurasia, África, Oceanía, América) o quizás cinco (Eurasia, África, Oceanía, América septentrional, América meridional). A partir de su número, podremos aplicar a la geografía de nuestro planeta una analogía u otra. De hecho, para un esquema cuaternario valdrá el simbolismo de los cuatro elementos constitutivos del cosmos (aire, agua, fuego, tierra), mientras que el eje central corresponderá al elemento invisible y central, la quinta esencia, el éter.

Para un esquema quinario, viceversa, será posible aplicar el simbolismo del cuerpo humano. En tal caso, si imaginamos a los cinco continentes como partes de un cuerpo análogo al del ser humano, podríamos decir que Eurasia constituye la parte central y esencial, la que contiene la cabeza y el tronco, alojando dentro de sí pues el corazón, el cerebro y todos los demás órganos vitales, mientras que los otros cuatro continentes (África, Oceanía y las dos Américas) representan las cuatro extremidades del cuerpo.

Efectivamente, todas las regiones más importantes desde el punto de vista de la economía espiritual se hallan concentradas en Eurasia. A partir de centros euroasiáticos se han irradiado las influencias tradicionales que han alcanzado posteriormente al resto del planeta: desde el chamanismo siberiano más arcaico, que a través de migraciones protohistóricas se ha extendido por las dos Américas, hasta la revelación coránica que ha sellado el ciclo tradicional de la presente humanidad y se ha difundido igualmente más allá de los límites de Eurasia. Y esto por citar solo dos, la más antigua y.la más reciente, entre las formas tradicionales que se han manifestado originariamente en el suelo euroasiático.

Pero quisiera concluir planteando para vuestra reflexión otro mito, del cual se desprende toda la futilidad del concepto de Occidente entendido como realidad en sí misma, mientras que resulta a posteriori afirmada la conformidad de la idea del Imperio en el espacio euroasiático.

Se trata del mito de Alejandro y particularmente de la caracterización que de él ha sido realizada desde la tradición islámica, la cual en la Sura de la Caverna del Corán asigna al “Bicorne” una función no solo imperial, sino también escatológica (9). Según el simbolismo puesto de relieve desde este específico contexto tradicional, la marcha emprendida por Alejandro Magno a lo largo de la línea oeste-este traduce en el plano geográfico esa modalidad “expansiva” que la doctrina islámica denomina “amplitud”. Ahora bien, “amplitud” y “exaltación” son dos términos que corresponden a las dos fases del Viaje Nocturno del Profeta Muhammad, paradigma del camino iniciático que alcanza la realización suprema.

De hecho, Fadlall`h al-Hindî ha afirmado: . “Sea la exaltación sea la amplitud han alcanzado su perfección en el Profeta, que Dios lo bendiga y le dé la Paz”. Pero aquí es preciso añadir que, según un dicho tradicional del Profeta mismo, Alejandro ha sido entre todos los hombres el más semejante a él.

Y esto no solamente porque Alejandro cruza la tierra en su extensión horizontal, de oeste a este, sino también porque, según otro dicho [hadiz] atribuido al Mensajero de Dios, después de la fundación de Alejandría de Egipto el Macedonio fue llevado al cielo por un ángel. Por otra parte, las historias relativas al descenso de Alejandro al fondo del mar y a su ascensión celeste hasta la esfera del fuego han tenido amplia difusión ya sea en Oriente como en la Europa medieval.

De este modo, la figura de Alejandro puede remitirse, por los significados que conlleva, a una doctrina íntegra del Sacro Imperio, pues él, habiendo desarrollado todas sus posibilidades según los dos sentidos horizontal y vertical, es al mismo tiempo poseedor de la realeza y del sacerdocio, es simultáneamente rex y pontifex. Y su figura se coloca en el trasfondo del espacio euroasiático, que constituye no sólo el escenario histórico, sino la proyección espacial misma correspondiente a la idea del Imperio.

 

 

NOTAS

 

(1)NdelT.- “OH hermanos –dije-, que tras cien mil / peligros a occidente habéis llegado(…)”(XXVI, 112-13). Divina Comedia. Seguiremos siempre la traducción y edición de Giorgio Petrocchi y Luis Martínez de Merlo, Cátedra, Madrid, 1998;

(2)NdelT.- “… el mundo inhabitado” (XXVI, 117);

(3)NdelT.- “Viejos y tardos ya nos encontrábamos/ al arribar a aquella boca estrecha/ donde Hércules plantara sus columnas (…)” (XXVI, 106,108)

(4)NdelT.- “más de cien y cien años se detuvo /en el confín de Europa aquel divino/ pájaro, junto al monte en que naciera(…)”

(5)NdelT.- Resulta curioso que actualmente, en la estela de cierto discurso de Estado francés, algunos pájaros no precisamente divinos, graznen contra la supuesta “europeidad” geográfica y –sobre todo- política de Turquía, confundiendo sus propios prejuicios étnico-religiosos euro-sionistas con los orígenes sagrados indo-arios de la civilización europea;

(6)NdelT.- Debe tratarse de un error tipográfico. En realidad, las aleyas dedicadas a Ibrahim/Abraham comienzan en III, 65 y ss. Por ejemplo: “Abraham no fue judío ni cristiano, sino que fue hanif [monoteísta primordial], sometido a Dios, no asociador.” (III, 67) Alcorán, edición y traducción de Julio Cortés y Jacques Jomier, Herder, Barcelona, 1986)

(7)NdelT.- Lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos.

(8)NdelT.- Existe traducción española: Franco Cardini. Nosotros y el Islam. Historia de un malentendido”, Crítica, Barcelona, 2002;

(9)NdelT.- Alcorán, XVIII, 83-98;

Un Nuevo Estandarte Rojo.

A medida que se aleja la perspectiva de una victoria alemana, no es ya la esvástica el símbolo de las esperanzas de Drieu, sino la hoz y el martillo. El 27 de diciembre de 1942, mientras que en Stalingrado arrecia la batalla que señalará el principio del fin para el Eje, el escritor anota en su Diario: “Moriré con bárbaro gozo pensando que Stalin será el amo del mundo. Por fin un amo. Es bueno que los hombres tengan un amo que les haga sentir la feroz omnipresencia de Dios, la voz inexorable de la ley”.

En su, por lo demás, loable y penetrante “Introducción al Diario 1939-1945 de Drieu”, Julien Hervier(1) intenta explicar “el origen de esta adoración por un poder paterno, político y divino” (p.45) recurriendo a los manoseados tópicos acerca de “la relación con el padre”. La misma “explicación”, obviamente, debería servir para el deseo que se formula en fecha 24 de enero del 43: “Ah, que mueran también todos estos burgueses, se lo merecen. Stalin los degollará a todos y después a los judíos… quién sabe. Eliminados los fascistas, los demócratas permanecerán solos frente a los comunistas: paladeo la idea de este tête-tête. Disfrutaré desde la tumba”.

Pero, al margen de la interpretación sicoanalítica, Hervier esboza también otra, según la cual la opinión de Drieu “no hace más que acompañar el curso de los acontecimientos” (p.45), en el sentido de que las simpatías de Drieu por la Unión Soviética se deberían al hecho de que “los rusos son más fuertes que los alemanes, Stalin más fuerte que Hitler” (p.46). ¡De donde se deriva el perfil inédito y peregrino de un Drieu La Rochelle oportunista, “víctima de una forma de oportunismo intelectual que le impele a alinearse una y otra vez con el más fuerte”! (p.46).

A semejante diagnosis psicológica le añade Hervier otra de carácter ideológico, acusando políticamente a Drieu de no tener las ideas lo bastante claras sobre las doctrinas fascista y comunista: “Con arreglo a las victorias y a las derrotas rusas y alemanas, Drieu caerá en una permanente oscilación entre las dos ideologías contendientes del fascismo y del comunismo, demostrando cuán endebles eran las raíces de sus convicciones”(p.47).

Sin embargo, estas desafortunadas valoraciones son posteriormente superadas y en cierto modo rebatidas por el propio Hervier, que al final se muestra capaz de captar el sentido más genuino de la “conversión” de Drieu: “El tránsito de Drieu desde el fascismo al comunismo es a fin de cuentas más geopolítico que ideológico, siendo incluso racista, en la medida en que ve a los rusos a un pueblo joven que sobrepuja a los alemanes. La única constante de su pensamiento político es la idea de Europa: la realización será cometido, si no de los alemanes sí de los rusos” (p.47; la cursiva es nuestra). En resumen, hacia el final de la segunda guerra mundial y de su propia vida Drieu ve en el Ejército Rojo el único instrumento histórico capaz de sustituir a los ejércitos del Eje en la construcción de la unidad continental.

Más adelante Hervir acierta a señalar la otra constante del pensamiento de Drieu: “Lo único estable que subsiste es si acaso una repugnancia, un rechazo: el odio visceral a la democracia” (p.48, cursiva nuestra).

Para probarlo se cita la parte final de esta entrada de 29 de marzo del 44: “En todo caso, saludo con alegría el advenimiento de Rusia y del comunismo. Será atroz, atrozmente devastador, insoportable para nuestra generación que perecerá toda de muerte lenta o inesperada, pero esto es mejor que el regreso de la decrepitud, del mal gusto anglosajón, de la restauración burguesa, de la democracia rancia”. Un fragmento análogo lleva fecha de 2 de septiembre del 43: “Y por otra parte mi odio por la democracia me hace desear el triunfo del comunismo. En ausencia del fascismo […] sólo el comunismo puede poner al Hombre contra la pared obligándole a admitir de nuevo, como no sucedía desde la Edad Media, que tiene unos Señores. Stalin, más que Hitler, es la expresión de la ley suprema”. Tras la derrota del fascismo, la autocracia soviética permanece como única alternativa a la democracia y al individualismo, productos de la décadence: “Lo que me gusta del triunfo del comunismo es no solamente la desaparición de una burguesía despreciable y obtusa, sino también el encuadramiento del pueblo y el renacer del antiguo despotismo sagrado, de la aristocracia absoluta, de la teocracia definitiva. Desaparecerán así todos los desatinos del Renacimiento, de la reforma, de la revolución americana y francesa. Se vuelve a Asia; que es lo que necesitamos” (25-IV-43). En cuanto al marxismo, no es preciso dejarse engañar: se trata de una enfermedad pasajera que no compromete la salud básica del organismo ruso. Infinitamente más grave es el mal americano. ” Debemos desear –escribe Drieu el 3 de marzo del 43- la victoria de los rusos antes que la de los americanos. […] los rusos poseen una forma, mientras que los americanos no la tienen. Son una raza, un pueblo; los americanos son una caterva de híbridos. Cuando se tiene una forma, se tiene una sustancia; pues bien, los rusos tienen una forma. El marxismo es una enfermedad de crecimiento dentro de un cuerpo sano. Pensábamos que ese cuerpo magnífico estaba podrido, pero no es así”.

Consideraciones de este género se hacen más frecuentes en el transcurso de 1944. El 10 de junio Drieu escribe: “Vuelvo la mirada a Moscú. En la caída del Fascismo mis últimos pensamientos se dirigen al comunismo. Confío en su victoria, que no me parece asegurada de modo inmediato, pero sí probable a un plazo más o menos largo. Anhelo el triunfo del hombre totalitario sobre la tierra.”. El 28 de junio: “Nada me separa ya del comunismo, nada me ha separado nunca excepto mi atávica desconfianza de pequeño burgués”. El 20 de julio: “Imagino una solidaridad in extremis entre dictadores: Stalin ofreciendo ayuda a Hitler y a Mussolini, al darse cuenta que, si permanece como el único de su especie, está perdido. Pero sería demasiado bonito. Elegirá colonizar directamente Alemania”. El 26 de julio: “Los rusos se acercan a Varsovia. ¡Hosanna! ¡Hurra! Es mi grito de hoy”. El 28 de julio: “Tendría una sola razón para sobrevivir: luchar en el bando ruso contra los americanos. […] Del mismo modo podría hoy entregarme al comunismo, en la medida en que han asimilado ya todo lo que amaba del fascismo: gallardía física, voz de la propia sangre dentro de un grupo, jerarquía viviente, noble reciprocidad entre débiles y fuertes (en Rusia los débiles están oprimidos, pero reverencian el principio de la opresión). Es el mundo de la monarquía y de la aristocracia en su principio vital”. El 7 de agosto: “Monarquía, aristocracia, religión están hoy en Moscú y en ningún otro sitio”. El 9 de agosto: “Moscú será la Roma final”. Y así hasta las últimas páginas del “Diario”, en las cuales Drieu reafirma un concepto ya expresado repetidamente, por ejemplo el 10 de septiembre del 43: “La conclusión lógica del comunismo es la teocracia. […]. Probablemente Stalin aceptará un compromiso, como Clodoveo. Para él la Iglesia constituirá otra leva contra los anglosajones”, manifestando la confianza en que los rusos consigan “espiritualizar el materialismo” (20 de febrero del 45).

Es precisamente el mito de la Europa imperial, así como el suplementario “horror” frente a la democracia, lo que constituye el eje alrededor del cual gira el compromiso político de Drieu, desde el primero hasta el último día de su militancia. Siendo éste el referente ideal que nos permite valorar su extrema coherencia cuando señala a la Rusia soviética como el nuevo instrumento histórico para retomar la lucha contra la décadence occidental. Releídos bajo esta luz, los párrafos que han desconcertado a Hervier no demuestran en modo alguno la fragilidad del pensamiento de Drieu (y mucho menos su presunto oportunismo intelectual), sino una línea consciente y radical.

No es el de Drieu un fenómeno único, y ni siquiera raro. Razones análogas a las suyas se encuentran en las adhesiones al comunismo de muchos militantes de los fascismos y de los “falsos fascismos” europeos, que al final de la contienda decidieron seguir combatiendo desde distintas trincheras al enemigo principal: el Occidente capitalista. Sería muy interesante descubrir qué papel han desempeñado los hombres procedentes del bando de los derrotados en las opciones heterodoxas, desde el punto de vista marxista, de algunos gobiernos y partidos comunistas del Este de Europa, o por otro lado conseguir establecer en qué medida la herencia nacionalista, fascista o nacionalsocialista ha podido ser transmitida a los nuevos regímenes. Si bien es sin ningún género de dudas falsa la afirmación según la cual los legionarios rumanos habrían sido “los inmediatos predecesores de los comunistas” en el sentido de que estos últimos habían llevado a cabo las reformas sociales legionarias(2); si resulta igualmente infundado mantener que “ha sido realizada en Hungría y en Rumania la revolución social por la que Szálasi y Codreanu lucharon y que habían preparado(3), no es menos cierto que ciertas reminiscencias son inevitables, cuando se aprecian las acusadas particularidades del “nacional-comunismo” rumano (que por otra parte procedió a una cauta rehabilitación de Antonescu), las tendencias nacional-populares presentes en el seno del partido comunista húngaro (que en el terreno cultural recuperó a los autores de orientación “populista”, incluidos aquellos que habían coqueteado con el nazismo”(4), la permanencia de un cierto estilo “prusiano” en la Alemania Oriental (donde no se permitió la constitución de asociaciones de “víctimas del fascismo”).

Pero sigamos en Italia. Condiciones anímicas e intenciones análogas a las de Drieu no dejaron de manifestarse en el período de la RSI, como lejanas y a menudo más radicales manifestaciones del “fascismo de izquierdas”. A este respecto resulta ilustrativo este texto de la revista florentina “Italia e Civiltà”: “Sepan finalmente Roosvelt y Churchill, y todos sus congéneres, que los fascistas más conscientes, que han reconocido siempre en el comunismo a la única fuerza viva contrapuesta a la suya, han señalado como su verdadero enemigo no tanto a Rusia como a la plutocrática Inglaterra y a la plutocrática América. Igualmente ellos [los fascistas] han disentido en muchos puntos con los comunistas, pero también han estado de acuerdo en rechazar siempre, tanto unos como otros, la vieja sociedad liberal, burguesa, capitalista. Y sepan también, los Roosvelt y los Churchill y sus congéneres, que si la victoria no correspondiera al Tripartito, la mayoría de los fascistas auténticos que escaparan de la represión engrosarían las filas del comunismo. Quedaría así salvado el foso que hoy separa las dos revoluciones. Se produciría entre ellas un recíproco intercambio e influencia, hasta concluir en la fusión armoniosa”.(5)

El 22 de abril del 45, Enzo Pezzato manifestaba conjeturas equivalentes en “Repubblica Fascista”: “El Duce ha denominado social a la República italiana no por diversión; nuestros programas son resueltamente revolucionarios, nuestras ideas forman parte de las que un régimen democrático calificaría como de izquierda; nuestras instituciones son emanación directa y concreta de los programas; nuestro ideal es el Estado del Trabajo. Sobre esto no pueden existir dudas: nosotros somos proletarios en lucha, a vida o muerte, contra el capitalismo.. Somos revolucionarios a la búsqueda de un orden nuevo. […] El auténtico esperpento, el verdadero peligro, la amenaza contra la que combatimos sin cesar procede de la derecha”.(6)

Tras el 25 de abril [1945], estos propósitos toman cuerpo de varias formas: “mientras que en más de una ocasión se organizaron encuentros entre jóvenes missinos y comunistas –a menudo interrumpidos por ataques de ex-partisanos indignados- en nombre de una poco probable convergencia anti-burguesa que incidiera sobre la cuestión social”(7), la iniciativa más consistente estuvo representada por el “Pensiero nazionale” [El Pensamiento nacional].

Se trata de un quincenal fundado por Stanis Ruinas (1889-1974), un antiguo socialista que durante el “ventennio” había sido redactor de “L´Impero” y desde 1941 fue director de “Lager”, periódico de los trabajadores italianos en Alemania. Enrico Landolfi, que ha reconstruido la historia del “Pensiero nazionale”(8), sintetiza su línea política e ideológica en estos términos: “continuación, dentro de las nuevas condiciones del post-fascismo, de la lucha anti-plutocrática contra el capitalismo interno, representado por la DC [Democracia Cristiana] y protegido por las potencias occidentales vencedoras de la guerra, manifestaciones del dominio del oro en el ámbito internacional. Aliado natural: el bloque de izquierda dirigido por el PCI [Partido comunista italiano] y vinculado a la URSS, dentro del cual [“Il Pensiero nazionale”] se posiciona en autónoma convergencia”.

Sobre la base de estos y otros elementos, no resulta infundada en absoluto la hipótesis seriamente considerada por Domenico Leccisi: “Se ha escrito –recuerda este autorizado testimonio- que si el Partido Comunista no se hubiese declarado autor del fusilamiento de Mussolini y del exterminio de millares de fascistas en las sangrientas jornadas de abril (y meses sucesivos) de 1945, habría obtenido con seguridad la adhesión en masa de los jóvenes combatientes de la RSI. No estoy en posición de responder con certidumbre a semejante conjetura, aun cuando la presencia en las filas y en los cuadros del PCI de algunos sonoros apellidos de antiguos miembros del fascismo del ventennio hace la hipótesis bastante plausible”.(9)

Empero, la masa de los ex-combatientes de la RSI no se adhirió al PCI; y ni siquiera al PSI, si bien Mussolini había declarado su voluntad de dejar en herencia “la Socialización y todo lo demás a los socialistas y no a los burgueses”(10). De este modo, el partido fundado en la posguerra por fascistas republicanos, ese MSI que bien o mal afirmaba tener en la RSI su referente histórico reivindicando en cierto modo su herencia, bien pronto se alineó decididamente en la derecha (11), concertó alianzas electorales con los monárquicos y dio su apoyo a varios gobiernos democristianos. No obstante su inicial “negativa circunstancial”(12) al Pacto Atlántico, el MSI se convirtió bien pronto, so capa del anticomunismo, en la mosca cojonera del “partido americano” en Italia. Compitió en fanatismo pro-sionista con las sinagogas saragatianas y lamalfianas [ndt.- referente a Saragat y Lamalfa, líderes políticos del régimen italiano de posguerra] cuando se trataba de apoyar las agresiones israelíes contra los pueblos mediterráneos; vitoreó todas las “batallas por la civilización occidental”, desde la agresión americana contra Vietnam hasta la “operación de policía” contra Irak; finalmente se transformó en Alleanza Nazionale y envió a su secretario a una recepción del B´nai B´rith en los Estados Unidos.

Si Atenas llora, Esparta no ríe. La triste historia de la izquierda italiana, reducida al papel de amortiguador social al servicio de la usurocracia y del gran capital, se explica también mediante el hecho de que en la inmediata posguerra la fetichista “religión del antifascismo” impidió a la izquierda atraerse a los que habían combatido por los principios solidaristas y de justicia social incorporados al Manifiesto de Verona. Una contribución de fuerzas neo-fascistas habría podido dotar a la izquierda italiana de ese carácter patriótico del que por contra ha carecido casi siempre, al extremo de que a la postre se declaró abiertamente partidaria de la OTAN y de otros organismos imperialistas; habría reforzado su componente popular, evitando que se transformara en somatén de la burguesía accionista [ndt.- referente al Partido de Acción italiano] y liberal; la habría comprometido en el frente de las conquistas sociales, no precisamente en las “batallas de civilización” a favor del aborto o por los derechos de los degenerados sexuales.

En la Italia de la posguerra, el antifascismo y el anticomunismo cultivados ad arte han tornado imposible esa síntesis entre el elemento nacional y el elemento social que Drieu La Rochelle había visto plasmarse en Place de la Concorde el 6 y el 9 de febrero de 1934, cuando Jeunesses Patriotes y militantes comunistas, ex-combatientes y desempleados, se habían manifestados juntos contra la Cámara de Diputados, símbolo de la corrupción democrática, y contra el gobierno radical de la época. “He visto sobre esta plaza a los comunistas acercándose a los nacionales: mirarles, observarles nerviosos y con envidia. Ha faltado poco para que se unieran, en una masa enfervorizada, todas las energías de Francia”(13) –dice Gilles en la novela homónima. El personaje de Drieu “imaginaba que fascismo y comunismo caminarían en la misma dirección, una dirección que le complacía”.(14)

La union sacrée auspiciada por Drieu se convirtió en realidad en Rusia, donde los fascistas de Barkashov y los comunistas de Anpilov se han enfrentado juntos, con las armas en la mano, a los designios dictatoriales del gobierno proconsular de Yeltsin. El intento mundialista de someter el gran espacio ex-soviético ha provocado, como es sabido, el nacimiento de una oposición “roji-parda”, que expresa la reivindicación popular de todo aquello que la colonización liberal-democrática está poniendo en peligro: honor, dignidad, identidad espiritual, cultura tradicional, espíritu comunitario, independencia política. “Todos los que han constituido este bloque –nos dice textualmente Guenadi Ziuganov, el 17 de junio del 92- han comprendido que solamente las ideas de Estado y de justicia social pueden salvar nuestra Patria. Para un pueblo, la nacionalidad representa una coordenada vertical, mientras que la justicia social es la coordenada horizontal. Estos dos componentes son inseparables”. Palabras extremadamente cristalinas, y sin embargo el observador occidental no consigue comprender en absoluto cómo las banderas zaristas y las soviéticas puedan ondear, las unas junto a las otras, en las manifestaciones “roji-pardas”.

Drieu La Rochele, al contrario, lo había comprendido sesenta años antes.”Durante la guerra –pone en boca del protagonista de L´Agent double– he sido soldado. He sido feliz: servía. ¿A quién? ¿Al Zar? Quizás ¿A la Santa Ortodoxia? También ¿A Rusia? Cierto. Pero vosotros me contestaréis hoy, como dijisteis hace diez años: “Rusia no significa nada. Un país no es nada, es una masa indiferenciada. Rusia es o el Zar o el Comunismo”. Pero no, yo os respondo con toda la experiencia de mi vida y de la vuestra: ‘Rusia es el Zar y el Comunismo, y de otros muchos más’”.(15)

Y un poco más adelante escribe una frase que tiene gusto premonitorio y que ha sido en Rusia verificada realmente: “El siglo XX no acabará sin que asistamos a extrañas reconciliaciones”.(16)

No hay pues que asombrarse si hoy Drieu está de moda en Moscú. Un periodista italiano que en el verano del 93 visitó la redacción del diario “Sovetskaja Rossija” advirtió en el despacho del jefe de redacción, colgado de la pared, un manifiesto con esta frase:

“Imaginaos lo que, para la grandeza de Europa, significaría que en un futuro se reiniciara la colaboración secular entre la élite europea y las masas rusas para el aprovechamiento de los recursos del mundo”

Esparta y su ley (I)

Esparta y su ley (I)

 

Si tuviera que elegir un lema, sería éste: “Duro, puro, seguro”, —en otras palabras: inalterable. Este sería el ideal de los fuertes, a quienes nadie abate, nada corrompe, nada hace cambiar; de los que se puede esperar la unión con lo eterno, porque su vida es orden y fidelidad.

(Savitri Devi, “Memorias y reflexiones”).

 

 

0- ÍNDICE

 

1- INTRODUCCIÓN

 

2- ORÍGENES DE ESPARTA

 

3- PRIMER DESARROLLO DE ESPARTA

 

4- LICURGO Y LA REVOLUCIÓN

 

5- LA NUEVA ESPARTA

 

6- EUGENESIA Y CRIANZA

 

7- LA INSTRUCCIÓN DE LOS NIÑOS

 

8- LA INSTRUCCIÓN DE LOS ADOLESCENTES

 

9- LA VIDA DE LOS ESPARTIATAS ADULTOS

 

10- LAS ESPARTANAS Y EL MATRIMONIO

 

11- EL GOBIERNO ESPARTANO

A) La Diarquía

B) El Eforado

C) El Senado

D) La Asamblea

E) Sobre las elecciones

F) Nomocracia: los reyes, a las órdenes de las leyes

 

12- SOBRE LA MENTALIDAD PAGANA, EL SENTIMIENTO RELIGIOSO ESPARTANO Y LA SUPREMACÍA SOBRE ATENAS

 

13- LA POLÍTICA DE LOS ESPARTIATAS PARA CON SUS INFERIORES: LA KRYPTEIA.

 

14- LA GUERRA

 

15- LA BATALLA DE LAS TERMÓPILAS COMO EJEMPLO DEL HEROÍSMO ESPARTANO

 

16- HISTORIA POSTERIOR DE ESPARTA

 

17- EL CREPÚSCULO DE ESPARTA

 

18- LA LECCIÓN DE ESPARTA

 

19- LA PERVIVENCIA DEL ARQUETIPO ESPARTIATA

 

20- NOTAS

 

 

 

1- INTRODUCCIÓN

 

¡Felices tiempos aquellos del pasado remoto en que un pueblo se decía a sí mismo: “¡Yo quiero ser el amo de otros pueblos!” Y es que, hermanos, lo mejor debe dominar y lo mejor quiere también dominar. Y allí donde se enseñe otra cosa es porque falta lo mejor.

(F. W. Nietzsche, “Así habló Zaratustra”).

 

Esparta fue la primera reacción masiva contra la inevitable decadencia traída por la comodidad de la civilización, y como tal, hay mucho que aprender de ella en esta época de degradación biológica y moral inducida por la sociedad tecnológica. Los espartanos supieron adelantarse milimétricamente a todos los vicios producidos por la civilización, y haciéndolo, se colocaron en lo alto de la pirámide del poder. Todas las actuales tradiciones militares de élite son en cierto modo herederas de lo que se llevó al cabo en Esparta, y ello nos señala la pervivencia de la misión espartana.

 

He recabado datos de diversas fuentes, dando prioridad a las clásicas. El historiador y sacerdote de Apolo en el santuario de Delfos, Plutarco (46 EC-125 EC), en sus obras “Antiguas costumbres de los espartanos” y “Vida de Licurgo” nos da valiosa información acerca de la vida espartana y sobre las leyes espartanas, y mucho de lo que hoy sabemos acerca de los espartanos es gracias a él. Jenofonte (430 AEC-334 AEC), historiador y filósofo que mandó a sus hijos a ser educados en Esparta, es otra buena fuente de información, en su escrito “Constitución de los Lacedemonios“. Platón (427 AEC-347 AEC), en su conocida “República” nos muestra su concepto de cómo ha de estar regido un estado superior, enumerando muchas medidas que parecen directamente sacadas de Esparta, pues en ella se inspiró.

 

Hoy en día nuestros adoctrinadores académicos enseñan vagamente que Esparta era un estado militarista y brutal volcado completamente en el poder, y cuyo sistema de educación y entrenamiento era muy duro. Nos presentan a los espartanos, a grandes rasgos, como soldados eficientes, toscos y descerebrados, a los que “sólo les interesaba la guerra”. Esto es un reflejo deliberadamente distorsionado de lo que realmente fueron, y se debe principalmente a lo que nos han contado algunos atenienses decadentes, aderezado con la mala fe de quienes manejan actualmente la información, que pretenden tergiversar la Historia para servir a intereses económicos y de otros tipos.

 

Los espartanos dejaron una huella espiritual indeleble. El simple hecho de que aun hoy en día el adjetivo “espartano” designe cualidades de dureza, severidad, tosquedad, resistencia, estoicismo y disciplina, nos da una idea del enorme papel que cumplió Esparta. Fue mucho más que un simple Estado: fue un arquetipo, fue la máxima exponente de la doctrina guerrera. Tras la fachada perfecta de hombres aguerridos y mujeres atléticas se escondía el pueblo más religioso, disciplinado y ascético de toda Grecia, que cultivaba la sabiduría de un modo discreto y lacónico, lejos del ajetreo y la chabacanería urbana que ya entonces habían hecho su aparición.

 

Es imposible rematar esta introducción sin hacer referencias a la película “300”, a pesar de que la mayor parte del texto fue escrito bastante antes de que saliese la película en 2007. Según se vaya leyendo, se verá que el modo de ser de los espartanos históricos no tenía nada que ver con los personajes que nos presenta esa película, que intenta hacernos más “digeribles” a los espartanos, presentándonoslos de una forma más yanqui, más “simpática” para las mentes modernas —lo cual no está del todo mal, puesto que de otro modo la peli no hubiese cuajado.

 

A otro nivel, Esparta brinda la excusa perfecta para tocar temas muy importantes.

 

 

 

2- ORÍGENES DE ESPARTA

 

Confesemos pues, sin rodeos, de qué forma ha surgido siempre en la Tierra toda cultura superior: Unos hombres dotados de un carácter muy cercano a la naturaleza, bárbaros en todo el sentido terrible de la palabra, hombres de presa en posesión de una fuerza de voluntad y de una voluntad de poder aun intactos, se lanzaron sobre razas más débiles, más civilizadas, más pacíficas, dedicadas quizás al comercio o al pastoreo, o sobre antiguas culturas agotadas, cuya última fuerza vital se extinguía en brillantes fuegos artificiales en el ámbito del espíritu y de la corrupción. La casta aristocrática fue siempre en sus inicios la casta de los bárbaros: su supremacía no radicaba tanto en la fuerza física como en la psíquica. Eran hombres más enteros, lo que equivale a decir “bestias más enteras”, en todos los sentidos.

(F. W. Nietzsche, “Más allá del Bien y del Mal”).

 

Antes de las grandes invasiones indoeuropeas, Europa se hallaba poblada por diversos pueblos pre-indoeuropeos, algunos de los cuales tenían sociedades avanzadas a las que nos inclinamos  a considerar como relacionadas con otras civilizaciones y sociedades fuera de Europa. [1]

 

En un principio, la mayor parte de Grecia estaba habitada por gentes mediterráneas que los posteriores invasores helenos llamarían pelasgos. Hacia 2700 AEC, floreció la civilización minoica (nombrada así en memoria del legendario rey Minos), basada en la isla mediterránea de Creta, muy influida por Babilonia y los caldeos, claramente relacionada con los etruscos e incluso con Egipto, y conocida por su “culto al toro” telúrico, el palacio de Cnosos, construcciones carentes de fortificaciones y un arte abundante en espirales, curvas, serpientes, mujeres y peces, todo lo cual coloca a esta civilización dentro de la órbita de las culturas matriarcales pre-indoeuropeas, de carácter telúrico y enfocadas a la Madre Tierra.

 

 

Alcance de la civilización minoica.

 

Según la mitología helénica, a medida que los primeros helenos periféricos iban avanzando en Grecia y entrando en contacto con sus gentes, los minoicos acabaron exigiendo, como tributo anual, 14 varones helenos jóvenes para ser sacrificados ritualmente (la leyenda de Teseo, Ariadna, el laberinto y el minotauro es una reminiscencia de esta época).

 

 

Este es el aspecto que pudo haber tenido el yacimiento de Cnosos en tiempos.

 

Hacia 2000 AEC hubo una invasión por parte de la primera oleada helénica, que inauguró lo que la arqueología denomina Edad de Bronce. Los helenos eran una masa indoeuropea que, en sucesivas oleadas bastante separadas en el tiempo, invadió Grecia por el Norte. Se trataba de un pueblo recio, más unido, marcial y vigoroso que los pelasgos, y acabaron sometiendo aquellas tierras a pesar de ser menores en número que la población autóctona. Estos helenos eran los famosos aqueos a los que se refieren Homero y las inscripciones egipcias. Trajeron a Grecia sus dioses, sus símbolos solares (incluida la cruz gamada, utilizada posteriormente por Esparta), los carros de guerra, el gusto por el ámbar [2], asentamientos fortificados, un idioma indoeuropeo (el griego, que se acabaría imponiendo a la población indígena), la sangre nórdica, el patriarcado y sus tradiciones cazadoras-guerreras.

 

 

Reconstrucción del asentamiento de Micenas, principal centro aqueo. Nótese el estilo “feudal”, con fortificaciones, en contraste con la falta de defensas de la pacífica Cnosos.

 

Los aqueos se fueron asentando en Grecia, erigiéndose como casta dominante, sin llegar en un principio a Creta. La primera destrucción de los palacios minoicos (hacia 1700 AEC) fue probablemente debida a un gran terremoto del que hay evidencias, y no a una invasión aquea.

 

 

Las civilizaciones micénica y minoica, alrededor de 1800-1400 AEC.

 

Los aqueos, en fin, acabaron dando lugar a la civilización llamada micénica, centrada en la ciudad de Micenas, Argólida. En 1400, los aqueos tomaron por la fuerza la isla de Creta, destruyendo los palacios y finalizando definitivamente la civilización minoica aunque, hasta cierto punto, acabaron adoptando algunas formas exteriores de la misma ―cosa que hacen muchos invasores desarraigados que pisotean a una civilización superior pero ya decadente.

 

Fueron los aqueos los que, alrededor de 1260 AEC, sitiaron y arrasaron Troya, en una cruzada de Occidente-Oriente capaz de unir a todos los aqueos ―generalmente propensos a guerrear entre ellos― en una empresa común. En la “Ilíada”, Homero nos los describe como una banda de bárbaros de mentalidad vikinga, arrasando una Troya refinada y civilizada. Tras este proceso, toda la costa occidental de Asia Menor, así como el Mar Negro y el Bósforo, quedó sometida a la influencia griega.

 

 

Los bandos durante la Guerra de Troya. En verde, la Grecia “homérica” de los aqueos. En violeta, reinos orientales que entraban en conflicto con la creciente expansión griega hacia el Este.

 

Alrededor de 1200 AEC, hubo de nuevo un inmenso flujo migratorio. Infinidad de pueblos indoeuropeos se desplazaban con gran tumulto hacia el Sur y hacia el Este. Todo el mediterráneo oriental sufrió grandes convulsiones bajo los llamados “pueblos del mar” y otras tribus indoeuropeas que invadieron las estepas del Este, Turquía, Palestina y Egipto, y que inauguraron la Edad de Hierro arqueológica en el Mediterráneo Oriental.

 

En cuanto a la civilización micénica de los aqueos, también fue arrasada por una de estas invasiones. Las menciones apocalípticas que se hacen en la historia tradicional griega (fuego, destrucción, masacre) hicieron pensar equivocadamente a muchos historiadores en grandes terremotos o revueltas. En esta legendaria invasión, mucho más numerosa que la anterior, se utilizaron ya armas de hierro, superiores a las armas de bronce de los aqueos. Los dorios, pertenecientes a dicha migración, y antepasados de los espartanos, irrumpieron en Grecia con extrema violencia, destruyendo a su paso ciudades, palacios y poblados. Los dorios tomaron Creta, y la civilización micénica de los aqueos desapareció abruptamente del registro arqueológico. Argólida —tierra de Micenas—  nunca olvidaría esto, y aunque ya con sangre doria, el estado de Argos, junto con sus dominios, se opondría testarudamente al poder espartano en siglos posteriores.

 

El anterior asentamiento de los dorios había estado en los Balcanes y en Macedonia, donde vivían en estado bárbaro, pero no habían habitado siempre en esa zona, sino que acabaron allí como resultado de otra migración procedente de aun más al Norte. La tesis más sensata es la que coloca el lugar de procedencia de los dorios junto a los celtas, los itálicos, los ilirios y el resto de helenos, en las llamadas “Cultura de los Túmulos” y la posterior “Cultura de los Campos de Urnas” (o de Halstatt), civilizaciones proto-indoeuropeas semibárbaras y tribales que florecían en Centroeuropa, al norte de los Alpes y al sur de Escandinavia. Según el historiador griego Heródoto, los dorios tenían su hogar más primigenio “entre las nieves”.

 

En toda Europa, tras las invasiones, existía una pugna (primero abierta y después más sutil) entre la mentalidad marcial de los nuevos invasores del Norte y la concupiscible mentalidad nativa. El Este, Finlandia, Italia, la Península Ibérica y Grecia fueron ejemplos de esta pugna, y generalmente el resultado fue siempre el mismo: los invasores indoeuropeos se impusieron a pesar de su aplastante inferioridad numérica, estableciéndose como nobleza por encima de una plebe descendiente del pueblo aborigen sometido. En el Peloponeso, esta lucha latente resultó en el fruto sobrehumano de Esparta, del mismo modo que, posteriormente, la lucha entre itálicos y etruscos dio lugar a Roma.

 

Cada época y cada lugar tienen su propia raza dominante. En aquella época y aquel lugar, los dorios eran la raza dominante. Un aspecto físico nórdico, un alma de hielo y fuego, una disciplina nata y una brutal vocación guerrera que les era natural, les distinguían de los nativos, más pacíficos y completamente volcados en las voluptuosidades del bajo vientre. Los dorios en particular (y entre ellos concretamente los espartanos, que se mantuvieron estrictamente apartados del resto del pueblo) conservaron sus rasgos originales durante más tiempo que el resto de helenos: siglos después de la invasión doria, los cabellos rubios y la estatura elevada aun eran considerados propios del ser espartano. Ello se debe a que, como en India, la gran epopeya de la invasión ancestral permaneció durante largo tiempo en la memoria colectiva del pueblo, y el racismo de los dorios, junto con su obstinación en permanecer como élite selecta, dio lugar a un sistema de separación racial que pudo conservar durante siglos las características de los invasores originales.

 

El nombre de los dorios [3] proviene de Dorus, hijo de la legendaria Helena. Los aristócratas se llamaban heráclidas, pues decían descender, además, de Heracles, atribuyéndose así una ascendencia divina. Divididos en tres tribus (hileos, dímanes y panfilios), los dorios se hallaban guiados por este linaje regio, junto con los oráculos —los sacerdotes helenos, equivalentes a los druidas célticos. Para los heráclidas, la invasión de Grecia era un mandato divino, nominalmente de Apolo “el Hiperbóreo”, su dios predilecto.

 

Durante los cuatro siglos posteriores, de 1200 AEC a 800 AEC, surgió una etapa que la historia moderna llama “edad media griega”, en la que los dorios se erigieron en aristocracia de los aborígenes y formaron pequeños reinos “feudales” que luchaban permanentemente unos contra otros, como gustaban de hacer los invasores desarraigados de todas las épocas. Esta etapa fue una edad heroica, individualista y de gloria personal, en la que los guerreros buscaban un crepúsculo esplendoroso. Muchas batallas se decidían aun por duelo de campeones: el mejor guerrero de un bando se enfrentaba con el mejor del otro. Esto representa la mentalidad heroica pero insensata de la época: “los fuertes se destruyen entre sí y los débiles continúan viviendo”. [4]

 

Por aquel tiempo aun no se había alcanzado en Grecia la imagen del depurado guerrero-señor equivalente al posterior caballero medieval. Los dorios seguían siendo bárbaros en el mejor sentido de la palabra. Para bien o para mal, todas las grandes civilizaciones comenzaron así: con hordas guerreras y cazadoras, fuertemente unidas por lazos de clan, y disciplinadas por una forma de vida militarizada. Nietzsche ya señaló la importancia del carácter “bárbaro” en la formación de toda aristocracia. Para él, incluso cuando semejantes invasores se establecen y forman Estados, el carácter básico bárbaro seguía subyaciendo sutilmente en las formas de dichos Estados, aun ascendentes. Esparta, Roma y Prusia son ejemplos de esto.

 

Durante la edad media griega, en 1104 AEC, los heráclidas alcanzaron el Peloponeso. La historia espartana explicaba bastante correctamente que los dorios invadieron Grecia 80 años tras la destrucción de Troya y que, liderados por el rey Aristodemo [5], conquistaron la Península. Pausanias (siglo II, no confundir con el príncipe espartano que derrotó a los persas en la batalla de Platea), en su “Descripción de Grecia“, entra en más detalles. Nos dice que los dorios, procedentes de una región montañosa del norte de Grecia llamada Oeta y guiados por Hilo, un “hijo de Heracles”, expulsaron del Peloponeso a los aqueos micénicos. Sin embargo, una contraofensiva aquea los hizo retroceder. Después, en un proceso definitivo llamado “retorno de los heráclidas”, los dorios se asentaron definitivamente en el Peloponeso prevaleciendo sobre los aqueos, y hubo grandes disturbios en toda la península. La frase-dogma del “retorno de los Heráclidas” era la manera que tenían los dorios de justificar la invasión del Peloponeso: las familias nobles dorias, emparentadas lejanamente con las familias nobles aqueas (tanto dorios como aqueos eran helenos), se presentaban para reclamar lo que “legítimamente” les pertenecía.

 

El nuevo torrente de sangre indoeuropea, cortesía de los dorios, acabaría por revitalizar a la Hélade a largo plazo, manteniéndola en la vanguardia espiritual y física de la época, junto con Irán, India, un Egipto que ya no era lo que fue, y China. En el Sur de la península del Peloponeso, los dorios establecieron su principal centro, la ciudad de Esparta, también conocida por su nombre anterior, Lacedemonia. El territorio bajo dominio de Esparta fue conocido como Laconia.

 

La ciudad original de Esparta o Lacedemonia no era propiamente tal, sino que se componía de varias aldeas (Pitana, Cinosura, Mesoa, Limnas y Amiclas, en un principio guarniciones militares) diferentes pero cercanas y unidas, cada una con su sumo sacerdote. Los asentamientos siempre carecieron de murallas defensivas, pues confiaban orgullosamente en la disciplina y fiereza de sus guerreros. El rey Antacildas llegó a decir que “Los muros de Esparta son sus jóvenes, y sus límites el hierro de sus lanzas”. Sencillamente el carecer de muros les ayudaba a mantenerse alertas y a no dejarse relajar. Hitler dijo una vez, con una mentalidad idéntica: “Una excesiva conciencia de seguridad provoca en efecto a la larga un relajamiento de fuerzas. ¡Creo que la mejor muralla será siempre una pared de pechos!”

 

Esparta, empero, se hallaba rodeada de defensas naturales, ya que estaba situada en el valle del río Eurotas, entre altas montañas, con la cadena montañosa del Taigeto al Oeste y el Parnón al Este, pero con todo, el carecer de murallas demuestra la seguridad y confianza en sí mismos y en su capacidad que tenían los espartanos.

 

 

Este mapa físico de Laconia (Sureste del Peloponeso) muestra la localización de la ciudad de Esparta, en un valle situado entre altas cadenas montañosas. Se aprecia su posición bien protegida. Al Oeste, la coordillera del Taigeto les separaba de los mesenios, y al Este, el Parnón les separaba del Egeo, donde la influencia de Atenas y Asia Menor era fuerte.

 

En la Hélade, tres acabarían siendo las principales corrientes arias: Por un lado los ásperos dorios, que hablaban un rudo dialecto helénico que gustaba del empleo de la a y la r. Por otro lado, los suaves jonios, que procedían de una invasión helénica anterior a los dorios, vestían con ropas flotantes al estilo oriental y hablaban un dialecto helénico más amable al oído, que empleaba mucho la i y la s. [6] Los demás pueblos de Grecia eran llamados eolios, hablaban un dialecto que parecía una mezcla de dorio y jonio, y provenían de los antiguos aqueos mezclados hasta cierto punto con los pelasgos y posteriormente con los invasores dorios y jonios —por lo que en ocasiones también se les llamaba, erróneamente, aqueos.

 

 

La distribución de los pueblos helénicos en Grecia. El cuadrado negro del Sur representa la ciudad de Esparta. El pequeño “lago” de sangre doria que hay en la zona central es Delfos, santuario religioso venerado en toda Grecia.

 

 

 

3- PRIMER DESARROLLO DE ESPARTA: LAS GUERRAS MESENIAS

 

Might is right. (“La fuerza es el derecho”).

(Dicho anglosajón).

 

Como en la vida corriente, el “genio” necesita de un estímulo, muchas veces hasta literalmente un empujón, para llegar a iluminarse, de la misma forma sucede en la vida de los pueblos con la “raza genial”.

(Adolf Hitler, “Mi Lucha”).

 

Durante el Siglo VIII AEC, Esparta, como el resto de pueblos de la Hélade, constituía una pequeña ciudad-estado gobernada por una monarquía y una oligarquía aristocrática de ascendencia dórica. Motivados por un crecimiento demográfico y una necesidad de recursos y de poder, los espartanos miraron al Oeste y decidieron que más allá de los montes Taigetos, en Mesenia, crearían una nación de esclavos para servirles.

 

La geopolítica de Laconia no les dejaba mucha opción: se encontraban sobre un terreno áspero y aislado, cruzado por montañas y ríos no-navegables. Laconia era algo así como el Heartland, o región cardial, del Peloponeso: una zona inaccesible para cualquier potencia que utilizase el mar como vector para proyectar su poder. Por tanto, estaba bien protegida del extranjero, pero a cambio, los laconios no podían darse al mar, ya que la costa era abrupta y sólo existía un emplazamiento apto para establecer un puerto, en Gitión, y estaba a 43 km de la capital (a diferencia de El Pireo, que estaba al lado de Atenas). Por tanto, no podían seguir el ejemplo de los atenienses, que saltaban de isla en isla, colonizaban las costas y sacaban grandes cantidades de trigo de la orilla norte del Mar Negro. Sin embargo, el vecino reino de Mesenia tenía la llanura más fértil de la Hélade (“buena para plantar, buena para arar” decía Tirteo; “llanura feliz”, la llamaban los espartanos). Anexionándosela, alcanzarían la autarquía alimentaria y ya no necesitarían depender de territorios lejanos, del comercio, de los mercaderes, de islas estratégicas, de estrechos marítimos fáciles de controlar para el enemigo o de una flota naval. Además, no tendrían que cosmopolitizarse, como suele pasar con todas las potencias comerciales. Esparta, pues, se estaba perfilando como una telurocracia —una potencia geopolítica de tipo claramente continental— en contraposición a la marítima talasocracia ateniense.

 

Alrededor de 743 AEC, en una ocasión en la que los mesenios estaban festejando y ofreciendo sacrificios a sus dioses, Esparta mandó a tres chicos disfrazados de doncellas. Estos pequeños soldados, bien entrenados, portaban espadas cortas debajo de sus túnicas, y en el despreocupado ambiente festivo no tuvieron problemas para infiltrarse en territorio mesenio. Desde dentro, acecharon a la multitud mesenia desarmada, y a una señal dada, comenzaron una sangrienta carnicería en el grueso de la muchedumbre, antes de que la masa mesenia redujese a los muchachos. Después del incidente, los varones mesenios se agruparon enfurecidos, se armaron y marcharon sobre Laconia. En el combate que se desató, cayó uno de los reyes de Esparta, y comenzó la primera guerra mesenia (descrita por Tirteo y por Pausanias, quien se basa a su vez en Mirón de Priene).

 

Tras cuatro años de guerra y una gran batalla, ningún bando se había hecho aun con la victoria. Aquello era una resistencia sorda al estilo de la guerrilla, y probablemente los ejércitos convencionales habían sido relativamente desbaratados tras la primera batalla. Aun no se había adoptado la táctica de la falange ni el equipamiento hoplítico, y las acciones más decisivas eran los golpes de mano, las razzias y los asedios. Sin embargo, los mesenios habían sufrido tantas pérdidas que el caudillo guerrero mesenio, Aristodemo, se retiró con sus hombres a una fortaleza en el monte Itomé, y visitó al oráculo para pedirle consejo en su lucha contra Esparta. El oráculo le respondió que para resistir a los espartanos, una doncella de una antigua y respetable familia mesenia debía ser sacrificada a los dioses. Aristodemo, que debía ser un gran patriota, no vaciló al sacrificar a su propia hija. Cuando los espartanos oyeron esto, se apresuraron a hacer la paz con los mesenios, pues, supersticiosos o no, otorgaban gran importancia a este tipo de asuntos rituales.

 

Después de algunos años, empero, los espartanos resolvieron atacar a los mesenios de nuevo. Hubo otra gran batalla, pero de nuevo la victoria aun no se decantó por ninguno de los dos bandos. Y puesto que el rey mesenio había caído, el caudillo Aristodemo pasó a reinar sobre los mesenios. Al quinto año de su reinado, pudo expulsar de su territorio a las fuerzas espartanas. Sin embargo, Aristodemo parecía estar bajo una sombría maldición. En un templo mesenio, un escudo cayó de la mano de la estatua de la diosa Artemisa. La hija sacrificada de Aristodemo se le apareció como figura etérea y le pidió que se quitase la armadura. Él lo hizo, y ella le coronó con una corona de oro y le vistió con una túnica blanca. Según la mentalidad de la época, todas estos augurios significaban que la muerte de Aristodemo se avecinaba. Los hombres antiguos se tomaban estas cosas con mucha gravedad, no se trataba de superstición, se trataba de desentrañar los signos arquetípicos que se repetían en la Tierra como eco de lo que sucedía en el cielo. Y, según esto, negros presagios gravitaban sobre Aristodemo. Una densa depresión se apoderó de su mente. Comenzó a pensar que tanto él como su nación estaban condenados a la esclavitud. Creyendo que había sacrificado a su hija en vano, se suicidó sobre su tumba. Decían los griegos que “aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco”.

 

La guerra duró un total de 19 años, y fue solo tras este tiempo que los espartanos pudieron exterminar la resistencia mesenia y arrasar la fortaleza de Itomé. Algunos mesenios huyeron del Peloponeso, y los que permanecieron pasaron a ser tratados con más dureza que los mismos helotas (la plebe) de Laconia. Quedaron relegados a ser hilotas (campesinos vasallos de Esparta) en la fértil llanura mesenia, y se les obligó también a pagar la mitad de la producción de su tierra a sus amos espartanos.

 

Pero los mesenios, muchísimo más numerosos que los espartanos, no estaban satisfechos con esta situación de pueblo “secundario” y sometido. Dos generaciones después de la primera guerra, surgió un osado líder llamado Aristómenes que, apoyado por los Estados de Argos y Arcadia, predicó la rebelión contra Esparta. A raíz de esto, en el Siglo VII AEC, comenzó la segunda guerra mesenia. Con una banda de leales seguidores, Aristómenes protagonizó numerosas incursiones en territorio espartano, incluso arrasando dos poblaciones. Tres veces celebró un extraño sacrificio llamado Hecatomfonía, ritual que sólo estaba permitido ejecutar a quien había matado más de cien enemigos. Los mesenios, por primera vez, emplearon la táctica de la falange hoplítica, caracterizada por formaciones de orden cerrado, parapetadas tras un muro de escudos desde el que las lanzas apuñalaban impunemente. Los espartanos aun no habían adoptado esta forma de combate, y sufrieron catastróficas bajas en la batalla de Hysias.

 

Esparta consultó entonces al oráculo de Delfos. Allí se les dijo que acudieran a Atenas para procurarse un líder. Esto no debió de agradar a los espartanos, pues sus relaciones con Atenas no eran buenas, y tampoco agradó a los atenienses por el mismo motivo, pero ambos Estados respetaban las decisiones salidas de Delfos, y no se opusieron. Los atenienses, empero, actuaron con mala fe: mandaron un maestro cojo llamado Tirteo (conocido por la posteridad como Tirteo de Esparta), pensando que no valdría como capitán militar. Sin embargo, Tirteo era un gran poeta. Sus cánticos de guerra inflamaron el ardor guerrero de los espartanos y alzaron su moral. En la siguiente batalla contra los mesenios, los espartanos marcharon ya enardecidos y en formación de falange de combate, cantando sus canciones. Con tal impulso, derotaron a Aristómenes y a los suyos en la batalla del Gran Foso, forzándoles a retirarse a otra fortaleza de montaña llamada Ira, a cuyos pies se estableció un campamento espartano. Esta situación de asedio, en la que volvieron las guerrillas con más fuerza que durante la primera guerra, duró once años. Aristómenes a menudo conseguía romper el cerco espartano de Ira y dirigirse hacia Laconia, sometiéndola a pillaje. Dos veces fue capturado por los espartanos, y dos veces escapó. A la tercera vez, fue capturado junto con 50 de sus hombres, y se les paseó victoriosamente por Esparta como si de un triunfo romano se tratase. Después fueron llevados al pie del monte Taigeto y arrojados por un precipicio, el famoso Kaiada. Según la historia griega, sólo se salvó Aristómenes, que sobrevivió milagrosamente a la caída y pudo salir del abismo siguiendo a un zorro. Al poco tiempo, ya estaba en la fortaleza de Ira al frente de sus hombres.

 

Pero los espartanos acabaron infiltrando a un espía en la fortaleza, y una noche, después de que Aristómenes volviese de una de sus correrías, la fortaleza fue traicionada. En la cruenta batalla que siguió, se dijo que Aristómenes fue herido y que, juntando a sus hombres más valientes, rompió las líneas espartanas y escapó a Roma, donde murió poco después. Es más que probable que este mito fuese construido para revitalizar el orgullo mesenio: incluso dijeron 250 años más tarde que Aristómenes fue visto en un campo de batalla combatiendo contra los espartanos.

 

Los espartanos conquistaron con la lanza y la espada suficientes tierras para mantener a todo su pueblo y a las gentes sometidas. Subyugaron a los mesenios, vencieron a muchedumbres hostiles muchísimo más numerosas que ellos mismos y las sometieron indiscutiblemente a su dominio. Las poblaciones mesenias costeras se convirtieron en poblaciones periecas (una suerte de clase media comercial y marina), y el resto del país en hilotas (plebe campesina). Abarcando toda la mitad sur del Peloponeso, incluyendo el territorio original de Laconia y el conquistado de Mesenia, Esparta se convirtió en el Estado más grande de toda la Hélade con diferencia (tres veces más que el del Estado ático de Atenas, que ya es decir). A diferencia de los demás estados helénicos, Esparta había elegido ser una potencia terrestre y continental, de territorio compacto, en vez de dedicarse a la marinería y a colonizar zonas ajenas a Grecia, como hicieron otros estados helénicos en Asia Menor, Italia, el Mar Negro o África. [7] Al menos en parte, esto se lo debió Esparta a su inmenso potencial agrícola: Mesenia era la tierra más fértil del mundo griego con mucha diferencia, y mientras que Atenas sufría falta crónica de grano continuamente y debía ir a las costas del Mar Norte a buscarlo, Esparta no tuvo problemas.

 

Hay que pensar por un momento en cómo estos combates, terriblemente feroces y largos, y que a punto estuvieron de hundir a la misma Esparta, pudieron influir sobre el carácter espartano. Las guerras mesenias marcaron para siempre su mentalidad. En última instancia, los maestros de los espartanos fueron sus propios enemigos y las guerras que les forzaron a mantener. Ellos fueron los que instauraron en Esparta la paranoia militarista y la preparación para el combate que caracterizó a Esparta. Fueron los que hicieron entrar en crisis a la aristocracia espartana y, por pura necesidad, buscar la mejor forma de prevalecer sobre sus enemigos. Esparta jamás hubiese sido lo que llegó a ser si en el combate se hubiese topado con un pueblo cobarde. Sostener una prolongada lucha contra elementos de alta calidad, enemigos audaces y temibles de los cuales enorgullecerse, despertó la fuerza espartana. Tal vez sea ésa la única “ventaja” de las desafortunadas guerras fraticidas, tan típicas de Europa.

 

 

 

4- LICURGO Y LA REVOLUCIÓN

 

Los primeros que crearon fueron los pueblos, y sólo luego lo hicieron los individuos: realmente, el propio individuo es más bien una creación reciente. En un tiempo, los pueblos se impusieron una tabla del bien. El amor que ansía mandar y el que anhela obedecer crearon conjuntamente para sí estas tablas.

(F. W. Nietzsche, “Así habló Zaratustra”).

 

Como se ha dicho, entre 1200 y 800, hubo 400 años de “edad “oscura” o edad media griega. Los hombres de aquella época actuaban por gloria personal, es decir, su conducta estaba inspirada en las gestas legendarias de antiguos héroes individualistas. Hermanos de sangre se mataban insensatamente entre ellos en vez de unificarse en una voluntad común, no buscando ya la gloria personal, sino la gloria de su pueblo. Esparta misma estaba inmersa en este sistema heroico pero fraticida, donde cada hombre transitaba su camino buscando su propia inmortalidad. Los nobles dorios se mataban entre ellos mientras sus verdaderos enemigos proliferaban. Esparta no era sino un reino más de los muchos que existían en la Hélade, y además en condiciones bastante tumultuosas y caóticas. Pero en el fin de esa edad oscura surgió la figura del mensajero de una nueva era: Licurgo, el padre de Esparta, el portavoz de la sangre doria, el hombre que hizo de Esparta lo que después llegaría a ser.

 

Volvamos a entrar en materia: tras haber sofocado la segunda rebelión mesenia con gran dificultad, los espartanos se encontraron con el inquietante panorama de estar al borde de la derrota, muy vulnerables, y a las riendas de una población extranjera resentida y hostil que les superaba en cantidad de más de 10 a uno. Y no se trataba de esclavos fáciles de someter, sino de pueblos griegos que conservaban su identidad, su orgullo y su voluntad de poder. Todos los espartanos estaban bien mentalizados de que los subyugados volverían a rebelarse algún día tarde o temprano, y que debían estar preparados para esa ocasión. En este ambiente cruel, si Esparta pudo preservar su pureza y sobrevivir, fue gracias a Licurgo.

 

No se sabe cuándo vivió Licurgo. Algunos dicen que pertenece al Siglo IX AEC —es decir, antes de las guerras mesenias—, otros al Siglo VIII, y otros lo sitúan en el VII. En todo caso, su extraordinaria personalidad es la del creador de nuevas leyes, transmutador de valores, “dador de tablas”. Licurgo es medio histórico y medio legendario. Su nombre significa “conductor de lobos”. [8] Era un veterano de las guerras mesenias, y heráclida, pues pertenecía al linaje real de los Ágidas, siendo hijo menor del rey Eunomo. Éste había suavizado su régimen para contentar a las multitudes, pero las mismas multitudes se envalentonaron por ello, y cayó apuñalado con un cuchillo de carnicero. Heredó el trono su hijo mayor, el rey Polidectes, pero habiendo muerto pronto, Licurgo (su hermano menor) le sucedió en el trono. Su reinado duró 8 meses, pero fue tan correcto, justo y ordenado en comparación con la anarquía anterior, que conquistó el respeto de su pueblo para siempre. Cuando Licurgo supo que su cuñada (la anterior reina) estaba embarazada de su hermano y difunto rey, anunció que el fruto del embarazo heredaría el trono, como era correcto, y por tanto Licurgo pasaba a ser meramente regente.

 

Pero esta reina era una mujer ambiciosa que quería seguir entronizada, por lo que le propuso a Licurgo casarse con él y deshacerse del bebé heredero del trono en cuanto naciera, para que pudieran ser rey y reina a perpetuidad, y tras ellos, sus propios descendientes. Licurgo se enfureció ante esta proposición y la rechazó vehementemente en su interior. Sin embargo, como una respuesta negativa hubiese significado que el partido de la reina se alzaría en armas, mandó mensajeros para aceptar falsamente la proposición. Pero por otro lado, a la hora del nacimiento del bebé, envió siervos con órdenes de que, en caso de nacer una niña, la entregaran a su madre, y en caso de nacer un niño se lo entregaran a él. El bebé nació varón, y le fue entregado tal y como ordenó. Durante una noche en la que cenaba con los jefes militares espartanos, Licurgo mandó traerlo, con la idea de hacer saber a los líderes que había ya heredero. Alzándolo con sus brazos y sentándolo sobre el trono espartano, exclamó “¡Hombres de Esparta, he aquí un rey nacido para nosotros!” Y puesto que el heredero aun no tenía nombre, lo bautizó como Carilao, “alegría del pueblo”. Con este gesto, Licurgo afirmaba su lealtad al heredero y futuro rey y dejaba claro que debería ser protegido, además de que se convirtió en su guardián y protector hasta que tuviese la edad de reinar.

 

Entretanto, Licurgo como regente era altamente reverenciado por su pueblo, que admiraba su rectitud, honradez, sabiduría y pureza. La reina madre, empero, no había perdonado su rechazo y que raptase y diese a conocer a Carilao. A base de manipulaciones e intrigas, hizo difundir el rumor de que Licurgo conspiraba para asesinar a su sobrino y convertirse así en rey de Esparta. Cuando este rumor llegó a oídos de Licurgo, decidió exiliarse hasta que Carilao  tuviese edad para reinar, contraer matrimonio y dejar un heredero al trono espartano. En su exilio, Licurgo viajó por distintos reinos estudiando sus leyes y costumbres para poder mejorar las espartanas tras su vuelta. El primer país donde estuvo fue la isla de Creta, asentamiento dorio heredero de Micenas y de renombrada sabiduría, donde trabó amistad con el sabio Tales, convenciéndolo de que fuera a Esparta a ayudarle en su propósito. Tales apareció en Esparta como un músico-poeta —una suerte de trovador—, lanzando canciones de honor y disciplina al pueblo espartano, y preparándolo así para lo que vendría. Los codiciosos y ambiciosos abandonaron voluntariosamente sus deseos de riqueza y lujos materiales para unificarse en poderosa voluntad común con su estirpe. Licurgo también visitó Jonia, donde no sólo estudió a Homero, sino que se dijo que lo conoció personalmente (aquí es patente que ciertas fechas no cuadran). Recopiló su obra, la escribió y luego se la dio a conocer a su pueblo, a quien agradó muchísimo, iniciándose así la célebre afición espartana por Homero. Otra notable hazaña que se le atribuyó a Licurgo es el ser uno de los fundadores de los juegos olímpicos.

 

Licurgo hizo, además, un viaje a Egipto, donde pasó tiempo estudiando el adiestramiento del Ejército. Le fascinaba el hecho de que en Egipto los soldados lo fuesen durante toda su vida, ya que en las demás naciones los guerreros eran llamados a las armas en caso de guerra, y volvían a sus trabajos anteriores en épocas de paz. Aunque sin duda no fue éste el único propósito de su viaje a Egipto, ya que en la época ese país era donde iban todos aquellos que buscaban iniciación en la sabiduría antigua. Licurgo debió de acceder a conocimientos, prácticas, maestros e iniciaciones que hicieron de él un hombre superior.

 

El espartano Aristócrates dice que Licurgo viajó también a España (“Iberia”), a Libia y a India, donde conoció a los famosos sabios gimnosofistas, con los que también se entrevistaría Alejandro Magno siglos más tarde. La escuela gimnosofista valoraba, entre otras cosas, la desnudez a las inclemencias de la intemperie como método para curtir la piel y hacer resistente el cuerpo y el espíritu en general.

 

Mientras Licurgo estaba fuera, Esparta decayó. Las leyes no eran obedecidas y no existía fuerza ejecutiva que castigara a los infractores. Los hombres rectos añoraban la época de la regencia de Licurgo y le rogaban: “Es verdad que tenemos reyes que llevan las marcas y asumen los títulos de realeza, pero en cuanto a las cualidades de sus mentes, nada los distingue de sus súbditos. Sólo tú tienes una naturaleza hecha para mandar y un genio para ganar obediencia”.

 

 

Guerra y sabiduría: entre sus armas y sus estudios, Licurgo medita su ley.

 

Licurgo volvió a Esparta, y su primera acción fue reunir a 30 de los mayores jefes militares espartanos para informarles de sus planes y motivarles ardientemente. Después de que estos hombres le juraran su lealtad, les ordenó reunirse armados en la plaza del mercado al amanecer con sus seguidores, para insuflar terror en los corazones de aquellos que rechazaran los cambios que planeaban. Se confeccionó una lista negra de enemigos potenciales para darles caza y eliminarlos si hiciese falta. Ese día la plaza se abarrotó de fanáticos seguidores de Licurgo, y el efecto fue tan impresionante que el mismo rey se acogió en el templo de Atenea, pues pensaba que se había urdido una conspiración contra él. Pero Licurgo le envió un mensajero para informarle de que lo único que quería era implantar nuevas leyes para mejorar Esparta y fortalecerla. Así reconfortado, el rey salió del templo y, dirigiéndose a la plaza, se unió al partido de Licurgo. Con Licurgo, los dos reyes y los 30 líderes militares, dicho partido contaba con 33 miembros.

 

Mas, aun con el apoyo del rey, lo que había hecho Licurgo era claramente un golpe de estado, una conquista del poder, una imposición de su voluntad: una revolución. Había unido a su pueblo, inculcándole el sentimiento de cohesión que debe caracterizar a toda gran alianza: “la Especie lo es todo, el individuo nada”. [9] O como diría Hitler a sus seguidores: “tú no eres nada; tu pueblo lo es todo”.

 

Tras haber elaborado sus leyes y hecho jurar a los reyes que las respetarían, informó que viajaría al santuario de Delfos (centro religioso más importante de la Hélade, considerado “ombligo del mundo”) en busca del consejo de Apolo, para ratificar su decisión. Cerca de Delfos, núcleo marginal de población doria, había a las laderas del monte Parnaso un santuario dedicado a este dios, que se decía había matado allí a la serpiente Pitón (un ídolo telúrico relacionado con los pueblos pre-arios). Existía allí toda una escuela iniciática, los llamados misterios de Delfos. Estos misterios fueron una venerable institución, doria hasta la médula, a la que acudían personajes notables de toda la Hélade en busca de consejo, iniciación y sabiduría. En el templo de Apolo había una sibila o pitia, sacerdotisa virgen que se creía poseía un vínculo especial con dicho dios y, como él, dones de videncia que la hacían capaz de ver el futuro y realizar profecías. Tras recibir solemnemente a Licurgo, la Sibila lo calificó de “más dios que hombre”, dijo que era un elegido de los dioses, anunció que sus leyes eran buenas, y bendijo sus planes para establecer la constitución espartana, pues haría de Esparta el reino más famoso del mundo.

 

 

Esta reconstrucción moderna recrea el aspecto que debió presentar el santuario de Delfos en la Antigüedad.

 

Con la bendición de la sacerdotisa, Licurgo estableció la Constitución espartana (la Gran Retra) y sus leyes tan duras y severas, leyes de tradición oral que prohibió escribir para que cada individuo las asimilara en su alma a lo largo de años de entrenamiento, práctica e interiorización que lo harían portador de tales leyes a dondequiera que fuese, y en cualquier situación. Su intención no era crear un sistema mecánico, cuadriculado, rígido y frío, sino una rueda viva, flexible y adaptable cuya ley fuera, no sólo el sentido común y la lógica, sino también su intuición e instinto ancestral.

 

Por aquel entonces Esparta estaba rodeada de vecinos hostiles difíciles de repeler, y con sólo unos nueve mil hombres no-militarizados para actuar en caso de guerra o crisis. Pero Licurgo previó que si cada uno de ellos era seleccionado y entrenado duramente en las artes de la guerra desde la infancia, lograrían triunfar sobre sus adversarios aunque éstos fuesen superiores en número. A lo largo de generaciones, el pueblo espartano se endurecería tanto que no tendría enemigos que temer, y su fama se extendería por los cuatro puntos cardinales. Desde entonces, los varones espartanos se convirtieron en algo más que guerreros. Se convirtieron en luchadores de propósito, con una misión de por vida, empeñados en cuerpo y alma, sacrificados enteramente en honor de su ideal. Se convirtieron, pues, en soldados —tal vez los primeros de Europa.

 

Licurgo no pretendía precisamente instaurar una especie de democracia. En una ocasión un hombre hizo ante él un elogio de la misma, dando un encendido discurso. Licurgo, tras haber escuchado todo el discurso en silencio, le respondió: “Excelente, ahora ve y da ejemplo instaurando una democracia en tu casa”.  Y hemos de tener en cuenta que incluso en aquellas antiguas “democracias” griegas sólo votaban los ciudadanos, eso es, varones de sangre helénica pura que hubiesen alcanzado la mayoría de edad. No tenían, pues, nada que ver con la idea demócrata moderna. A pesar de esto, no faltan los embaucadores que nos intentan vender incluso que Esparta era una especie de sistema comunista, sólo porque el Estado estaba omnipresente y porque los espartiatas sabían compartir ―entre ellos.

 

La revolución de Licurgo no fue totalmente pacífica. El pueblo espartano pronto vio que las leyes eran extremadamente duras incluso para ellos, helenos de buena estirpe doria, pues se habían acostumbrado a la comodidad y al lujo que llegan siempre al victorioso cuando éste no se mantiene fanática y prudentemente en guardia. El sobrio, ascético y marcial socialismo predicado por Licurgo, que obligaba a todos los hombres jóvenes a desprenderse de sus familias y comer con sus camaradas, no fue bien recibido entre muchos, especialmente entre los ricos y acomodados. Hubo una oleada de indignación y una turba enfurecida se reunió para protestar contra Licurgo. La turba estaba compuesta especialmente por antiguos individuos ricos que encontraban degradante la regla militar que prohibía comer si no era en una mesa colectiva con los camaradas de armas. Cuando Licurgo apareció en las cercanías, la multitud comenzó a apedrearlo, y se vio forzado a escapar para no morir lapidado. La muchedumbre furiosa lo persiguió, pero Licurgo —hombre robusto y resistente a pesar de su edad— era tan rápido que al poco tiempo sólo un muchacho llamado Alejandro le pisaba los talones. Cuando Licurgo se volvió para ver quién le perseguía con tanta agilidad, Alejandro le golpeó en la cara con un palo, saltándole un ojo. Licurgo no dio señales de dolor, tan sólo se paró y, con el rostro ensangrentado, dio frente a su perseguidor. Al darles alcance el resto de la turba, vieron lo que el impetuoso joven había hecho: un anciano venerable, plantado solemnemente ante ellos con un ojo vacío echando sangre. Aquella era una época muy respetuosa con los mayores, especialmente con hombres tan carismáticos y nobles como Licurgo. Al instante debieron sentir una inmensa culpa, vergüenza y arrepentimiento. La multitud avergonzada acompañó a Licurgo hasta su casa para mostrar sus disculpas, y le entregaron a Alejandro para que lo castigara como él creyese conveniente. Licurgo, ya tuerto, no reprendió al joven una sola vez, sino que le hizo convivir con él. Y pronto Alejandro aprendió a admirar y emular el austero y puro modo de vida de su mentor. Como tradición derivada de aquel suceso, los senadores renunciaron a la costumbre de asistir a las reuniones estatales con bastones.

 

Después de que el pueblo espartano jurara las leyes de Licurgo, éste decidió abandonar Esparta para el resto de sus días. Su misión estaba cumplida y lo sabía. Ahora tenía que morir dando ejemplo de una gran voluntad. Sintiendo nostalgia por su patria, y siendo incapaz de vivir alejado de ella, se suicidó por hambre. Un hombre que ha nacido por un propósito sagrado, una vez cumplido el propósito, ya no tiene por qué seguir atado a la Tierra. El suicidio ritual ha sido practicado por muchos hombres excepcionales cuya misión había terminado, hombres  a los que, tras cumplir su destino, ya no les quedaba nada que hacer en el mundo; o bien que habían perdido el derecho a la vida. [10] También Nietzsche habló de la “muerte voluntaria”:

 

Hay muchos que mueren demasiado tarde y algunos que mueren demasiado pronto. Aun nos resulta extraña esa máxima que aconseja morir a tiempo. Y eso es precisamente lo que enseña Zaratustra: que hay que morir a tiempo. Claro que, ¿cómo podemos pretender que muera a tiempo quien nunca ha vivido a tiempo? (“Así Habló Zaratustra”, Primera Parte, La Muerte Voluntaria).

 

Otra versión relata que, antes de partir a Delfos, Licurgo hizo jurar al pueblo espartano que seguiría sus leyes al menos hasta que volviese de Delfos. Y, habiéndose suicidado sin volver jamás a Esparta, los espartanos no quedaron con otra opción que acatar por siempre las leyes de Licurgo. De un modo u otro, queda claro que Licurgo fue un hombre excepcional, poderoso y valiente, de voluntad inquebrantable.

 

Licurgo fue un precursor, un líder de vanguardia, un adelantado. Poseía el poder real, el carisma sagrado de los grandes caudillos, reyes y emperadores ―ese “cierto poder que atraía a las voluntades”, en palabras de Plutarco. Él llegó y convirtió a una desbordada masa caótica de gran potencial en el ejército más eficaz de la Tierra. Él imprimió a su mundo una nueva inercia: la suya; y le dio un nuevo aspecto: el que él quería. Tras su muerte, se erigió un templo en su honor y se le rindió culto como un dios. Y fue a partir de su época que no sólo Esparta, sino Grecia entera, volvió a brillar, pues comenzó la llamada era clásica de Grecia.

 

Jenofonte admiró enormemente a Licurgo, diciendo que “alcanzó el más alto límite de la sabiduría”. [11] Savitri Devi se refirió a él como “el divino Licurgo”, y recordó que “las leyes de Licurgo le habían sido dictadas por el Apolo de Delfos —«el hiperbóreo»”. Gobineau, por otro lado, supo apreciar la salvación que supuso la legislación de Licurgo: “Los espartanos eran pocos en número, pero de gran corazón, ambiciosos y violentos: una legislación mala los hubiese convertido en pobres diablos; Licurgo los transformó en heroicos bandidos”. [12]

 

 

Licurgo.

 

Tragedia en el Mare Nostrum ―qué demonios pasa con Libia

Tragedia en el Mare Nostrum ―qué demonios pasa con Libia La primavera árabe en general y la Guerra de Libia en particular, son los acontecimientos estelares del 2011, junto con los movimientos de protesta supuestamente espontáneos que están teniendo lugar en todo Occidente. A diferencia de Iraq, con Libia no se han visto a las masas populares gritando “No a la guerra”. Existen varios motivos. Uno de los más importantes es que la Guerra de Libia no ataca a los intereses de la oligarquía capitalista de Francia, sino que los defiende. El otro es la desinformación: según nuestros medios de comunicación, el mundo árabe ha decidido perrofláuticamente que quiere ser demócrata como sus “admirados” prohombres de Occidente, y Gaddafi era simplemente un sátrapa que había que derribar. Pero ¿acaso no lo era Saddam Hussein? ¿Y no lo siguen siendo Mohamed VI (la familia real acumula el 75% del PIB de Marruecos) y el rey saudí Abdulá? ¿Por qué ha atacado la OTAN a Libia y por qué se ha armado, en tiempo récord, un extraño movimiento “rebelde”, que en buena parte no es ni siquiera libio? Para ver el origen de los problemas actuales, es necesario retroceder en el tiempo. Toda la orilla sur del Mediterráneo fue, durante la Antigüedad, de influencia fuertemente europea. Desde los bereberes del Rif hasta los faraones egipcios, los norafricanos eran de orígenes más europeos que africanos. Los fenicios (fundadores de Tripoli), cartagineses, griegos (fundadores de Cirene), macedonios y romanos, batallaron y conquistaron la orilla sur del Mare Nostrum. Durante el Imperio Romano, toda la costa norte de África era de cultura genuinamente europea-clásica, y florecieron ciudades que aun hoy dejan translucir su esplendor pasado. Fue con la caída del Imperio Romano que el norte de África —la mitad del Mediterráneo— se perdió para Europa. Y aunque los bizantinos, españoles, venecianos y genoveses mantuvieron muchas plazas, el Islam, la entrada de la cultura árabe y finalmente el Imperio Otomano, haría que el Magreb se alejase definitivamente de Europa hasta la época colonial. En el Siglo XIX, con la revolución industrial y el progresivo retroceso del Imperio Otomano, Europa vuelve a ganar protagonismo en Noráfrica. PROYECTOS COLONIALES EN ÁFRICA: ITALIA Y RUSIA Durante la Conferencia de Berlín de 1884, las potencias europeas, tirando de escuadra y cartabón, se reparten el mapa de África como un inmenso pastel. Los países más influyentes ―Gran Bretaña y Francia―, se quedan con las partes más jugosas del pastel, y los menos influyentes se conforman con las migajas. Así, mientras que a los españoles se nos adjudicaba la minúscula Guinea Ecuatorial, los franceses y británicos se quedaron con vastos territorios, llenos de materias primas y de enorme valor estratégico. Estados Unidos, que seguiría siendo una potencia continental hasta la guerra contra España en 1898, fue el gran ausente del reparto. Italia, un país recién constituido 23 años atrás, tendrá que esperar aun años para reclamar su parte. La conferencia de Berlín, que supuestamente buscaba un reparto sensato, no supuso ni la paz ni el orden en el continente negro: al contrario, los problemas acababan de empezar. Por un lado, aunque se habían designado esferas de influencia, estas esferas no se hacían efectivas hasta la toma de posesión formal, y por otro lado, todavía quedaban territorios independientes (Liberia y Abisinia) y territorios que aun pertenecían al Imperio Otomano (entre ellos, Libia). Italia, que se había quedado sin colonias, miró hacia un espacio que no estaba en el punto de mira de ninguna potencia europea: Abisina (actual Etiopía). El emperador local, Menelik II, había pactado en 1890 que los italianos controlarían Eritrea, es decir, la costa. En 1893, alegó que la versión etíope del pacto difería de la versión italiana, y lo repudió, supuestamente para obtener una salida fiable al Mar Rojo. Los italianos cruzaron militarmente la frontera entre Etiopía y Eritrea, prendiendo la mecha de la Primera Guerra Italo-Abisinia. Aunque Italia poseía superioridad tecnológica y armamentística, la victoria no pintaba tan fácil. Por un lado, los italianos eran pocos y carecían de una tradición militar sólida, y por otro, los etíopes no estaban solos: les apoyaba el Imperio Ruso. Alejandro III había concebido en 1888-89 un proyecto para establecer una “Nueva Moscú” a orillas del Mar Rojo, en lo que hoy es Yibuti. Al hacerlo, estaba entrando automáticamente en conflicto con franceses, italianos y británicos. El Zar incluso consiguió establecer contacto con las fuerzas del Mahdi (un líder rebelde que luchaba en Sudán contra los ingleses), mandando a un coronel cosaco, Nikolai Ivanovich Ashinov. Ashinov pretendía colaborar con Francia para utilizar a Etiopía como Estado-tapón ante el avance británico e italiano en el cuerno de África. Con ese objetivo lideró una expedición religioso-militar de 150 personas, que incluían un obispo, diez sacerdotes, veinte oficiales militares, y mujeres y niños. Pactó con una tribu local, se negó a entregar las armas a las autoridades francesas y estableció una colonia en Sagallo, Somalilandia Francesa (actual Yibuti). Rusia pretendía que esta colonia, en pleno estrecho de Bab el-Mandeb (bisagra entre el Mar Rojo y el Índico) sirviese para ejercer de contrapeso al control británico de Suez y al control turco del Bósforo, y como base para extender su influencia por todo el Cuerno de África. Sin embargo, los franceses despacharon dos barcos a la zona, dieron un ultimátum y bombardearon el asentamiento, matando a varios colonos (dos niños, cuatro mujeres y un hombre) y sofocando el sueño ruso cuando aun estaba en su cuna. Las colonias ultramarinas nunca se le dieron bien a la ultra-continental telurocracia rusa… pero el Imperio no cejó en su empeño de penetrar en África a través del Mar Rojo. Localización de Sagallo (colonia rusa) y Adua (batalla entre Italia y Etiopía). El Negus (emperador) etíope, atacado por los italianos, mandó una delegación diplomática (sus príncipes y su obispo) a San Petersburgo en 1895. Rusia respondió con asesores, armamento y algunos voluntarios, incluyendo un equipo de cincuenta soldados a las órdenes de un oficial cosaco del Kubán, el capitán Nikolai S. Leontiev. También mandaría a Alexander K. Bulatovich, una curiosa combinación de oficial militar de caballería, monje ortodoxo, geógrafo, escritor y explorador. Este hombre acabaría haciéndose asesor y confidente del emperador etíope. El Zar consideraba a Etiopía de alto valor estratégico debido a que poseía las fuentes del Nilo Azul, vitales para Egipto ―que ya estaba empezando a caer en la órbita británica. Además, el cristianismo herético practicado en Abisinia interesaba estratégicamente a los patriarcas ortodoxos rusos (igual que les sigue interesando a día de hoy todas las variedades cristianas de Grecia, Próximo Oriente e India). Los italianos acabaron confiándose demasiado, y sufrieron una derrota humillante en la Batalla de Adua (1896): 7.000 muertos, 1.500 heridos y 3.000 prisioneros. A 800 combatientes askari (etnia eritrea considerada “traidora” y colaboracionista con Italia), se les mutiló, amputándoles la mano derecha y el pie izquierdo. La tasa de muertes sufrida por el Ejército italiano en Adua fue mayor que la de cualquier batalla europea del Siglo XIX, si todos los imperios han tenido sus desastres (Roma en Teutoburger, Gran Bretaña en Khyber, España en Annual, Francia en Dien Bien Phu, etc.), el de Adua fue sin duda el desastre italiano por excelencia. Hubo graves disturbios en las ciudades italianas y el gobierno del primer ministro Crispi se derrumbó. El Tratado de Adis-Abeba estableció claramente la frontera etíope-eritrea y obligó a Italia a reconocer a Etiopía como Estado soberano e independiente. Este desastre, a diferencia del español de 1898, fue un desastre a medias: Eritrea se convertiría en una próspera colonia italiana, donde se desarrollaría la agricultura, la industria, la arquitectura y el ferrocarril, mientras que Etiopía se veía privada de su salida al Mar Rojo. En 1911, mismo año en el que empezaría la guerra de España en el Rif, la prensa italiana, representando los intereses de las oligarquías nacionales, empezó a pedir una invasión a Libia, pintándola como una tierra rica en minerales y asegurando que se trataría de un paseo militar, con una población nativa hostil a los otomanos y sólo 4.000 soldados turcos defendiendo la plaza. Además, Turquía ya estaba lidiando con una revuelta en Yemen, y la mecha estaba a punto de prender también en los Balcanes. El Partido Socialista, que tenía mucha influencia sobre la opinión pública italiana, adoptó una postura ambigua; Benito Mussolini, que por aquel entonces militaba en sus filas, se opuso a la guerra. Tripoli, Tobruk, Derna y Al Khums cayeron rápidamente en manos italianas, pero una plaza estratégica turca fue más complicada de tomar: Bengasi. En las filas del Imperio Otomano luchaba un joven oficial llamado Mustafa Kemal Ataturk, posterior líder nacionalista turco. Los italianos también aniquilaron preventivamente las fuerzas turcas en Beirut (Líbano). Esta guerra fue precursora de la Primera Guerra Mundial y del desmembramiento del Imperio Otomano. Por primera vez, se vería el empleo militar de la aviación: la primera misión de reconocimiento aéreo y la primera bomba lanzada desde un avión. Italia fue pionera en la militarización del aire, en parte gracias a las teorías del general Giulio Douhet, que revolucionó la geopolítica afirmando que el espacio aéreo añadía una tercera dimensión a las tradicionales dos dimensiones de la guerra, que la supremacía aérea sería crucial en las guerras del futuro y que los bombardeos sobre infraestructuras civiles podían decidir un conflicto bélico. Douhet fue el gurú de los ataques aeroquímicos: consideraba que la aviación debía emplear primero bombas explosivas para destruir los objetivos, luego incendiarias para incendiar las estructuras dañadas y luego gas venenoso para impedir la acción de los bomberos y equipos de rescate. Estas tácticas brutales se enmarcaban en el novedoso concepto de la “guerra total”. Irónicamente, serían los angloamericanos los que, tres décadas después, llevarían estos principios a sus últimas consecuencias, en los bombardeos masivos sobre Centroeuropa y Japón. Ataturk (izquierda) con un oficial otomano y tropas beduinas locales. Como resultado de la Guerra Italo-Turca, Roma obtuvo las provincias otomanas de Tripolitania, Fezzan, Cirenaica (que componen la actual Libia) y las islas del Dodecaneso (actual Grecia). La Segunda Guerra Italo-Abisinia estalló en 1935, durante el régimen fascista. Los problemas fronterizos entre la Somalia Italiana y Abisinia, fueron la excusa de Italia para volver a invadir lo que hoy es Etiopía y derrocar al emperador absolutista Haile Selassie. Mussolini autorizó el uso de lanzallamas, armas químicas, la ejecución de prisioneros, las represalias y el terror hacia la población en general. Este proyecto italiano, mucho más ambicioso que los anteriores, tenía por objetivo establecer un puente entre el Mediterráneo y el Índico —sin pasar por el canal de Suez— y a la vez atenazar al canal (Franco pensaba entrar en la guerra a favor del Eje, pero sólo si tomaban Suez, en cuyo caso él tomaría Gibraltar y el Mediterráneo quedaría asegurado como Mare Nostrum de nuevo; ése era el objetivo de toda la campaña del Norte de África, y de las luchas de Rommel y Montgomery en Tobruk y otros lugares). Del mismo modo que los portugueses intentaban unir Angola (Atlántico) y Mozambique (Índico), y los alemanes Namibia (Atlántico) y Tanzania (Índico), para no depender del Cabo de Buena Esperanza ni de Suez o Gibraltar, los italianos pretendían conseguir una continuidad territorial entre Libia y la Somalia Italiana. Sudán, en manos del Imperio Británico, frustraba esta posibilidad. Proyecto geopolítico de Italia (1940-41). Rojo: imperio italiano. Rosa: territorios ocupados. La idea de Italia era unir su colonia libia con sus posesiones en el Cuerno de África, o al menos establecer un puente de transporte. Ello le habría permitido a Roma obtener una continuidad territorial desde la costa mediterránea hasta la costa del Índico, emancipándose de su dependencia de Gibraltar, Suez, el Mar Rojo y Yibuti, y acercándose peligrosamente a Iraq e Irán (donde habrían podido enlazar con efectivos alemanes procedentes del Cáucaso). Al III Reich, que compartía frontera con Italia, esta salida al Índico le interesaba también. Como venía siendo habitual, el Imperio Británico ya había cortado de tajo por anticipado cualquier intento de burlar su control de Suez: los ingleses habían ocupado una franja continua de terreno que iba desde Egipto hasta Sudáfrica, y Sudán dividía el proyecto italiano. De un modo parecido, la colonia británica de Zambia frustraba las ambiciones de los alemanes (Namibia y Tanzania) y/o de los portugueses (Angola y Mozambique) de obtener una continuidad territorial desde el Atlántico hasta el Índico. La mayor parte de las bisagras oceánicas estuvieron siempre en manos del Imperio Británico. La versión moderna del sueño italiano, gestionada esta vez por Gaddafi, tenía una traducción sencilla e inaceptable para el atlantismo: China obtendría un puente desde el Índico hasta el Mediterráneo, pudiendo comerciar con Europa sin tener que pasar por Bab-el Mandeb (Yibuti, Yemen, Golfo de Adén, Mar Rojo) y el canal de Suez. El sueño africano de Italia en el cuerno de África finalizó en 1941 con la caída de Eritrea en manos británicas, al final de la campaña de África Oriental. El emperador etíope Haile Selassie, que se había exiliado a Reino Unido, volvió al poder, y en 1952, la ONU reconocería la unión de Etiopía y Eritrea. En 1974, un golpe de Estado socialista derrocó a Selassie y convirtió Etiopía en un aliado del bloque comunista, en cierto modo coronando las antiguas ambiciones zaristas. Tras la caída del Telón de Acero, Etiopía y Eritrea se enzarzarían en cruentísimas guerras, que resultarían en su separación y en un tremendo caos en el Cuerno de África y en Yemen. En tiempos más recientes, Gadafi había heredado el proyecto geopolítico italiano, lanzando un gasoducto hacia Italia (el Green Stream), involucránose en Sudán, entrando en el Cuerno de África y acercándose peligrosamente al Índico, al Atlántico, al Mar Rojo, y también al Congo. La respuesta del eje atlantista ha sido, entre otras cosas, independizar Sudán del Sur (banderas israelíes a destajo en la fiesta de independencia), apoyar al gobierno de facto somalilandés… y aniquilar Libia. Los países-bisagra, a caballo entre dos o más mares (como España, Egipto, Israel, Arabia Saudí, Sudáfrica, Singapur, Yemen, Turquía, Panamá, etc.), son de una enorme importancia estratégica. En África, la única bisagra directa entre el Atlántico y el Índico es Sudáfrica, y es un país que queda lejos de los principales mercados (Europa Occidental, Norteamérica y Asia Oriental) y fuentes de materias primas (Golfo Pérsico y Caspio), interesándose más por Brasil e India, por lo que la opción marítima más común para Europa y China es tomar la ruta Gibraltar-Suez-Yibuti. Sin embargo, Gadafi estaba intentando fortalecer otras dos opciones. La primera era estabilizar, mediante pactos con las tribus locales, la franja (el Sahel) que va desde el Sahara Occidental hasta la costa de Sudán y Somalia. La segunda, intentar consolidar Sudán (en lugar del Atlántico) como la salida de las materias primas del Congo (la independencia de Sudán del Sur ha bloqueado el contacto de Sudán con las fronteras del Congo). China habría sido la gran beneficiada de esta política, ya que habría obtenido una salida al Mediterráneo y otra al Atlántico, sin tener que pasar por Bab el-Mandeb, Suez o Gibraltar. EL REY IDRIS Y LA REVOLUCIÓN VERDE Idris era un jefe local que en 1920 fue reconocido por el Imperio Británico como emir de Cirenaica, estableciéndose en la ciudad de Bengasi. Dos años después, fue también reconocido como emir de Tripolitania. Ese mismo año, que coincidió con las campañas militares italianas, Idris se exilió a Egipto, desde donde dirigió la guerra de guerrillas contra Italia. Durante la II Guerra Mundial, luchó junto con el Imperio Británico en contra del Eje. Libia saldría de la II Guerra Mundial como uno de los países más pobres del mundo, Idris volvería a establecerse como emir de Cirenaica y Tripolitania, y en 1951, con apoyo británico, se erigió como rey de Libia. Durante la época del panarabismo y los nacionalismos árabes, Idris mantuvo fuertes lazos con Reino Unido y Estados Unidos, albergando una base aérea estadounidense cerca de Trípoli y por tanto dándoles claramente la espalda a los movimientos árabes socialistas. Su política fuertemente pro-occidental le fue granjeando la enemistad de la mayor parte de su pueblo, especialmente después de la Guerra de los Seis Días (1967), en la que las principales potencias panarabistas se enfrentaron a Israel. En 1969, por motivos de salud, el rey Idris abdicó en su sobrino. En Septiembre de ese año, mientras recibía tratamiento militar en el extranjero, su gobierno fue derrocado por un golpe de Estado encabezado por Muammar el-Gaddafi, un abogado y oficial militar de 27 años que inmediatamente estrechó lazos con el líder egipcio Nasser, propuso un frente común para luchar contra Israel y comenzó a liquidar a sus opositores políticos dentro de Libia. Además, nacionalizó el petróleo, expulsó las bases militares extranjeras, y se colocó, aunque no incondicionalmente, bajo el paraguas de la URSS. Gaddafi en su época de ascenso político. En 1977, Gaddafi proclamó la Yamahiriya (Estado de las masas, o autoridad de la multitud), por la cual dejaba de ser dictador, delegando su poder en asambleas locales y tribales, aunque siguió controlando el Ejército y la política exterior. El pensamiento político de Gaddafi es esencialmente social-tribal. Consideraba que la democracia representativa paralamentaria era una institución corrupta diseñada para dividir al pueblo y permitir la infiltración de entidades comerciales y financieras en los aparatos estatales. Defendía un partido único y una democracia directa y participativa, plagada de referéndums, no muy diferente a lo que muchos movimientos de tipo 15-M han pedido a lo largo de 2011. El pensamiento político de Gaddafi se resume en el Libro Verde, a su vez dividido en tres libretos: La solución del problema de la democracia (Yamahiriya), La solución del problema económico (Socialismo) y La base social de la tercera teoría universal, títulos esenciales para comprender el régimen libio de entre 1969 y 2011. PODEROSO CABALLERO ES DON PETRÓLEO ―POLÍTICA PETROLERA DE GADAFI Libia tiene en común con otros países árabes que es pobre y desértico… pero con petróleo a raudales. Se trata del país africano con más petróleo y gas natural, un crudo de alta calidad y bajo coste de extracción. El 95% de los ingresos de exportación del país procedía del oro negro; sin él, Libia habría sido una especie de Yemen mediterránea. Obviamente, esta enorme riqueza requiere un modelo político, económico y social estable para administrarla. El modelo de la mayor parte de petro-regímenes árabes (Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Qatar, Kuwait, Bahrein, etc.) es sencillo: una minúscula e impresentable oligarquía de familias reales, emires y jeques da manos libres a las multinacionales petroleras occidentales (destacando British Petroleum, Exxon Mobil ―Esso en Europa―, Chevron-Texaco, Royal Dutch Shell, etc.), y a cambio, éstas suministran a las oligarquías (fuertemente relacionadas con los servicios de Inteligencia de Reino Unido, Estados Unidos e Israel) una corriente ininterrumpida de dólares recién impresos y sin ningún tipo de respaldo. En Washington, la Reserva Federal imprime dólares y es como si imprimiese petróleo ―es el sencillo e inmoral negocio del petrodólar, que ya desencadenó en 1973 la Guerra del Yom Kippur. Estos petrodólares tienen, por lo general, dos salidas: 1- Financiar los caprichos de los jeques, por ejemplo: colecciones enteras de Rolls-Royce (uno de cada color del arco-iris), rifles de caza con doble cañón y doble cerrojo, centros mundiales del lujo como Burj-Dubai, palacios decorados con pieles de felinos, playas privadas, fiestas orgiásticas, propinas millonarias, camiones de talla mastodóntica, mansiones en el extranjero, cuentas en paraísos fiscales, pagar los destrozos de una fiesta en un hotel de cinco estrellas y cualquier vicio imaginable. Los típicos lujos de nuevo rico, propios de una casta sin tradición, que acaba de salir del tercermundismo más absoluto y que no tiene ni idea de qué hacer con tanto dinero, de modo que cae en manos del consumismo más atroz. 2- Financiar el radicalismo islámico sunnita, especialmente de la rama salafista. A través de redes comerciales, financieras y de Inteligencia, el dinero va a parar a las mezquitas, madrasas y células terroristas de Europa, el Magreb, Chechenia, Asia Central, India, Nepal, Bangla-Desh y especialmente Pakistán (donde engendró el movimiento talibán). Con esto se persiguen muchos objetivos: contener la expansión de la influencia chiíta (que es un gravísimo problema para el atlantismo, especialmente en el Golfo Pérsico), cristiana-oriental (muy relacionada con Rusia) o en su día de la expansión soviética, tener una excusa para intervenir militarmente en el continente eurasiático, desestabilizar y balcanizar espacios enteros haciendo inviables las rutas comerciales continentales, derrocar regímenes hostiles, etc. Por tanto, puede decirse que el dinero de la mayor parte del petróleo árabe no va precisamente a mejorar las condiciones de vida de los pueblos árabes. Dicho pueblos viven en dictaduras fundamentalistas donde está prohibido cantar, bailar, beber alcohol o escuchar música, donde las mujeres deben ir tapadas y no pueden conducir o salir a la calle solas, y donde la homosexualidad se pena con la muerte ―mientras que las petro-élites poseen playas privadas con prostitutas en bikini y se montan orgías homosexuales con drogas, música occidental, alcohol a mansalva, etc. Éste es el tipo de régimen político árabe opresivo, despótico, aliado del atlantismo y que nunca será bombardeado por la OTAN. La Libia del rey Idris caminaba hacia este sistema, hasta que en la década de los 70, Gaddafi comenzó a nacionalizar las compañías petroleras al estilo socialista. De este proceso surgiría la empresa estatal conocida en el ámbito internacional como National Oil Corporation (NOC), que antes de la guerra producía alrededor del 50% del petróleo libio. Gaddafi era bien consciente de que su país, pobre y con una población de menos de 7 millones, debía jugar bien la carta del petróleo si quería tener un peso en el panorama internacional, o al menos para no ser arrollado por el imperialismo de otras potencias y poder dedicar sus beneficios a la construcción de escuelas, universidades, hospitales e infraestructuras diversas (carreteras, puentes, ferrocarril, acueductos, una planta de acero en la ciudad de Misrata, etc.). Muchos beneficios petroleros incluso eran ingresados directamente en la cuenta corriente de cada ciudadano libio. Con razón diría la revista “African Executive” en 2007 que los libios “a diferencia de otros países productores de petróleo como Nigeria, utilizan los beneficios del petróleo para desarrollar su país”. Logo de la National Oil Corporation (NOC) de Libia. En 2003, Gaddafi condenó la Guerra de Iraq y provocó la ira de Arabia Saudí al decir que la Kaaba de La Meca estaba “bajo el yugo de una ocupación americana”, pero cuando cayó Baghdad, se dio cuenta de que tenía que cambiar su política exterior y dejar de ser un Saddam Hussein del Mediterráneo, so pena de acabar como el susodicho y con su país arrasado y ocupado. Jugó la única carta que tenía: la del petróleo, abriendo las puertas de Libia a las compañías extranjeras. Enseguida, Occidente abolió las sanciones contra Trípoli, y las petroleras occidentales acudieron con grandes expectativas. Es la época del amigueo entre Occidente y Libia, es la época de las relaciones diplomáticas, del levantamiento de sanciones, de las disculpas, de las famosas fotos de Gaddafi con los mismos dirigentes internacionales que años después promoverían su derrocamiento o lo dejarían caer. Sin embargo, las compañías occidentales quedarían decepcionadas por esta imagen aperturista. Bajo el sistema de contratos “Epsa-4”, el Gobierno libio concedía licencias de explotación petrolífera sólo a las compañías que le otorgaban a la petrolera estatal NOC la mayor parte del petróleo (en ocasiones, hasta el 90%). El ex-presidente de ConocoPhillips en Libia [1], Bob Fryklund, dijo específicamente que “A escala mundial, los contratos Epsa-4 eran los que contenían las condiciones más duras para las compañías petroleras”. La traducción de esto es que Gaddafi quería asegurar que la mayor parte de beneficios de la explotación del petróleo revirtiesen en su país, y que si una compañía extranjera quería beneficiarse del petróleo libio, pagase por ello. El destino de las exportaciones petroleras de Libia. Los porcentajes no son exactos y variaron con el tiempo, pero dan una idea. Nótese el papel de Italia y Alemania. Antes de estallar la guerra, aproximadamente el 85% del petróleo libio exportado iba para la Unión Europea. Por tanto, Gaddafi permitía que las compañías occidentales obtuviesen beneficios, pero no los suficientes: buena parte iba para el Estado libio. En 2009 se empezó a rumorear que era inminente una nueva ronda de nacionalización del petróleo y subida de precios, y además Gaddafi estaba a punto de sellar pactos privilegiados con dos nuevos protagonistas emergentes que empezaban a asomar tímidamente sus tentáculos por el Mediterráneo: China y Rusia. Los intereses petroleros de China en Libia no eran especialmente fuertes, Libia destinaba el 10% de sus exportaciones petroleras a China, que obtenía de allí sólo el 3% de su petróleo importado. Los intereses chinos en Libia estaban más orientados a la construcción de infraestructuras: durante los últimos 4 años anteriores a la guerra, la China State Construction Engineering Corporation (CSCEC) había firmado contratos por valor de más de 2,67 mil millones de dólares. Sólo en el 2008, las compañías chinas habían invertido más de 100 mil millones de dólares (para hacernos una idea de cuánto significa esta cifra, pensemos que el total de capital estadounidense invertido en China es de 50 mil millones) en 180 proyectos de construcción (ferroviarios, de telecomunicaciones y otros), la mayor parte en la provincia de Cirenaica, posterior epicentro de la insurrección andi-gaddafista. En estos proyectos, trabajaban unos 36.000 chinos de diversas cualificaciones, que tuvieron que ser evacuados apresuradamente. Cabe especular que, si China estaba tan involucrada en un país rico en petróleo como Libia, era porque esperaba obtener una ampliación de sus concesiones petrolíferas. Rusia era otro país cuyos intereses no eran tanto petroleros como, en este caso, armamentísticos y de construcción de infraestructuras (terminales de gas natural licuado, ferrocarril, plantas eléctricas). Aquí estaba activamente involucrado el gigante estatal gasífero ruso Gazprom, que también mantenía conversaciones con el gobierno nigeriano para patrocinar un gasoducto trans-sahariano que, a través de Níger y Argelia, suministrase gas a la Unión Europea. En octubre de 2008, buques de guerra rusos hicieron escala en Trípoli en su camino a Venezuela, y al mes siguiente, Gaddafi hizo su primera visita oficial a Rusia desde la era soviética, debatiendo con Putin y Medvedev la posibilidad de formar una especie de “OPEP del gas”, cártel gasífero que incluiría a Rusia (que posee las mayores reservas de gas del mundo), Irán (las segundas), Argelia, Libia y varios países centroasiáticos (especialmente Turkmenistán). Qatar (el tercer país en reservas de gas) quedaba excluido de este club elitista, y a cambio sería babosamente cortejado por Occidente. Aunque los medios de comunicación rusos han sido mucho más sinceros que los occidentales, y aunque ha habido muestras de apoyo a Libia desde Rusia, Moscú se ha abstenido de intervenir militarmente. El 14 de Marzo de 2011, cuando ya había serios problemas con los rebeldes y la mayoría de compañías occidentales se habían marchado apresuradamente, Gaddafi intentó meterse en el bolsillo a China, Rusia, India y Alemania (a Italia ya la tenía, aunque Washington la hizo meter el rabo entre las piernas), pero ya era demasiado tarde. Tanto China como Rusia han salido claramente perjudicadas por la Guerra de Libia, por una parte debido a la cancelación de sus contratos privilegiados (la empresa Agoco, en manos de los rebeldes, amenazó a ambos países con retirarles los contratos por no haber apoyado la insurrección anti-gaddafista) y por otra parte a la irrupción de las multinacionales extranjeras. Por lo pronto, la China National Petroleum Corporation ha cancelado seis proyectos de exploración en Libia y Níger, y actualmente está intentando llegar a acuerdos con el nuevo gobierno rebelde. Quizás la gran perdedora de la Guerra de Libia haya sido Italia. La geografía manda: Italia tiene relaciones con el norte de África, para bien y para mal, desde la época de Cartago y el mito de Eneas y Dido. La petrolera Eni, que en el 2007 pagó mil millones de dólares para asegurar sus concesiones petroleras hasta el año 2042, controlaba antes de la guerra el 30% de las exportaciones libias. En los últimos tiempos, Italia ha hecho una política cada vez más desligada del eje atlantista. Se ha acercado a Rusia (en parte gracias al futuro gasoducto South Stream) y a Libia (mediante contratos petroleros, un tratado de no-agresión y el gasoducto Green Stream, que fue inaugurado en 2004 por Gaddafi y Berlusconi, y que conecta Libia con Italia). Casi daba la impresión de que cada vez que Berlusconi escandalizaba al mundo con sus excesos y sus bunga-bunga, era únicamente para extender una cortina de humo sobre sus turbias maniobras geopolíticas. Este acercamiento italo-ruso preocupaba a Estados Unidos (ver aquí). Italia y Libia tenían muchos intereses comunes, y durante los posteriores bombardeos, Gaddafi llamaría a Berlusconi todos los días para que intentase presionar a los angloamericanos y franceses, en vano: Berlusconi era el primero que estaba a su vez presionado por estos mismos países, a pesar de que sabía perfectamente que la guerra de Libia era inauditamente perjudicial para los intereses italianos, que como hemos visto antes, vienen de muy antiguo. Triángulo de gasoductos Nigeria-España-Italia. El gasoducto trans-sahariano, en rojo, no está completado, y el GALSI, en naranja, tampoco. El Medgaz (azul) fue inaugurado en Marzo de 2011, en plena primavera árabe. Son especialmente importantes el gasoducto trans-mediterráneo (gasoducto Enrico Mattei) en el contexto de las revueltas en Túnez, y el gasoducto Green Stream en el contexto de la Guerra de Libia. La situación de España con Argelia es muy similar a la de Italia con Libia: existe un gasoducto directo (el Medgaz) y uno que pasa por un país intermediario (el Maghreb-Europe), que en este caso es Marruecos. Cuando se complete el gasoducto trans-sahariano (si se completa), toda esta infraestructura se conectará, a través del Sahara, con los yacimientos gasíferos del delta nigeriano, donde chocan los intereses del atlantismo con los de China, Irán, Rusia y, hasta hace poco, Libia y la Unión Africana. Se comprenden mejor los intereses de Gaddafi, Francia y el atlantismo en el país-bisagra Níger (país que, además, tiene importantes yacimientos de uranio y donde los chinos buscan petróleo…). Alemania ha sido otro Estado notable por su ambigüedad en torno a la Guerra de Libia, no en vano recibía en torno al 20% de las exportaciones petroleras de ese país y entre 2005 y 2007 supuestamente contribuyó en el entrenamiento de las fuerzas de seguridad libias. Berlín va dándose cuenta de que tiene muchos más intereses en común con Moscú que con Washington: el 18 de Febrero de 2011, Alemania votó a favor de una resolución de la ONU condenando como ilegales los asentamientos judíos en Cirjordania, y una semana después, Angela Merkel se permitía recriminarle al Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu que no hubiese dado pasos para obtener la paz con los palestinos; este gesto diplomático es muy fuerte para un país tan acomplejado y delicado en el tema israelí como Alemania. El 8 de Noviembre de 2011, se inauguró un gasoducto (el Nord Stream) que le proporciona a Alemania gas ruso a través del Báltico, y Berlín está empezando a desmarcarse inquietantemente de la política atlantista. En la cumbre del G8 el 15 de Marzo de 2011, la canciller alemana se negó a ser presionada por Reino Unido y Francia, y bloqueó la propuesta atlantista de establecer una zona de exclusión aérea sobre Libia ―pero al día siguiente, un repentino y oportuno “problema” con su helicóptero la hizo cambiar de opinión. El 17 de Marzo, se abstuvo (junto con Brasil, China, India y Rusia) de votar la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU decretando la zona de exclusión aérea y, si bien declaró pasivamente que dicha resolución debía aprobarse, se negó a mandar tropas a Libia. Esto cambió en Agosto, cuando, reaccionando a las presiones extranjeras, envió unidades de operaciones especiales a combatir en Libia, contraviniendo la resolución 1973 de la ONU. Por ahora, Estados Unidos ha conseguido que Alemania vuelva, a regañadientes, al redil atlantista, pero se trata de un éxito efímero que no hace más que retrasar lo inevitable: la ruptura entre la Europa continental y el atlantismo, agudizada por el acercamiento de Europa a Rusia y de EEUU al Pacífico. ¿Cómo se ha visto afectada España? Libia era nuestro segundo suministrador de crudo (el primero es Irán), y a lo largo de 2010, España había aumentado un 33% el suministro de petróleo libio. En 2008, Repsol (que se preciaba de ser “la verdadera embajada de España en Libia”) había firmado una prolongación de su contrato hasta 2032, y en 2009, había realizado importantes descubrimientos, consolidándose como la primera petrolera privada de Libia y produciendo 360.000 barriles al día. A esta compañía, que siempre se ha vanagloriado de tener mejor información que el mismísimo CNI, los conflictos le cogieron totalmente por sorpresa, y tuvo que evacuar desordenadamente a sus empleados en Libia. En Octubre de 2011, Repsol volvió a reanudar su producción en Libia… con sólo 30.000 barriles al día. Cuando comenzó la zona de exclusión aérea y los “bombardeos humanitarios”, los primeros objetivos de la OTAN fueron asegurar los pozos petrolíferos, refinerías, oleoductos, puertos y otras infraestructuras petroleras ―no en vano la rebelión había comenzado en Cirenaica. Con el derrocamiento de Gaddafi y el reconocimiento apresurado del Consejo Nacional de Transición libio, Washington, Londres y París han creado una nueva empresa petrolera, la Libyan Oil Company, totalmente desregulada y con las puertas abiertas para los inversores occidentales, con lo cual es previsible que buena parte de sus beneficios acabe en paraísos fiscales y, en todo caso, que el pueblo libio no los vea ni en pintura. La OTAN ha previsto privatizar también la NOC. Entre tanto jaleo, el mundo ha podido asistir perplejo al bochornoso espectáculo de cómo una larga lista de petroleras occidentales (especialmente la británica British Petroleum y la francesa Total), así como las variopintas facciones de “los rebeldes libios”, se disputan como buitres los contratos y los derechos de explotación del petróleo. Para estos señores codiciosos, arrasar un país próspero, sumir a su pueblo en la miseria y mandar a la muerte a docenas, puede que cientos, de soldados de operaciones especiales ―la flor y nata de la Civilización Occidental― sólo habrá valido la pena si logran hacerse con un trozo del pastel. NIVEL DE VIDA EN LIBIA Y POLÍTICAS SOCIALES DE GADAFI ¿De qué opresión está hablando? Los libios se beneficiaban de créditos a 20 años sin intereses para construir sus casas, un litro de gasolina costaba 14 céntimos, la comida no costaba absolutamente nada y un jeep surcoreano KIA podía ser comprado por sólo 7.500 dólares. (Vladimir Chamov, ex-embajador ruso en Libia, cuando le mencionaron en una entrevista la “opresión al pueblo” de Gaddafi). Hay que tener en cuenta que lo que desea la mayor parte de la población de cualquier país, es tranquilidad y prosperidad y, al ser posible, que no la bombardeen aviones extranjeros o la asesinen/violen/torturen mercenarios extranjeros. No hay pueblo que no desee un gobierno paternalista y protector, y eso era lo que Gadafi intentaba proporcionar. Antes de continuar, dejaremos que los datos hablen por sí sólos. • PIB per capita: 14.884 $ (comparar con 4.900 en Marruecos). Libia era el primer país africano en el Índice de Desarrollo Humano (IDH). • Consumo calórico diario per capita: 3144 (en España 3270). • Deuda/PIB: 3,3 % (comparar con el 60% de EEUU). Libia era el país menos endeudado del mundo con respecto a su PIB, ver aquí y aquí. • Población urbana: 78%, la mayor parte en ciudades de la costa. Ver aquí. • Esperanza de vida: 74 años (la más alta de África). En 1980, era de 61 años. • Tasa de fertilidad: 2,6 (comparar con 5,4 en Marruecos o 6,5 en Yemen). • Tasa de mortalidad infantil: 19 de cada mil. En 1980, era de 70 por cada mil. • Índice de alfabetización: 83% (compárese con el 52% de Marruecos, o el 5% de Libia antes de que llegase Gadafi al poder). • Préstamos bancarios: sin intereses. Todos los préstamos eran a 0% de interés por ley. • Grandes negocios inmobiliarios y mercados hipotecarios: prohibidos. • Ayudas a la vivienda y a la adquisición de automóviles: prácticamente cada familia tenía una casa y un coche. El Estado concedía préstamos automáticamente para adquirir vivienda y automóvil. El 50% de la adquisición del automóvil la costeaba el Estado. Gadafi prometió una vivienda a todos los libios antes de concedérsela a su propio padre, y cumplió su promesa: su padre murió viviendo en una tienda. En 1969, antes de la revolución gadafista, el 40% de los libios vivían en tiendas o chabolas. En 1997, prácticamente todos los libios adultos poseían su propia vivienda. • Ayuda a la vivienda para recién casados: 64.000 $ (en Libia, el coste de la vida es 1/3 con respecto a los países del sur de Europa, de modo que, cambiando a euros y ajustando el coste de la vida, la ayuda equivaldría para nosotros a 140.000 €). • Cheque-bebé: 7.000 $ (cambiando de moneda y computando costes de vida, equivaldría a 15.219 € en el sur de Europa). • Ayudas estatales anuales por cada miembro de familia: 1.000 $ (equivaldría a 2.170 € en el sur de Europa). • Ayudas a familias numerosas: precios simbólicos en alimentos esenciales y bienes de primera necesidad. Cuarenta barras de pan costaban 14 céntimos de dólar. • Sanidad: de alta calidad y costeada por el Estado. Acceso gratuito a médicos, clínicas, hospitales y productos medicinales y farmacológicos. Si un libio necesitaba una operación que no podía ser llevada al cabo en Libia, el Estado costeaba el viaje al extranjero y el coste de la operación. Entre 1969 (revolución gadafista) y 1978, la cantidad de médicos se multiplicó por 5. • Educación: primaria, secundaria y superior costeada por el Estado. Becas y estudios en el extranjero costeados por el Estado. Gran cantidad de alumnos libios estudiando en universidades europeas, una intelligentsia libia bien formada, gran cantidad de libios que hablan bien el inglés. El 25% de los libios tenía titulación universitaria. La proporción de profesores-alumnos era de 1:17. Cuando un licenciado no encuentra trabajo, el Estado le paga el salario medio de alguien con su cualificación hasta que lo encuentre. • Situación de la mujer: junto con Siria, la mejor de cualquier país árabe. Las mujeres accedían a la universidad, tenían los mismos derechos legales que los hombres, podían entrar en el Ejército, votar, conducir un coche, pilotar un avión, trabajar, viajar, ostentar cargos públicos (ha habido ministras libias), ser propietarias de un negocio, formar asociaciones, recitar el Corán en público, poseer su propia cuenta bancaria o casa, y salir solas a la calle. Las bajas por maternidad eran muy amplias y no se les permitía el trabajo físico intenso. No regía la Sharia (ley musulmana radical), se prohibieron los matrimonios de menores de edad y las mujeres obtuvieron el mismo derecho a divorcio que los hombres. En 2001, el 16% de las mujeres libias tenía un grado universitario. En la educación secundaria y superior, las chicas eran un 10% más que los chicos. Existían centros de “rehabilitación moral” donde una mujer podía refugiarse si tenía problemas con una familia fundamentalista. La pintoresca guardia personal de Gadafi, compuesta exclusivamente por mujeres, tenía por objeto llamar la atención al mundo sobre la situación de la mujer libia. En Occidente no se han visto manifestaciones de feministas protestando por la caída del único estadista que podía garantizar los derechos de la mujer libia. Ver más aquí. • Salario de una enfermera: 1.000 $ (equivaldría a 2.170 € en el sur de Europa). • Indemnización por desempleo: 730 $ mensuales (equivaldría a 1.580 € mensuales en el sur de Europa). • Precio de un litro de gasolina: 14 céntimos de dólar (comparar con 1,3 euros en España), menos que un litro de agua. Esto da una idea de cómo en Occidente las multinacionales petroleras fijan precios como un cártel mafioso ―lo llaman “libre mercado”. • Precio de la electricidad: gratuito. No existían las facturas de la luz. • Impuestos y tasas: la mayor parte prohibidos. • Venta y consumo de alcohol: prohibidos. • Ayuda estatal por cada apertura de PYME: 20.000 $ (equivaldría a 43.485 € en el sur de Europa). • Ayudas al desarrollo de la agricultura: cualquier libio que quisiera irse a vivir al campo y dedicarse a la agricultura, recibía gratuitamente del Estado tierra, casa, animales de ganado, material de granja y semillas. Estos logros están a años luz de lo que cualquier país del Tercer Mundo ha logrado bajo la democracia-a-la-occidental y las directrices de los Programas de Ajuste Estructural (SAP por sus siglas inglesas) del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. También están a años luz de las petro-monarquías árabes del Golfo, a pesar de que éstas son más ricas en petróleo que Libia. Tanto es así que, en 2005, la ONU elogió a Libia por sus avances sociales, sin parangón en toda África. Libia venía a ser el ejemplo perfecto de lo lejos que puede llegar un país cuando emplea bien los recursos que la providencia le dio, sin intermediarios, parásitos, mercaderes, especuladores o saqueadores extranjeros. Libia era, en suma, el caso opuesto al Congo-Kinshasa ―un país tremendamente rico en recursos, pero desorganizado y saqueado. Por sus políticas sociales, Gaddafi era muy popular entre la abrumadora mayoría del pueblo libio. Manifestación del 1 de Julio de 2011 en la Plaza Verde de Trípoli. Se juntaron 1,7 millones de libios: el 95% de la población de Tripoli. Esta manifestación no encontró apenas eco en los medios de comunicación occidentales. EL PROBLEMA DEL AGUA: RESUELTO El mundo árabe no se caracteriza por ser precisamente rico en agua, el oro azul es un recurso tan escaso que se han dado muchísimos conflictos en torno a él. El control de las fuentes del Nilo Azul es la causa de la desconfianza entre Egipto e Etiopía y, en su día, del ansia de los italianos por apoderarse de Abisinia (estrangular a Suez). En Cisjordania, los asentamientos de colonos judíos coinciden casi exactamente con la distribución de los acuíferos. Las fuentes del río Jordán han sembrado la discordia en las relaciones entre Israel y Jordania, el agua de las Granjas de Cheba tiene mucho que ver en la enemistad Israel-Siria, y las montañas del Líbano (“la Suiza de Oriente Medio”) son un buen motivo más para que Israel desee dominar la zona. Lo mismo se puede decir respecto a las fuentes del Tigris y el Éufrates y las inestabilidades en las zonas armenias y kurdas de Turquía: en todo Oriente Medio, el agua puede ser una bendición o una maldición, según se mire. Incluso donde Oriente Medio se convierte en Extremo Oriente, el fenómeno persiste: la lucha por los recursos hídricos del glaciar de Siachen y varias zonas montañosas, ha puesto patas arriba a toda la región de Cachemira, contestada por tres potencias nucleares: China, India y Pakistán. Precisamente debido a la escasez de agua, los musulmanes en general y árabes en particular, han heredado una larga tradición de aprovechamiento de recursos hídricos. Las civilizaciones mesopotámicas, persa, romana y bizantina fueron acumulando valiosas tradiciones de control y administración de aguas, y actualmente, hasta en los valles más recónditos de Afganistán se construyen acequias cuidadosamente y se consigue mantener verdes los cultivos. A diferencia de Marruecos o Líbano, que tienen regiones montañosas y verdes, Libia es de los países árabes más áridos: el 95% de su espacio es desierto puro. En él tuvo lugar la mayor temperatura jamás registrada: 58º C, en El-Azizia, el 13 de Septiembre de 1922. El clima es tremendamente seco, y sólo el 2% del territorio (zonas de costa y de oasis) recibe suficientes precipitaciones como para poder dedicarse a la agricultura. Paradójicamente, en el Sahara se encuentra también el mayor acuífero de agua fósil del planeta: el Sistema Acuífero de Piedra Arenisca de Nubia, con 150.000 kilómetros cúbicos (!) de agua. El acuífero, que fue descubierto accidentalmente en 1953 mientras se buscaba petróleo, abarca zonas de Libia, Chad, Sudán y Egipto. El sistema acuífero de piedra arenisca de Nubia. África entera está llena de enormes acuíferos, pero con líderes corruptos, pueblos desordenados y deudas odiosas contraídas con bancos internacionales, nunca se los ha explotado como es debido, y se recurre en cambio a costosas plantas de potabilización de agua que cubren de beneficios a las compañías desalinizadoras occidentales. Gaddafi fue el primer estadista que buscó seriamente un modo de aprovechar el potencial hídrico del Sahara para que su país fuese autárquico en agua. Para ello, el “tirano” y “sátrapa” libio financió (25.000 millones de dólares) una obra faraónica denominada Gran Río Artificial, el mayor proyecto de irrigación del mundo, y una de las mayores obras de ingeniería jamás realizadas. El objetivo era traer agua desde los acuíferos y oasis del Sahara hasta las sedientas ciudades de la costa, algunas de las cuales (como la misma Bengasi) no podían beber agua de sus propios acuíferos debido a la invasión de agua marina. Se cavaron 1.300 pozos (casi todos de más de 500 m de profundidad) y se construyeron 2.820 km de canalizaciones subterráneas y acueductos. Antes de ser bombardeado y destruido por la OTAN, el Gran Río Artificial ―al que Gaddafi se refería orgullosamente como “la octava maravilla del mundo”― bombeaba 6,5 millones de metros cúbicos de agua a la costa cada día. Click para agrandar. La infraestructura hídrica de Gaddafi logró hacer florecer el desierto. Estos vergeles, situados en pleno Sahara, eran sólo el comienzo de un plan enorme para convertir Libia en un país agrario, haciéndola una potencia económica regional y atrayendo inversiones, contratos y trabajadores. Cada una de estas parcelas tiene un diámetro aproximado de un kilómetro. Gaddafi planeaba desarrollar 160.000 hectáreas de cultivos, para hacer de Libia un país autárquico en lo alimentario, y también para convertirla en una potencia agraria exportadora. Click para agrandar. Los campos de Kufra, situados cerca de un oasis, podían ser vistos fácilmente por los astronautas desde el espacio y eran una aparición común en los atlas de tipo “El mundo visto desde el aire”. Su forma circular se debía al empleo de una técnica mecanizada, el sistema de riego por pivote central, que riega en círculos y minimiza la pérdida de agua por evaporación. Evolución de los vergeles libios de 1972 a 2001. Se cultivaban cereales, frutas, verduras y forraje para ganado. Principales perjudicados: Marruecos, Egipto e Israel. Principal beneficiado: el pueblo libio. Todo esto ha sido destruido por bombardeos de la OTAN el 22 de Julio de 2011, en Brega y otros lugares. Al día siguiente, la OTAN bombardeó la fábrica que construía las piezas y tramos del ducto. De 1988 a 2006. Red hídrica de Libia. Las fases III y IV estaban aun bajo construcción cuando fueron bombardeadas. El Gran Río Artificial era descrito en el Libro Guiness de los Récords como una “maravilla del mundo moderno”. En Agosto, UNICEF advirtió que el bombardeo de las infraestructuras hídricas por parte de la OTAN podía “convertirse en un problema sanitario sin precedentes”. Poco importa: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y las empresas constructoras de Occidente, se frotan ya las manos pensando en el dinero que le van a prestar al nuevo gobierno libio y los beneficios que obtendrán reconstruyendo el país. Destruir países y luego reconstruirlos como más convenga, sin importar la cantidad de damnificados, es uno de los mayores negocios de la era de la globalización. Más información: http://news.bbc.co.uk/2/hi/science/nature/4814988.stm http://www.traxco.es/blog/pivotes-de-riego/cultivar-en-el-desierto-libia http://www.traxco.es/blog/wp-content/uploads/2010/11/pivotes-de-riego-en-libia-y-jordania.pdf Página oficial del Gran Río Artificial: http://www.gmmra.org/en/index.php?option=com_content&view=article&id=76&Itemid=50 EL TEMA IDENTITARIO —GADDAFI Y LAS TRIBUS LIBIAS Si pretende sobrevivir a largo plazo, todo Estado debe tener en cuenta las particularidades étnicas que conforman su espacio. Los regímenes que le dan la espalda a los problemas étnicos, los niegan o pretenden llevar al cabo chapuceras políticas de homogeneización, acaban sumergidos en ellos. Por eso la misma globalización, que pretende imponer este proceso sobre todo el planeta, está abocada al fracaso tarde o temprano, y terminará entre cruentos conflictos étnicos. En Europa, la tradición de los Estados, el orden y la jerarquía, es muy antigua y, aunque no se trata de un continente homogéneo étnicamente, se puede decir que la mayor parte de países europeos, e incluso el concepto mismo de Europa, es étnicamente viable siempre que se respeten las identidades y no se las pretenda amalgamar. Libia es harina de otro costal. La existencia de Libia como Estado independiente, con sus fronteras actuales, es muy reciente. Debido a la dificultad de cultivar el suelo, la vida sedentaria en Libia es una aparición muy tardía, y prácticamente sólo circunscrita a la costa de la provincia de Cirenaica. Hasta bien entrado el Siglo XX, la mayor parte de los libios eran nómadas sumamente pobres, y las únicas estructuras de organización que existían eran las extranjeras de carácter colonial (Italia y Reino Unido principalmente) y las autóctonas de carácter tribal. Luego llegarían las extranjeras de carácter empresarial, que desafortunadamente para ellas, coincidirían con la organización de la estructura estatal por parte del dictador libio. Gaddafi, un beduino de Sirte que nunca se avergonzó de sus orígenes humildes, quiso basar un Estado libio fuerte en los pactos con las diversas tribus, y consideró que la única manera que tenía Libia de no ser arrollada por el extranjero era expulsar a las formas de organización alógenas (empresas y sátrapas relacionados con el antiguo colonialismo imperialista) y actualizar la organización tribal libia, pactando con los patriarcas locales y dándole a cada tribu un lugar en el seno del Estado. Es así como Gaddafi pudo llegar a ser popular en prácticamente todas las tribus libias, desde los árabes de la costa hasta los tuareg del desierto. Pero existía una sombra en la política étnica gaddafista: los bereberes del Oeste del país (montañas Nafusa y alrededores). Los colonos italianos concedieron autonomía religiosa y judicial a esta minoría, ya que es de religión Ibadi (una secta musulmana que se extendió durante la conquista árabe del Magreb). Los ibaditas, aunque se consideran básicamente sunnitas (en Occidente no se los considera ni sunnitas ni chiítas), difieren ligeramente de los malekitas, que componen el resto de la población libia. No tienen sus propias mezquitas y se juntan con el resto de fieles, pero han forjado lazos con Omán, el único Estado gobernado por el ibadismo. Éste es el primer problema de los bereberes libios: sus relaciones con un régimen esencialmente pro-occidental. Zonas bereberes en naranja, zonas árabes en marrón, zonas deshabitadas en gris. El otro problema de los bereberes son los lazos de algunos de sus líderes con el CMA (Congrès Mondial Amazigh), una ONG francesa que, como todas las ONG’s, es la fachada legal de operaciones de ingeniería social, diplomacia, agitación e Inteligencia. Este organismo era percibido por el régimen libio como hostil e interesado en promover la sedición en Libia para desestabilizar al Estado y hacerlo vulnerable a la penetración extranjera. Gaddafi quería un Estado fuerte y unido. Aunque no se metía con la vida privada de los bereberes, el idioma amazigh estaba ausente en las instituciones públicas, y el sistema educativo no mencionaba a los bereberes en la historia de Libia. La Declaración Constitucional de 1969 describía a Libia como un Estado árabe y establecía el árabe como único idioma oficial. En 1977, la Declaración de Establecimiento de la Autoridad del Pueblo puso aun más énfasis en la naturaleza árabe de Libia, llamando a su Estado “Yamahiriya Árabe Libia”. Hasta 2007, una ley prohibía que se diese nombres bereberes a los recién nacidos. Aunque los bereberes nunca sufrieron limpieza étnica ni terrorismo estatal como los armenios en Turquía o los kurdos en Iraq, Gaddafi no simpatizaba con ellos y siguió considerándolos como un sector social demasiado proclive a ser utilizado como vector de penetración extranjera. En 1985 el líder libio había declarado que “Si tu madre te transmite este idioma (el amazigh), te está alimentando con la leche del colonialismo, y te transmite su veneno”. Es comprensible que los bereberes se levantasen contra Gaddafi cuando, a principios de 2011, comenzó el conflicto libio ―si bien los problemas con los bereberes han sido menores y el mayor conflicto ha sido el de Cirenaica, que precisamente tiene fama de ser una región “multitribal”. Todos los etnólogos del Siglo XX consideraban que los bereberes libios estaban fortísimamente arabizados tanto cultural como racialmente. Un estudio italiano de 1932 concluía que no quedaban bereberes puros en Libia. El censo colonial de 1936 no diferenciaba entre árabes y bereberes: ambos eran incluidos en la denominación “libios”. Los censos más recientes también incluían a ambas etnias en la misma categoría, de modo que no existen estadísticas fiables sobre la cantidad de bereberes en Libia; sus números pueden andar entre 25.000 y 150.000. La población de habla amazigh, incluyendo los tuareg (que son leales al gaddafismo) y los habitantes de Ghaddames, pueden ser alrededor del 10% de la población. La política tribal de Gaddafi, que consistía básicamente en pactar con las tribus del interior y dejarlas en paz, era un problema para la globalización. Los espacios donde subsisten estas formas de organización social y familiar (como también en la frontera afgano-pakistaní), son un gran problema para el comercio internacional. Estas gentes no se integran en la economía de mercado, son autárquicos, realizan sus intercambios comerciales a nivel regional sin someterse a política fiscal alguna, y no dependen de la oferta de las multinacionales o de las fluctuaciones en bolsa: ellos se lo guisan, ellos se lo comen, sin contar con el resto del mundo. Se trata de un estilo de vida que la globalización quiere desmantelar e integrar en las urbes de la costa. Con la irrupción de la OTAN en Libia y la caída del régimen gaddafista, se puede esperar que el modus vivendi de las tribus desérticas se vea cada vez más amenazado. El futuro de los tuareg es incierto. Durante los años 70, muchos tuareg se enrolaron en la Legión Islámica, un ejército mercenario que Gaddafi utilizaba para apoyar o desestabilizar países vecinos (Chad, Sudán, Líbano) o movimientos guerrilleros. El buen comportamiento de estos hombres les ganó el apoyo de Gaddafi en sus propias rebeliones regionales, especialmente en Níger y Mali. Aunque la Legión fue desbandada en 1987, muchos de sus miembros se quedaron sirviendo en las Fuerzas Armadas de Libia. Los tuareg son actualmente un factor de peso en la geopolítica del interior de África. Se les relaciona inevitablemente con Gaddafi, y cualquiera que pretenda dominar la franja del Sahel deberá contar con ellos tanto para bien como para mal. Se cree que buena parte de los cuadros gaddafistas han huído Níger y que se encuentran escoltados por tuaregs. GADDAFI Y LA RELIGIÓN En el mundo musulmán, la religión tiene un papel importantísimo, incluso para los que no son islamistas radicales o siquiera practicantes serios. Para ellos, ser judío o cristiano es infinitamente mejor que ser un ateo. Por lo general, los musulmanes son incapaces de concebir que un hombre no tenga fe religiosa de ningún tipo, y consideran que, si no tuviesen al Islam, no serían nada y el mundo los devoraría. Aunque en el pasado han existido regímenes islámicos muy fundamentalistas (como los almorávides y almohades), el radicalismo islámico tal y como lo conocemos hoy, es una aparición muy reciente. El mundo musulmán iba camino a modernizarse gradualmente y emerger como potencia internacional, hasta que un acontecimiento truncó este ascenso: el establecimiento del Estado de Israel en 1948. Desde entonces aparecieron numerosos movimientos radicales, la mayor parte relacionados con redes de Inteligencia enquistadas en Egipto, Marruecos, Arabia Saudí y Pakistán. Quizás los talibán sean el ejemplo más perfecto, con un integrismo sin precedentes en el mundo musulmán: imposición del burka, militantes que desde niños dedican sus vidas a aprenderse el Corán de memoria, y que cuando ya se lo saben, vuelven a memorizárselo desde cero, pero esta vez al revés. Cuando fallan al recitarlo, se les golpea con un palo. La letra, con sangre entra. Los talibán fueron apoyados directamente desde Washington para contener la expansión soviética (y el que dude, puede darle un vistazo a la peli “Rambo III”), y después fueron la excusa perfecta para que el Pentágono invadiese Asia Central. A pesar de que EEUU se hace pasar por paladín del anti-radicalismo, es aliado de dictaduras religiosas como Arabia Saudí y otras, mientras que ataca a países árabes laicos y avanzados como Iraq, Libia, Líbano o Siria. Curiosamente, también los cristianos orientales (maronitas, caldeos, coptos, armenios) están en la lista negra del atlantismo. Por poner un ejemplo, un cristiano armenio disfruta en Irán de una libertad religiosa que sería impensable en países aliados de EEUU como Marruecos o Arabia Saudí. Lo mismo rezaba para los cristianos caldeos en Iraq bajo Saddam Hussein. Gaddafi, como ex-panarabista y heredero del socialismo árabe, a pesar de ser creyente, consideraba que la política debía ser independiente de la religión; su modelo no era Mahoma, sino Nasser. Gaddafi además era perfectamente consciente de que los islamistas radicales le eran hostiles y de que se trataban de una quinta columna del enemigo en su país. A diferencia de lo que pasa en Europa (donde existen mezquitas donde se predica el radicalismo sin ningún impedimento), Gaddafi asignó “observadores” a las mezquitas libias para vigilar los discursos de los clérigos, e incluso vigilaba a los hombres con barbas demasiado largas, rasgo asociado al fundamentalismo. Gaddafi también estableció centros de acogida para que las mujeres que hubiesen tenido problemas con una familia “demasiado” tradicional pudiesen encontrar refugio. Esto no sucede en la mayor parte del mundo musulmán, donde este tipo de disputas suele zanjarse con el apuñalamiento de la mujer involucrada, un chorro de ácido en la cara, una nube de piedras, latigazos o una decapitación. Sin embargo, hay que reiterar que Gaddafi no era ningún ateo. Mencionaba a Alá en sus discursos con mucha frecuencia y amaba la cultura árabe y musulmana. En plena Guerra Fría, durante una visita a Moscú, Gaddafi se negó a bajarse del avión o encontrarse con el secretario general soviético Brezhnev hasta que no se le llevase a ver un funeral musulmán, como prueba de que el Islam no estaba perseguido en la URSS. El cristianismo no estaba perseguido bajo el régimen de Gaddafi. Antes de la guerra, había en Libia 60.000 coptos ortodoxos, la comunidad religiosa más antigua del país. Había también 40.000 católicos, una prefectura apostólica (en Misrata), tres vicariatos (Trípoli, Bengasi y Derna) y dos obispos (Trípoli y Bengasi). En Trípoli había también una congregación anglicana de inmigrantes procedentes de las antiguas colonias británicas en África subsahariana. Si bien había libertad de culto, no estaba permitido hacer proselitismo entre musulmanes, la literatura religiosa estaba sometida a censura y si un varón no-musulmán quería casarse con una mujer musulmana, debía convertirse al Islam. Iglesia de Santa Maria degli Angeli en Trípoli, fundada en 1645 por la comunidad maltesa. TERRORISMO PATROCINADO POR LIBIA El terrorismo internacional es, en su mayor parte, terrorismo de Estado ―es decir, perpetrado por servicios de Inteligencia de diversos países para forzar acontecimientos o tendencias geopolíticas. Lo mismo podríamos decir de buena parte del crimen organizado. Casi todos los países han patrocinado terrorismo de Estado de una forma o de otra, y Libia sin duda apoyaba a muchos grupos armados en el extranjero (tuaregs, piratas somalíes, grupos palestinos, etc.). Los atentados que los medios de comunicación occidentales atribuyen a Libia han sido utilizados para poner a diversos organismos de poder en contra de Gaddafi y para atacar el país, de modo que no está de más tratar, aunque sea por encima, dos de los más sonados. El primero de ellos tuvo lugar en la discoteca “La Belle” de Berlín-Oeste, un local frecuentado por marines estadounidenses. Murieron tres personas (una mujer turca y dos sargentos norteamericanos) y otras 230 resultaron heridas, muchas de ellas permanentemente. La opinión pública más informada consideró que el atentado de la discoteca de Berlín fue la respuesta gaddafista al hundimiento de dos barcos libios, que a su vez se habría debido a los ataques terroristas del 27 de Diciembre de 1985 en Roma y el aeropuerto de Viena. El juez que llevó el caso, Peter Mahofer, dijo que no estaba nada claro que el ataque tuviese nada que ver con el régimen libio. Otro magistrado, Detlev Mehlis (el mismo que décadas después manipularía la investigación sobre el asesinato del primer ministro libanés Rafik Hariri en 2004 [2]) aceptó las declaraciones de un tal Musbah Abdulghasem Eter para incriminar a un diplomático libio y su supuesto cómplice, Mohammed Amairi. Fue mucho más adelante, en 1998, que se supo, gracias a la cadena de TV alemana ZDF, que el primer nombre no sólo era falso testigo, sino también agente de la CIA, mientras que el segundo trabajaba directamente para el Mossad. El entonces presidente estadounidense Ronald Reagan respondió al atentado llamando a Gaddafi “perro rabioso”, congelando los activos libios, suspendiendo el comercio con el país y lanzando Operación El Dorado Canyon: un bombardeo sobre Trípoli y el puerto de Bengasi, en el que murieron 60 libios (incluyendo una hija adoptiva de Gaddafi, de 15 meses) y más de 2.000 resultaron heridos (incluyendo otro hijo de Gaddafi, Khamis, de 3 años). Tras negociar con el gobierno alemán, en 2004 Libia accedió a indemnizar a las víctimas del atentado con 35 millones de dólares. Esto ponía fin al vacío diplomático entre ambos países… provocado por Washington. El emblemático monumento en Bab al-Aziziya conmemoraba el bombardeo estadounidense en el que Gaddafi perdió a una hija adoptiva. EEUU perdió un cazabombardero F-111 y los dos hombres que conformaban su tripulación. El otro famoso “atentado libio” tuvo lugar en Escocia, el 21 de Diciembre de 1988, sobre la localidad escocesa de Lockerbie: un avión de la compañía aérea Pan Am explotó en pleno vuelo, matando a 270 personas. Fue el atentado más sanguinario contra civiles estadounidenses (189 de las víctimas lo eran) hasta el 11 de Septiembre del 2011. Las investigaciones sobre el caso estuvieron a cargo de la CIA, el FBI… y la policía local de Dumfries y Galloway. En 1991, señalaron como autores del atentado a dos ciudadanos libios que supuestamente trabajaban para la Inteligencia de su país: Abdelbaset Ali Mohmed Al Megrahi, jefe de seguridad de las Aerolíneas Árabes Libias (LAA) y Al Amin Khalifa Fhimah, director de la estación de las LAA en un aeropuerto de Malta. El departamento de Acción Psicológica del Mossad (Inteligencia israelí) inmediatamente dio consignas a varios periodistas de diversos medios de comunicación (entre ellos a Gordon Thomas, autor de “El Mossad: historia secreta”) para culpar a Libia del atentado, y se inició una campaña mediática de acoso y derribo contra el régimen gaddafista. Pan Am pertenecía a Yuval Aviv, ex-oficial del Mossad. La compañía exigió la comparecencia del FBI, la CIA y la DEA (muy experta en basar maletines con contenido turbio), pero estas agencias se negaron a declarar, acogiéndose a motivos de “seguridad nacional”. A raíz del juicio, el Consejo de Seguridad de la ONU y la Unión Europea aprobaron duras sanciones contra Libia, ya que Trípoli se negó a extraditar a los acusados. Estas sanciones, y las diversas negociaciones diplomáticas con Gaddafi, dieron como resultado que en 1999 el estadista libio entregase a las autoridades británicas a los dos ciudadanos acusados para ser juzgados en Reino Unido. Gracias a ello, la UE retiró sus sanciones contra Libia. El segundo acusado, Fhimah, fue absuelto, y el primero, Megrahi, fue condenado en 2001 a 27 años de prisión ―si bien él siempre afirmaría ser inocente. En Octubre de 2002, Gaddafi pagó 2.700 mil millones de dólares a los familiares de las víctimas del atentado ―10 millones por cada víctima. En Agosto de 2003, aceptó formalmente la responsabilidad libia en Lockerbie; al mes siguiente, la ONU levantó sus sanciones. Era la época de la Guerra de Iraq, Saddam Hussein había caído y Gaddafi consideraba que sólo podría salvar su país de ser bombardeado si agachaba la cabeza y hacía gestos aperturistas para calmar los ánimos en Occidente. Atentado de Lockerbie, 21 de Diciembre de 1988. La verdadera autora del atentado de Lockerbie fue una facción de la CIA que operaba en Alemania, y que introdujo el explosivo en el avión durante una escala en Frankfurt. En 2005 se supo que, según el ex-jefe escocés de policía que había investigado el caso, las evidencias (esencialmente el temporizador de la bomba) fueron fraguadas por la CIA para incriminar a los libios. El mismo “experto” que examinó el temporizador admitiría más tarde que él mismo lo fabricó, y el testigo-estrella (un tendero maltés) que proporcionó un vínculo entre la bomba y el maletín reconocería que fue sobornado por el Gobierno de los Estados Unidos con 2 millones de dólares para mentir en el estrado e incriminar a los libios. Esto hizo que las autoridades escocesas se propusieran revisar el caso, pero la salud del condenado no lo permitió: se interrumpió su condena y fue oportunamente enviado a Libia. No es el objetivo de este artículo extenderse más en este asunto, quien esté realmente interesado sabrá investigar y llegar a sus propias conclusiones. EL FRACASO DEL PANARABISMO Y EL ÉXITO DEL PANAFRICANISMO: LOS ESTADOS UNIDOS DE ÁFRICA Cualesquiera que fuesen los defectos de Gaddafi, era un verdadero nacionalista. Yo prefiero nacionalistas a marionetas en las manos de intereses extranjeros… Gaddafi ha hecho grandes contribuciones en Libia, África y el Tercer Mundo. Debemos recordar eso como parte de su visión de independencia, echó a las bases británicas y americanas de Libia tras tomar el poder. (Yoweri Museveni, Presidente de Uganda). Tras haber intentado infructuosamente establecer un espacio común con Egipto y Siria, Gadafi sabía que el panarabismo estaba acabado. Egipto había caído en 1982 en manos del atlantismo, el poder de Israel estaba fuera de toda duda, Siria era demasiado pro-soviética y a los petro-regímenes árabes sólo les importaban los petrodólares. En un discurso ante la Liga Árabe, Gaddafi echó en cara al resto del mundo árabe, entre otras cosas, que no moviese un dedo por Iraq y que sus agencias de Inteligencia conspirasen unas contra las otras. En otra ocasión le puso las pilas bien puestas a Abdulá, el rey de Arabia Saudí: “detrás de ti está la mentira y delante de ti está la tumba; fuisteis creados por Gran Bretaña y estáis protegidos por América”. Gaddafi se estaba aislando poco a poco del mundo árabe, y decidió poner sus energías en un proyecto quizás más coherente con la geopolítica de Libia: un imperio africano. Consciente de que la ONU no había impedido docenas de conflictos por estar controlada por el Consejo de Seguridad, y de que la Organización de Unidad Africana (que se originó en las luchas anti-coloniales de los años 60) era un circo inútil, en 2002 fundó la Unión Africana. Gadafi sabía que, en el mundo moderno, los Estados modestos no pueden tener peso en el panorama internacional, y que sólo los bloques geopolíticos unidos y coherentes pueden ya conservar un mínimo de soberanía ante la apisonadora de la globalización. Su idea era formar un superestado pan-africano de unos 200 millones de habitantes, distribuidos en diversas etnias árabes, bereberes y negras. Una unión con un solo ejército, una sola moneda y un solo pasaporte, que habría podido negociar de tú a tú con los otros pesos pesados del tablero, en el seno de un mundo multipolar (Estados Unidos, Europa, China, India, Rusia, Brasil… África). Gaddafi adoptó rápidamente una parafernalia pan-africanista, relajó su hostilidad hacia los bereberes, se declaró “rey de reyes” en África (algo que a un occidental le parece una horterada, pero que a los africanos, especialmente subsaharianos, les funciona; además le servía para tratar de tú a tú con las realezas de otros países, especialmente árabes) y, en octubre de 2010, se convirtió en el único líder mundial que pidió perdón formalmente a los negros por el papel de los árabes en el negocio de la esclavitud. También se ofreció a mediar en numerosos conflictos y negoció altos el fuego en Congo, Uganda, Etiopía y Eritrea. Marruecos (que es una anomalía geopolítica en África igual que Reino Unido lo es en Europa) nunca se unió a la Unión Africana debido, entre otras cosas, a que ésta reconocía a la República Árabe Saharaui Democrática. Mauritania fue suspendida tras el golpe de Estado de 2008, y Madagascar tras la crisis política de 2009. Como se ve, los centros financieros de la Unión forman un eje de Libia-Nigeria-Camerún, tres importantes países petroleros que Gaddafi pretendía unir a través de Níger. Demasiado a menudo se nos habla de la necesidad de “ayudar a los africanos” y dirigirles millones de dólares y euros , “ayudas” inútiles que, como expone claramente la autora zambia Dambisa Moyo en su libro “Dead Aid”, no hacen más que endeudarlos y convertirlos en esclavos de los bancos internacionales. Esto, a su vez, los hace emigrar a Occidente, donde causan gravísimos problemas. Rara vez se escucha en Occidente que quienes deben cambiar su situación deberían ser los mismos africanos, sin ayuda externa, y que precisamente eso era lo que Gaddafi estaba intentando. A través de la Unión Africana, Gaddafi ayudaba a vertebrar y estabilizar el continente, proporcionando préstamos, ayuda humanitaria, desarrollo de infraestructuras y tropas para misiones de paz. En Liberia había invertidos 65 millones de dólares en proyectos de inversión, en Darfur (Sudán) había 20.000 efectivos militares de la UA, en Somalia 8.000 y tanto en Mali como en Níger y Chad, Gaddafi apoyaba a los gobiernos económica y militarmente, y en 2001, mandó tropas paracaidistas para repeler un asalto a la capital de Chad. En Somalia, Gaddafi quería un gobierno fuerte para controlar el espacio marítimo (de los más estratégicos del mundo) y someter el enorme tráfico comercial a una política fiscal y arancelaria. Esto obviamente no le convenía a los países atlantistas. Cuando Eritrea (apoyada por Libia, Sudán, Irán y China) bloqueó las exportaciones etíopes, éstas buscaron salida al mar a través de Somalilandia (una provincia de Somalia que es soberana de facto y que si no se ha independizado es debido a Egipto, que conspira contra Etiopía). Somalilandia le conviene mucho al comercio internacional, ya que tiene las leyes más liberales del mundo, sus puertos son como bebederos de patos y han servido para el enriquecimiento de una élite de caciques locales. Cuando se hizo claro que el gobierno somalí no controlaba más que unas calles de Mogadishu y que el Estado somalí había fallado, Gaddafi orientó sus ayudas hacia la región de Puntlandia y la piratería, que él concebía algo así como un impuesto a la circulación marítima, que debía establecerse para compensar la caída del Estado somalí. En cualquier caso, muchos de estos países estaban dejando de depender de la finanza internacional, basada en Nueva York y Londres, y orientando su dependencia hacia la mayor potencia africana, Libia, que intentaba que los países africanos defendiesen sus propios intereses. Asimismo, Gaddafi financiaba directamente al RASCOM (Organización Regional del Satélite Africano de Comunicaciones). RASCOM había lanzado, con ayuda francesa y desde las instalaciones de la Agencia Espacial Europea en la Guayana Francesa, un satélite el 21 de Diciembre de 2007, aunque iba a tener una vida útil de unos dos años. El 4 de Agosto de 2010, se lanzó el primer satélite de telecomunicaciones genuinamente pan-africano. Este satélite brinda televisión (entre ellas la cadena estatal libia Arrai, basada en Damasco, Siria), Internet y comunicaciones telefónicas (incluyendo en el olvidado mercado de telefonía móvil en las zonas rurales) a toda África, acabando con el “telón de acero digital” que separaba al continente del resto del mundo, y sin necesidad de depender de compañías extranjeras. Pero el principal problema era que la Unión Africana estaba en proceso de crear un sistema financiero africano, que se basaba principalmente en el Banco Africano de Inversiones (Trípoli, Libia), el Banco Central Africano (Abuja, Nigeria) y especialmente el Fondo Monetario Africano (Yaundé, Camerún), que disponía de 40 mil millones de dólares y estaba empezando a suplantar al Fondo Monetario Internacional (que ha dirigido buena parte de la economía africana hasta ahora, abriendo las puertas a las multinacionales y a los bancos occidentales, y canalizando toda la riqueza de los países africanos hacia las costas y los mares). A esto hay que unir el proyecto del dinar-oro libio, que iba a suplantar al franco-CFA y al dólar como moneda de reserva de la Unión Africana. Esto lo veremos inmediatamente con más detalle. La UA ha intentado desesperadamente evitar la Guerra de Libia. El 9 de Abril, pidió el cese inmediato de hostilidades y el envío de asistencia humanitaria, así como la protección de trabajadores inmigrantes en Libia. El comité de la UA intentó volar a Libia para discutir estos planes, pero la ONU le denegó el permiso. EL DINAR-ORO Y EL DOMINIO DE ÁFRICA Libia es una amenaza para la seguridad financiera de la humanidad. (Nicolas Sarkozy). Que la economía —especialmente la economía financiera, especulativa y comercial— está en la base de la mayor parte de conflictos modernos, no se le escapa ya a casi nadie. Los experimentos financieros poco ortodoxos fueron la causa de la caída de estadistas como Napoleón, Abraham Lincoln, Hitler… y ahora Gaddafi. La opinión pública tiene relativamente claro que, en el caso de la guerra de Libia, el motivo económico es el petróleo. Sin embargo, hay otros motivos económicos igual de importantes o más. Para poder comprender por qué Gaddafi estaba amenazando gravemente a la Internacional del Dinero, hay que examinar primero el papel del dólar. El dólar es actualmente la causa de buena parte de las inestabilidades financieras del mundo. Para saber por qué esto es así, tenemos que retroceder en el tiempo y ver cómo funcionaba la economía comercial antes de 1971. En aquella época, la riqueza estaba basada en el patrón-oro, y el dólar, la principal moneda de reserva, tenía, desde la conferencia de Bretton Woods de 1944, un cambio fijo con respecto al oro: una onza de oro equivalía a 350 dólares. Por regla general, los países buscan exportar más de lo que importan, a fin de que su balanza comercial (diferencia entre exportaciones e importaciones) sea positiva. Para ello, deben tener una economía productiva, para poder vender y obtener divisas para comprar bienes a otros países. Sin embargo, Estados Unidos estaba empezando a aprovecharse de que el dólar se cambiaba directamente a oro y de que era la principal moneda de reserva, para imprimir más billetes que oro existente, pagando sus importaciones con esos billetes, que en la práctica, cada vez valían menos. Esto tuvo como efecto que muchos países le pidiesen a Estados Unidos oro en vez de dólares como pago por sus exportaciones. Uno de estos países fue la Francia de De Gaulle. Cuando los barcos franceses aparecieron en el puerto de Nueva York pidiendo oro, Nixon decretó en 1971 la abolición del patrón-oro y la convertibilidad fija del dólar a oro… precisamente para evitar que el Departamento de la Tesorería perdiese sus reservas. A partir de entonces, el dólar se convierte en la moneda de reserva mundial y se considera una riqueza de por sí. La mayor parte de las transacciones comerciales se hacen en dólares, pero la realidad es que el dólar ya no está respaldado por nada (esto queda claro por el hecho de que, desde que el dólar ya no tiene un cambio fijo con respecto al oro, la onza de oro ha subido desde 350 dólares en 1971 a 1700 en 2011). La Reserva Federal o FED, el banco central emisor de dólares, puede crear (siempre a crédito) la cantidad de papel-moneda que quiera sin límite alguno, abusando de la “confianza de los mercados” para adquirir todo tipo de bienes (especialmente petróleo), y así importando (consumiendo) muchísimo más de lo que exporta (produce). Se trata de un negocio redondo: dándole a la máquina de imprimir billetes, la FED está automáticamente imprimiendo petróleo, gas natural, alimentos, sobornos, fondos para fundaciones políticas y financiación de movimientos subversivos en el extranjero, etc. No importa que la balanza comercial estadounidense sea la más deficitaria del mundo o que su deuda sea la mayor con diferencia: todo puede solucionarse imprimiendo dólares… a menos que un día el dólar deje de ser la moneda de reserva internacional y sus socios comerciales dejen de aceptarlo y exijan que les paguen con otras divisas. En cambio, los otros países, que no tienen poder para crear dólares, para poder entrar en el comercio mundial, deben obtener dólares siguiendo las reglas del mercado: siendo honrados, trabajando de forma productiva, exportando al extranjero y pidiendo que les paguen dichas exportaciones en dólares para poder, a su vez, comprar otros bienes. En suma, produciendo más de lo que consumen. Por este motivo, se puede entender el nerviosismo de Wall Street cada vez que un país pide, a cambio de sus exportaciones, otra cosa que no sean dólares (como oro en el caso de De Gaulle y Gaddafi, euros en el caso de Saddam Hussein, Irán y Noruega, rublos en el caso de Siria, etc.), ya que eso automáticamente aniquila la hegemonía del dólar, Washington perdería su as en la manga y Estados Unidos se vería obligado a producir y exportar para obtener otras divisas y pagar su deuda: tendría que seguir las mismas reglas que el resto de países del mundo, y se encontraría conque la falta de un tejido económico productivo (trasladado a Asia Oriental) y su posición geográfica (pésima para exportar, a diferencia de Alemania o Japón) le condenarán al aislamiento internacional. El dólar fiduciario es el mayor negocio de la historia, y no está en manos del Gobierno de los Estados Unidos, sino de un banco privado: la Reserva Federal. El 4 de Junio de 1963, mediante la Presidential Order 11110, Kennedy (el único Presidente católico de la historia estadounidense) le arrebató de un plumazo a la Reserva Federal el poder de crear dinero, entregándole ese poder al Gobierno. El Departamento de Tesorería comenzó a emitir billetes marcados en rojo y con la leyenda “US Note” (en vez de los tradicionales marcados en verde y con la leyenda “Federal Reserve Note”). Estos nuevos billetes eran propiedad del Gobierno y del pueblo americano, estaban totalmente libres de deuda y de interés, y se hallaban respaldados por reservas de plata [3]. Llegaron a circular 4 mil millones de estos dólares “reales”. Cinco meses después, Kennedy era asesinado y todos los billetes gubernamentales marcados con “US Note” fueron retirados de circulación. Nadie le falta al respeto a la Reserva Federal ―y si Kennedy lo pagó, Gaddafi no iba a ser menos. Puesto que el dólar no está respaldado por ningún activo tangible, cada vez que la Reserva Federal emite dólares y aumenta su masa monetaria (sin respaldarla con producción de riqueza real), está devaluando la moneda (y los precios de los principales productos comerciales, que se fijan en dólares), y esta devaluación afecta especialmente a los países extranjeros, que ven cómo sus reservas de dólares valen cada vez menos por culpa de la inflación. Además, el exceso de masa crediticia creada, se dedica a flotar ociosa en el maremágnum de los mercados, especulando, causando burbujas, buscando mercados inverosímiles y sentando las bases de futuras crisis. Se cree que, por culpa del dinero fiat (creado indiscriminadamente de la nada), la masa monetaria que hay en el mundo, entre dinero físico y virtual, es diez veces superior al PIB mundial, es decir, el conjunto de bienes y servicios susceptibles de ser comprados. Es por ello que a menudo se oyen declaraciones muy contundentes criticando a la finanza estadounidense, como cuando el Primer Ministro ruso Putin dijo que EEUU era el “parásito” de la economía global —una frase totalmente acertada, ya que cada vez que la FED emite moneda, está literalmente robándoles riqueza a los países tenedores de dólares y/o de deuda estadounidense (China, Japón, Rusia, etc.)., importando todo lo que quiere y, a cambio, exportando sólo papeles con tinta. Esto ha escalado hasta convertirse en una guerra financiera entre oligarquías capitalistas del mundo. Una de estas oligarquías parece todavía atada al poder del dólar, y las otras consideran que, definitivamente, “el dinero no tiene patria”, y que ha llegado la hora de efectuar una globalización monetaria total. Ya el economista John M. Keynes había pedido en su día el establecimiento de una moneda mundial (el “bancor”), pero ha sido especialmente después de la quiebra de la banca Lehman Brothers en 2008, que han surgido infinidad de voces pidiendo la adopción de una nueva moneda de reserva que no sea el dólar. El euro es la alternativa más creíble (razón por la que los ataques de los mercados estadounidenses contra Europa y los países que exportan en euros son muchos), pero también se han escuchado peticiones a favor de una moneda global totalmente nueva —lo cual cerraría definitivamente el círculo de la globalización y sometería la economía internacional a un Banco Central, probablemente el FMI. Mientras este proyecto no se concreta, muchos han sido los países (especialmente musulmanes) que han tonteado con los yuanes-oro, los dinares-oro y los dirhams-plata. El más importante ha sido Libia. Antes de la invasión de la OTAN, Gaddafi estaba a punto de lanzar su invento financiero: el dinar-oro. Esta moneda iba a estar respaldada por oro, del cual el Banco Central libio tenía las mismas reservas que Reino Unido (144 toneladas, valoradas en 6500 millones de dólares), pero con un 10% de su población, con lo cual, en la práctica, el pueblo libio tenía 10 veces más oro que el Reino Unido. Gaddafi quería que el dinar-oro se convirtiese en la moneda de reserva de la Unión Africana y en la única divisa válida para vender sus exportaciones, obligando a los países que quisiesen comprar petróleo libio a obtener antes dinares-oro, ya pagando con oro, productos comerciales u con otros bienes y servicios ―pero en todo caso no con dólares ni otras divisas abstractas. Mediante esta política, Gaddafi estaba a punto de socavar el dominio en África de dos importantes monedas: el dólar y el franco-CFA (Colonias Francesas de África). Esta última moneda, oportunamente, tiene un cambio fijo con respecto al euro, y su emisión se decide desde París para controlar económicamente su patio trasero geopolítico en África Subsahariana: un arco que va desde el Cabo Verde (Senegal), pasa por el río Níger y el centro de África, y termina en la desembocadura del río Congo. En todo este espacio, París mantiene numerosas campañas militares, generalmente desconocidas por la opinión pública ―trabajo sucio hecho principalmente por la Legión Extranjera francesa, a menudo en contra de los intereses de Washington, al menos hasta que Francia volvió al redil de la OTAN en 2009. Países donde está implantado el franco-CFA como moneda de reserva. En estos países, Francia mantiene su propio negocio particular, similar al dólar de EEUU en el resto del mundo: simplemente a base de crear francos de la nada, prestarlos a interés y endeudar países, París obtiene cacao, oro, algodón, sal, diamantes, madera, pescado, algo de petróleo y gas natural, fosfatos, uranio y otros minerales, etc. En una frase, obliga a todo el aparato productivo de sus ex-colonias a dirigir sus esfuerzos hacia el comercio exterior, mientras fuerza a todos sus presupuestos públicos a dedicarse al pago de la deuda. A cambio, los países africanos obtienen billetes sin ningún valor real, y que sus fondos sean propiedad de la Tesorería francesa. Gaddafi iba a darles a estos países la oportunidad de obtener riqueza real a cambio de sus exportaciones, pagando su deuda y liberándose de las tiranías monetarias. El franco-CFA está controlado desde París y desde bancos centrales africanos bajo control del Tesoro francés (que no de la Unión Europea): el Banco Central de los Estados de África Occidental (Dakar, Senegal), el Banco de los Estados de África Central (Yaundé, Camerún) y en menor medida el Banco Central de las Comores. ¿Por qué eran el dólar y el franco-CFA herramientas sumamente útiles para controlar a África? Cuando un país africano (o casi cualquier país del mundo) necesita dinero, lo pide prestado a un banco central, que lo crea de la nada, imprimiéndolo a tutiplén sin ningún respaldo (oro, plata, trabajo, riqueza real, etc.). Este banco central extranjero no da el dinero alegremente sin más: lo presta a interés. Es decir, no se trata de dinero real, sino de crédito, o deuda. Eso significa que el país africano de turno debe todo el dinero que tiene, más una cantidad adicional. Para ir devolviendo su deuda (que siempre es impagable en dinero, ya que es mayor que la masa monetaria), el país africano se ve forzado a comerciar con la potencia emisora de su deuda para que le vaya “perdonando” dólares o francos, y en última instancia, privatizando sus recursos e infraestructuras, liberalizando su economía y abriendo las puertas a compañías extranjeras. Capitalismo global-neoliberal en estado puro. La ruptura de Gaddafi iba a consistir en lo siguiente: África ya no tendría que pedir prestados euros, dólares o francos a potencias extra-africanas. Ahora cualquier país africano (salvo Marruecos) podría pedirle a la Unión Africana dinares-oro sin interés alguno. Como esta moneda sería muy fuerte (respaldada por riqueza real: oro y petróleo), enseguida se haría un hueco en el comercio internacional, pagando su deuda, no volviendo a contraer deudas jamás, liberándose de la tiranía de las monedas parasitarias del mundo, encareciendo sus exportaciones, abaratando sus importaciones, mejorando su nivel de vida y escogiendo con qué países establecen lazos comerciales según sus propios intereses. Nos encontramos conque Gaddafi iba a desplazar al Fondo Monetario Internacional y otros bancos como prestamista internacional, e iba a derribar al dólar y al franco-CFA del podio monetario africano. Gaddafi, no las ONG’s ni los bancos, era la solución al problema del hambre en África. Puede que ahora comprendamos por qué era tan popular en África subsahariana y por qué Estados Unidos y Francia tenían ese interés por acabar con él. Billete de 20 dinares con mapa del Gran Río Artificial. La conexión Strauss-Kahn y Libia Puede decirse sin miedo a desvariar que Dominique Strauss-Kahn es un cerdo capitalista típico. Sin embargo, es un cerdo capitalista sensato y consecuente que, en vista de los daños que el dólar está haciendo a su amado capitalismo, quiso proponer una solución. DSK era el valedor de las oligarquías capitalistas europeas y BRIC (Brasil, Rusia, India, China) en el Fondo Monetario Internacional, y se estaba empezando a oponer denodadamente a las estrategias de la oligarquía estadounidense. Es preciso remontarnos al 29 de Marzo de 2009, fecha en la que Zhu Xiaochuan, gobernador del Banco Central de China (es decir, el banco que emite los yuanes) criticó la supremacía del dólar y propuso crear una nueva moneda virtual de reserva, respaldándola con DEG (Derechos Especiales de Giro, activos emitidos por el FMI que son cambiables a dólares, euros, yens y libras esterlinas, y que cobran protagonismo especialmente cuando el dólar está débil, ya que muchos inversores se refugian en ellos). Días después, en la cumbre del G20 de Londres, Washington aceptó la emisión de DEG por valor de 250.000 millones de dólares. En la cumbre del G8 en Aquila, el 8 de Julio de 2009, Moscú propuso concretar el proyecto, emitir realmente esta nueva moneda de reserva, llegando a mostrar prototipos. Gaddafi, que había concebido el dinar-oro en el 2000, decidió unirse a este proyecto, con la idea de respaldar su moneda con los DEG del FMI. El asunto pasó al examen de la ONU, y estaba a punto de ver la luz el 26 de Mayo de 2011, durante la cumbre del G8 en Deauville. El dólar habría dejado de ser la moneda de referencia del mundo, y EEUU habría tenido que renunciar a financiar su crecimiento y su maquinaria militar a través de la deuda indefinida. Sin embargo, la detención de DSK, presidente del FMI, 11 días antes de la cumbre, interrumpió todo este proceso. El capitalista (que años atrás había elogiado el progreso económico de Libia) fue acusado de acosar a una empleada de hotel, y fue detenido y aislado durante días, justo cuando (según webs como voltaire.net) se disponía a tomar un avión para Berlín, donde iba a entrevistarse con la canciller alemana Angela Merkel, para encontrarse después con emisarios gadafistas e intentar obtener una firma de Gaddafi para aprobar el proyecto de la nueva moneda. El FMI parecía interesado en emplear el sistema en Libia como campo de ensayo, para luego generalizarlo internacionalmente. ¿Por qué Libia? Por un lado, porque Libia tenía un inmenso fondo soberano (que incluía sus reservas de oro y 150 mil millones de dólares), y por otro lado, porque el Banco Central libio ya emitía dinero libre de deuda y de interés. El antiguo Banco Central Libio. Es inquietante constatar que en Sudamérica está teniendo lugar algo parecido a lo que proponía Gaddafi con su Unión Africana y dinar-oro: un nuevo banco central común (el Banco Sur) y una nueva moneda de reserva (el SUCRE) para el continente sudamericano. Esta moneda podría respaldarse con oro, cobre y petróleo, pero parece que, a diferencia de la moneda gaddafista, seguirá empleando el interés. “Des-gaddafización” del sistema financiero libio y la rentabilidad de la guerra de Libia Destruir el sistema financiero gaddafista, que le negaba beneficios al poder financiero internacional, era una de las prioridades de la OTAN. Para lograrlo, han hecho varias cosas. • Congelar los fondos de la familia Gaddafi. • Congelar los activos del Estado libio, del Libyan Foreign Bank y de la Libyan Investment Authority en el extranjero, incluyendo 150 mil millones de dólares, de los cuales 100 mil millones están en manos de países de la OTAN. Supuestamente, las reservas de oro libias fueron trasladadas por las autoridades gaddafistas a Níger y a Chad (donde hay petróleo, que la CNPC china ya aseguró en el 2007 firmando un tratado con el gobierno, aunque las estadounidenses ExxonMobil y Chevron tienen importantes intereses allí, incluyendo un oleoducto). • Londres, París y Nueva York mandaron cuadros de los bancos HSBC (guardián de 25 mil millones de euros en inversiones libias bloqueadas) y Goldman Sachs, para crear un nuevo banco central (el Central Bank of Libya). Este nuevo banco, que es una mera filial de los anteriormente mencionados, emite, ya con el gobierno rebelde, una nueva masa monetaria de un dinero como el que tenemos en Occidente: dinero-fiat o fiduciario, deuda a interés, que tiene el mismo valor que el papel + la tinta que lo compone, y que encima condena al propietario a pagar una deuda con un activo tangible (el sudor de su frente). Los activos del antiguo Banco Central libio (un banco 100% controlado por el Estado, cuya sede en Trípoli fue de los primeros edificios gubernamentales en ser bombardeados por la OTAN) son confiscados, y cuando se desbloqueen los fondos que Libia había invertido en el extranjero, este banco será el encargado de gestionarlos. • Asegurarse de que el CNT (Consejo Nacional de Transición) libio se comprometa a pagar la “ayuda” de la OTAN a Libia. • Irónicamente, los países que han congelado y saqueado los fondos de Libia, acordaron en París prestárselos (a interés, por supuesto) al nuevo gobierno rebelde, para financiar la reconstrucción del país. Libia está llamada a formar parte de las filas de países africanos tercermundistas, irreversiblemente endeudados con el poder financiero internacional y con sus valiosos recursos saqueados por empresas privadas extranjeras cuyos beneficios, para colmo, no van a su país de origen, sino a una reducida élite con cuentas corrientes en paraísos fiscales y paraísos esclavistas. • Neutralización del poder financiero de la Unión Africana, que emanaba directamente de las inversiones libias y que amenazaba con emancipar a África de la tiranía monetaria internacionalista. Esto incluye el Banco Africano de Inversiones, el Banco Central Africano y el Fondo Monetario Africano. • El Fondo Monetario Internacional, ya bajo la dirección de Christine Lagarde (una valedora de los intereses atlantistas, cuyo nombramiento suscitó las protestas de Rusia y China), rápidamente reconoció el nuevo consejo de gobierno libio como un poder legítimo, abriendo las puertas a una miríada de entidades prestamistas que ahora podrán “ofrecer su financiación” (léase endeudar) al nuevo Estado. Por su parte, el Banco Mundial, en cooperación con el FMI, ofrece ayudar a reconstruir infraestructuras destruidas y apoyar “preparaciones presupuestarias” (léase medidas de austeridad). • KBR (Kellog Brown Root), una empresa subsidiaria de Halliburton, se ha hecho con los contratos de reconstrucción de los acueductos y otras infraestructuras civiles arrasadas por los bombardeos de la OTAN. • La guerra de Libia ha sido un escaparate para la industria armamentística de medio mundo. La declaración de la zona de exclusión aérea primero, y las miles de misiones de bombardeo después, han permitido a la UE y a EEUU lucir sus juguetes de guerra para que los posibles compradores vayan tomando nota. La empresa francesa Dassault Aviation SA, muy relacionada con Sarkozy, ha podido exhibir sus cazas Rafale. La multinacional estadounidense Lockheed Martin se dedicó a pasear su F-16 Fighting Falcon, y la poderosa Boeing su F/A-18 Super Hornet, mientras que el consorcio Eurofighter (Reino Unido, Alemania, Italia y España), pudo desplegar sus Typhoon. Atentos a este macabro desfile estaban los tiburones de países como India, Japón, Arabia Saudí, Qatar, Kuwait, Omán y Suiza, países que están pensando en dotarse de nuevos aparatos para su aviación militar. Más sobre el patrón-oro http://www.liberalismo.org/articulo/222/12/patron/oro/ http://www.oroyfinanzas.com/2010/08/se-cumplen-39-anos-desde-que-nixon-abandonara-el-patron-oro/ http://luiseduardoherrera-luiseduardoherrera.blogspot.com/2010/04/desde-que-nixon-elimino-el-patron-oro.html QUIÉNES ESTÁN DETRÁS DE LA GUERRA DE LIBIA El motor de la Guerra de Libia ha sido los intereses de una oligarquía económica francesa cristalizada en torno a Sarkozy, y el lobby sionista de Estados Unidos y Reino Unido. El senador Joseph Lieberman fue quien transmitió una petición de Tel-Aviv a la Casa Blanca en Febrero de 2011, exigiendo que Obama suministrase armas, asesoramiento y dinero a los rebeldes para poder establecer una zona de exclusión aérea sobre Libia. Otro senador, Lindsey Graham, declararía en la CNN que “Mi recomendación para la OTAN y la Administración es cortar la cabeza de la serpiente: ir a Trípoli y empezar a bombardear”. En una carta abierta a la House of Republicans, una serie de personajes de la política estadounidense pedían que Washington se saltase las resoluciones “humanitarias” de la ONU de Marzo de 2011 y empezase a armar a los “rebeldes” para derrocar a Gaddafi y propiciar un cambio de régimen. Los firmantes: Elliot Abrams, John Podhoretz, Robert y Fred Kagan, Lawrence Kaplan, Robert Lieber, Michael Makovsky, Eric Eldelman, Kenneth Weinstein, Paul Wolfowitz (que tuvo un papel esencial apoyando la Guerra de Iraq en 2003), Randy Schneunemann y el neocon William Kristol, quien en la Fox declaró simplemente “No podemos dejar a Gadafi en el poder, y no vamos a dejar a Gadafi en el poder”. En la edición del 22 de Agosto de 2011 del Financial Times, un artículo titulado “Libia ahora necesita botas sobre el terreno”, Richard Haass, el presidente del CFR (Council on Foreign Relations), finalmente reconocía abiertamente que las operaciones en Libia tenían por objetivo derrocar a Gaddafi (ni rastro de “proteger a la población civil” o brindar “ayuda humanitaria”). La Guerra de Libia puede interpretarse en buena medida como una operación comercial por parte de las petroleras angloamericanas y francesas para resarcirse de las posiciones perdidas respectivamente en Iraq (a favor de Irán y China) e Irán (cuando Francia aceptó retirar su petrolera Total debido a las sanciones internacionales sobre Teherán). ¿QUIÉNES SON “LOS REBELDES LIBIOS”? En Libia NO ha habido un cambio de régimen por “revueltas populares”. Gaddafi era extraordinariamente popular, no sólo en Libia, sino en buena parte de África subsahariana. Las famosas “revueltas de Libia” no han sido sino un golpe de Estado, un alzamiento por parte de una porción del Ejército y otros cuadros de mando del régimen libio. Estas facciones gubernamentales se desgajaron de la autoridad de Trípoli cuando Gaddafi anunció otra ronda de nacionalizaciones petroleras. Dicha acción iba a privar a estos señores de acaparar beneficios y erigirse en la versión libia de los jeques árabes del Golfo. Así tenemos por ejemplo al presidente del CNT (Consejo Nacional de Transición), Mustafá Abdul Jalil, antiguo ministro de justicia de la Yamahiriya. Jalil fue invitado a Londres para discutir su participación de los beneficios petroleros. En la práctica, puede decirse que es simplemente un disidente gaddafista sobornado por Occidente. Lo mismo puede decirse de Mahmud Jibril, alto funcionario económico que había intentado “neoliberalizar” el país con una oleada de privatizaciones, y que no veía con buenos ojos el proyecto de redistribución de riqueza que Gaddafi había anunciado en 2008. Seis meses antes del conflicto libio, Jibril, cuyo modelo de Estado económico liberal era Singapur, se había reunido en Australia con Bernard-Henri Lévy, un “intelectual” francés, para discutir sobre la formación del Consejo Nacional de Transición y el derrocamiento de Gaddafi. En cuanto estalló la rebelión en Bengasi, Jibril voló inmediatamente a Cairo, para encontrarse con el igualmente rebelde Consejo Nacional Sirio y con Lévy de nuevo. Puede ser una de las razones por las que el nuevo gobierno libio ha reconocido al CNS como el gobierno legítimo de Siria. En cuanto a los “rebeldes libios” propiamente dichos, la mayoría ni siquiera son propiamente libios, sino soldados qataríes (y ver aquí) y jordanos, así como mercenarios y muyahidines saudíes (concretamente del príncipe Bandar), emiratenses, kuwaitíes, ex-talibanes, ex-“presos” de Guantánamo, al-qaederos pakistaníes e incluso contratistas colombianos y mexicanos (de hecho, en el vídeo de la captura de Gaddafi se ha podido escuchar a varios “rebeldes libios” hablando en español iberoamericano). Esta heterogénea tropa ha estado activamente asesorada desde primeros de Marzo de 2011, puede que antes, por la CIA, el MI6, la Inteligencia francesa y grupos de operaciones especiales de EEUU y Reino Unido. Buena parte de estos combatientes son la respuesta de los petro-regímenes del Golfo a la ayuda brindada por EEUU durante las revueltas populares en lugares como Bahrein y Yemen ―que fueron sofocadas con tremenda brutalidad pero que, a diferencia de Libia, no han suscitado una respuesta por parte de “la Comunidad Internacional”. La presencia de combatientes del Golfo era tan obvia para las fuerzas lealistas de Gaddafi que a menudo, para distinguir a los “rebeldes”, les bastaba hablarles en árabe libio. Si la respuesta era en árabe del Golfo, se les tiroteaba sin más. Aquellos rebeldes que sí son libios son principalmente radicales musulmanes y gente vinculada con Al-Qaeda, procedentes esencialmente de Derna y Bengasi, al Este del país, y cuyo objetivo es imponer la Sharia en Libia, cosa que por cierto van a conseguir. A toda esta morralla se le debe que hayamos escuchado innumerables gritos de “¡Allah akbar!” en diversos vídeos sobre los “rebeldes” filtrados a la opinión pública, igual que en el caso de los “rebeldes sirios”. La democracia llega a la Plaza Verde: la base social de la “rebelión libia” celebra su triunfo. Estos “rebeldes” no son, ni mucho menos, una fuerza homogénea, igual que no ha sido homogénea la fuerza multinacional que ha atacado Libia. Las diversas facciones “rebeldes” incluso han combatido entre ellas, especialmente en Trípoli, debido a sus procedencias tan diversas, sus intereses tan divergentes y especialmente por las concesiones petrolíferas de diversas multinacionales extranjeras. Finalmente, dos son las banderas que se han impuesto en Libia. Una es la antigua bandera monárquica del rey Idris ―un títere de los angloamericanos. La otra es la de Al-Qaeda. CÓMIENZA LA GUERRA La Guerra de Libia forma parte de la primavera árabe y los “movimientos espontáneos” de Occidente. Se trata de un conjunto de movimientos variopintos, patrocinados por fundaciones y ONGs del tipo USAID, Albert Einstein Institution, NED, NDI, IRI, ACIL, ICNC, CIPE, Safe Democracy Foundation, CEIP, etc. Y ver aquí. Estas organizaciones son fachadas legales de la CIA que operan en el extranjero bajo la excusa de expandir la democracia liberal, con el verdadero objetivo de privatizar los recursos, propiciar cambios de régimen y abrir las puertas a la influencia extranjera. La resolución 1973 de la ONU (17 de Marzo de 2011), propuesta por Francia, Líbano y Reino Unido, fue adoptada para “tomar todas las medidas necesarias” para “proteger a los civiles y a las áreas pobladas bajo amenaza de los ataques”. Esto incluía crear una zona de exclusión aérea sobre Libia, es decir, “desmilitarizar” su espacio aéreo, impedir que la aviación militar libia se echase al cielo. En la práctica, la zona de exclusión aérea tomó un cariz bien distinto. La resolución 1973, desde el principio, se basó en una mentira: la mentira de que Gaddafi había bombardeado a su pueblo en Febrero. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, que monitorizó Libia desde el principio con satélites del Ejército, afirmó tajantemente que Gaddafi no había emprendido ningún bombardeo. “La primera víctima de la guerra es la verdad”, dice la conocida frase de un senador americano. En este caso, la mentira del bombardeo sirvió para tres cosas: 1- Para que la OTAN atacase Libia, lanzando EEUU su “Operación Amanecer de la Odisea”, con el único objetivo de servir de ala aérea a los rebeldes, impedir que las fuerzas gaddafistas se defendiesen, asegurar el petróleo y arrasar las infraestructuras civiles y militares de Libia. 2- Para legitimar a Jalil, quien tuvo un pretexto para dimitir como ministro de justicia, desmarcándose así del régimen de Gaddafi y lavando su cara para pasar, en tiempo récord, a ser presidente del Consejo Nacional de Transición. 3- Para poporcionar una envoltura humanitaria a un paquete en el que no hay más que una intervención militar violenta a favor de sórdidos beneficios monetarios, petrolíferos y geoestratégicos. Los únicos países que han voceado una crítica seria y enérgica contra la chapuza de la Guerra de Libia han sido Rusia, Turquía e Irán. En Occidente, la única política que ha sido mínimamente honesta con Libia ha sido Marine Le Pen. Libia ha pasado a formar parte de otras víctimas de la mentira como Serbia (bombardeos humanitarios para proteger a los “pobres e indefensos” albanokosovares), Afganistán (atentados del 11 de Septiembre) e Iraq (armas de destrucción masiva). Entretanto, otros regímenes árabes, como Yemen y Bahréin, han reprimido verdaderas manifestaciones masivas con increíble brutalidad, sin que los medios de comunicación de Occidente les condenasen ni se rasgasen las vestiduras lo más mínimo. Así, las tropas saudíes pudieron entrar con tanques en Manama, irrumpir en hospitales (incluyendo el Centro Médico Salmaniya), violar a las enfermeras, hacer fuego contra ambulancias, practicar detenciones ilegales, ametrallar al grueso de una manifestación desde carros blindados y helicópteros Cobra made in USA, utilizar gases nerviosos, etc. Incluso desaparecieron “misteriosamente” los órganos de muchos cadáveres (como ya ha pasado y sigue pasando en Kosovo con los serbios) y un preso murió torturado en la cárcel en circunstancias poco claras. Todo bajo la atenta mirada de la V Flota de los Estados Unidos, estacionada en Bahréin. No hubo resolución ni contra Arabia Saudí ni contra la familia real Khalifa (una casta sunnita que gobierna despóticamente un país chiíta, con el único objetivo de contener la influencia iraní en el Golfo Pérsico). No sólo no se brindó nigún apoyo a los rebeldes bahreiníes, sino que hasta se les tachó de extremistas en los medios de comunicación occidentales (por ejemplo, en “El País”). Este repugnante e hipócrita doble estándar está totalmente en contradicción con los elevados valores morales, solidarios, humanitarios y caritativos que, nos hacen creer, mueven cada intervención de la OTAN. ORGANIZACIÓN TERRORISTA DEL ATLÁNTICO NORTE —CRÍMENES DE GUERRA DE LA OTAN EN LIBIA El atlantismo no parece haber cambiado su naturaleza piratesca, saqueadora y mercenaria desde que Drake y Hawkins atacaban a los barcos españoles en el Siglo XVI. El nuevo nombre de la operación de bombardeo sobre Libia (“Protector Unificado”) es una cruel burla. José Riera, el nuevo embajador español en Libia, ha dejado claro que hay mucho que hacer y reconstruir, ya que Libia ha quedado totalmente destruida, pero no por los bombardeos de la OTAN o las atrocidades de los rebeldes, sino… ¡por “cuarenta años de dictadura”! La desfachatez e hipocresía de los políticos occidentales clama al cielo y debe ser denunciada. La realidad sobre la “intervención humanitaria” es que la OTAN, con la excusa de proteger a los civiles de supuestos bombardeos… ha bombardeado a esa misma población civil y se ha cargado casi todas las infraestructuras económicas de Libia, condenando a la población a la miseria, la hambruna, la sequía y la enfermedad. Más de 14.000 misiones de bombardeo han devuelto el país a la edad media. En Septiembre, el nuevo ministerio de sanidad del gobierno rebelde ha hablado de 30.000 muertos y 50.000 heridos sólo en los primeros 6 meses de guerra. La verdadera cifra de muertos en los 9 meses de guerra podría ser mucho mayor: el periodista Thomas C. Mountain habla de 30.000 bombas lanzadas (sin contar 100 misiles de submarinos británicos y estadounidenses) y 60.000 civiles muertos, sólo hasta finales de Agosto. Repasemos brevemente los cargos contra la OTAN: 1- La OTAN ha bombardeado a la población civil. Ha destruido pueblos, barrios residenciales, universidades, un mercado de verduras y hasta una escuela de síndromes de Down en Trípoli. También ha bombardeado edificios gubernamentales muy valiosos: uno de los primeros edificios bombardeados la OTAN fue la Agencia Libia Anti-Corrupción de Trípoli, el objetivo de este bombardeo era destruir documentos sobre políticos libios que se quedaban con beneficios petroleros y los depositaban en bancos suizos ―estos políticos casualmente fueron los mismos que se pasaron inmediatamente al bando “rebelde”. Un obispo católico, Giovanni Innocenzo Martinelli, denunció los sanguinarios “éxitos” de las misiones de bombardeo en Trípoli, que incluyen 40 muertos civiles al colapsar un edificio en el distrito de Buslim. Así ha quedado Sirte. 2- La OTAN ha bombardeado infraestructuras vitales. Se trata de los “objetivos de uso dual”, así llamados porque pueden ser usados tanto por civiles como por militares (puentes, carreteras, edificios, refugios, acueductos, tendido eléctrico, generación eléctrica, fábricas, etc.). Esta táctica, que ya se vio en la Guerra del Líbano de 2006, viola totalmente la resolución 1973 de la ONU, por lo cual se han dado casos de pilotos y altos oficiales que se niegan a obedecer las órdenes, sabiendo que en el futuro se les podrá someter a consejo militar y procesar por crímenes de guerra. 3- La OTAN ha empleado armas químicas y armas de destrucción masiva. Uranio empobrecido, gas mostaza, bombas termobáricas, fósforo blanco y bombas-racimo. A menudo ha acusado a las fuerzas gaddafistas de utilizar estos métodos, al tiempo que impedía que los periodistas y ONGs accedieran a los lugares de los hechos para verificarlos. 4- Los “rebeldes” han cometido numerosas atrocidades y crímenes de guerra contra población civil desarmada. Esto incluye el asesinato de 267 partidarios de Gaddafi en Sirte, 100 personas muertas al estallar una bomba tras el funeral de Gaddafi, el asesinato a traición del anciano jefe de la tribu Warfalla (la más numerosa e importante de Libia), el asesinato de 120 miembros de dicha tribu en Bengasi, el terrorismo contra los pobladores de Tawerga, leales a Gaddafi, el empalamiento de niños, la decapitación de soldados gaddafistas, el ahorcamiento sin juicio de oponentes y el asedio de Beni Walid, durante el cual los rebeldes y la OTAN impidieron a las ONGs suministrar agua, comida y medicamentos a los resistentes. Los rebeldes también se han dedicado al saqueo, a la violación, al linchamiento y al vandalismo en las localidades que han tomado, y lo más probable es que la mayor parte de sus atrocidades no hayan llegado a la opinión pública occidental. 5- Los “rebeldes” han llevado al cabo una limpieza étnica en toda regla contra los negros. Gaddafi era muy popular en África subsahariana y acogía a numerosos inmigrantes de esta región. También contaba con la lealtad de muchas tribus como los tuareg, y con unidades de mercenarios negros. El resultado es que todos los negros, incluso los negros libios que simplemente trabajan como obreros de la construcción, están bajo sospecha de ser mercenarios gaddafistas, y se les está liquidando sistemáticamente. 6- Gaddafi ha sido asesinado sin juicio y violando el tan cacareado “derecho internacional”. Los “rebeldes libios” no han tenido empaque en secuestrar a un hombre de 70 años, herido y aturdido por un bombardeo, insultarlo, maltratarlo, humillarlo, golpearlo y finalmente lincharlo, todo sin dejar de gritar Allah akbar. También podemos añadir a esto la profanación de las tumbas de los padres de Gaddafi por parte de yihadistas, o el asesinato de Mutassim Gaddafi a manos de unos individuos que no hacen más que gritar Allah akbar. Para colmo, tanto la OTAN como buena parte de la prensa occidental se han dedicado a manipular datos para intentar criminalizar al régimen gaddafista. Así, hemos podido ver cómo desenterraban en Abu Salim una fosa común de supuestos represaliados por Gaddafi que luego resultaron ser huesos de camellos (caso no muy distinto a los huesos de cabra y perro de Órgiva, Granada, que los subvencionados de la “memoria histórica” quisieron hacer pasar por 2.000-4.000 represaliados del franquismo), hemos visto a los atlantistas utilizando gas mostaza en Beni Walid y luego acusando a Gaddafi de hacerlo, hemos visto a los periodistas de la BBC entrando en un hospital de Trípoli lleno de cadáveres putrefactos, sin decir quiénes fueron los verdaderos asesinos, etc. Un breve recuento de los crímenes de la OTAN puede ser encontrado aquí. Trípoli antes de los bombardeos. Los vergonzosos titulares de la prensa occidental en general y angloamericana en particular, mostraron bien hasta qué punto la objetividad y la imparcialidad saltaron por la ventana desde el instante en el que Libia se enemistó con el poder del dólar. “La primera víctima de una guerra es la verdad”. El mensaje para el resto del mundo: esto es lo que les pasa a los que no doblan la cerviz ante las potencias hegemónicas de la globalización capitalista y neoliberal, esto es lo que les pasa a los regímenes que rechazan la globalización. Que vayan tomando nota Siria, Líbano, Irán, Sudán del Norte, Bielorrusia, Corea del Norte, Cuba, Myanmar, Turkmenistán y Venezuela. LIBIA EN EL GRAN TABLERO: LA ATLANTIZACIÓN DEL MEDITERRÁNEO El Atlántico está perdiendo poco a poco su importancia estratégica. En 2008, la mayor parte del flujo comercial marítimo se lo llevó el Pacífico, con 20 millones de TEUs (contenedores de 20 pies), seguido muy de cerca por el Mediterráneo, con 18,2 millones. El Atlántico sólo vio un flujo de 6,2 mllones. Esta tendencia parece que va a persistir, por un lado porque, desde la adopción del euro y el atentado del 11-S, Europa y Norteamérica han dejado paulatinamente de comerciar, volviéndose ambos continentes hacia Asia Oriental. Y por otro lado, existen proyectos, como el Corredor Mediterráneo, que tienden a restarle más protagonismo aun al Atlántico. Además, la nueva doctrina geoestratégica del America’s Pacific Century, enunciada por el Departamento de Estado en Noviembre de 2011, desde luego que no ayuda a reforzar el atlantismo propiamente dicho. ¿Caminamos hacia un, valga el palabro a falta de otro mejor, “pacifismo”? Cabría recordar que, para construir su “red de relaciones privilegiadas” con el Atlántico y Europa, Washington tuvo que arrasar el corazón de nuestro continente para quitarse del medio al “macho-alfa” regional: Alemania. No fue mediante la diplomacia, sino mediante la guerra, el bombardeo masivo y la represión, que se erigió el atlantismo ―y lo mismo podría decirse de las relaciones de Washington con Tokio. ¿Se erigirá el “pacifismo”, o Chimerica, sobre la destrucción del “macho-alfa” de Asia Oriental? Sea como fuere, estas no son buenas noticias para el eje atlantista, que ahora debe esforzarse aun más para garantizar su influencia en el Mediterráneo, a costa de Rusia, China y, en menor medida, las potencias de la Europa continental. El establecimiento del Estado de Israel en 1948 fue el primer gran paso de este proceso. La desintegración de Yugoslavia en 1992 y la neutralización de Serbia en 1999 fue otro, y la Primavera Árabe de 2011, el más reciente. Atlantizar el Mediterráneo ¿significa desestabilizarlo y balcanizarlo para que el comercio Europeo se oriente al Atlántico y el chino al Pacífico, por la inviabilidad de las rutas navales China-Europa? ¿Le conviene al atlantismo la expansión del radicalismo islámico por todo el Mediterráneo? Al menos eso parece ser lo que está favoreciendo la OTAN en nuestro mar. Libia es el país africano con más costa en el Mediterráneo. A pesar de que en el pasado había intentado llevarse bien con todo el mundo, su tendencia a partir de la crisis crediticia en EEUU fue estrechar rápidamente lazos con Rusia, China y dos países que Gaddafi pensaba podían beneficiar a Libia: Italia y Francia. Como hemos visto antes, en la provincia de Cirenaica, que es donde estalló la rebelión, “casualmente” había 75 compañías chinas distintas y 36.000 trabajadores chinos (y no sólo obreros, sino también ingenieros, empresarios, funcionarios del Partido y personal de Inteligencia) trabajando en unos 50 proyectos petrolíferos, ferroviarios e inmobiliarios, en los que China había invertido miles de millones de dólares. Que el Mediterráneo albergue un trozo de China es inaceptable para el atlantismo, del mismo modo que albergue un trozo de Rusia: la base naval y de Inteligencia de Tartus (Siria), desde donde se monitoriza todo tipo de movimientos en Chipre, Israel, Suez y Oriente Medio. Para las potencias atlantistas, el Mediterráneo tiene una cara y una cruz: la cara es que dicho mar es una enorme ría que les permite internarse profundamente en la “Isla Mundial” e interferir en Eurasia y África. La cruz es que estos movimientos dependen del control de puntos estratégicos y de toda una red de puertos y bases muy alejados de las metrópolis ―este control es extremadamente caro y exige una corriente continua de capital. La perspectiva de “Oceanía” (entendiéndose como tal el concepto geopolítico de vocación marítima y basado en Estados Unidos y Reino Unido). En la idea anglosajona-israelí del Mare Suus (Mar Suyo) el Mediterráneo es un inmenso lago interior, una ría, que les permite a las potencias marítimas penetrar profundamente en “Eurasia” (entendiéndose por tal el concepto geopolítico basado en Europa y la Federación Rusa), estableciendo bases-portaaviones-lanzamisiles al fondo del lago (Israel y Georgia) y en otros lugares estratégicos (Marruecos, Albania-Kosovo, Rumanía, España), pasando al Mar Rojo, al Golfo Pérsico y al Índico, interviniendo en los asuntos internos de infinidad países y accediendo a sus recursos. El estrecho de Gibraltar es clave en esta estrategia. También son claves los contraataques del Kremlin en forma de bases navales (como la de Sebastopol en Ucrania o Tartus en Siria) y de “rusoductos” gasíferos —uno por el Báltico (Nord Stream), otro por el Mediterráneo (South Stream) y otro por África (Trans-Saharan)— que no vienen representados en el mapa. La importancia del control español sobre la entrada del Mediterráneo quedó de manifiesto en 1973, cuando Franco y Carrero Blanco prohibieron a Washington emplear sus bases españolas para apoyar a Israel durante la guerra del Yom Kippur. La guerra vino en el contexto de una enorme crisis (que no fue petrolera como nos han contado, sino monetaria, del dólar) y produjo un embargo petrolero ―que afectó poco a nuestro país, gracias al petróleo que nos mandaba Saddam Hussein desde Iraq. Actualmente, tanto Siria como Libia, Gaza, Líbano y Argelia (y Serbia antes de taponarse su salida marítima con el estado artificial de Montenegro) son desafíos a la atlantización del Mediterráneo. Al norte, la situación se repite con el Báltico y los Estados-tapón (Estonia, Letonia, Lituania y Polonia). Tanto el Báltico como el Mediterráneo son empleados por Washington para atenazar a Rusia, contener su expansión hacia Europa y frustrar un entendimiento entre Berlín y Moscú. Teoría del “Mare Nostrum”. Una potencia continental eurasiática acerroja Gibraltar y Suez, blindando el Mediterráneo y haciendo sus países costeros tan inaccesibles al poder marítimo como Suiza o Bielorrusia. “Oceanía” perdería su acceso a Estados como Georgia, Libia, Kosovo, Rumania o Siria, pero seguiría teniendo acceso a Israel (a través del Golfo de Aqaba), a Arabia Saudí y a Iraq. Israel (a menos que se bloquease Aqaba) pasaría a ser un nuevo canal de Suez, una “bisagra de emergencia” entre el Mediterráneo y el Mar Rojo. Sin embargo, abastecer a Israel a través de esta nueva ruta, muchísimo más larga, entrañaría un coste muchísimo mayor, y no está el horno del dólar para bollos. Si el coste económico de este apoyo fuese mayor que el coste de una guerra contra Eurasia, habría guerra. El Imperio Romano fue la primera y última potencia que consiguió asegurar plenamente todo el Mediterráneo. Tras la caída de Roma, el Mediterráneo se convirtió en un caos de potencias enfrentadas (bizantinos, vándalos, árabes, normandos, cruzados, aragoneses, venecianos, genoveses, turcos, españoles, franceses, británicos, israelíes, etc.), hasta nuestros días. Durante la II Guerra Mundial, Carrero Blanco aconsejó a Franco no entrar en el conflicto a favor del Eje a menos que los alemanes tomasen el canal de Suez, así acordaron Franco y Hitler en Hendaya. El plan sería frustrado por la derrota de Rommel en El Alamein. Durante el franquismo, hubo entendimientos entre Franco y el líder egipcio Nasser que incomodaron mucho al eje atlantista, que temía se pudiese estrangular a la nueva potencia mediterránea: Israel. Hoy en día, incluso aunque se acerrojasen Gibraltar y Suez, Israel podría seguir manteniéndose gracias a su minúscula franja costera en el Mar Rojo (a menos que desde Egipto y Jordania se bloquease el Golfo de Aqaba). Las potencias oceánicas tienen que danzar alrededor de las masas de tierra, colarse por los estrechos, establecerse en islas y ascender por las cuencas fluviales. Para una potencia oceánica, controlar, abastecer y sostener un punto costero lejano entraña un coste enorme, coste que actualmente el atlantismo sólo puede cubrir gracias a su control de las rutas comerciales y a su monopolio sobre la moneda de reserva mundial. Para una potencia continental, en cambio, cerrar un estrecho es mucho más fácil, ya que el teatro de operaciones está cercano y en muchas ocasiones ni siquiera es necesario echarse a la mar. La pesadilla de Oceanía y el único modo de “eurasiatizar” el Mediterráneo al 100%: que Eurasia, como “Estado comercial cerrado”, se aproveche de sus masas de tierra, cerrando a cal y canto los estrechos. Oceanía pierde definitivamente su acceso a países como Israel, Iraq o Arabia Saudí, y se convierte en lo que nunca debió dejar de ser: la periferia del mundo. (Seguiría teniendo acceso a los Emiratos Árabes Unidos y por tanto al Golfo Pérsico, a menos que se hiciese algo para bloquear la salida de Al-Fujayrah en el emirato de Abu Dhabi). En este proyecto, cobran una importancia capital Yemen y el Cuerno de África. Estas zonas precisamente se han vuelto altísimamente inestables a medida que ha aumentado el comercio entre Asia Oriental y Europa. Tanto Gadafi como Irán y China estaban/están muy involucrados en el Mar Rojo actualmente. Esta serie de mapas hace más fácil entender por qué la obesión del atlantismo anglo, desde Clement Attlee hasta Hillary Clinton, ha sido asegurar el liberalismo y “la libertad de navegación en todos los mares”: se trata del ideal del “Mare Liberum”, formulado por el holandés Hugo Grocio en 1630 (en contraposición a quienes querían someter el mar a leyes, como el inglés John Selden con su doctrina del “Mare Clausum” de 1635). FUTURO DE LIBIA Y PRÓXIMOS PASOS DEL ATLANTISMO EN ÁFRICA La Libia gaddafista era un Estado estable que mantenía a raya al radicalismo islámico y que destinaba la mayor parte de su petróleo a la Unión Europea. Con la caída de Gaddafi, varias son los guiones posibles para Libia, pero tres cosas están claras. 1- El nuevo gobierno va a destinar la mayor parte de su petróleo a países como Estados Unidos, Reino Unido y Francia, en detrimento de otros como Italia, Alemania, España, China y Rusia. Los beneficios de la explotación petrolera ya no se quedarán en Libia, sino que engrosarán los bolsillos de las multinacionales y de una nueva oligarquía de petroleros autóctonos, al estilo de los jeques árabes del Golfo. El pueblo libio va a hundirse en la miseria. 2- Libia puede convertirse en una base de la OTAN, del mismo modo que Afganistán, Iraq, Albania y Kosovo. Bengasi puede pasar a albergar un nuevo Camp Bondsteel (la mega-base estadounidense en Kosovo). Su cercanía a Europa debería ser motivo de preocupación: puede ser una fuente de narcotráfico, trata de blancas, crimen organizado, tráfico de órganos y de armas, inmigrantes y terrorismo (ver cómo los arsenales gaddafistas acabaron en manos de Al-Qaeda). 3- Libia va a ser un país inestable. El orden de la época de Gaddafi y la Yamahiriya no volverá. Probablemente la resistencia lealista gaddafista tardará mucho en sofocarse y el escenario será comparable a Iraq. Esta inestabilidad se contagiará a Sudán, la franja del Sahel y el Cuerno de África además de África guineana y el Congo. 4- El Islamismo radical ganará posiciones en Libia. Por lo pronto ya hemos visto la bandera negra de Al-Qaeda ondeando en el palacio de la justicia de Bengasi, y hemos visto al CNT hablando de imponer la Sharia en el país. Más info aquí sobre la presencia de Al-Qaeda en Libia. 5- Libia va a convertirse en un país emisor de refugiados e inmigrantes. La Libia gadafista era un país lo bastante avanzado como para, no sólo no emitir apenas emigrantes a Europa (sin contar estudiantes becados y similares), sino además atraer inmigrantes de Egipto, Túnez, media África y hasta China. Ahora es previsible que la cosa cambie y que Libia se convierta en un país tercermundista de refugiados, damnificados, desheredados y muertos de hambre, que, desesperados, se precipitarán sobre Italia primero y el resto de la UE después. Por añadidura, los trabajadores subsaharianos que antes emigraban a Libia, ahora lo harán a la UE. La avalancha de negros que Gaddafi predijo se precipitaría sobre Europa si él caía, puede desencadenarse bien pronto, especialmente si tenemos en cuenta que la caída de Gaddafi va a desestabilizar Argelia, Chad, Níger, Sudán, República Centroafricana, Cuerno de África, etc. Esto no sería un problema si la política migratoria de Europa no estuviese controlada por multinacionales codiciosas y políticos vendidos, pero no es el caso. Como hemos visto más arriba, los intereses del atlantismo en África son muchos, y no se detienen en Libia. Washington ha mandado fuerzas especiales a la República Centroafricana, y la independencia de Sudán del Sur es el primer paso para frustrar los intereses chinos en África Central. El nuevo país sudanés es un Estado-tapón que evita que el Atlántico y el Mar Rojo se comuniquen a través de dos enormes países (Congo y Sudán). Argelia, país extraordinariamente rico en gas natural y que busca desesperadamente una salida al atlántico a través del Sahara Occidental, ha acogido a Aisha Gaddafi y se niega a extraditarla. El presidente argelino Abdelaziz Buteflika temía tanto la acción extranjera que, durante los bombardeos de la OTAN sobre Libia, ni siquiera le cogió el teléfono a Gaddafi. Cuando, el 22 de Febrero de 2011, la Liga Árabe suspendió a Libia como miembro, Argelia fue uno de los dos Estados que se opuso. El otro fue Siria. En Níger puede encontrarse Said Gaddafi, que, protegido por mercenarios sudafricanos, se llevó a dicho país las reservas de oro libias (que puede utilizar para financiar una resistencia armada) y numerosas obras de arte. El gobierno de Niamey se niega a extraditarlo. Lo mismo reza para Saadi, otro hijo de Gaddafi que escapó a Níger el 11 de Septiembre de 2011 con la ayuda de veteranos de las fuerzas especiales de Rusia e Iraq. Níger es también importante por sus reservas de uranio (controladas por la compañía francesa Areya, pero también en el punto de mira de China), por su frontera con Nigeria (que tiene grandes reservas de hidrocarburos) y por utilizar el franco-CFA como moneda de reserva. El atlantismo parece estar usando los viejos lazos de Francia con África subsahariana para penetrar en lo más profundo del continente, con el objetivo expreso de contener la expansión de la influencia china. Al atlantismo le interesa especialmente frustrar el gasoducto trans-sahariano ―que en buena medida no deja de ser otra tenaza rusa igual que el Nord Stream y el South Stream― y desestabilizar Argelia, Níger y el norte de Nigeria, para que todo el gas y petróleo nigerianos se orienten a las rutas marítimas. También es de particular interés hacer todo lo posible para desestabilizar las zonas interiores del Congo y países limítrofes, para que los abundantes recursos congoleños se dirijan hacia el Oeste (costa atlántica) en lugar de hacia el interior (Mar Rojo, Puerto Sudán). La desestabilización de la mitad norte de Nigeria (donde se ha implantado la Sharia) tiene también por objetivo evitar que sus hidrocarburos encuentren salida hacia el Norte (Argelia y la Unión Europea) a través de Níger. La zona idónea para balcanizar todo este espacio es cerca de la triple frontera de Argelia-Mali-Níger, donde tiene su base AQMI (Al-Qaeda en el Magreb Islámico) y donde podrían encontrarse los hijos de Gaddafi. AQMI es realmente todo un ejército privado y una red de Inteligencia con contactos en el ámbito saudí, marroquí y anglosajón, y opera en buena parte del Sahel (ataques a tropas gubernamentales, control de regiones enteras, secuestro de turistas y voluntarios de ONGs, etc.), desestabilizándolo y brindando cassus belli para la intervención de potencias extranjeras (especialmente Francia mediante su Legión Extranjera y EEUU con AFRICOM) [4]. Precisamente Gaddafi prestaba apoyo a los gobiernos de Mali, Níger y Argelia para que luchasen contra esta milicia y estabilizasen la zona, ya que sin estabilidad regional, el gasoducto trans-sahariano no es viable. Níger es por ello una especie de encrucijada estratégica. No sólo parte por la mitad las rutas norte-sur (Argelia-Nigeria), sino que también parte por la mitad una importantísima ruta este-oeste: el Sahel, una franja semi-árida que va desde el Atlántico hasta el Mar Rojo. En particular, la porción del Sahel que incluye la cuenca del río Níger, fue clave históricamente para el florecimiento de muchos imperios africanos (como los almorávides, la época próspera de Timbuktu y una variedad de reinos subsaharianos) que obtenían su poder y enormes riquezas de este núcleo, los recursos que albergaba (especialmente oro) y las rutas que se entrecruzaban en él. La tendencia de los almorávides, canalizada por la geografía, fue dirigirse hacia el Norte, invadiendo las actuales Marruecos y Argelia y penetrando finalmente en España. Finalmente, en el Sahel tiene sus bases el recientemente organizado Frente de Liberación Libio (LLF por sus siglas inglesas), un ejército de resistentes gaddafistas. La geografía, los yacimientos de hidrocarburos y las infraestructuras energéticas señalan los pasos del atlantismo en África. Las rutas norte-sur (gasoducto trans-sahariano), que conectan el Mediterráneo con el Atlántico, y las rutas este-oeste (franja del Sahel), que conectan el Mar Rojo con el Atlántico, se cruzan en Níger, un país intermedio que es el candidato perfecto para balcanizar todo este espacio desmantelando la “cruz”, y que es clave para dominar el corazón de África. También es de notar el papel de España e Italia como receptoras de gran cantidad de hidrocarburos africanos y transmisoras de energía a Europa (papel que se incrementaría enormemente si Nigeria se conectase a la red de gasoductos). El atlantismo quiere evitar a toda costa que se formen rutas terrestres estables y que los países se emancipen de la dependencia de las rutas marítimas. Por tanto, es una mala noticia para el eje Washington-Londres-Tel-Aviv que el gas y el petróleo se dirijan hacia el interior continental en lugar de hacia los puertos marítimos. España y Argelia La energía es probablemente el principal móvil en la estrategia de las grandes potencias modernas, es por ello que los hidrocarburos tienen un papel tan importante en la geopolítica. De ellos, el carbón fue el primer protagonista, luego el petróleo ha sido durante mucho tiempo el tesoro más codiciado, y en tiempos recientes, el gas natural ha ido adquiriendo un protagonismo cada vez mayor. Los “rusoductos” de Europa del Este han causado graves problemas diplomáticos y son el eje del acercamiento germano-ruso. La diplomacia del gas natural es tan importante para Rusia que el actual Presidente ruso, Dimitri Medvedev, fue anteriormente presidente de la compañía estatal gasífera Gazprom. El campo gasífero de Pars del Sur es una de las razones de la adjudicación del Mundial de fútbol de 2018 a Qatar, el Green Stream era el eje de las relaciones italo-libias, el South Stream amenaza con provocar la resurrección de Serbia y el gasoducto proyectado de Irán-Pakistán-India es un gravísimo problema para Estados Unidos, que se ha opuesto vehementemente al proyecto y está haciendo lo posible por desestabilizar Pakistán (a quien pidió formalmente en Enero de 2010 que cancelase el proyecto, sin éxito), especialmente la región de Baluchistán y las provincias tribales. Hamid Karzai (presidente de Afganistán) y Zalmay Khalilzdad (ex-embajador de EEUU en la ONU, Afganistán e Irak), trabajaron ambos antiguamente para la petrolera Unocal (actualmente parte de Chevron), que tenía intereses gasíferos en el Caspio y Asia Central; el objetivo era construir un gasoducto (el TAP, no confundir con el TAP adriático, que es parte del South Stream ruso) que canalizase el gas del Caspio ―evitando expresamente a Rusia y a Irán― directamente hacia la costa pakistaní, donde sería saqueado por las compañías multinacionales. Esto ha sido frustrado por la decisión de Turkmenistán de exportar gas exclusivamente a Irán, Rusia y China. Todo esto da una idea acerca de la importancia que la estrategia del gas está adquiriendo en el tablero mundial. El gas natural es el hidrocarburo menos contaminante, más barato, más abundante y más eficiente que existe, y además las reservas gasíferas actuales durarán supuestamente 60 años: dos décadas más que las reservas petrolíferas. El gas natural se emplea extensamente en la calefacción, la cocina, producción de energía, fertilizantes y también han empezado a aparecer los primeros vehículos que funcionan a base de gas (y se está trabajando en producir aviones). El atlantismo desearía que no hubiese ni un solo gasoducto en toda Eurasia, o que, en todo caso, los gasoductos fuesen directamente a parar a puertos y espacios marítimos controlados por él [5]. En el mapa de más arriba hemos visto que la relación de España y Argelia guarda algunas inquietantes similitudes con la relación entre Italia y Libia. Antaño, los intereses españoles en Argelia venían representados por el peligro de la piratería berberisca, Orán, Argel y otras plazas. Ahora, vienen de la mano del gas natural. Desde 1996, existe un gasoducto, el Maghreb-Europe (también llamado gasoducto Pedro Durán Farell), que conecta el importante campo gasífero de Hassi R’Mel (Argelia) con Córdoba y el resto de la red ibérica y europea. Este gasoducto tiene un problema, y es que pasa por Marruecos, forzando a Europa a estar pendiente de las veleidades de la monarquía alahuita, totalmente adicta a Washington. De hecho, el gobierno marroquí figura en la lista de socios comerciales y operadores del gasoducto (Sonatrach, Reino de Marruecos, Enagás, Metragaz y Transgas). Por ello, se construyó otro gasoducto, el Medgaz, que unía directamente Argelia con España, concretamente con el importante gasoducto Almería-Albacete. La fecha de inauguración del Medgaz, que libra a España y a Europa de su dependencia gasífera de Marruecos, es sorprendente: 1 de Marzo de 2011, en plena primavera árabe y dos semanas antes de las resoluciones de la ONU sobre Libia. Quizás el único problema planteado por el Medgaz es que se encuentra en una zona geológicamente inestable (véase el terremoto de Lorca el 11 de Mayo de 2011). Es posible que la OTAN lleve al cabo una tentativa de desestabilización del régimen argelino. Para ello, podría combinar acciones de AQMI con alguna “rebelión popular” financiada desde el extranjero. El atlantismo teme que Rusia, Argelia, Irán y Turkmenistán formen un cártel gasífero, una especie de OPEP del gas. Argel está bien relacionado con Moscú desde la época soviética. En Marzo de 2006, Putin se convirtió en el primer mandatario ruso en visitar Argelia desde el presidente soviético Nikolai Podgorny en 1969. Los temores a una política gasífera común entre Argelia y Rusia se manifestaron en el “Financial Times” de Londres (23 de Mayo) y en “Le Monde” de Francia (29 de Junio). Buena parte del material de la Armada argelina es de origen ruso, incluyendo dos corbetas “Tiger” compradas en Julio de 2011. También resultan interesantes las relaciones argelinas con Italia, a cuya empresa Orizzonte Sistemi Navali ha pedido un buque desconocido (probablemente un transporte anfibio de tipo “San Giorgio”). El acercamiento de Italia a Rusia, Argelia y Libia es un fenómeno inevitable que el atlantismo no ve con buenos ojos. AFRICOM Y EL PROYECTO ATLANTISTA PARA ÁFRICA Mandos regionales del pentágono. El Pentágono divide el planeta en varias porciones geoestratégicas, que, reveladoramente, tienen mucha más coherencia que la actual red de alianzas militares. Durante mucho tiempo, África fue parte de EUCOM, el mando europeo, fundado en 1952 y con sede en Stuttgart, Alemania. El hecho de que los asuntos africanos se controlasen desde Europa se debía probablemente a que la mayor parte de África aun estaba en manos de potencias europeas, y a que Europa nunca perdería sus contactos con África. Por contraste, la influencia de EEUU en el continente negro todavía era casi inapreciable. Entre 2006 y 2008, coincidiendo con la irrupción diplomática y comercial de China en África (varios mandatarios chinos hicieron giras por todo el continente asegurando contratos, invirtiendo dinero y construyendo infraestructuras), se creó un mando nuevo para África, AFRICOM. En un principio, la sede estuvo también en Stuttgart, quizás porque ningún país africano permitió establecer semejante centro de espionaje y desestabilización en su territorio (sólo Liberia, cuyo derecho naval es de risa, se ofreció), o quizás porque EEUU aun no había ocupado militarmente ningún país africano. Sudáfrica, Nigeria y Libia se opusieron abiertamente a que se estableciese un cuartel general en su continente. Sin embargo, en 2008 se supo que Marruecos (el caballo de troya del atlantismo en África, igual que Reino Unido lo es en Europa) había aceptado albergar el cuartel general de AFRICOM, o al menos uno de sus sub-mandos regionales. Se trata de Tan Tan, cerca de Wad el-Drâa (ver aquí). El emplazamiento se encuentra al lado de lo que antes era la frontera entre Marruecos y el Sahara Español, 300 kilómetros al este de la isla española de Lanzarote. La excusa para establecer la base ha sido apoyar a las flotas estadounidenses que entran y salen del Mediterráneo, hacer frente a “catástrofes naturales”… y luchar contra el oportuno problema del terrorismo, concretamente la “amenaza” de Al-Qaeda en el Magreb Islámico, o AQMI. Esto viene enmarcado en la Iniciativa Anti-Terrorista Transahariana (TSCTI por sus siglas inglesas), aprobada por el Congreso de los Estados Unidos para “estabilizar” buena parte del Sahel… y otros países de propina. La verdadera excusa es controlar-desestabilizar el Sahel para impedir la formación de un bloque regional estable y para tener un motivo para intervenir en lugares tan ricos en recursos y posición estratégica como Argelia, Nigeria o Níger. La nueva base aeronaval estadounidense de Tan-Tan es la instalación militar más grande del continente africano, con una superficie de mil hectáreas. También se está construyendo un reactor nuclear. Tanto Yibuti como Sudán del Sur y Etiopía son otras dos candidatas perfectas para albergar instalaciones militares estadounidenses de AFRICOM, cuya independencia es aun solo nominal y sigue dependiendo en buena medida de EUCOM. Es vital para AFRICOM obtener una gran base en el Nilo o cerca (Sudán del Sur, Etiopía, Uganda, Kenia…). Libia desde luego puede convertirse a largo plazo en una enorme base de la OTAN, y no hay duda de que la Guerra de Libia, y las operaciones venideras, ayudarán a afianzar AFRICOM definitivamente. Pero entretanto, hay más movimientos por parte de Marruecos: la monarquía alahuí ha emprendido la construcción de otra base (ver aquí) en Kasar Seghir, a 20 kilómetros de Ceuta y justo enfrente de la costa de Tarifa. Esta base viola el acuerdo oficioso vigente entre España, Reino Unido y Marruecos: no construir más bases militares en la zona estratégica del estrecho. Aunque en los medios de comunicación españoles estas noticias han pasado mayormente desapercibidas (el fútbol y el corazón acaparan más atención, y no por casualidad), ambos movimientos en Marruecos son particularmente inquietantes en tanto se dirigen estratégicamente contra las únicas posesiones españolas en África: las Islas Canarias, Ceuta y Melilla. Estas dos últimas NO están garantizadas por la OTAN: si Marruecos atacase la España continental, tendríamos el apoyo de la OTAN… pero en caso de que las víctimas fuesen Ceuta y Melilla, estaríamos solos contra un país apoyado por EEUU y Reino Unido. Nueva base militar marroquí en el estrecho de Gibraltar. Ambas bases son una respuesta del eje atlantista a la progresiva pérdida de protagonismo del Atlántico en el gran tablero mundial. La Libia gaddafista, enemiga de Marruecos, como Argelia, hubiera podido ser un socio estratégico muy interesante para España, pero mientras Madrid esté sometida a las directrices de Washington, nuestro país no defenderá nunca sus verdaderos intereses. CONCLUSIONES Libia fue atacada porque: • Estaba a punto de pedir oro en vez de dólares a cambio de su petróleo. • Iba a utilizar oro para respaldar una nueva moneda de reserva, y tenía en esto el apoyo de Dominique Strauss-Kahn y el Banco Central chino. • Iba a establecer esta nueva moneda común en quizás el 70% del continente africano. • Con la Unión Africana, amenazaba crear un bloque geopolítico que podría vertebrar al continente africano y cerrarlo en banda a los saqueos de bancos y multinacionales extranjeros. • Su política de dar préstamos a gobiernos africanos estaba suplantando la influencia de los bancos internacionales. • Creaba su propio dinero libre de deuda y de interés, en vez de pedirlo prestado como crédito a interés a un banco privado controlado por extranjeros. • Estaba imponiendo condiciones demasiado duras a las compañías petroleras angloamericanas y abriendo las puertas a la influencia china y rusa en el Mediterráneo, justo en un momento en el que EEUU está decidido a cortar de tajo la expansión china por África. • Su decisión de emprender otra ronda de nacionalización del petróleo entró en conflicto con oligarquías autóctonas que pretendían convertirse en jeques del Mediterráneo. • Estaba activamente involucrada en Sudán, el Cuerno de África y la franja del Sahel, y hubiera podido proporcionarle a China un puente estable desde el Índico hacia el Mediterráneo sin tener que pasar por Suez. • Lejos quedan los tiempos en los que EEUU podía controlar un continente por las buenas. Tras la irrupción de China en África, el dólar por sí mismo no basta. Al ser papel mojado, debe ser respaldado a tiros y misilazos. • Gadafi le tomó mal la medida a la OTAN. Pensaba que estaba lo bastante agonizante como para no atacarlo, pero se equivocaba. • Libia e Iraq se parecen en muchas cosas. Ambos emprendieron un proceso de modernización para ser autárquicos en tecnología, industria, alimentación y política monetaria, y ambos fueron arrasados. Por caricaturesca que pueda parecer, esta imagen no difiere mucho de la realidad de la Guerra de Libia. NOTAS [1] Compañía que, junto con ExxonMobil (Esso), Occidental, Marathon, Hess, ChevronTexaco, Morgan Stanley, Petro-Canada, British Petroleum y otras angloamericanas, se retiró oportunamente de Libia antes de los problemas. [2] Hariri fue asesinado por un misil lanzado desde un dron israelí fabricado en Alemania. En años subsiguientes, se ha intentado utilizar esta muerte para incriminar a altos jefes de la organización libanesa Hezbolá, vinculada con Irán. [3] Un plan que ya se había intentado abordar durante el Antiguo Régimen para los países católicos en Europa: la Orden Teutónica, el Temple y el Real de a Ocho español (que en su día fue adoptado por Estados Unidos), trabajaban en esta dirección. [4] Ver aquí, aquí, aquí, aquí y aquí. [5] Ver aquí cómo las rutas continentales asiáticas (en buena medida vertebradas en torno a la antigua Ruta de la Seda), mucho más sencillas y rápidas, podrían restarle un protagonismo descomunal a la ruta marítima tradicional para llevar el petróleo del Golfo Pérsico a Asia Oriental. El único motivo por el que estos proyectos no se consolidan es por las inestabilidades regionales artificiales que azotan la región y frustran las relaciones diplomáticas. El primer interesado y promotor de la mayor parte de dichas inestabilidades es el atlantismo.

Aristocracia y Comunismo

Una organización social, económica y financiera debe, en primer lugar, ser conforme a un principio esencial: el elemento económico (vinculado al orden de los medios, caracterizado pues por su instrumentalidad) debe quedar subordinado al principio político (vinculado al orden de los fines).

Sentada esta premisa, resulta necesario a continuación bosquejar las líneas esencias y las líneas esenciales y las articulaciones estructurales propias de la organización económica y social del Estado.

Pudiera parecer extraño que, en el mismo momento en que nos enfrentamos a la exigencia primordial de garantizar la supervivencia de nuestra especia, se descienda a la delineación de modelos organizativos económico-sociales.

Ante todo, consideramos necesario fortalecer y difundir en su totalidad el espectro teórico que recoge y expresa nuestra alteridad reacia, con objeto, al menos, de transmitir instrumentos político-culturales corrosivos y devastadores a aquellos Camaradas que nos sigan y que continúen nuestra lucha perpetuando la ontología de la comunidad del pueblo en la cual nos reconocemos. Pero, algo quizás hoy más importante, resulta igualmente necesario señalar aquellos horizontes que, prescindiendo de la mas o menos inmediata actualidad practica, contribuyan a romper, a seccionar las raíces enfermas a través de las cuales fluye el reflejo condicionado que, consciente o inconscientemente, puede todavía inducirnos a prestar oídos a los ecos de expresiones que fueron y son de la derecha.

La organización estatal se configura como Estado popular, forma de comunismo aristocratico de tipo espartano y de inspiración platónica, caracterizado por la abolición de la propiedad en cualquiera de sus formas de manifestación.

En ningún caso debe confundirse la organización comunista de la esfera económica con el socialismo marxista, cuyas proposiciones pueden, a su vez, desarrollarse incluso en el marco de una sociedad que no sea ni integral ni estructuralmente comunista.

Habitualmente, el termino comunismo hace referencia a ideologías que afirman concepciones fundadas sobre la estatalización del ciclo producción-consumo; la tierra, los medios de producción son propiedad del Estado y posesión del pueblo que los utiliza de acuerdo a objetivos fijados por las autoridades centrales mediante el uso instrumental de la planificación de las necesidades y de los beneficios.

Hoy, el termino comunismo es asociado automáticamente a la ideología marxista como su consecuencia necesaria bajo el aspecto socio-económico. Hay una especie de reflejo condicionado que induce a considerar el régimen comunista de la propiedad y del derecho como monopolio exclusivo del marxismo.  Semejante reflejo resulta sin duda alguna estimulado por la incontestable relevancia asumida por la ideología marxista, que, por lo demás, ha aplicado este esquema social y económico en el transcurso de su desarrollo histórico-político durante el siglo XX. Pero esto no debe llamarnos a engaño: es bueno saber que elaboraciones teóricas y aplicaciones de carácter comunista se remontan a épocas muy anteriores al nacimiento del socialismo marxista.

Al margen del régimen comunista vigente en la Esparta dórica, hay que recordar especialmente el “comunismo platónico” teorizado precisamente por Platón en “La republica”.

En “La Republica” de Platón el régimen comunista es además un privilegio que corresponde –en armonía con su función suprema- a los guardianes, es decir a los dos primeros estamentos formados por los sabios y por los guerreros, con estricta exclusión de los artesanos y de los campesinos. El régimen comunista correspondiente a los guardianes no se refiere solo a la propiedad, sino que se extiende también a las familias, con el fin de cimentar la absoluta coherencia ética y por otra parte el absorbente servicio al bien común de los miembros del cuerpo aristocrático. Las relaciones entre jóvenes y viejos –cada uno de los cuales podía ser respectivamente el hijo o el padre del otro- quedaran establecidas bajo un sólido tejido de solidaridad, alimentado por la des-individualización de los lazos de sangre, y extendiendo al conjunto de la comunidad aristocrática. Las uniones serán sometidas a la disciplinas del Estado de acuerdo a las reglas de la eugenesia, mientras las mujeres, una vez confiados sus hijos desde edad temprana a los modelos educativos impartidos por las instituciones del Estado, podrán reemprender su participación activa en la vida pública. Se trata de una ascesis vertical, un volo imperiale, una superación radical de la sofocante amalgama hecha de posesión y desconfianza, hipocresías y convenciones, que caracterizan las relaciones interpersonales en la podrida e infame familia burguesa.

“Un día los obreros vivirán como los burgueses, pero por encima de ellos, más probable y más simple, estará la casta superior. Esta será dueña del poder”.

Es un comunismo aristocrático y ascético, antidemocrático y anti igualitario, que por otra parte, no dejara de hallar una total resonancia en las prefiguraciones de sociedades comunistas no marxistas o ciudades ideales surgidas en el periodo renacentistas o en rededor del cristianismo de los orígenes.

En el libor segundo de su obra principal, “Utopía”, Tomas Moro describe los contornos ideales de la republica perfecta. Es la Republica de Utopía, en la que esta abolida la propiedad privada y el uso de los bienes está permitido a cada uno según sus necesidades. Esta suprimido también el uso del dinero, porque los bienes se estiman por su valor intrínseco y no como mercancía de cambio; y ello, afín de evitar procesos de acumulación y fenómenos de especulación. El trabajo es un deber social para todos, mientras que las leyes son pocos, simples y de fácil interpretación para todos. En Utopía cada cual profesa libremente la religión que desea, pero todos admiten la existencia de un ser supremo, la inmortalidad del alma, el premio de la virtud y el castigo del vicio.

En la Ciudad del  Sol –notablemente influida por los modelos políticos de Platón y Tomas Moro- Tomas Capanella expresa sus aspiraciones relativas a la política de “renovación de siglos”.

Los solares viven en una republica – la Ciudad del Sol- regida por un rey- sacerdote, “El Metafisico”, y por tres magistrados (Pan, Sir,Mor), esto es poder, sabiduría y amor, que simbolizan los tres atributos fundamentales del Ser desarrollados en la “Metaphysica”. Los solares practican una religión natural y poseen en común propiedad y las mujeres, mientras que la procreación de los hijos está sometida a normas eugenésicas. Según Campanella la educación debe basarse en la experiencia y en pruebas selectivas de aptitud, no en libros, del mismo modo su concepción política se funda en una visión ético-religiosa y cósmico-mágica del universo.

En el siglo XVIII, Morelly considera que la propiedad privada ha roto la armonía del estado de naturaleza, de cuya existencia histórica Morelly, al contrario de Rousseau, estaba convencido. En el estado de naturaleza reina la más completa igualdad (con Morelly nos hallamos frente a una teorización comunista que, aun no siendo marxista, resulta de cualquier modo ya igualitaria) y la comunidad de bienes; la introducción de la propiedad privada corrompe las costumbres humanes y destruye sus inclinaciones naturales. El nuevo estado de Naturaleza –cuya configuración comunista esta descrita en la Basiliade y en el Códice- se caracterizara por la valoración de la agricultura y del artesanado, mientras que leyes anti suntuarias impedirán la excesiva concentración de riquezas y los efectos corruptores del lujo.

La influencia de Morelly será notable con relación al ala más radical de revolución francesa y en el posterior socialismo utópico.

Charles Fourier acusa a filósofos y políticos de adorar dos perversas instituciones de la sociedad: el comercio privado y la familia. Fundadas ambas sobre la incoherencia, es decir, sobre la fragmentación de la sociedad en pequeños núcleos y concurrentes, así como sobre la mentira.

El comercio es el cáncer de la economía en cuanto representa una actividad parasitaria y fraudulenta dirigida a fomentar las condiciones favorables a cualquier actividad y maniobra especulativa, del mismo modo que la anarquía de la producción y de la circulación, el denominado “libre cambio”, es causa de las crisis económicas mundiales.

Por lo que respecta a la familia burguesa, basada en el egoísmo de pareja y en el matriarcado, esta supone el crisol de la hipocresía y del convencionalismo, de la esterilización de las pasiones y de la miseria de los sentimientos (lógico y vergonzoso epilogo a un humorístico propósito de eternidad fundado sobre un “si” dicho ante un curo o alcalde. Permítasenos subrayar que hoy la familias es esto, , al tiempo que, a causa de la “ausencia de progenitores”, se ha extinguido ya cualquiera función educativa de la familia respecto a las hijas, a los cuales se trasmite únicamente egoísmo, vileza y oportunismo. No pudiendo ser otra cosa que unos débiles. ¿La familia burguesa? Una carcasa en putrefacción..

Para Fourier, el “trabajo sugestivo” debe desarrollarse dentro de comunidades denominadas “falansterios”, que estarán formados por un número de personas no superior a las 1600. Estas deberán desempeñar actividades genéricamente relacionadas con el territorio circundante, al extremo de dotarse también de una pequeña parte de industria y de trabajo artesanal. Hostil a toda forma de socialismo igualitario  y moralista, Fourier pensaba que no era necesario suprimir la propiedad privada y la desigualdad social (la renta de cada asociado es proporcional a su trabajo, a su talento y al capital eventualmente invertido), pero esto no debería comportar el retorno de formas de competencia y la explotación ligadas a la propiedad privada burguesa.

El Estado popular deberá constituir el tejido organizativo-institucional que acompañe a la obra de formación del “hombre nuevo”, preciosa sustancia celular del nunca extinto filón áureo de la raza ario-europea. Sera preciso laminar y pulverizar los sustentáculos políticos, sociales y económicos que mantienen  -cual solidas plataformas los procesos de recambio de las oligarquías burguesas y plutocráticas que dominan los regímenes democrático-parlamentarios.

Lazos de clientelismo-entretejidos de forma implacable y enérgica dentro de una sociedad donde el hombre brilla por su ausencia y predomina el gusano- anudados alrededor de las burocracias de Estado, de partido y de sindicato; consolidados status sociales burgueses (por que si bien es cierto que la burguesía es antes que nada una mentalidad – en esto estamos de acuerdo- no es solamente esto, dado que ella se expresa simultáneamente también en la ostentación del poder y del privilegio particular mediante estratificaciones sociales muy definidas, concretas y socio-económicamente caracterizadas); poderosas y determinantes concentración de riqueza económico-financiera obtenidas de cualquier modo; son las baterías en las cuales y en su torno a las cuales se educan y en las que, posteriormente, se encajonan para su engorde dentro de las estructuras del Estado democrático los defensores, o mejor aun los siervos que aseguran la hegemonía social del partido único de la burguesía.

Se trata de masa gregaria a la que se hace pasar fraudulentamente por clase dirigente, cuya única y muy difusa traza de identidad resulta artificiosamente conferida por la adhesión a las convenciones sociales, a los dictados de las modas culturales y a ese dominio de la apariencia en el que se funda y encuentra respaldo y reconocimiento la micro moral utilitarista y los criterios de valoración cuantitativos y materialistas del “último hombre”.  Y nos referimos aquí al insecto travestido con mascaras grotescas que, en la sociedad burguesa, en medio de esfuerzos innumerables, parecen dotarlo de un semblante más o menos humano.

En el Estado popular la formación de la aristocracia política afluye al margen de cualquier condicionamiento económico o social proveniente de la sociedad civil. La calidad del hombre se valora por la capacidad de adhesión a una visión del mundo centrada sobre valores éticos y, allí donde se den las condiciones espirituales.

La relación burguesía-sociedad, es decir la relación existente entre ocupante y espacio de ocupación, será sustituida por la relación Estado-comunidad del Pueblo, donde el primero resulta ser el evocador y la segunda el ámbito social al cual se dirige la llamado del Estado, ante la que solo una minoría de electos responderá, mejor aún, podrá responder, afín de asegurar el necesario, fisiológico, recambio orgánico de la aristocracia política del pueblo.

Integrados en las organización políticas del Estado, los miembros de la comunidad, desde la mas tierna infancia, están situados en una posición de paridad de condiciones en las que no hacen mella, en una palabra no pesan, preconcebidos status económico-sociales mas oemos favorables o posiciones de privilegios adquiridas por cualquier medio. La imposibilidad técnica –garantizada por la regulación comunista, que, sin embargo, deberá conjugarse con el nacimiento de un nuevo tipo humano- de acumular individualmente bienes económicos instrumentales y de consumo, impiden que los miembros del Estado popular hagan depender su rango dentro de las estructuras estatales de la posesión de riquezas materiales. Asi, se desarrollara un proceso de diferenciación jerárquica, enraizada en la diferente naturaleza física, intelectual, ética y espiritual (mejor incluso: racial) de cada cual. No ofensivas desigualdades basadas en la riqueza y en el origen social, sino autenticas jerarquías cualitativas fundadas en una diferente morfología ontológica.

La organización comunista del Estado popular deberá crear espacio absolutamente libres respecto a los mecanismo y a las dinámicas contractuales y mercantiles que caracterizan a la sociedad burguesa, o lo que es lo mismo, deberá suscitar los presupuestos tenico-estructurales idóneos a fin de coronar la obra de desintoxicación con la que el hombre será liberado del veneno inoculado por la ética mercantil judeo-burguesa. Resulta imprescindible derribar los pilares sobre los que la era económica se ha consolidado y prosperado, señalando y destruyendo instituciones económicas y sociales que, objetivamente, han constituido el hummus en el cual el partido único de la burguesía ha articulado su dictadura hegemónica.

Un Estado que pretenda realizar su esencia aristocrática y jerárquica con objeto de permitir a sus miembros el vivir una existencia organiza, no puede prescindir de acometer soluciones radicales que, situándose mas alla del nihilismo, deroguen las formulas económicas mercantiles: “…debe quedar esterilizado el ambiente del cual el burgués extrae vida: ¡Tal es la razón de una regulación económica comunista!

El régimen de comunismo devienes tendrá la misión de eliminar el diafragma económico y contractual que, con la afirmación burguesa, constituye el único nexo vinculante entre un hombre y otro. La supresión de las articulaciones estructurales del capitalismo, una vez confinada la economía a un área marginal y no esencial, creara un espacio libre capaz de permitir  al hombre asumir y expresar su real expresión y dimensión ético-espiritual. La inexistencia de finalidad es individualistas ajenas al Estado, volverá natural y lógica la abolición  del régimen de titulariedad privada de los medios de producción, de la riqueza inmobiliaria y de la concentración financiera, elementos e intereses objetivamente extraños con relación a los fines de Estado.

Sin embargo, debe admitirse que la función desempeñada por la propiedad privada en la civilización clásica o en la romano-germánica medieval no fue aquella atribuida en las sociedades burguesas: o sea, una entidad económica y cuantitativa objeto de explotación productiva, propiciadora de bienestar material y dinero, pasaporte que permite trepar en la escala de los llamados “niveles sociales”. Por otra parte, no se puede negar que el cuadro económico, caracterizado por una relación equilibrada entre producción y consumo, no era en absoluto el del actual “demonismo productivo”, sino que, al contrario, presentaba singulares analogías y puntos comunes con que, hoy, podrían ser actualizados en el contexto de una economía de tipo comunista.

La propiedad privada, salvo para el pensamiento liberal-democrático (véase Locke), no ha representado nunca un valor por si mismo: no ha tenido jamás un crima de “sacralidad” y de inviolabilidad; no ha poseído jamás una autónoma, intrínseca esencia capaz de conferir un valor que la eleve por encima de su función meramente instrumental. La propiedad privada es hoy la proyección organizativa y estructural del fraccionalismo individualista-burgués. Para nosotros, el régimen jurídico al cual se someten los bienes materiales desempeña una función dependiente, -por consiguiente: relativa e instrumental- frente a la categoría de lo Político, la cual no admite ni consiente la existencia de magnitudes absolutas e intocables sobre el plano contignete de la esfera socio-económica.

“Al principio se poseían riquezas porque se era poderoso. Ahora se es poderoso porque se tiene dinero. Solo el dinero eleva al espíritu sobre un trono. Democracia significa identidad perfecta entre dinero y poder”.

Ante propiedad y riqueza expresaban posiciones de poder cualificadas bajo el aspecto de grandeza interior; ahora las posiciones de privilegio son consecuencia de la solidez del patrimonio económico y financiero, adquirible mediante las típicas dotes de mentalidad mercachifle judeo-burguesa.

Por consiguiente, existía un vínculo orgánico e inmaterial entre la personalidad y propiedad, entre función desempeñada y riqueza, entre dignidad personal y posesión de bienes. De este modo, dotando a la economía de un sentido que la transcendiera, se le impedía hacerse autónoma y constituirse en razón de si misma, objeto que aplasta, que ahoga y extingue toda forma de dignidad, de aspiraciones y de sensibilidad.

Estas observaciones deberían ser suficientes para demostrar lo infundado de posibles refutaciones esgrimidas por quien quisiera ver en la utopía comunista-aristocrática del Estado popular una burda imitación de los regímenes socialistas, más o menos reales, de inspiración marxistas.

Pero, por rigor expositivo, resulta interesante detenerse en el concepto de comunismo.

Comunismo, en la acepción marxista, no es copropiedad, porque esta es un modo de ser de la propiedad, asimilable al concepto de “communio” elaborado por el derecho romano. Solo una persona o una comunidad de personas o una entidad que posea un contenido ontológico pueden ser titulares de una propiedad.

El Estado socialista que, según Lenin, está destinado a terminar “en el basurero de la historia”, no puede ser titular de los bienes de la nación, puesto que no es más que una mera superestructura, carente de una esencia que pudiera dotarlo de una realidad ideal de tipo platónico. Para los marxistas, el estado es un aparato burocrático-represivo, un instrumento útil durante una fase de transición en el curso de la cual debería acaecer el paso del socialismo al comunismo. Así pues, en la sociedad marxista, la abolición de la propiedad privada es en realidad expropiación de la propiedad del pueblo en beneficio de la oligarquía tecnico-burocratica, en cuyas manos se realiza la coincidencia entre poder político y poder patrimonial. De hecho, la propiedad sin propietario no existe: la propiedad es del pueblo o de la oligarquía; la propiedad atribuida a instrumentos o a fantasmas jurídicos exentos de contenido humano u ontológico (El Estado marxista) es solamente una pantalla que oculta la expoliación del pueblo por parte del poder oligárquico, que concentra en sus manos el monopolio discrecional de los bienes de una nación.

En las concepciones tradicionales, al contrario, el Estado es el espacio de las formas ideales, de los arquetipos ontológicos preexistentes y superiores a la realidad concreta que ha sido modelada en ellos y por ellos. El Estado, por lo tanto, “es”, no constituye un instrumento sino un centro real de poder que puede, en consecuencia, ser titular de los bienes de la nación, de los cuales concede la posesión a los miembros de la comunidad del pueblo, que deben emplearlos de acuerdo al bien común.

Crisis española y los tabúes del 15-M (III)

 

Crisis española y los tabúes del 15-M (III)

EUROPA SOBERANA

http://europa-soberana.blogia.com/2011/100201-crisis-espanola-y-los-tabues-del-15-m-iii-.php

Los banqueros mundiales, accionando algunos simples resortes que controlan el flujo del dinero, pueden construir o destruir economías enteras. Controlando las publicaciones de prensa sobre estrategias económicas que dan forma a las tendencias nacionales, la élite del poder es capaz, no sólo de estrechar su dominio sobre la estructura económica de esta nación, sino de extender ese control a lo largo del mundo. Aquellos que poseen semejante poder querrían, lógicamente, permanecer en segundo plano, invisibles para el ciudadano medio.

(Aldous Huxley).

 

Las crisis se organizan de manera consciente para robarle el dinero al pueblo.

 (Antonio Sáez del Castillo).

 

 

Llegamos a la última parte de este artículo, que en modo alguno pretende ser un estudio exhaustivo ni mucho menos, sino sólo un resumen de algunas ideas sobre la crisis actual. En la primera y segunda partes hemos visto cómo la globalización tiende a igualar la forma de vivir, el salario, el nivel económico y el horizonte cultural de todas las personas del planeta —salvo de una minúscula élite plutocrática. Hemos visto cómo, cuando el sistema de poder político del Estado es a cuatro años, la sociedad está desarmada ante otros sistemas de poder, especialmente financieros y comerciales (“los mercados”) que sí planifican estrategias a muy largo plazo y que conocen al pueblo mejor de lo que el pueblo se conoce a sí mismo. Hemos visto cómo el Mercado (comparable al bajo vientre de una sociedad) está suplantando al Palacio (el corazón) y al Templo (el cerebro), y cómo se está intentando establecer en Europa un sistema económico más neoliberal y más americano, casi anarcocapitalista, en el que todo lo que dé beneficios sea privado y todo lo que dé pérdidas sea público.

 

Hoy en día nos indignamos cuando leemos que, durante la Edad Media, un campesino tenía que pagar un porcentaje de los frutos de su trabajo a un señor feudal. Sin embargo, actualmente la mayor parte del sueldo del trabajador medio se va en hipotecas, gastos necesarios y gastos innecesarios (consumismo), y termina en manos de banqueros y grandes empresarios. Al parecer, la doctrina oficial de “cualquier tiempo pasado fue peor” debe ser cuestionada, ya que el ser humano se va acercando cada vez más a su domesticación definitiva. “Libertad, igualdad, fraternidad”, han resultado ser un cuento chino para entronizar a la burguesía mercantil, erigir una torre de Babel urbana, dejar a los pueblos en manos de “los mercados” —es decir, de los peores parásitos que existen en el mundo— y, en suma, para llegar a donde estamos ahora. El Mercado, emancipado del Palacio y del Templo, ha creado una economía financiera “abstracta”, que se ha acoplado como una sanguijuela a la economía productiva “real”, desangrando a los trabajadores y trasfiriendo la riqueza de países enteros hacia bancos, paraísos fiscales y paraísos esclavistas. En cuanto a las clases sociales del pasado, han sido abolidas. Hoy deben reconocerse sólo dos clases sociales:

 

– Parásitos. A su vez se dividen en parásitos de altos vuelos (banca, grandes empresarios, políticos, famosillos, mafias, etc.) y parásitos de baja estofa (delincuentes, traficantes, buena parte de la inmigración, minorías privilegiadas, etc.).

 

– Parasitados. El resto de la población. El trabajador honrado ha sido reducido al papel de pagar, callar y no molestar, para que las oligarquías económicas del mundo puedan seguir haciendo negocios y destrozando el planeta sin interferencias por parte de Estados soberanos, pueblos cabreados o líderes fuertes. Lo único que le queda al ciudadano honrado es, cada cuatro años, meter un papelito en una urna y decidir si nos gobierna el Banco Santander o el BBVA. A pesar de que cada vez paga más, de que cada vez sufre más congelaciones y recortes salariales, y de que el dinero cada vez tiene menos poder adquisitivo debido a la inflación, cada día son menos las prestaciones sociales a las que puede aspirar el trabajador español.

 

 

 

 EL CONSUMISMO ES UNA ENFERMEDAD MENTAL

 

     Nuestra economía enormemente productiva pide que hagamos del consumo nuestra forma de vida, que convirtamos en rituales la compra y el uso de bienes, que busquemos nuestra satisfacción espiritual, nuestra satisfacción del ego, en el consumo. La medida de estatus social, de aceptación social, de prestigio, se encontrará ahora en nuestros patrones de consumo. El mismo significado de nuestras vidas hoy es expresado en términos de consumo. Cuanto mayores sean las presiones sobre el individuo para que se conforme a los estándares sociales seguros y aceptados, más tenderá a expresar sus aspiraciones y su individualidad en términos de lo que viste, conduce, come —su casa, su coche, sus patrones alimentarios, sus aficiones.

     Estas comodidades deben ser ofrecidas al consumidor con una urgencia creciente. Requerimos no sólo consumo “forzado”, sino también consumo “caro”. Necesitamos que las cosas se consuman, se quemen, se reemplacen y se descarten a un ritmo cada vez mayor. Necesitamos que la gente coma, beba, vista, conduzca, viva, con un consumo cada vez más complicado y, por tanto, más caro.

(Victor Lebow, economista estadounidense, “Price competition in 1955”). 

 

 

“Mammon – Dedicado a sus seguidores” (1885), por George Frederick Watts. Decía el pintor: “la prosperidad material se ha convertido en nuestro verdadero dios, pero nos sorprendemos al ver que la adoración de esta deidad visible no nos hace felices”. Mammon era el demonio de la codicia en la Europa medieval. El mammonismo es la gran enfermedad del mundo moderno; a través de la élite financiera, domina el horizonte mental de las masas. Sus armas son la banca privada, el dinero-fiat sin respaldo real, la deuda y el interés.

 

Es el hombre el que forja los valores, no los valores los que forjan al hombre. De esto se desprende que los valores de una sociedad son el resultado de sus actos habituales —que son a su vez el resultado de la herencia genética, el entorno y la voluntad individual. Una sociedad de cazadores, de campesinos o de soldados nunca producirá los mismos valores que una sociedad de mercaderes o de esclavos. Cuando un grupo de mercaderes y esclavos toma el poder, impone su comportamiento sobre la masa humana, que acaba adoptando su conducta y sus valores para poder sobrevivir en el nuevo modelo social. Hoy, esos valores son la codicia y el consumismo.

 

El consumismo es la promiscuidad de la economía, el modo que tiene la casta dirigente moderna de robarles a los trabajadores el dinero que les sobra, y de multiplicar las rentas del capital prestamista. Resulta muy instructivo entrar en un gran centro comercial: lo primero que se ve son docenas de complementos: bolsos, perfumes, joyas, gorros, adornos, zapatos. Estos complementos, ninguno de los cuales es necesario, están hechos a base de quemar recursos (muchos de ellos tóxicos) en diversas zonas del planeta. Muchos de estos recursos se aseguran mediante guerras que devoran seres humanos y más recursos. Los objetos de moda están fabricados en la otra punta del mundo empleando mano de obra prácticamente esclava, a menudo menores de edad que trabajan en condiciones infrahumanas y cuya esperanza de vida no pasa de los 40 años. Para traer el flamante producto a Occidente, es necesaria una buena cantidad de petróleo. Para distribuirlo a los diversos centros comerciales, se necesita más petróleo. (Huelga decir que, para asegurar el petróleo, también se producen guerras). Para venderlo a un precio mucho mayor que lo que costó elaborarlo y transportarlo, es necesaria una industria publicitaria, mediática y especulativa que se traga cantidades inmensas de capital, desviando talentos y energía creativa hacia un sector terciario hipertrofiado y obeso. Y finalmente, cuando el producto pasa de moda (de lo que enseguida se ocupa la publicidad, ya que eso acelera el ritmo del consumo), pasa a formar parte de una enorme cantidad de basura que contamina el medio.

 

Ninguno de los pasos de este ciclo ha producido riqueza real, tangible y perdurable para el pueblo, sino beneficios abstractos (papel-moneda, dinero fiat, cifras digitales de unos y ceros en los circuitos eléctricos de un banco) para una codiciosa élite capitalista —que usa estos beneficios de forma fraudulenta para adueñarse de la riqueza real (recursos, medios de producción, fuerza de trabajo, formación, instituciones, etc.) producida por otras personas.

 

Está muy claro que este ciclo vampírico de producción de chucherías no es sostenible y no es en absoluto necesario para la economía de un país, sino para la economía de una casta parasitaria. A esta casta no le interesa que la ropa sea sencilla y que dure toda la vida sin deteriorarse ni pasar de moda, que el individuo extraiga sus placeres y satisfacciones de actividades 100% gratuitas, o que los hábitos cotidianos de la sociedad sean austeros y sencillos. Para evitar esto, la élite capitalista se asegura de alimentar el consumismo con una feroz e histérica publicidad audiovisual.

 

 

 

 

Gracias a la publicidad, a la naturaleza misma del sistema económico, a los valores materialistas y a las inseguridades del hombre moderno, se han generado una serie de fenómenos insólitos y grotescos. Vemos cincuentonas desvencijadas, obesas, con transtornos digestivos, retención de líquidos y consumidoras de medicamentos, paradas ante escaparates, contemplando objetos inútiles, poco menos que con la baba colgando. Vemos hombres jóvenes con la vida por delante, que se hipotecan alegremente para comprar un zulo a 8 veces su valor real, o que se endeudan ansiosamente para comprar un BMW que estarán pagando todavía cuando esté en el desguace. Vemos niñas de 13 años gastándose el poco dinero que tienen en alcohol, ropa y maquillaje. ¿Qué tipo de valores produce una sociedad que se comporta así? Estamos confiriendo cualidades pseudo-divinas a los objetos y especialmente al dinero, lo cual es un problema espiritual grave, ya que plasmamos trozos de nuestro propio ser en cosas perecederas, en lugar de en la tierra, las ideas y otras personas. Es un pasaporte para el olvido. Estamos concediendo una importancia desmesurada al envoltorio del paquete (ropa, apariencia vivienda), en lugar de al contenido (cuerpo, mente, espíritu, vida, desarrollo, evolución), que es lo verdaderamente importante. Raro es el individuo que no cuida su coche más que su propia salud, o que no vigile la ropa que lleva puesta antes que las formas de su cuerpo, o que no está mucho más limpio por fuera que por dentro. Buena parte de la población tiene la mente y el cuerpo reventados, pero lo que más le preocupa es su protagonismo en la orgía consumista de esta civilización antinatural e inhumana. Son los esclavos de nuestro tiempo, máquinas de consumir a quienes el Mercado se ha metido en el bolsillo.

 

La “liberación femenina” y la desintegración de la célula familiar tuvieron un papel muy importante en la aceleración exponencial del consumismo después de la II Guerra Mundial. Que Amancio Ortega (Inditex, Zara) e Isak Andic (Mango) sean los hombres más ricos de España da una idea de hasta qué punto los hábitos de la mujer frustrada canalizan el dinero del pueblo a los bolsillos de la oligarquía capitalista. La mayor parte de la publicidad televisiva, así como el mercado inmobiliario en España, son otros dos ejemplos muy elocuentes. Se ha llegado a un punto en el que ya no importa si un producto se paga o no, lo importante es que se fabrique, se venda, se consuma, se reponga y que quien tenga que tirar de crédito y endeudarse, lo haga. Cuando el crédito se generaliza, el dinero le permite a la gente comprar más de lo que produce. Eso se ha traducido en que al país no le es necesario producir para poder consumir, de modo que puede permitirse importar más de lo que exporta, alimentando la industria de países extranjeros. La situación dura hasta que las entidades extranjeras cierran el grifo del dinero en el instante exacto que mejor convenga a su estrategia de dominación.

 

 

 

Consumismo significa que los bancos prestan dinero que no tienen, para que el individuo (que ha estudiado cosas que desprecia, para trabajar en un trabajo que odia, para comprar cosas que no necesita, para impresionar a personas que no conoce), pueda endeudarse por un dinero que nunca podrá pagar. En términos psicológicos, el consumismo es una enfermedad mental de adicción a la materia y al bajo vientre, que encadena el espíritu a lo bajo, miserable, mezquino e inmediato: al objeto, al dinero, a la vil “cosa”. Los responsables de promover esta enfermedad mental han desangrado al planeta, al hombre y a los Estados, son los mayores criminales de nuestro tiempo y deberían ser juzgados en sus respectivos países por alta traición.

 

 

 

AUSTERIDAD

 

La austeridad es la antítesis lógica del consumismo. Actualmente, en el mundo “desarrollado”, todos tenemos y gastamos muchísimo más de lo que realmente necesitamos. Está claro que esto no es ni sostenible ni necesario, y que está dañando tanto al hombre como al mundo.

 

El cuerpo y la vida terrenal están plagados de servidumbres materiales. Antaño, se respetaba a quien era capaz de reducir esas servidumbres a lo imprescindible, actualmente se las alimenta y exaspera, atándolas a las políticas económicas de entidades comerciales pulpoides, y quienes son siervos de sus propias servidumbres son promovidos como ejemplos a seguir. Los oligarcas capitalistas son, literalmente, los dueños del bajo vientre de la mayor parte de la población mundial.

 

No hay que confundir la verdadera austeridad con ese hipócrita “hay que apretarse el cinturón” predicado por banqueros y políticos. Austeridad no significa tercermundismo ni pobreza, significa no necesitar y no comprar cosas que son total, absoluta y manifiestamente innecesarias, cosas que, para colmo, requieren que los individuos, las familias y las instituciones públicas se endeuden, no sólo con la Naturaleza, sino con entidades financieras extremadamente peligrosas. Además, el dinero que el Estado y el individuo no se gastan en cosas redundantes, puede sin embargo gastarse en cosas que sí son necesarias, como la educación, la reforestación, las políticas de fomento de la natalidad, la lucha contra el crimen, la creación de industria, etc.

 

Y para que se vea por dónde van los tiros de lo “necesario”, los tintes de cabello, los cosméticos, las cremitas reafirmantes, pagar 3.000 euros por una silla “de diseño”, decorar la casa con objetos inútiles, comprarse tres bolsos cada año, los zapatos de tacón (ya no digamos tener diez pares de ellos), cambiar de coche cada 4 años, tener un coche de 200 caballos, utilizarlo hasta para ir a comprar el pan, hipotecarse y endeudarse para pagar un zulo por siete veces su precio real, “salir” (a consumir), “ir de compras” (como afición), pagarle una millonada a una periodista por contarnos la última fechoría de Belén Esteban, tener la TV encendida consumiendo energía para poder ver a dicha periodista, hacer lo mismo con el PC para contarle al colega por Facebook con qué mejunje nos cogimos la cogorza del finde, automedicarse con diez pastillas distintas cada día, talar bosques enteros para imprimir millones y millones de folletos publicitarios o formularios burocráticos ridículos, NO son cosas necesarias. Y lo que no es necesario, es un lastre inútil. De esto se desprende que hay secciones enteras de los centros comerciales, industrias enteras, negocios enteros, que deben ser eliminados como el tumor que son. Sin embargo, hacer ejercicio, descansar, comer bien, estar sano, desarrollar el cuerpo y la mente, ayudar a la sociedad, tener hijos, salvar a la especie y contribuir a la evolución del código genético humano hacia algo mejor, sí es necesario.

 

Una sociedad próspera pero austera, donde nadie pretenda aparentar ni ser más que el vecino sólo por sus posesiones, y con una economía basada en los recursos y las necesidades reales, sólo se podría alcanzar triturando la enfermedad mental del ego, para lo cual sería necesario fomentar el nacionalismo, el socialismo, el militarismo y la regimentación de toda la sociedad. La militarización de amplios sectores sociales además ahorraría muchísimos recursos. Si el concepto de familia tradicional ya es anticonsumista y por tanto antisistema, el concepto de militarismo socialista (entendiéndose como tal lo que Spengler predicó en “Socialismo y prusianismo”) lo es incluso más: la vida de campamento, de cuartel o de monasterio, siempre es infinitamente más austera que el voraz individualismo de nuestro tiempo. El pasado tiene mucho que enseñarnos al respecto. Esparta fue probablemente el único Estado histórico que comprendió que el Mercado, los mercaderes extranjeros y los lujos de la civilización, son productos a los que hay que acercarse con el látigo en la mano y restringir de una forma radical. Licurgo, el líder que instauró el sistema espartano, supo convencer a los ricos para que abandonasen su codicia, y a las masas para entregarse a una vida disciplinada en servicio de su pueblo y su tierra. Hasta tal punto caló esto que a los espartanos les daba vergüenza ser vistos con oro o que sus compatriotas pensasen que eran ricos, y sacrificar sus vidas por el bien colectivo era para ellos motivo de orgullo. También las órdenes religioso-militares de la Edad Media europea demostraron el poder de una minoría ascética, adoctrinada, tensa y entrenada, por sobre una masa disgregada y floja. Por tanto, podríamos enumerar algunos puntos en lo tocante a una sociedad más eficaz:

 

Cambio radical de valores. Esto sólo puede venir de un cambio radical de conducta, adoptado espontáneamente o (más probable) impuesto por el Estado y/o las circunstancias. Si el hombre es el que influye en el mundo, no sirve de nada cambiar al mundo si no se cambia al hombre primero. El despilfarro, el derroche, el materialismo, lo superfluo y los tics consumistas, deben ser vistos como un pecado, y los consumistas como débiles mentales, gente con problemas que necesita ayuda.

 

El individualismo debe ser desmantelado. Hoy se ridiculizan todas las cosas (homogeneidad étnica, ideología, familia tradicional, identidad sexual, disciplina, patriotismo, altruísmo) que hacen que una sociedad sea fuerte y estable, y se promueven todas las cosas (inmigración, lucha de sexos, guerracivilismo, separatismo, tribus urbanas, hedonismo, nihilismo, egocentrismo, ombliguismo) que desestabilizan a la sociedad, haciéndola débil, vulnerable y fragmentada, y abriendo sus puertas al Mercado. (Ésta es la misma táctica utilizada por las sectas para lavarles el cerebro a sus miembros: arrancarlos de su marco pasado y cortar todos sus lazos sociales y familiares). El individuo debe aprender a trabajar en equipo y formar parte de una máquina social viva y unida, lo cual satisfará además sus necesidades de índole “tribal” y lo preparará para fundar su familia.

 

Economía localista: además de eliminar la dependencia de la sociedad de multinacionales y bancos, ahorraría muchísimo petróleo, lo cual reduciría a su vez nuestra dependencia de las compañías petroleras. Por extensión, ambas cosas reducirían nuestra dependencia de rutas marítimas, estrechos e islas estratégicas en manos extranjeras, etc. Esto anularía en buena medida la enmarañada red de la globalización.

 

Reducir drásticamente el consumo, eliminando las modas, penalizando a cualquier empresa que eche mano de la obsolescencia programada, simplificando el estilo de vida y fabricando productos necesarios, funcionales, duraderos y fáciles de reparar y de “actualizar”. Pero ante todo, metiendo en cintura a “los mercados” y arrancando de raíz la oferta de productos inútiles, ridículos e innecesarios, cuya demanda está manipulada artificialmente por la publicidad intensiva. En el presente se producen objetos inverosímiles y luego se buscan maneras de manipular y estimular al ser humano para que sienta la necesidad de comprar esos objetos; lo que se debe hacer es aceptar los comportamientos innatos del ser humano normal, y fabricar productos que se ajusten a sus verdaderas necesidades, cuando éstas no son excitadas por una publicidad irresponsable y codiciosa.

 

El paradigma del crecimiento infinito es falacia. Se tiene por objetivo un crecimiento indefinido de la economía y de la población, pero los recursos del planeta (incluyendo el petróleo, en el que se ha basado la mayor parte de ese crecimiento) son limitados. El crecimiento constante del PIB sólo es necesario para mantener el sistema cuando hay inflación, y la inflación sólo tiene lugar cuando hay más dinero que riqueza —generalmente por culpa del crédito descontrolado, el interés del dinero, las “inyecciones de capital”, “rescates”, “quantitative easings”, “financiaciones”, “recapitalizaciones” y otras entelequias especulatorias. Esto se solucionaría de un plumazo adoptando el patrón-trabajo (o patrón-riqueza) y prohibiendo el interés del dinero, el problema es que tanto la inflación como el interés son herramientas muy útiles para canalizar la riqueza de los trabajadores hacia los bancos que controlan la política monetaria (especialmente la emisión de papel-moneda y los tipos de interés). La crisis no es más que una masiva transferencia de riqueza, de los pueblos trabajadores a los organismos parasitarios del mundo (bancos, inmobiliarias, megaempresas, etc.), utilizando la excusa de la deuda, la especulación, los recortes, la inflación y los tipos de interés.

 

Control de la natalidad basado en los recursos. Si la población fuera estable, no necesitaríamos quemar cada vez más energía y recursos para mantener nuestro “nivel de vida”. Debe mantenerse una pirámide demográfica armoniosa y numéricamente adecuada al territorio y a los recursos del Estado. La población de todo el planeta debe reducirse drásticamente, muy especialmente en los países superpoblados, que se reproducen muy por encima de sus posibilidades, endeudando a sus descendientes con la Naturaleza.

 

Velar por que no surjan élites torremarfilistas, endogámicas, oficinistas, ajenas al mundo real y divorciadas de las preocupaciones del pueblo. La élite debe ser meritocrática, carecer de propiedad privada, proceder de las entrañas del pueblo y tener una férrea disciplina de grupo, y se ha de poner especial cuidado en asegurar que esté totalmente familiarizada con los “bajos fondos” del mundo real y los problemas del trabajador corriente.

 

El estilo de vida burgués debe ser destruido, igual que la aspiración del obrero de convertirse en burgués. La vida burguesa debe verse como algo cursi, ridículo, vergonzoso y tremendamente perjudicial para el hombre y el mundo. Deben confiscarse posesiones que son manifiestamente redundantes e innecesarias. Que una persona tenga cinco casas, veinte pisos, cuatro Ferraris y tres Porsches, simplemente no se puede permitir; es inaceptable e inmoral que unos pocos individuos acaparen tanto y tengan muchísimo más de lo que necesitan sin pegar un palo al agua, mientras que a otros que se matan a trabajar les falte de todo. Debe freírse a impuestos a las grandes fortunas, penalizando a las rentas más altas y especialmente a las obtenidas por medio de la especulación.

 

Debe desterrarse la solidaridad ilusa y buenista. Algo va mal cuando quienes más hablan de “solidaridad” o “compromiso” suelen ostentar objetos fabricados por un menor de edad indonesio que trabaja de sol a sol por un cuenco de arroz. La solidaridad mal entendida se ha convertido en un negocio y en una hemorragia para el erario público, y para colmo, le ha dado una pésima fama a las ayudas sociales y al Estado del Bienestar. El judeocristianismo cultural, que predica el amor hacia lo bajo, despreciable y miserable, y que es el responsable de la falsa solidaridad, debe ser extirpado de Occidente. La solidaridad debe basarse en el apoyo entre los ciudadanos trabajadores y en la lógica del australiano Harvey V. Sutton: “la mejor semilla, en el mejor suelo; la peor semilla, en el peor suelo”.

 

 

 

LA BURBUJA MULTICULTURAL: MITO Y BOMBA DE RELOJERÍA

 

Las especies invasoras son animales, plantas u otros organismos transportados e introducidos por el ser humano en lugares fuera de su área de distribución natural y que han conseguido establecerse y dispersarse en la nueva región, donde resultan dañinos. Que una especie invasora resulta dañina, significa que produce cambios importantes en la composición, la estructura o los procesos de los ecosistemas naturales o seminaturales, poniendo en peligro la diversidad biológica nativa.

 (Especie invasora – Wikipedia).

 

Se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total y parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal: a) Matanza de miembros del grupo. b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo.  c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial. d) Medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo. e) Translado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo.

(Convención para la sanción y prevención del delito de genocidio, Naciones Unidas, Art. 2º, 1948).

 

Occidente ha entrado en una época de inmigración y colonización a una escala no vista en Europa desde la época de la revolución neolítica hace siete milenios. Según la Administración, los inmigrantes son prácticamente personas solidarias que vienen desinteresadamente a cotizar en nuestros servicios sociales y a pagarnos las pensiones. Según las empresas, son trabajadores baratos que vienen a ocuparse de “los trabajos que los españoles no quieren desempeñar”. Para los políticos, son nuevos votantes. Para la Iglesia, nuevos “reclutas” (salvo los musulmanes). Para las ONGs, desfavorecidos a los que hay que favorecer (a un módico precio). Para la propaganda predicada desde los púlpitos de la industria mediática, los inmigrantes vienen a enriquecernos con un toque de color. En cuanto a los “indignados”, no pasan del “papeles para todos”, “puertas abiertas” y “ningún ser humano es ilegal”. De todas las vacas sagradas y tabúes políticamente correctos del 15-M, la burbuja multicultural es el mayor. Para el español de a pie, la realidad cotidiana es muy diferente.

 

Ya hemos visto en la primera parte de este artículo que el multiculturalismo tiene una fría y despiadada faceta económica más allá del cuento de los seres de luz que vienen de África e Iberoamérica a pagarnos las pensiones: si se fomenta la igualdad, los inmigrantes pueden trabajar, consumir, pedir créditos, endeudarse, contener la subida de sueldos en épocas de bonanza (como durante la burbuja inmobiliaria) y enriquecer a los especuladores habituales. Esta lógica es la misma que llevó al bando yanqui a liberar a los esclavos del Sur después de la Guerra de Secesión. En la estrategia de los globalistas, los inmigrantes podrían dividirse en un par de tipos:

 

Inmigrantes A: Abaratar (los sueldos). Dispuestos a trabajar por un cuenco de arroz. Enriquecen al gran empresario al bajar los costes de producción, y hunden el mercado laboral (por tanto al pueblo autóctono) al competir en salarios, empujándolos a la baja, o al menos evitando que asciendan en épocas de bonanza económica.

 

Inmigrantes B: Bote (vivir del). Hunden los servicios sociales y por tanto al Estado (y al pueblo autóctono, que es el que pone su dinero para el bote común). También engendran más inmigrantes A.

 

Los costes de la inmigración obviamente no han recaído sobre las empresas que contrataron inmigrantes indiscriminadamente, sino sobre el erario público y el Estado del Bienestar, por tanto sobre el trabajador español. Los inmigrantes también suministran votos a quien, de esta partidocracia, les complazca más en su demencial carrera por captar votantes entre los recién llegados, incluso si es a base de traicionar a la población autóctona, que es a la que le deben el dinero que cobran y que es de donde sacan los fondos que conceden tan alegremente a inmigrantes no-cualificados ―incluso en plena crisis y con el desempleo por las nubes.

 

Hemos visto ya que la inmigración es una hemorragia que desangra al Estado para alimentar al Mercado. Hemos visto que a los oligarcas capitalistas les ha convenido muchísimo que entrasen en Europa decenas de millones de tercermundistas a hundir los salarios y disparar las rentas del gran capital, permitiendo que volasen libremente por un mundo ya prácticamente libre de fronteras fiscales y arancelarias. Pero ¿existe algo más que se nos escapa? ¿Hay otros intereses de fondo, además de los meramente económicos? Según la ONU, para 2025, Europa necesitará 135 millones (!) de inmigrantes más para poder “competir en el mercado global” (¿competir en salarios y costes de producción con, por ejemplo, Vietnam o África subsahariana?) y “pagar las pensiones” de los jubilados de la UE (¿qué pensiones paga un joven marroquí residente en el País Vasco, que está en paro, que no cotiza a la Seguridad Social y que cobra 650 euros de subsidio + 250 euros de ayuda para la vivienda + lo que saca robando y trapicheando con droga, que es bastante más?). Otros informes de la ONU aportan sugerencias tan disparatadas como que Francia “necesita aceptar” 90 millones de inmigrantes para el 2050 y Alemania 181 millones. España ―esta  vez según el ex-presidente José María Aznar― “sólo” necesita otros 7 millones de inmigrantes. El presidente francés y agente atlantista Nicolás Sarkozy, se conforma con decir que el mestizaje “no es una opción, sino una obligación”, mientras que el Banco Mundial, altruista como siempre, se preocupa de que Europa necesita más inmigrantes para frenar el racismo (como si el racismo no hubiese aumentado exponencialmente desde la entrada masiva de inmigrantes). Extrañamente, Sarkozy no predica con el ejemplo, ya que, siendo judío, tuvo un hijo con una mujer judía, y dicho hijo se ha casado a su vez con otra mujer judía: un sospechoso caso de “haz lo que digo, no lo que hago”.

 

 

 

 

Aún hoy en España, tras tres años de crisis atroz y con lo peor aun por delante, las subdelegaciones de gobierno siguen trabajando a toda máquina, expidiendo permisos de residencia a inmigrantes extracomunitarios. De hecho, muchas subdelegaciones están colapsadas por esta tarea y no pueden dedicarse a otros menesteres quizás más urgentes. Gracias a esta labor, pagada por el español contribuyente, dentro de 3-4 años, habrá en España aproximadamente 3 millones más de inmigrantes nacionalizados, que en adelante computarán como “ciudadanos españoles” en las estadísticas. Puede decirse sin miedo a desvariar que la inmigración está subvencionada de forma agresiva, insistente e intensa por un gobierno que ha traicionado totalmente al pueblo a quien le debe todo lo que tiene, y que se ha convertido en el siervo de “los mercados” (bancos privados, multinacionales, fondos de inversión, fundaciones privadas, Fondo Monetario Internacional, Reserva Federal, Banco Mundial, Banco Central Europeo, “inversores” y otras grandes fortunas capitalistas).

 

Es impresionante que mientras España se va literalmente a pique, la mayor preocupación de ciertas personas sea llenarnos cada vez más de inmigrantes cuando está manifiestamente claro que esto no es sostenible y que va a explotar. ¿A qué viene todo esto? ¿Por qué tienen la ONU, la UNESCO, las multinacionales, los bancos y otros organismos globalistas tanto interés en cambiar la composición étnica de Occidente, mientras que la composición étnica de África o Asia sigue siendo esencialmente la misma?  Si sólo se buscaba mano de obra barata, ¿por qué se favoreció que los inmigrantes se trajesen a todas sus familias? ¿Por qué se favorece que sigan llegando y que se sigan reproduciendo, cuando no hay trabajo? ¿Por qué ese interés en desfigurar los rasgos de los pueblos europeos en particular? ¿Va más allá de los beneficios que reporta la inmigración al bolsillo de unos pocos? ¿Se busca acaso colonizar Europa como parte de una estrategia a muy largo plazo?

 

Está muy claro que los geoestrategas de la globalización están firmemente decididos a abolir la “raza blanca” y colonizar Occidente con pueblos tercermundistas. Los ingenieros sociales saben bien que, a la larga, de nada sirve tercermundizar la economía, la sociedad, la educación, la sanidad, la mentalidad o la cultura de un país, ya que los genes, los sentimientos, la geopolítica y los instintos tienen siempre la última palabra. Por tanto, deben tercermundizar también su código genético y su cociente intelectual. Europa debe perder su identidad, mezclarse con pueblos africanos y orientales y ser como una “segunda China”: mano de obra dócil y barata, carne de cañón para la máquina trituradora de carne del capitalismo salvaje y desalmado. Gente gris, lo bastante inteligente como para mantener el sistema en marcha con su trabajo aburrido, frenético y repetitivo —pero lo bastante tonta y poco imaginativa como para consumir ávidamente, sin preguntarse qué diablos ha pasado con su tierra, su pueblo y su espíritu. Los WASP de Norteamérica deben desaparecer y disolverse a ritmo de videoclip de la MTV, para dar a luz a una masa de hispanoamericanos y afroamericanos que no rechistará por condiciones laborales y sociales humillantes y que se conformen con un poco de reggaetón cada fin de semana para recargar sus pilas. Los australianos deben caer bajo la órbita de Asia Oriental, los criollos iberoamericanos deben sumergirse también en el mestizaje y los sudafricanos de origen europeo, que están sufriendo limpieza étnica en estos mismos instantes, deben ser exterminados en un genocidio violento (por ejemplo, cuando muera Nelson Mandela). El lento predominio de la demografía tercermundista transformará para siempre la faz de Occidente y del mundo entero. ¿Cuáles pueden ser los motivos para que la principal víctima de la globalización sea la “raza blanca”?

 

• La raza blanca no se adapta a vivir en condiciones de dumping social y ambiental. Cuando la raza blanca ha padecido condiciones terribles, generalmente se ha levantado, se ha movilizado y ha luchado. La mayor parte de luchas sociales y civiles han sido iniciativa de la raza blanca. A lo largo de la historia, la raza blanca ha reaccionado numerosas veces quitándose a sus parásitos de encima, quizás también porque es la raza a la que los parásitos han acudido en mayor cantidad. Actualmente, es necesaria una enorme y costosa infraestructura de pan y circo para que la raza blanca se deje explotar. Por tanto, se trata de un grupo humano que no encajará en el nuevo modelo social (un mundo en el que se trabaje cada vez más a cambio de cada vez menos y en condiciones cada vez peores).

 

• La raza blanca tiene más iniciativa y es más imaginativa, creativa y disciplinada que otras razas. Ha heredado una fortísima carga apolínea (racional y lógica) en sus razonamientos y tiende a hacerse demasiadas preguntas. De nuevo, para anular estas cualidades, es necesaria una enorme red mediática.

 

• La raza blanca tiene los medios (herencia cultural, patrimonio artístico, código genético, historia, etc.) para inspirarse en el pasado y elevarse por encima de las servidumbres del mundo material y las limitaciones de su entorno. Un pueblo que ha descubierto maneras de alimentar a su espíritu e ir “más allá”, preferirá morir antes que caer en la esclavitud.

 

• Aunque, debido a las condiciones civilizadas y protectoras que hemos creado, tenemos más cantidad de retrasados mentales y desperdicios evolutivos que otras razas, históricamente, hemos engendrado también muchos más genios. Si algún día pudiese nacer un genio capaz de levantar a las masas y ponerlas a luchar contra la globalización, lo más probable sería que dicho genio fuese de raza blanca.

 

• La manipulación psicosocial de la raza blanca es cara. Se requiere un bombardeo de mensajes sedantes, neutralizantes y embrutecedores las veinticuatro horas al día, el mantenimiento de circos mediáticos enormes, de una educación castrante y de sistemas de domesticación (judeocristianismo cultural) de tipo religioso, legislativo e ideológico. La manipulación social de otras razas es mucho más barata: las chucherías, el dinero y las comodidades de baja estofa sirven de sobra para seducirles. Esto es evidente tanto en el Tercer Mundo como en Asia Oriental. El Mercado ha necesitado milenios para domesticar a la raza blanca, pero en China ha bastado abrir el grifo del dinero para que el pueblo se arrojase a los brazos del consumo. En el Tercer Mundo la cosa es más sencilla aun: los objetos llamativos, la música y las drogas hacen en una generación el trabajo que con la raza blanca llevó cientos de generaciones.

 

Por tanto, todas las razas deben ser abolidas, pero es especialmente la raza blanca la que debe ser disuelta. El único grupo social que sobrevivirá a este maremágnum será aquel que practica para sí (pero no predica para los demás) un racismo feroz, cruzándose sólo con personas de su misma casta. El resto estará destinado a sumirse en una masa sin etnia y sin identidad, el ganado perfecto para llevar al matadero, el rebaño mundial con el que sueñan los jefes de la globalización. Cabe añadir que el multiculturalismo es el fin del mismo multiculturalismo, ya que a la larga, tenderá a generar una cultura única, sin nada que aglutine a las masas, salvo su común dependencia de la red global.

 

 

La fuente ideológica del multiculturalismo, o los traidores útiles

 

Como en el caso del separatismo en España, existen tres tipos de pro-multiculturalistas:

 

A) Aquellos que saben perfectamente lo que están haciendo. Los dueños del gran capital. Banqueros, consejos de administración de consorcios que cotizan en bolsa, grandes empresarios, magnates mediáticos, dirigentes de ONGs.

 

B) Aquellos tontos útiles que se creen las mentiras de los primeros. Buena parte de la población europea, aunque cada vez menos.

 

C) Aquellos que le profesan a la raza blanca y a la Civilización Occidental un odio extraño y visceral (endofobia), muy similar al complejo de Edipo, y que les lleva a identificarse ―como hez de su propio pueblo que son― con la que ellos consideran inconscientemente la hez de la humanidad (xenofilia). La raíz de este extraordinario auto-odio se encuentra en la “moral del esclavo” retratada magistralmente por F. Nietzsche en “Genealogía de la moral” y “El Anticristo”. Theodore Kaczynski, por su parte, diseccionó la “psicología del izquierdista” en su manifiesto “La sociedad industrial y su futuro”, y Lenin mencionó la “enfermedad infantil del izquierdismo”.

 

El tipo C —que responde al arquetipo del enfermizo, del fracasado evolutivo y del no-competititvo— no obtiene su placer del triunfo personal de elevarse hacia lo alto, ni de esforzarse para parecerse a quien es mejor que él, sino de ver cómo cualquier cosa noble, fuerte, prometedora, pura e inocente se corrompe hasta bajar a su propio nivel. Los componentes del grupo A son simplemente descendientes de componentes del grupo C que han llegado a acumular un gran poder. Las premisas del individuo C, que ha estado presente desde que nació la civilización, son, grosso modo:

 

1- Yo me encuentro mal.

 

2- Alguien tiene que ser culpable de que yo me encuentre mal.

 

3- Ese alguien no soy yo, sino los que no se encuentran mal.

 

4- Como yo me encuentro mal, el mundo tiene que pagarlo y todos deben estar igual de mal que yo. No debo reformarme yo, sino que hay que reformar el mundo para que se adapte a mí, y así dejaré de estar mal.

 

5- Todo aquello que sea noble, puro, eterno, permanente, victorioso o que requiere un acto de voluntad por parte del espíritu, es una cumbre inaccesible para mí. Su altura y su sombra me ofenden, ya que mi ego ha sido artificialmente inflamado y se cree el único válido. No debo dinamitar mi ego, sino la cumbre que me molesta.

 

Éste es el motor detrás de todos los actos de esta peligrosa gente, que han tenido, conscientemente o no, el efecto de convertir el mundo en un lugar peor para vivir.

 

A efectos culturales y mediáticos, el multiculturalismo rancio, cursi, buenista y mojigato, es predicado por restos del movimiento del Mayo del 68, que se encuentran sumidos en un decadente cosmopolitismo. Estas reliquias de la extrema izquierda dieron el visto bueno al experimento multicultural desde las altas posiciones que ocupaban en el mundo de la política y de la cultura, en plena sintonía con los grandes emporios capitalistas ―que fueron el verdadero cerebro tras esta  operación de ingeniería socio-étnica. Predicando “integración”, “alianza de civilizaciones”, “solidaridad”, “ningún ser humano es ilegal”, “puertas abiertas”, “vienen a pagarnos las pensiones” y “vienen a hacer los trabajos que nosotros no queremos” desde sus sofás, chalets, oficinas y barrios privilegiados, estos burgueses decadentes, estos millonarios de mierda, son los que crearon la dictadura de lo “políticamente correcto”, pretendiendo darnos lecciones de rectitud a los ciudadanos corrientes y erigirse en moralizadores del resto de la humanidad.

 

El dogma de la corrección política (el equivalente moderno de la mojigatería de antaño), que acusa de “xenófobo” y “racista” (hereje) a cualquiera que cuestione la conveniencia de tercermundizar Europa, está matando a nuestro continente. Las élites endogámicas de Occidente están creando una Europa sin europeos, y poco a poco las víctimas nos vamos dando cuenta. Algún día, alguien tendrá que dar un puñetazo en la mesa de los ladrones de guante blanco que han arruinado a los pueblos europeos y que nos han convertido en una colonia del Tercer Mundo.

 

 

Nunca antes una civilización entera había abrazado su propio suicidio con tanto entusiasmo.

 

Lo que está claro es que esta iniciativa de multiculturalización ha venido de la mano de los sectores “afrancesados” de la sociedad española, y que la gente real del pueblo español trabajador jamás fue consultada democráticamente ni dio su consentimiento para que las mafias, los atracos, las violaciones o las bandas étnicas, plagasen sus barrios. También está claro que, décadas después, ninguno de los apóstoles de la sociedad multicultural ha sufrido en sus carnes los efectos del multiculturalismo, ya que viven en barrios-burbuja y son ajenos al mundo real a pie de calle.

 

Por estas razones, la burbuja multicultural es, con muchísima diferencia, el desafío más grave al que se enfrentan los pueblos de Europa. Si esta burbuja no se pincha a tiempo, estallará en forma de violencia interétnica, desequilibrios territoriales y proliferación de zonas de non droit o de no-derecho: territorios, generalmente suburbanos, donde el Estado no tiene autoridad. Dicho fenómeno parecía casi exclusivo de Estados Unidos hasta tiempos recientes, en los que ha empezado a salpicar toda la geografía europea. La vecina Francia incuba actualmente 1.500 zonas de non droit. En buena parte de ellas, el derecho del Estado ha sido sustituido por la Sharia islámica. Gracias a su demografía explosiva y a la tasa de natalidad suicida de los europeos autóctonos, estos agujeros negros geopolíticos pueden acabar absorbiendo regiones enteras de nuestro continente, balcanizando y tercermundizando Europa a medio plazo.

 

 

 

¿ES EL 15-M UN INVENTO DE LOS MUNDIALISTAS?

 

El otro tabú más importante de los “indignados” es preguntarse si ellos mismos están sirviendo, sin saberlo y sin quererlo, a la plutocracia internacional. El 15-M (que empezó siendo un movimiento “auténtico”, que representaba a todos los grupos del pueblo español trabajador sin importar su ideología) parece haberse convertido en el 15-M™©®, una marca registrada de multinacionales capitalistas y medios de comunicación de masas, monopolizada por los sectores perrofláuticos, gafapásticos, tocabongos, porretas, malabaristas, saltimbanquis, pijoprogres, ninis, okupas, ultraizquierdistas, transmaricabollos (sic, y ver aquí) y pseudohippies de la juventud española —sectores con los que el trabajador agobiado de a pie no se siente en absoluto identificado.

 

Es obvio que en el 15-M hay mucha gente bienintencionada, pero ¿quiénes dieron la consigna y la luz verde mediática de la que disfrutan los “indignados”? Tanto el Washington Post (Donald E. Graham, Marcus W. Brauchli) como el New York Times (Jill Abramson, Arthur Ochs Sulzberger, Jr., Michael Golden), pusieron mega-portadas sobre la “Spanish Revolution”. Luego, “Le Figaro” y “London Times” se hicieron eco. ¿Se jugarían el tipo los medios de comunicación del gran capital prestamista dándole publicidad y bombo a un movimiento que supuestamente va en contra de él? Cuando un grupo ataca con particular efectividad los cimientos de la plutocracia internacional, se le ataca, bombardea, encarcela, ilegaliza, asesina, etc. Como mínimo, se le somete a un silencio mediático (como hacen los medios de comunicación estadounidenses con el congresista y candidato presidencial Ron Paul). Con el 15-M, no ha sido el caso.

 

Hasta ahora, el 15-M ha seguido los patrones de las “revoluciones de colores” del espacio ex-soviético, el movimiento Otpor (CANVAS) del espacio ex-yugoslavo, el intento de golpe de Estado en Venezuela (2002) y las revueltas de la “primavera árabe”, financiadas por “fundaciones” extranjeras, a medio camino entre las ONGs y las células de Inteligencia: USAID (United States Agency for International Development), Freedom House, Albert Einstein Institution (AEI), National Endowment for Democracy (NED), National Democratic Institute (NDI), International Republican Institute (IRI), Solidarity Center (American Center for International Labor, ACIL), International Center on Non Violent Conflict (ICNC), Center for International Private Enterprise (CIPE), Safe Democracy Foundation, Open Society Institute, RAND Corporation, Carnegie Endowment for International Peace (CEIP), etc. Los globalistas parecen haber juzgado que, en esta olla a presión que es la sociedad occidental globalizada y en crisis, deben proporcionar una válvula de escape para poder proseguir con su alquimia socioeconómica. El 15-M viene a ser una obra de ingeniería social, en un laboratorio a medio camino entre Europa y el mundo árabe. Actualmente, el 15-M parece volcado en ridiculizar los Estados-nación, hacerles quedar de corruptos y presentar a los grandes empresarios como una opción “sensata”, “ilustrada”, “técnica”, etc.

 

 

A bombo y platillo. Desde el principio, se le ha dado mucha publicidad al movimiento “indignado”. Portada del “Washington Post” del 19 de Mayo de 2011. La foto principal está dedicada al 15-M de Madrid. La portada del “New York Times” del 7 de Junio de 2011 no se quedó atrás.

 

 

El concepto de las “alternativas controladas”

 

Los grandes capitalistas de Wall Street y otros centros financieros [1] financiaron al comunismo desde mucho antes de 1917. Del mismo modo, en tiempos más recientes, Washington, Londres y Tel-Aviv utilizaron sus redes de Inteligencia en Arabia Saudí y Pakistán para crear Al-Qaeda, que les ha supuesto una ventaja enorme para intervenir en los asuntos del continente eurasiático y para radicalizar a los sunnitas con el objetivo de contener la creciente influencia chiíta en el Golfo Pérsico. Dicen los manuales de estrategia que, para que un proyecto de poder sea fuerte, debe enfrentarse a otro poder que sea también fuerte. El sentido común afirma que, para que una corriente eléctrica fluya, debe haber un polo positivo y otro negativo. Por este motivo, las diversas “oposiciones controladas” y “estrategias de la tensión” son muy útiles para diferentes cosas, según el caso:

 

• Dan cierta ilusión de pluralidad y libertad de elección; por ende, hacen que el poder parezca mucho menos hegemónico de lo que realmente es. El poder puede presentarse a sí mismo como una víctima, que obtiene la simpatía de la opinión pública gracias al judeocristianismo cultural, profundamente arraigado en Occidente.

 

• Son la excusa perfecta para involucrarse en teatros de operaciones totalmente alejados de la esfera de influencia legítima de una potencia (como Afganistán).

 

• Sirven de pretexto para justificar el incremento del control social y las medidas de seguridad (como en el caso del 11-S y la “Patriot Act” en EEUU).

 

• Envuelven de legitimidad “popular” y “espontánea” una serie de cambios que realmente vienen impuestos por el poder global (caso del Mayo del 68, las “revoluciones de colores” del espacio ex-soviético o la “primavera árabe”).

 

• Canalizan el descontento popular hacia vías controladas. Fagocitan y desactivan a la oposición antes de que se convierta en un peligro. El resto del pueblo tiende a pensar “ya hay gente actuando” y se abstendrá de actuar él.

 

• Los radicalismos arrojan a la opinión pública hacia las opciones políticas percibidas como “ordenadas, serias, moderadas y fiables”. Caso de la Operación Gladio en Italia o de la Transición en España.

 

Tenemos ahora toda una serie de “alternativas” fraguadas por servicios de Inteligencia atlantistas, como WikiLeaks, Anonymous, indignados, 15-M, Democracia Real Ya, Juventud Sin Futuro, Nolesvotes, Spanishrevolution, Occupy Wall Street (apoyado por el progre de mansión Michael Moore), Democracy Now (apoyado por Amy Goodman), etc. Tenemos operaciones de desinformación como el “movimiento” Zeitgeist (más bien una simple serie de documentales), con su inquietante prédica de “una sola sociedad global” y de la abolición del papel-moneda (¿a cambio de qué?). Tenemos también diversos cultos de salvación nuevaeristas, que hablan de “alejar el odio”, “amor universal”, “cultivar los buenos sentimientos”, “ponerse en contacto con el lado femenino”, evitar “cargarse de pensamientos negativos”, “una sola gran familia humana”, “construir puentes, no muros” y una dieta vegana (de la cual se han visto apologistas en las asambleas de indignados) que parece específicamente pensada para sedar al hombre, convertirlo en uno de esos plácidos herbívoros fácilmente sojuzgables y que acepte su destino de ganado. En Israel se han visto grandes manifestaciones de “indignados” que hablan de “amor”, que piden el advenimiento de “un pueblo mundial”, que anhelan un “global change” y toda una serie de zarandajas 100% en la línea de la globalización.

 

Hay grupos de poder —especialmente procedentes de la ONU, las “fundaciones” privadas y algunas logias paramasónicas— volcados en formar un rebaño universal, pacífico, pasivo y blandengue. A estos grupos de poder lógicamente les conviene erradicar la masculinidad, que la gente se olvide de su dolor y que barra su malestar bajo la alfombra, para que no se pongan a indagar de dónde procede y no salgan a la calle con sogas para ahorcar de una farola a cuanto trajeado culpable caiga en sus manos. El poder sabe que el dolor, el odio, la rabia y la bilis son agentes de fermentación, del mismo modo que un entorno ácido es el ideal para que germine una semilla. Pero quien está “equilibrado” y “satisfecho” en el peor de los mundos, quien busca la “felicidad interior” y a quien “las desgracias no le afectan porque aprende a aceptarlas y superarlas con filosofía”, obviamente nunca le meterá un cóctel molotov por el culo a un banquero, político, jueza o megaempresario que se lo merezca. El hombre moderno debe aprender que su malestar es natural, que sus crecientes sentimientos de odio y rabia no son algo malo ni culpa suya, que la destrucción es una forma de creación y que su dolor no es una vergüenza, sino el último tesoro que le queda, la última esperanza de reacción de la humanidad contra un orden antinatural, mecánico, inhumano e inmoral que ha llegado a acumular un poder impresionante. Todas las mencionadas “opciones alternativas” que tan originales intentan parecer, tienen en común su clara adscripción al sistema moderno. “Buscar la unificación de la humanidad”, “abolir el sufrimiento”, “apostar por una sociedad pluricultural”, “global X” y todas esas frases huecas, no son más que globalización pura y dura de la de toda la vida, aunque ponen en evidencia hasta qué punto las masas están desesperadas por aferrarse a una tabla de salvación que les evite tocar fondo —cuando en realidad tocar fondo es la única esperanza de las masas para redimirse del gran parásito mundial.

 

 

Personas y grupos claves para entender el 15-M

 

Detrás del 15-M hay una serie de personajes y grupos sociales “afrancesados” (entiéndase como tal los grupos de la clase alta burguesa, pseudo-ilustrados, sobre-educados muy por encima de su intelecto y ajenos al pueblo común) que gozan del certificado de homologación de la ONU, la UNESCO, las multinacionales, las “fundaciones” privadas, la gran prensa y, en suma, de todo aquello que huele al “sistema”.

 

Estos grupos parecen interesados en presentarnos a los grandes empresarios capitalistas como gente “guay”, intelectual, innovadora, actualizada, cosmopolita, emprendedora, idealista, imaginativa, comprometida y, en una palabra, Alfa, digna de nuestra confianza y apta para dirigir el mundo entero como si fuese una enorme empresa privada. Los perdedores son los políticos, es decir, los despojos decadentes, corruptos y rancios de los antiguos Estados, ahora en pleno desmoronamiento. Ante la casta política “paleta”, “provinciana”, corrupta e inútil, y ante un aparato burocrático sobredimensionado y obeso, la casta económica de megaempresarios quiere aparecer como heraldo de un mundo feliz, eficaz y productivo. Esta mentalidad, muy plasmada por Ayn Rand en sus libros, intenta hacernos creer que los peores parásitos, criminales y embaucadores de la historia son en realidad “gente que se lo merece porque se lo han currado en la vida”.

 

Del mismo modo que es interesante saber que el movimiento hippie estuvo inspirado por Abbie y Anita Hoffman, Paul Krassner, Allen Ginsberg y Jerry Rubin, viene bien saber quiénes están detrás del 15-M. Resultan ser los mismos mundialistas de siempre.

 

Federico Mayor Zaragoza. Ex-director general de la UNESCO durante 12 años (1987-1999), ex-político (diputado, ministro), presidente de Fundación para una Cultura de Paz y miembro/dirigente de otras diversas “fundaciones”. Si alguien tiene el Certificado de Aprobación™®© del sistema oficial mainstream, es sin duda este personaje, que escribió el libreto “¡Reacciona!” junto con otros oprimidos del sistema como el juez Baltasar Garzón, Rosa María Artal o Àngels Martínez i Castells. Cabe añadir que la UNESCO está detrás de buena parte de las operaciones de ingeniería social, como el desmantelamiento de las identidades sexuales, la imposición del multiculturalismo y todo lo que podríamos llamar promoción de la decadencia.

 

 

Federico Mayor Zaragoza.

 

Stéphanne F. Hessel. Diplomático francés de origen judío, participante en la declaración universal de los derechos humanos, pez gordo de la ONU, etc. Bien relacionado con Daniel Cohn-Bendit, un francés, también de origen judío, que estuvo en la base de las agitaciones del Mayo del 68. Hessel —que, como buen asiduo a Europe Écologie, declara que “ama las ciudades”— es el autor de “¡Indignaos!”, un éxito de ventas en Francia y también en España. Como los más de 2 millones y medio de libretos vendidos no le deben haber reportado suficientes ganancias, este antisistema de corbata y mansión escribió otro libreto, “¡Comprometeos!”. Ambos han inspirado los diversos grupúsculos de la “indignación” en España. Hessel no titubeó al condenar la “violencia” que los indignados ejercieron contra los diputados autonómicos en Barcelona el 15 de Junio de 2011 (políticos escupidos, increpados y agredidos; tuvieron que coger el helicóptero para entrar en el congreso sin problemas), cuando probablemente ésta fue hasta la fecha la expresión más auténtica de lo que el pueblo agobiado realmente siente por la casta.

 

En su primer libreto, Hessel nos explica por qué deberíamos indignarnos: “A los jóvenes, les digo: mirad alrededor de vosotros, encontraréis temas que justifiquen vuestra indignación. El trato que se da a los inmigrantes, a los indocumentados, a los gitanos…”. Al parecer, toda ayuda social es poca para ciertas etnias, que en el mundo real, lejos de ser unos oprimidos, son unas auténticas minorías privilegiadas que disfrutan de unos derechos y unas prestaciones que el currante español medio no puede ni imaginarse. Parece que, en lugar de indignarnos por el trato que nos dan a nosotros, los jóvenes tenemos que indignarnos por el trato que dan a otros —y esto nos lo dice un multimillonario de mierda que vive a cuerpo de rey. Este tipo de parrafadas demuestran hasta qué punto la casta está divorciada de los verdaderos problemas del pueblo —que tienen mucho que ver con la inmigración, pero no como Hessel nos vende al módico precio de 4,75 €.

 

José Luis Sampedro. Este oprimido fue en su día el rector de universidad más joven de la España franquista, catedrático de economía en la Universidad Complutense y además se hizo banquero, llegando a subdirector general del Banco Exterior de España. Obviamente, a la muerte de Franco, este hombre, que juró los principios del Movimiento Nacional, pasó a ser un demócrata de los de toda la vida, llegando a senador y hasta a referente ideológico de la izquierda. Se trata de la típica personalidad trepa y prostituida, que siempre le hace la pelota al poder sin importar quién lo ostente; es un perfil psicológico que se encuentra en todas las profesiones y que cualquiera sabe reconocer. Sampedro prologó la edición española de “¡Indignaos!”.

 

 

Stéphanne Hessel (izquierda) y José Luis Sampedro. Parece que a nadie se le ha ocurrido que para nosotros los jóvenes, estos viejos destruidos, trajeados, multimillonarios, ex-banqueros, ex-políticos, masones y políticamente correctos, representan el viejo orden, un cúmulo de ideas aberrantes, desafortunadas, injustas y malogradas, por cuya culpa estamos ahora como estamos. Que ahora estos moribundos pretendan meterse en el bolsillo a toda reacción popular, no produce buena espina.

 

Eduard Punset es otro proletario muy raro: estudió en Los Ángeles y Londres en centros de prestigio internacional, militó en el Partido Comunista de España, fue redactor económico de la cadena británica BBC, economista del Fondo Monetario Internacional, miembro del consejo de administración de la megaempresa hotelera Sol Meliá (que ha tenido un papel importantísimo en el desarrollo de la burbuja inmobiliaria), y un gran etcétera de puestos de alta responsabilidad que lo convierten en una obvia figura “del sistema”, integrante de esa despreciable élite endogámica y cleptocrática, que nada debería decirle al pueblo porque no tiene ni repajolera idea de los problemas del pueblo. Este viejo —que no hace más que aparecer en los medios de comunicación oficiales— ha dejado clara su adscripción a la globalización y al Nuevo Orden declarando que “lo lógico sería que hubiera un gobierno mundial”, ya que “no tiene sentido que cada país vaya a su bola”.

 

 

Eduard Punset.

 

Eduardo Serra Rexach, político español, ex-secretario de Estado, ex-ministro de Defensa y actualmente presidente de la Fundación Everis. Ha declarado a “El Mundo” que “El actual modelo de Estado no es sostenible” (cosa que es obvia) y “El sistema de pensiones habría que replantearlo”. En resumen, que “los mercados” han forzado la hemorragia del Estado, orientando las ayudas públicas a parásitos sociales, para luego decirnos que el Estado del Bienestar no es rentable y debe ser desmantelado —la vieja táctica de crear un problema y aportar una solución. Rexach es quien le entregó al Rey el Informe Transforma España, del que nos ocuparemos enseguida.

 

 

Eduardo Serra Rexach.

 

Tomasz Szabelewski. De origen judeo-polaco, educado en Londres y en Cambridge, supuesto portavoz del movimiento 15-M y “consultor de negocios” (Business Consultant) de la Fundación Everis y de Horus Strategy [2], dos think-tanks de la globalización.

 

 

Otro antisistema de corbata.

 

Fundación Everis. Think-tank neoliberal, creado en 2001 e integrado por personalidades de la alta finanza y la política. Entre sus integrantes se encuentran José Ignacio Goirigolzarri (ex-consejero delegado del BBVA) y Antonio Massanell i Lavilla (“director general adjunto ejecutivo” —ahí es nada— de La Caixa, presidente de Port Aventura y miembro del consejo de administración de Telefónica y otras megaempresas).

 

La Fundación Everis preparó el Informe Transforma España a principios de 2010 y lo entregó en Noviembre al Rey (ver aquí y aquí). Las propuestas coinciden hasta tal punto con las posteriores del 15-M que se confunden. Las empresas que apoyaron el Informe Transforma España fueron lo más selecto del proletariado español agobiado, PYMEs de barrio de las de toda la vida: Avengoa, Acciona, AC Hoteles, Almirall, ALSA, APAX Partners España, APD, Bankinter, Barceló, Barclays, Barrabés, BBVA, BT, CEPSA, Deutsche Bank España, EBERS Medical Technology, E-Diagnostic, Embention, Enagas, Endesa, E.ON, Ercros Industrial, Everis, FCC, Fraternidad Muprespa, Ford España, Gamesa, Grupo Leche Pascual, Grupo Planeta, Grupo PRISA, Iberdrola, Iberia, Inditex, Infinity, La Caixa, MAPFRE, Mercadona, Merck España, Multitel, Omega Capital, ONO, Puig Corporation, Puleva Foods, Red Eléctrica Española, Renfe, Repsol, Santander, Seeliger y Conde HBI, Seguriber, Telefónica, Torreal, UNEDISA, USP, Vocento, Vodafone España, Warner Bros, Weblogs, Willis, Zeltia, Zurich Seguros. [3]

 

 

 

Martin Varsavsky, multimillonario argentino de origen judío, educado en las mejores universidades de Estados Unidos, y fundador de compañías como Jazztel, ya.com., Medicorp Sciences (dedicada a los fraudulentos “tests del SIDA”, que acaban enganchando a la gente a productos como el AZT). Martin Varsavsky tiene claros lazos con la familia Rockefeller, a través de la Safe Democracy Foundation (desde la que se alentaba a una “revolución” en la Unión Europea bastante antes del 15-M, y de la que Varsavsky es presidente), la Clinton Foundation (propagadora del negocio del SIDA, del cual la familia Rockefeller es la mayor beneficiada) y One Voice (plataforma sionista patrocinada por la Fundación Soros, y en la que Varsavsky es parte del consejo administrativo). La Fundación Rockefeller, que en el pasado ya patrocinó otras operaciones de ingeniería social (como el feminismo) patrocina todos estos organismos. [4]

 

 

 

En el escrito de Varsavsky Así me uno a nolesvotes, titulado “La pureza está en la mezcla” (interesante título teniendo en cuenta que su autor pertenece a una minoría endogámica, la judía, que lleva milenios preservando su identidad celosamente y que sigue haciéndolo), podemos ver por dónde van los tiros. Varsavsky se queja, entre otras cosas, de “un gobierno incapaz de hacer a España ganar el verdadero mundial, que es el de la globalización”. No dice ni una palabra contra las oligarquías capitalistas, contra Emilio Botín, contra Francisco González, contra la inmoralidad del capitalismo usurero, contra “los mercados”, contra la creación de dinero-deuda de la nada, contra el interés o a favor de una profunda reforma monetaria y una autarquía económica. Al contrario, sólo parece interesado en que España sea una provincia “más ejemplar” del imperio globalista. Para eso, el Estado debe ser desmantelado —los gastos psicotrópicos de este gobierno deberían ser más que suficiente para dar mala fama a las ayudas sociales. Varsavsky proporcionó WiFi gratuito a las diversas asambleas de “indignados”.

 

 

Martin Varsavsky, otro proletario indignado un tanto atípico.

 

Del mismo modo, podemos seguir mencionando a Amnistía Internacional (financiada por la Fundación Ford), Enrique Dans, Marcos de Quinto (presidente de Coca-Cola España y Portugal) y otros organismos internacionales de la globalización que han apoyado al 15-M de un modo u otro.

 

 

Ideología, filosofía y base social del 15-M

 

Al principio del 15-M, no existía una ideología política, sólo había gente normal de todas las tendencias, que estaba harta y pedía una serie de cosas totalmente legítimas y lógicas (fin de los privilegios de la casta, no utilizar dinero público para tapar agujeros negros privados, reorganización territorial, lucha contra la corrupción, etc.). Pero después de los primeros días, el 15-M fue cooptado por famosetes, grupos de extrema izquierda, revolucionarios de papá y gente obsesionada con los fetos, los anos, los cambios de sexo, el Papa, los curas, las monjas, los divorcios, los condones, las palabras con X y las adolescentes embarazadas. El 15-M que ha quedado es descendiente directo de la ideología impuesta en Occidente cuando cayó el Imperio Romano: la moral del esclavo. La “ideología” del 15-M es un calco del zapaterismo más cursi, de la doctrina UNESCO y, en suma, del judeocristianismo cultural versión 2.0. El 15-M básicamente recoge todas las tendencias pacifistas, bobaliconas, decadentes, afeminadas, blandas, políticamente correctas, psicotrópicas e ilusorias que, a lo largo de la Historia, han terminado siendo las culpables de que ahora estemos como estamos. Fue Aristóteles el que dijo que “la tolerancia y la apatía son las últimas virtudes de una sociedad moribunda”.

 

El poder lo tiene, en última instancia, quien posee el monopolio de la violencia. Los padres fundadores de Estados Unidos, los jacobinos franceses, los nacionalistas griegos del Siglo XIX, los anarquistas de Barcelona a principios del Siglo XX, los bolcheviques en Rusia, los pistoleros falangistas o los camisas pardas nazis, son ejemplos de verdaderos revolucionarios. Una reunión de pijoprogres mimados, sentados con rastas y piercings en una plaza o en un parque encima de cagadas de perro, con carteles supuestamente ingeniosos, hablando de la “Spanish Revolution”, manchándose las manos de ketchup para salir por la TV y gritando “fascistas”, “no a la violencia”, “basta ya” y “asesinos” a la Policía cuando les agarran de un tobillo, son un insulto a toda la sangre derramada a lo largo de la Historia en luchas políticas por la libertad. Escupir a un policía o mearse en sus botas, especialmente cuando se sabe perfectamente que el agente está atado desde arriba, es fácil además de cobarde. Sin duda, una buena manera de aborregar a los pueblos y quitarles la iniciativa y el espíritu combativo, es hacerles creer que con redes sociales, iPhones, BlackBerry, narices de payaso, flores y porros, se pueden conmover las bases de todo un Sistema.

 

 

Si alguna vez existió tal cosa como una revolución políticamente correcta, debe parecerse a esto.

 

 

Conclusiones sobre el 15-M

 

• El 15-M fue un movimiento ciudadano justificado, que ha sido arruinado por sectores sociales marginales que lo han cooptado y que no representan a la masa popular, pero que son los que más ruido hacen. Agrupó en sus comienzos a individuos procedentes del pueblo trabajador, hasta ser secuestrado por la extrema izquierda guerracivilista, el homosexualismo militante, el hembrismo subvencionado y otros grupos que no representan en absoluto al trabajador español medio.

 

• El 15-M cuenta con el certificado de aprobación de “los mercados”, es decir, de la globalización capitalista-neoliberal. El 15-M está apoyado por medios de comunicación, bancos, multinacionales extranjeras, multimillonarios y personas de la “cultura oficial” del mismo sistema al que supuestamente combate.

 

• El 15-M ha utilizado el gancho de la anti-corrupción y de soluciones totalmente lógicas para atraer a una masa ciudadana harta y descontenta.

 

• El 15-M es un proyecto de ingeniería social que busca recubrir de un manto de “popularidad”, “espontaneidad” y “autenticidad” las nuevas medidas de la globalización capitalista neoliberal, que se han estado gestando en think-tanks neoliberales desde antes de 2010. La idea parece ser que, bajo el manto de la lucha contra la corrupción y de una mayor participación ciudadana en los asuntos públicos, se abran las puertas de par en par a la iniciativa privada y se limite la autoridad del Estado, como en Rusia cuando cayó el bloque comunista.

 

• La “ideología” del 15-M es un calco directo de las directrices pseudo-totalitarias de la ONU, la UNESCO y las multinacionales, de la “moral del esclavo” (Nietzsche), de la “enfermedad infantil del izquierdismo” (Lenin), de la “psicología del izquierdista” (Kaczynski) y, en suma, del judeocristianismo cultural.

 

• El ideario sobre inmigración del 15-M no pasa del consabido y políticamente correcto “papeles para todos”, “puertas abiertas”, “multiculturalismo nos enriquece”, “vienen a pagarnos las pensiones”, “igualdad” y “ningún ser humano es ilegal”. Y ver aquí y aquí.

 

• La indignación del 15-M parece más orientada contra los políticos, los policías y otros sectores de la sociedad (como los funcionarios) antes que contra los megaempresarios, bancos y multinacionales.

 

• El 15-M no ha señalado el grave problema de la disolución familiar y social que nos hace débiles y divididos ante los depredadores globalistas, que son una minoría cohesionada. Aunque ha habido amagos, el 15-M no ha hecho ningún intento serio de acabar con la Ley de Violencia de Género, la discriminación positiva y el hembrismo “feminazi” de grupúsculos subvencionados.

 

• El 15-M quiere un Estado anecdótico, desarmado y débil militarmente.

 

• El 15-M carece de un proyecto geopolítico serio o de un deseo de afirmación de la soberanía nacional, los intereses nacionales o las identidades étnicas ante la apisonadora de la globalización. Aparecen personalidades destacadas que dicen que España tiene “problemas estructurales” y simplemente quieren que el país reforme la economía para “integrarse en el mundo”, “estar a la altura” de los “desafíos de la globalización” e insertarse de forma más eficaz en la nueva red global, como una provincia más subordinada a las directrices de Londres, Nueva York, Frankfurt, Hong Kong y otros centros financieros.

 

• El 15-M sigue la estela de otros “movimientos espontáneos” manipulados desde el extranjero, como el Mayo del 68, el movimiento Otport (Canvas) de Serbia, las “revoluciones de colores” del espacio ex-soviético, el intento de golpe de Estado en Venezuela en 2002 y la “primavera árabe”. Dichos movimientos tienen el sello inequívoco de los servicios de Inteligencia del eje atlantista (Washington-Londres-Tel Aviv) y de fundaciones privadas y think tanks extranjeros como los que hemos visto más arriba.

 

• El 15-M ya no es un movimiento genérico que agrupe a gente de distintas tendencias pero con intereses comunes, sino que discrimina por motivos de religión e ideología y se auto-adjudica de forma totalitaria la representación del pueblo español, intentando presentarse como su portavoz.

 

• Muchos integrantes del 15-M son personas bienintencionadas que no comparten absolutamente todo lo anterior, que no están al tanto de los hechos y que creen estar haciendo lo correcto en el seno de un movimiento popular espontáneo.

 

 

 

 

 

POLÍTICA EXTERIOR

 

La actual falta de soberanía española es una consecuencia directa de habernos alineado con los intereses del Fondo Monetario Internacional, la OTAN, el grupo Bilderberg y las grandes familias de la banca internacional, a principios de los años 80. Sin embargo, incluso si España pudiese emanciparse hoy de la globalización y recuperar al 100% su soberanía, no tendría ningún futuro en un mundo que ha cambiado radicalmente desde la posguerra. El futuro ahora pertenece a las grandes confederaciones de Estados, y España no puede pensar en liberarse de la globalización si no es en el marco de un proyecto europeo mayor. George Orwell no andaba muy desencaminado cuando vaticinaba en “1984” que el mundo camina hacia un panorama de grandes bloques geopolíticamente coherentes. Si por “nación” entendemos “Estado soberano”, actualmente sólo existen tres verdaderas naciones:

 

1- los Estados Unidos de América (que serían la base de la “Oceanía” orwelliana).

 

2- la Federación Rusa (“Eurasia”).

 

3-  la República Popular China (“Estasia”).

 

Cualquier otra unidad territorial (incluyendo Europa, que desde 1945 carece de verdaderas naciones soberanas) debe por fuerza alinearse con alguna de estas potencias si pretende sobrevivir, o bien convertirse en un campo de batalla. Ni España ni Europa tienen lo que hace falta para ser una potencia soberana. Sólo Rusia puede completar la ecuación, aportando su vasto “patio trasero”, sus recursos y su poder militar.

 

También bajo el punto de vista geopolítico, el mundo se encuentra en un periodo de transición. Sin embargo, pervive el orden de quienes vencieron la II Guerra Mundial, que se resisten a soltar el chollo del que han vivido hasta ahora. En el nuevo orden geopolítico que se avecina, varios son los puntos a tener en cuenta.

 

Consejo de Seguridad de la ONU: Esta institución está obsoleta, ya que fue creada para garantizar los intereses de los vencedores de la II Guerra Mundial (EEUU, la URSS, China, Reino Unido y Francia). Actualmente existen gigantes (como Alemania, Japón, Brasil o India) cuya entidad política y militar no está en absoluto a la altura de su importancia económica y estratégica. Para solucionar este estado de cosas, lo mínimo es que dichos países entren en el Consejo de Seguridad para poder tratar de tú a tú a las potencias arrogantes del mundo, que viven de rentas del pasado.

 

Europa: Fue Nietzsche el que dijo que “Europa desea unificarse”. El proyecto se intentó con Roma, el Sacro Imperio, el Imperio Español, la Francia napoleónica y la Alemania hitleriana, y la idea ha llegado hasta nuestros días sin haberse concretado claramente.

 

Es cierto que la UE ha suministrado numerosas ayudas a España, pero en la alta economía no existen las hermanitas de la caridad: estas ayudas nos fueron brindadas a condición de desmantelar nuestras infraestructuras agropecuarias e industriales (“reconversión industrial”), y de adoptar una moneda que ha encarecido nuestras exportaciones, en beneficio de Francia y Alemania principalmente (también de China, Marruecos y Europa del Este). Francia sabotea sistemáticamente las exportaciones agrarias españolas, mientras que Alemania nos forzó en su día a cerrar nuestras fábricas de abono y de tuberías de riego para que comprásemos estas cosas a empresas alemanas en vez de fabricarlas nosotros. Además, el sector público español (léase políticos iluminados y burócratas corruptos de turno) a menudo ha dilapidado las ayudas económicas de tal modo que el capital ha acabado en buena medida en las manos de megaempresas privadas.

 

Debido a todas estas injerencias extranjeras en la economía española, hemos dejado de ser una nación mínimamente autárquica. Las ayudas de la UE son pan para hoy y hambre para mañana, algo así como darles sacos de arroz a los somalíes para hacerles dependientes de nuestra caridad, en vez de enseñarles a administrar una granja. En una verdadera Unión Europea, cada Estado debería contribuir a velar por los intereses europeos en vez de mirarse el propio ombligo, lo cual implicaría, de vez en cuando, sacrificar intereses menores a cambio del bien común mayor. Un ejemplo de esto último es la negligencia imperante en el estrecho de Gibraltar, que beneficia a Francia, Marruecos, Estados Unidos y Reino Unido (o mejor dicho, a las élites capitalistas de dichos países), pero que perjudica a España y a los pueblos europeos.

 

Una Unión Europea es necesaria, pero debe refundarse bajo premisas radicalmente distintas a las de la actual unión, lacaya de “los mercados” y totalmente ajena a los verdaderos intereses de los pueblos europeos. Para volver a cristalizar una nueva idea de Europa, los pueblos europeos deben hallar una empresa común con la que sentirse identificados, y la clave la encontramos en el pasado histórico. La entrada de nuestro continente en la historia civilizada se hizo con un acto de auto-afirmación de Europa (es decir, Grecia y Roma) ante Asia (Menor) y África (Cartago), durante la guerra de Troya (que anunció el dominio europeo de todo Oriente Medio) y las guerras púnicas (orilla sur del Mediterráneo). La antigua Grecia, la antigua Roma y la Rusia zarista son los ejemplos que deben inspirar el renacimiento de nuestro continente.

 

OTAN: Los intereses de Europa nunca podrán ser iguales a los intereses de Estados Unidos, por el simple motivo de que, entre ambas unidades territoriales, media un océano. La OTAN es un vestigio de la Guerra Fría. Sólo con la amenaza de la URSS pudo Washington convencer a Europa de que necesitaba al eje atlantista y de que el Atlántico es un puente, no un muro. El Presidente Adolfo Suárez, que intentaba llevar al cabo una política nacional soberana, procuró mantener a España alejada de la OTAN, hasta que el PSOE, sirviendo a los intereses del Fondo Monetario Internacional, nos introdujo en 1982.

 

Actualmente, Estados Unidos desea una Europa más o menos próspera económicamente, pero sumisa políticamente y débil militarmente, ya que si Europa persiguiese sus propios intereses, chocaría con Washington tarde o temprano. La OTAN está además obsoleta por haber incluído a miembros (Turquía, Rumanía) y por intervenir en escenarios (Iraq, Afganistán) que nada tienen que ver con el Atlántico Norte. El mismo Atlántico, por otro lado, ha perdido gran importancia estratégica y económica. En 2008, la mayor parte del flujo comercial marítimo se la llevó el Pacífico, con 20 millones de TEU (contenedores de 20 pies). Por el Mediterráneo pasaron 18,2 TEU, y por el Atlántico, sólo 6,2.

 

Por tanto, España debe salirse de la OTAN y romper su alianza con el eje Washington-Londres-Tel Aviv, dedicando sus esfuerzos militares a seguir colaborando activamente en la formación del Eurocuerpo —que no depende  de la OTAN— y en la constitución de un eje Moscú-Berlín-París-Madrid.

 

Federación Rusa. A medida que el eje de atención de Washington se desplaza desde el Atlántico al Pacífico por pura gravedad económica, la influencia estadounidense disminuye en Europa, y crece la tendencia europea a volcarse hacia el Este y depender de una Rusia en pleno desarrollo. Rusia es actualmente una potencia atípica. Mientras que China tiene un centro neurálgico claramente definido (su costa Este) y Estados Unidos también (ídem), Rusia puede compararse a un cuerpo grande y fuerte sin un centro neurálgico claro. Europa, por su parte, padece el problema opuesto: se trata de un centro neurálgico privilegiado (alta densidad de población, la primera economía mundial), pero carece de espacio vital, de “patio trasero”, desde la época de la descolonización. Europa (especialmente la media luna que coincide con las cuencas del Po, el Ródano y el Rhin) le brinda a Rusia la oportunidad de dotarse de centro neurálgico, y Rusia le brinda a Europa el mejor espacio vital del planeta, los recursos que alberga, la oportunidad de alcanzar la autarquía y un potencial militar y de Inteligencia digno de un imperio.

 

•  Eurosiberia. El acercamiento germano-ruso va a ser el germen de un nuevo espacio geopolítico que abarcará desde el Atlántico hasta el Mar de Japón. Este espacio económico (llamado por algunos Eurosiberia, Eurasia, Eurrusia o Pan-Europa), gobernado por una autoridad federal-imperial, será absolutamente privilegiado en posición geoestratégica, recursos naturales, potencia militar e industrial, patrimonio cultural, fuerza de trabajo y capital humano. Para que esto pueda tener lugar, debe abolirse el legado de la Guerra Fría y por tanto de la II Guerra Mundial: las tropas estadounidenses y británicas deben abandonar Centroeuropa, y todas las bases militares, silos estratégicos y colonias atlantistas en Europa deben ser desalojados. Eurosiberia estaría en una situación ideal para dominar MENACE (Oriente Medio, Noráfrica y Asia Central, por sus siglas inglesas), el Ártico y, utilizando a España como trampolín, Sudamérica y, desde ella, Antártida. Tanto los estudios genéticos y antropológicos como las iniciativas medioambientales y arqueológicas pueden ser vectores excelentes para transmitir la expansión de la influencia eurosiberiana en estos espacios. No cabe duda de que el papel de España sería mucho más brillante y destacado en este contexto.

 

 

 

 

Marruecos es parte de un problema mayor, un problema europeo: asegurar el Mare Nostrum. El Mediterráneo es como una gran ría que le permite a las potencias atlantistas “colarse” en la esfera de Eurasia y establecer bases (Gibraltar, Malta, Chipre, Israel, etc.) en el bajo vientre de nuestro continente. En cuanto a España, ha tenido protagonismo en el Magreb desde los tiempos de Orán y otras colonias, igual que el Magreb lo ha tenido en España durante la época de almorávides y almohades. Hoy existen territorios africanos (Ceuta, Melilla y Canarias) que geopolíticamente son españoles y por tanto europeos, y que deben ser fortalecidos como muro de contención ante África y especialmente ante Marruecos, un socio importantísimo del atlantismo y del sionismo gracias al lobby sefardita-marroquí —el segundo grupo étnico más importante de Israel.

 

España y Marruecos mantienen un equilibrio muy tenso que parece condenado a desestabilizarse tarde o temprano. Todas las grandes naciones necesitan un teatro de operaciones, una escuela de guerra en la que forjar mandos de élite que contribuyan a una regeneración social y arranquen la decadencia que aqueja a su país: Rusia tiene Chechenia, EEUU tiene Iraq y Brasil tiene las favelas. Tanto el Sahara Occidental como el Rif tienen mayorías que son hostiles a la monarquía alahuita; si España fuese una nación soberana, haría lo posible para apoyar a dichas poblaciones. Argelia, que nos suministra gran cantidad de gas natural, sería nuestro aliado natural en este cuadro, y Francia tendría que renunciar a sus intereses ombliguistas por el bien de Europa.

 

El mundo árabe. El mundo árabe debería ser el aliado natural de Europa. Sólo las potencias atlantistas han puesto a todo este mundo, que va desde Marruecos hasta Iraq, en pie de guerra, partiéndolo por la mitad con Israel y luego utilizando redes de Inteligencia relacionadas con Arabia Saudí y Pakistán para financiar el radicalismo islámico sunnita. Estas tácticas forman parte de los planes geoestratégicos de Washington para balcanizar Eurasia y desestabilizar toda comunicación terrestre entre Europa Occidental y Asia Oriental, para forzar el uso de mares y estrechos controlados por la OTAN y para que el comercio de Europa se oriente preferentemente a EEUU por el Atlántico y el de Asia Oriental a EEUU por el Pacífico, en vez de “cerrarse en banda”, utilizando rutas terrestres y marítimas exclusivamente eurasiáticas para convertir Eurasia en un anillo cerrado. El verdadero problema de las potencias atlantistas no es el radicalismo islámico sunnita, totalmente controlado por ellas, sino el pan-arabismo socialista, los regímenes árabes laicos y modernos (como el Baaz sirio o la Jamahiriya libia) y el chiísmo (Irán, Yemen, Líbano, Azerbaiyán, Bahrein, más de la mitad de Iraq, y poco a poco, Sudán, Nigeria y hasta Brasil).

 

La España franquista veló por cultivar unas excelentes relaciones hispano-árabes. Es una desgracia que actualmente se esté promoviendo la inmigración árabe y la colonización de Europa por parte del Islam radical. Esto forma parte del plan mayor de la globalización, que es provocar un gran conflicto, étnico, religioso, social y quizás militar, entre Occidente y Oriente. Dicho conflicto dejaría a nuestro continente al borde de la extenuación. El mundialismo le echaría la culpa de todo a particularismos, nacionalismos, fronteras, gobiernos, Estados, identidades étnicas, familiares y religiosas, y se presentaría él mismo (por ejemplo, por medio de la ONU y los bancos internacionales) como la alternativa “moderada” y “sensata” a la locura anterior. Es la misma táctica que utilizó la CIA con Operación Gladio en Italia: luchas entre la ultraderecha y la ultraizquierda, para que el pueblo se entregase asustado a las manos de la democracia liberal, percibida como “cuerda”.

 

Estrecho de Gibraltar. Se trata del punto más crítico de toda la geografía española, y uno de los puntos más críticos de la geografía mundial. Gibraltar —una bisagra que separa la esfera atlántica de España de la esfera mediterránea, partiendo su vocación marina en dos e impidiendo su unión— forma parte de una larga cadena de “hubs” estratégicos del atlantismo, que incluyen Malta, Chipre, Israel, la Isla Diego García, Singapur y, en buena medida, todavía Suez y Hong Kong. Europa (entendiéndose por tal los intereses de los pueblos europeos, no de las élites internacionalistas) necesita un Estado fuerte en el estrecho de Gibraltar, cosa que no interesa a los gerifaltes de Nueva York, Londres y Tel-Aviv, que desean un estrecho poroso y desregulado. En este contexto, España tiene la misión de acerrojar a cal y canto el Mediterráneo y el litoral atlántico para blindarlo contra la penetración atlantista, así como proteger Europa de la influencia africana. Esto debe complementarse con la toma de Suez por parte de otra potencia, y si es necesario, también del Bósforo y los Dardanelos.

 

 

 

 

España y el poder marítimo. Reza un lema de la Armada: Tu regere imperio fluctus Hispane memento (Recuerda, España, que tú registe el imperio de los mares). La Península Ibérica es una pseudo-isla, ya que el istmo que nos une al continente está parcialmente cortado por la cadena montañosa de los Pirineos. Por tanto, bajo el punto de vista geopolítico, España es, o debería ser, una potencia marítima (talasocracia), con una vocación atlántica que tiende hacia Iberoamérica (época de los conquistadores) y una vocación mediterránea que tiende hacia el Magreb, Italia, Grecia y Turquía (época de los almogávares, Lepanto, Orán y las guerras africanistas).

 

El 90% del tráfico mundial de mercancías es marítimo, ya que este medio permite transportar más volumen de mercancías a menor coste. Sólo por esto, los países que tienen salida al mar y puertos estratégicos, tienen gran ventaja. España tiene una gran cantidad de costa (más que Francia) y, si formase un espacio común con Portugal, tendría casi tanta costa como India. Tenemos también muchos puertos privilegiados (Portugal también: Porto, Lisboa, Faro), y una importante tradición marinera, pesquera y de vanguardismo en tecnología aeronáutica. La industria de los astilleros es uno de los mayores negocios de la globalización, por lo que España necesita impulsar su industria naval, expandir su Armada y firmar contratos con países interesados en expandir las suyas (por ejemplo, Brasil, Rusia, Australia o Japón). Esto crearía muchísimos puestos de trabajo, reforzaría los lazos de España con Iberoamérica y fortalecería la fachada atlántica de Europa y África ante la penetración atlantista.

 

Iberoamérica. Por el simple hecho de estar escrito en español, este artículo puede ser leído desde California hasta Tierra del Fuego, así como en Guinea Ecuatorial o Filipinas. Todas estas zonas están mucho más lejos de España que, por ejemplo, Francia o Italia, pero es mucho más fácil comunicarse con ellas. España es la cabeza de una enorme área de influencia, la hispanohablante, que es nuestra esfera legítima y el puente que une Europa con el continente americano. Lo natural sería que España mantuviese buenas relaciones con todo el mundo hispanoparlante, igual que Reino Unido las mantiene con el mundo angloparlante mediante la Commonwealth. Sin embargo, pasados más de 100 años desde de 1898, la estrategia atlantista sigue balcanizando Iberoamérica y propagando la “leyenda negra” para sembrar la discordia y limitar la influencia española. Incluso la reciente proliferación de sectas evangelistas, relacionadas con Estados Unidos, está promovida como intento de recortar la implantación del catolicismo, asociado a la herencia española.

 

Aun así, las buenas relaciones con Cuba (siempre saboteadas por Washington, y ver aquí) y Argentina han continuado hasta nuestros días. A estas relaciones hay que añadir a Brasil, un país en pleno desarrollo y con una cantidad fabulosa de recursos, que se ha beneficiado mucho de las iniciativas de Repsol y que tiene intención de hacer bilingües a sus élites sociales para afianzar su influencia en toda Iberoamérica. Si se formase algún tipo de espacio común entre España y Portugal, estas relaciones se solidificarían aun más, se proyectarían sobre otros puntos del planeta (Angola, Mozambique, Timor Oriental, etc.) y supondrían un vector privilegiado para la proyección de influencia europea fuera de la esfera eurosiberiana.

 

Fuerzas Armadas. El militarismo, particularmente el de las unidades militares operativas, es el continuador de las tradiciones guerreras de los tiempos antiguos y el depositario de una valiosa herencia idiosincrásica. Utilizando al mundo militar como molde, se podría fácilmente operar una regeneración de toda la sociedad. Sólo es soberano e independiente el pueblo armado que constituye de por sí una gran milicia. La presencia de una ciudadanía armada, como en el caso de Suiza, ejerce una influencia magnética sobre los dirigentes de un país, poniéndoles firmes. En Roma, las legiones, un verdadero ejército ciudadano y popular, tenían tanto poder que podían proclamar un Emperador por aclamación y presionar con su mera presencia al Senado. Todos los soberanos romanos se cuidaban muy bien de asegurarse la lealtad de las legiones (que representaban a la masa del pueblo, o al menos a sus sectores más bravos y resueltos), de no provocar su ira y, en suma, de contar con este importante poder. Puede que por eso Platón llamase “guardianes” a la casta militar en su “República”.

 

La ciudadanía de los varones debería ir indisolublemente unida al servicio militar obligatorio. Desde luego, un país no puede confiar la defensa de su territorio íntegramente a una tropa de reemplazo; por tanto, lo ideal es mantener un ejército profesional y un ejército de reemplazo donde, una vez licenciados, los soldados pasen a una milicia de reserva con un arma asignada y con pruebas anuales de tiro y condición física (modelo suizo). Deben favorecerse los contactos, los ejercicios conjuntos y los intercambios entre ambos ejércitos, para evitar que se divorcien y que se dé una rivalidad entre los militares “populares” de reemplazo y los militares profesionales “de rancio abolengo”.

 

 

 

EL FRANQUISMO A TRAVÉS DEL RETROVISOR

 

El problema de los acontecimientos históricos es que debe pasar mucho tiempo para que puedan ser estudiados con objetividad y sin injerencias sentimentales o intereses político-económicos de por medio. A Napoleón se le estudia con bastante objetividad; vivió hace doscientos años. Sin embargo, existen muchos acontecimientos más recientes (como la Guerra Civil española o la II Guerra Mundial) sobre los que aun se cierne una manta de censura, desinformación y subjetividad, puesto que estos hechos históricos están todavía hoy envueltos en una red de poderosos intereses y sentimentalismos de carácter irracional y cuasi-religioso.

 

Actualmente, el franquismo es sin duda de los mayores tabúes del 15-M y otros grupúsculos residuales de la extrema izquierda que intentan secuestrar el sentimiento popular de indignación. Pero mirando hacia el siglo pasado con la objetividad de quienes nunca vivieron a Franco y sólo juzgan los hechos, encontramos que el franquismo tuvo tics económicos claramente socialistas (de hecho, mucho más que el actual gobierno del PSOE), además de actuaciones nacionalistas y anti-globalización:

 

No reconocer al Estado de Israel. Abstenerse en 1948 de votar en la ONU sobre la formación de dicho Estado. Esto le costó a España que Israel presionase a los angloamericanos para invadir nuestro país después de la II Guerra Mundial.

 

Saltarse el bloqueo a Cuba. “Quien posee la isla de Cuba tiene la llave del Nuevo Mundo”, decía Felipe II. España fue el único país del mundo que violó el embargo internacional sobre La Habana, mandando víveres a Cuba. Esto nos costó un barco atacado y tres marinos muertos por fuerzas anticastristas sostenidas por la CIA. En 1975, Fidel Castro decretó tres días de luto cuando murió Franco (cosa que no hizo cuando murió Mao Zedong), y en 1992, visitó al político ex-franquista Manuel Fraga en su pazo gallego. Fidel Castro incluso ha declarado que “Franco se portó espléndidamente con Cuba. La posición de Franco fue intachable”. Los perroflautas que llevan camisetas del Ché tampoco saben que Ernesto Guevara visitó Madrid durante el franquismo. Estos curiosos lazos con la Cuba socialista, que evidencian que la geopolítica a menudo supera a las ideologías, nunca son recordados por la actual “izquierda” española. Mucho después de la derrota de 1898 a manos de Estados Unidos, España puede ejercer un contrapeso al poder norteamericano en Iberoamérica, y si no lo hace, se debe a la pérdida de nuestra soberanía nacional. La “leyenda negra”, propagada por la anglosfera, es un intento de recortar los tentáculos geopolíticos españoles en Ultramar, para dejarle manos libres a Washington en su aplicación de la Doctrina Monroe: “América para los (norte)americanos”.

 

Apoyo a los países árabes enfrentados con Israel. La España franquista mantuvo cordiales relaciones diplomáticas con Estados árabes asociados con la URSS ―como Egipto, Siria, Líbano, Iraq, Libia y Jordania―, llegando a suministrar armas a algunos de estos regímenes. En los años 50-60, Hispano-Aviación vendió reactores de combate (Saeta) y cazas supersónicos (HA-300) al Gobierno egipcio, y todavía en pleno 1983, la española ENASA le vendió a El Cairo infinidad de camiones militares, autobuses y blindados (BMR) [5]. También es un hecho muy poco conocido que, en 1974, Franco condecoró con la Gran Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica al mismísimo Saddam Hussein. Las buenas relaciones entre el franquismo y los diversos socialismos árabes llegaron a preocupar seriamente al Secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, que buscaba sostener la “atlanticidad” del Mediterráneo a través de Gibraltar, Marruecos, Malta, Chipre, Turquía e Israel.

 

 

Franco (izquierda) y el egipcio Gamal Abdel Nasser (derecha) en Madrid, el 23 de Septiembre de 1960. Nasser quería construir un eje pan-arabista, uniendo a los árabes de Noráfrica con los árabes de Próximo Oriente, utilizando el canal de Suez para cerrar a cal y canto el Mediterráneo (se hubiera tenido que completar con la toma de Gibraltar) y convirtiéndolo en un nuevo Mare Nostrum resguardado de las potencias atlantistas. Por su situación geográfica, Israel interrumpía este proyecto partiéndolo en dos. No cabe duda de que si la política exterior del franquismo se hubiese prolongado en el tiempo, España se habría acabado acercando al heredero actual del pan-arabismo nasserista: Gadafi. Franco había pasado buena parte de su vida en Marruecos y conocía bien el mundo árabe. Todo esto está muy en contradicción con la versión oficial que nos han contado del franquismo, por lo que se impone la necesidad futura de replantear el franquismo a la luz de una historiografía objetiva y libre de sentimentalismos guerracivilistas o sectarismos políticos subvencionados.

 

 

Franco con Saddam Hussein, Madrid, 1974. Saddam Hussein había mandado a España cuatro petroleros durante el embargo de la OPEP de 1973, y más adelante se comportaría de forma benévola para con la minoría cristiano-caldea.

 

Negarle a Estados Unidos el uso de sus bases militares en España durante el conflicto israelí con los árabes (Guerra del Yom Kippur) en 1973. Esta guerra causó un embargo petrolero, una grave crisis financiera y escasez de combustible en los mercados occidentales, suponiendo el fin de la era del petróleo barato.

 

Negarse a participar en la Guerra de Vietnam. El Presidente estadounidense le pidió a Franco en 1965 asistencia contra el gobierno de Vietnam del Norte. Franco le respondió con un somero análisis de la situación, explicando que los ejércitos convencionales no serían útiles en las junglas de Vietnam, y vaticinando que el Ejército estadounidense sería derrotado en una guerra de guerrilas si se metía en un conflicto bélico en ese país.

 

Creación de la JEN (Junta de Energía Nuclear, actual CIEMAT), para lograr un Estado soberano en lo energético, siguiendo el ejemplo de la Francia de De Gaulle. Además, Franco jamás firmó el Tratado de No Proliferación nuclear. Esto, la crisis árabe, las buenas relaciones con Cuba y las pretensiones con la bomba atómica, le costaron la vida a Carrero Blanco. Su asesinato se realizó por medio de Henry Kissinger, la CIA, ETA, la embajada estadounidense y una base militar norteamericana. La agencia soviética TASS, que no puede ser acusada de franquista, informó que “la CIA ha asesinado a un político franquista de tendencia nacionalista que se niega a entrar en la OTAN y a cumplir ciegamente las órdenes de Washington”. Por aquel entonces, los estadounidenses sabían que España estaba a 10 años de conseguir “la bomba”, pero que con ayuda de Francia (otra potencia que no había firmado el Tratado de No-Proliferación), podía tenerla en dos años. España (después de Francia, el segundo país de Europa con mejor acceso a materias primas necesarias para fabricar la bomba atómica) planeaba detonar una bomba en el Sahara Occidental, como prueba y como advertencia, tanto a Marruecos como al eje atlantista. La última oportunidad de España de ser potencia nuclear se perdió el 23 de Febrero de 1981, con la intentona del golpe de Estado y la firma de un acuerdo con la Organización Internacional de Energía Atómica. Felipe González firmaría el Tratado de No-Proliferación en 1987.

 

Denunciar a la masonería y al sionismo como causantes de buena parte de la discordia en el mundo.

 

Mantener el Sahara Occidental lejos de la zarpa de las potencias atlantistas. Esto duró hasta que Hassan II, con ayuda de la CIA, lanzó la Marcha Verde, mientras Franco yacía moribundo en un hospital. El mundo guarda completo silencio hasta hoy ante los atropellos de los tan cacareados “derechos humanos”  en el caso del pueblo saharaui. La soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental no está reconocida por ningún Estado, pero sigue vigente de facto y forma parte de los inquietantes conflictos no-resueltos que salpican la geografía del mundo.

 

Apoyar a los bereberes rifeños durante la revuelta del Rif en 1958, en la que la población local, inspirada por Franco y el líder egipcio Nasser, se alzó contra las tropas marroquíes. La revuelta fue sofocada con ayuda francesa y napalm, fósforo blanco, bombas de fragmentación, limpiezas étnicas y torturas. Finalizó con ocho mil muertos y décadas de salvajes represalias por parte de la monarquía alahuita.

 

Identificación del Estado con una ideología (el nacional-catolicismo, con influencias falangistas y nacional-sindicalistas) que, con todos sus defectos y miopías, al menos proporcionaba un mínimo de cohesión social.

 

Autarquía. Crear infraestructuras agrarias, ganaderas e industriales, con vistas a convertir a España en un país autárquico no-dependiente de la red global. Aunque la “etapa autárquica” finalizó teóricamente en 1956, España siguió manteniendo una autarquía muy superior a la que tiene ahora.

 

Nacionalización de grandes empresas y recursos estratégicos. Petróleo, telefonía, electricidad, telecomunicaciones y otras empresas de sectores estratégicos, en manos nacionales (Repsol, Renfe, Telefónica, Unión Fenosa, Endesa, Iberia, TVE, RNE, Banco Central de España, etc.). Plan de estabilización de 1959, con la creación de compañías industriales como PEGASO y SEAT (gracias a esto, Japón fue el único país del mundo que superó a España en crecimiento económico de 1959 a 1974, y España llegaría a ser la novena potencia económica del mundo). Durante el Felipismo, se comenzó a privatizar estas empresas, luego con el Aznarato el proceso se aceleró, y ahora con el hundimiento económico de España, cabe esperar que las privatizaciones se generalicen (como la venta de las loterías del Estado a la familia Rothschild en 2010). Esto equivale a una privatización de las ganancias y una socialización de las pérdidas, ya que estas empresas reparten sus beneficios a los accionistas y sus pérdidas al resto de la sociedad.

 

Ayudas públicas: seguridad social, pagas extra, trienios, vacaciones pagadas, Instituto Nacional de la Vivienda, Ministerio de Vivienda, indemnizaciones por despido, contratos fijos, etc. Las políticas sociales y laborales del franquismo, su doctrina de “pan y trabajo”, crearon a la clase media española, la misma que está siendo ahora liquidada por la crisis. Actualmente se usa al erario público para financiar a la banca privada, pagar deudas internacionales y mantener a criminales, banqueros, inmigrantes, políticos, gitanos, megaempresarios y otros parásitos sociales.

 

Apoyo a la familia. Incentivos a la natalidad, préstamos por nupcialidad, premios a familias numerosas, propaganda a favor de los hijos y de los valores familiares. Con ello, se cimentaban los lazos del individuo con sus propios semejantes y se construía un bastión cerrado ante el avance de los valores individualistas y egoístas del capitalismo neoliberal.

 

Servicio Militar Obligatorio. Institución donde se mezclaban personas de todos los orígenes, condiciones y extracción social, y donde más de un pijo tuvo que agachar la cabeza ante algún sargento hijo de labradores. El SMO mantenía un lazo entre el pueblo español y las Fuerzas Armadas, lo cual garantizaba que las FAS nunca se volviesen en contra del pueblo. Éste es el motivo por el que el comunista español Julio Anguita fue de los pocos hombres que se opusieron a la profesionalización del Ejército.

 

El problema de la oligarquía española. Es cierto que durante el franquismo prosperó la actual oligarquía económica, pero esta oligarquía —que siempre se ha adaptado a los tiempos para seguir beneficiándose— ya existía antes del franquismo, sigue existiendo ahora y seguirá existiendo después indefinidamente, a menos que se opere una revolución total del sistema económico y de nuestra escala de valores. Las castas económicas son muy endogámicas y tienden a ponerse siempre del lado del ganador, intentando seducirlo, como hizo siempre la Iglesia a lo largo de la historia. Esta táctica pelotillera y diplomática es lo único que les garantiza a este tipo de instituciones (Mercado, Templo) el sobrevivir a las guerras y a los cambios de régimen (Palacio). Por poner un ejemplo, el grupo PRISA de Polanco fue pro-franquista durante el franquismo, anti-franquista ahora, y en el futuro será lo que desee el régimen de turno, con tal de que a cambio pueda mantener su negocio en marcha.

 

 

 

QUÉ CAMINO PARA ESPAÑA

 

No hay manera de evitar el colapso final de un boom traído por la expansión del crédito. La alternativa es sólo si la crisis debería llegar pronto como resultado del abandono voluntario de más expansiones del crédito, o tarde como catástrofe final y total del sistema monetario involucrado.

(Ludwig von mises, “Human action, a treatise of Economics”, 1949).

 

El camino a seguir “debería” ser el de Islandia: dejar que los bancos quiebren, decirles a los banqueros y entidades extranjeras que mala suerte, y en cambio garantizarles a los ciudadanos pagadores de impuestos sus ahorros. Los desmadres e imprudencias de la especulación, que los paguen los parásitos que los han producido, y que nadie mueva un dedo para que su codicia pueda perpetuarse ad aeternum. El problema es que si España o cualquier país de la UE con una economía mucho más grande que la islandesa, llevase al cabo esta maniobra, se produciría ipso facto una enorme presión diplomática y económica (y no olvidemos que en un mundo globalizado, los resortes de la presión económica son muy fáciles de accionar), que podría hasta desembocar en intervención militar.

 

“El sistema” no tiene rostro y no se identifica con un individuo determinado ni con un grupo de individuos, sino que es una maquinaria, una escala de valores, un concepto abstracto, que gira con su propia inercia y que nos domina a todos de un modo u otro. Se debe dejar que este viejo orden, corrupto y abyecto, se derrumbe. El actual orden social y económico es una máquina criminal, falsa, usurera, esclavizadora y asesina que está destruyendo el mundo y a la humanidad, y que debe ser aniquilada y triturada sin contemplaciones. Occidente necesita una revolución total que barra de un plumazo absolutamente todas las falsedades y todos los vicios que nuestra cultura ha ido acumulando desde la caída del Imperio Romano. Se necesita que el movimiento de los indignados sea sustituido por el movimiento de los cabreados, y éste por el de los desesperados; un estallido social que barra las estúpidas diferencias guerracivilistas de derecha/izquierda y se centre en el verdadero guerracivilismo vigente: el de los parásitos contra los parasitados, el de “los mercados” contra los pueblos.

 

 

Los verdaderos gobernantes de España. Emilio Botín (Banco Santander), Francisco González (Banco Bilbao Vizcaya Argentaria) y Miguel Ángel Fernández (Banco de España).

 

El problema de desear una quiebra total, una Nigredo masiva que “resetee” el inconsciente colectivo de Occidente, es preguntarse qué vendrá después, si un gobierno mundial presidido por exactamente la misma casta miserable que ha provocado esta debacle y que la tenía prevista, o un sistema multipolar que represente los intereses de los pueblos a los que la crisis ha cogido desprevenidos. Está muy claro que Occidente necesita sistemas de poder de carácter socialista, que le devuelvan al Palacio su papel y que metan en cintura a los mercaderes y a la promiscuidad del dinero de este capitalismo orgiástico. La conquista del Estado es imprescindible para cualquier pueblo que quiera ser el amo de su propio destino, ya que el Estado es el medio perfecto para proyectar el poder y la voluntad sobre un territorio y sobre la masa humana que lo habita. El problema de permitir que el Estado acumule tanto poder es vigilar a quiénes se les permite llegar al Gobierno, es decir, a dirigir el Estado. Para esto deben formarse órdenes sociales a medio camino entre el monje y el soldado, y para ello sería necesario, a su vez, dar forma a un nuevo sistema ideológico, una nueva escala de valores, una nueva fe. Eso sólo puede nacer de la acción y del conflicto.

 

De momento, se está forjando la historia ante nuestras narices. Está teniendo lugar una nueva transición, y será dolorosa. Aferrarse al viejo orden es inútil: un nuevo orden económico, geopolítico, social y étnico está a las puertas y se lo podrá retrasar u obstaculizar, pero no detener. Esta nueva transición, que vendrá plagada de tumultos a todos los niveles, puede suponer una breve “ventana de oportunidad” para que los pueblos europeos se liberen de la tiranía plutocrática. El desastre, tocar fondo, será una gran oportunidad de cambio, purificación y regeneración. La Pax Capitalistae agoniza. “Ave” al César que vendrá.

 

 

 

 

 

NOTAS

 

[1] Familia Schiff (Jacob H. y Mortimer L.), hermanos Warburg (Max, Felix y Paul), Armand Hammer, Kuhn Loeb & Co., Otto H. Kahn, JP Morgan Chase, Max Breitung, Jerome H. Hanauer, Lazard Frères (París), Gunzbourg (París, San Petersburgo, Tokio), Speyer & Co. (Frankfurt, Londres, Nueva York), etc. Olaf Aschberg, del Nya Banken (Estocolmo) tuvo un importante papel de intermediario, y la familia Aschberg controlaría la banca de Estado de la URSS desde 1917. La familia Rothschild, amiga de Marx, financió sus escritos y los de Engels. La Standard Oil de John D. Rockefeller, Sr., cimentó un pacto petrolero con Stalin en 1926.

 

[2] Ver aquí, minuto 5:18.

 

[3] http://antimperialista.blogia.com/2011/060801-el-15-m-como-punta-de-lanza-de-nuevas-reformas-neoliberales.-coincidencias-entre.php

 

[4] http://antimperialista.blogia.com/2011/061401-martin-varsavsky-la-conexion-15-m-con-la-fundacion-rockefeller..php

 

[5] Ver aquí.

 

[X] Más sobre los motores del 15-M aquí.

Crisis española y los tabúes del 15-M (II)

Crisis española y los tabúes del 15-M (II)

EUROPA SOBERANA

http://europa-soberana.blogia.com/2011/091701-crisis-espanola-y-los-tabues-del-15-m-ii-.php

El mundo está gobernado por personajes muy distintos a lo que se imaginan quienes no ven tras bastidores.

 (Benjamin Disraelí, Primer Ministro británico, 1868 y 1874-1880).

 

Algunos de los hombres más grandes de los Estados Unidos, en los campos del comercio y de la industria, tienen miedo de algo. Saben que en algún lugar hay un poder tan organizado, tan sutil, tan observador, tan interconectado, tan completo, tan penetrante, que es mejor para ellos no alzar su voz por encima de su aliento cuando hablan en condenación de él.

 (Woodrow Wilson, Presidente estadounidense).

 

 

En la primera parte de este artículo se ha dejado caer cómo la crisis es uno de los síntomas de la guerra que “los mercados” le están haciendo al Estado. Se está produciendo una transferencia masiva de riqueza, que tiene por objetivo concentrar cada vez más dinero en cada vez menos manos… y para que unos pocos sean extremadamente ricos, unos muchos deben ser extremadamente pobres. Varias son las instituciones que van a ir degradándose cada vez más. La primera es la clase media, y la segunda el Estado. Ambas van a perder terreno a favor de “los mercados”, es decir, los peces gordos del gran capital, la internacional del dinero.

 

La humanidad está inmersa en una guerra entre las fuerzas de la voluntad, centradas en el cerebro, y las fuerzas del deseo, centradas en el bajo vientre. En este contexto, el Estado, la Res Publica, es la herramienta de la voluntad; un organismo vertical y ramificado como un árbol. El Mercado (multinacionales, bancos, etc.), es la herramienta de los deseos, los apetitos y las necesidades bajas; un organismo horizontal y movedizo como el mar. Estas últimas fuerzas son las que actualmente están gobernando a la civilización humana.

 

A menudo se oye hablar de la “mano invisible de los mercados”, pero ¿quiénes son “los mercados”? ¿Quién los elige? ¿Qué méritos tienen “los mercados” para copar tanto poder? ¿Qué constitución, qué código de leyes o qué disciplina rige a “los mercados”? ¿Quién nos garantiza que “los mercados” no carecen de todo escrúpulo a la hora de perseguir sus propios fines egoístas y que no les importe un rábano el destino del pueblo trabajador?

 

Actualmente, los políticos, que están financiados por el gran capital, dejan la política en manos de “los mercados” ―cárteles bancarios, megaempresas, fondos de inversión―, mientras ellos están apoltronados en sus despachos y el pueblo sufre acoso por todas partes, pero no siempre fue así. Para comprender las raíces del problema, es necesario retroceder en el tiempo y examinar otras formas de organización del poder.

 

 

 

PALACIO, TEMPLO Y MERCADO

 

Ustedes, señores políticos, tienen que acostumbrarse

a obedecer los dictados de los mercados.

 (Hans Tietmeyer, Presidente del Bundesbank, década de los 90).

 

En las primeras civilizaciones de Próximo Oriente, tres eran los principales centros alrededor de los cuales giraba la vida de una ciudad-estado.

 

El Palacio era el asiento de los reyes, sucesores de los jefes tribales y machos alfa de los tiempos primitivos. Estos hombres descendían de individuos, familias y clanes que en tiempos de guerra o penuria, se habían destacado ante su pueblo como héroes y líderes. En ellos, el mismo pueblo reconocía una calidad  humana superior y la capacidad de mando idónea para conducir a los guerreros. El Palacio se ocupaba de la guerra y de la administración del reino: el poder terrenal. A lo largo de la historia europea, la idea atávica del Palacio, comparable a la del corazón en el cuerpo humano, está representada en instituciones como el Estado, la Polis, la Corona, la República, el Imperio y el Ejército.

 

El Templo era el asiento de los sacerdotes, sucesores de los chamanes y virtuosos de los tiempos primitivos. A estos hombres se les presuponía una conexión con lo sobrenatural, que les facultaba para mantener el vínculo que unía a los vivos con los antepasados, a los mortales con los inmortales, y a lo profano con las fuerzas misteriosas del mundo ―aquello considerado sagrado y digno de devoción y respeto. Los sacerdotes se dedicaban a oficiar rituales ancestrales, ceremonias iniciáticas y sacrificios que supuestamente aseguraban el orden correcto, que ponían al individuo en contacto con la realidad transcendente y que todas las sociedades del mundo han realizado a su manera hasta el advenimiento de la globalización. También practicaban y enseñaban técnicas de alquimia interior que perfeccionaban el espíritu. Por lo general, se consideraba que el Templo era demasiado puro para dejarse ensuciar por los aspectos “impíos” del poder terrenal, por lo que los sacerdotes se aislaban de lo mundano y se contentaban con ejercer cierta influencia sobre los líderes políticos. Sin embargo, en muchos lugares, los sacerdotes superaron a los reyes en poder. A lo largo de la historia europea, la sombra del Templo, comparable al cerebro del cuerpo humano, reaparece una y otra vez en la Iglesia, las órdenes religiosas y las logias esotéricas.

 

A diferencia del Palacio y del Templo, el Mercado no seguía una estructura jerárquica ni se consideraba supeditado a principio superior alguno, abominaba del orden y de la disciplina, no tenía una tradición de sangre, permitía el ascenso meteórico de individuos de toda condición moral y social, y mezclaba a mercaderes de todas las nacionalidades, por lo cual se convertía en una especie de red de Inteligencia. El Mercado no se identificaba con el cuerpo (como el Palacio) ni con el espíritu (como el Templo), sino con los objetos del deseo físico. A través de las rutas geográficas naturales, el Mercado movía oro, esclavos, prostitutas, piedras preciosas, drogas, minerales, madera, semillas de cereales y animales. A pesar de que la economía del mercado no era productiva ―sino comercial y especulativa―, servía para apropiarse de la productividad de otros pueblos. El Mercado, comparable al sistema digestivo del cuerpo humano, exigía expediciones, exploraciones y lazos con tierras lejanas, especialmente a través de las rutas marítimas. El mar, horizontal y movedizo, era el medio de desarrollo idóneo para el Mercado. Al ser una institución vinculada con la materia inerte, era lógico que, en el sutil mundo de las ideas, cualquier rebelión de la materia y del bajo vientre emplease al Mercado como organismo de subversión.

 

 

El mayor ejemplo del poder del Palacio en España: San Lorenzo del Escorial. Dice mucho de una sociedad cuáles son sus edificios más grandes y fastuosos. En el caso del Antiguo Régimen, fueron esencialmente los castillos (Palacio) y las catedrales (Templo). En la actualidad, son los rascacielos de las megacorporaciones multinacionales (Mercado).

 

Existieron históricamente sociedades muy dominadas por el Palacio (asirios, espartanos, romanos), por el Templo (judíos, babilonios, etruscos o persas e hindúes durante algunas de sus etapas) o por el Mercado (fenicios, atenienses y cartagineses). Sucede que cuando una civilización dura demasiado tiempo sin renovar las raíces primitivas de su vigor, las instituciones se corrompen, dejan de cumplir su función originaria, pierden la armonía y se rebelan, volviéndose en contra del pueblo que las creó. El Palacio se convierte en una entidad opresiva, totalitaria y tiránica, el Templo en un pozo de dogmatismo, manipulación, hipocresía y superstición, y el Mercado en una red mundial de rutas, traficantes, espías y comerciantes que exprimen la riqueza de los pueblos, acumulándola en bancos y utilizándola de forma especulativa para avanzar sus propios intereses.

 

Durante el Antiguo Régimen, el afán común organizó de una forma bastante perdurable el Palacio (la Corona, el Estado), el Templo (la Iglesia) y el Mercado (los gremios, incluyendo la masonería). Existía en el Antiguo Régimen la idea del “buen rey”, noción de origen mesopotámico según la cual el rey es un pastor que vela por el bienestar y la prosperidad de su pueblo, tiende sobre él su escudo para defenderlo de los enemigos extranjeros, escucha las preocupaciones de los gremios y pone firmes a los oligarcas, obispos, señores feudales, comerciantes, caciques, especuladores de cosechas y de tierras, y otras personas codiciosas que pretendían aprovecharse del pueblo indefenso ―mediante el endeudamiento, manipulando el precio del pan o sus creencias y sus miedos, con el fin último de esclavizarlos. Obviamente, no todos los reyes lo eran “por la gracia de Dios”; existieron tiranos, megalómanos y maníacos, pero la idea de que un rey tenía la obligación de cuidar de su pueblo estaba tan enraizada en el imaginario colectivo europeo, que nacieron instituciones a caballo entre el Palacio y el Templo, como el Eforado espartano, la Santa Vehme o la Orden del Temple, que les recordaban a los monarcas “usted será rey mientras sea justo”.

 

De vez en cuando, el Estado (representado por el Sacro Imperio Romano-Germánico y el Imperio Español) le hizo la guerra al Templo (representado por el Vaticano). Esto duró hasta que el desarrollo del Mercado durante el Renacimiento facilitó el ascenso del poder financiero (comienza el crédito), el protestantismo, el desmembramiento del Sacro Imperio y la toma de poder de la burguesía urbana. El Mercado (repúblicas marítimas italianas, Imperio Otomano, Holanda, Inglaterra y la masonería) irrumpía en escena como potencia capaz de tratar de tú a tú a las otras dos. En 1460, se creó la primera bolsa de valores: la de Amberes, en Flandes. La segunda se creó en Ámsterdam, Holanda, en 1602. El Imperio Español llevó al cabo largas y cruentas guerras contra el poder del Mercado en esta época. El Mercado forjó un nuevo sistema social de vida, el sistema protestante, anglosajón, liberal y burgués, que sentará las bases de la idiosincrasia del “yanqui”: cultura del materialismo capitalista, del trabajo frenético, del beneficio y del “rico por la gracia de Dios”. La Ilustración y las revoluciones liberales a lo largo del Siglo XIX, junto con la emigración masiva del campo a la ciudad, provocada por los nuevos sistemas de reparto de tierras, fueron fundamentales para impulsar la revolución industrial e implantar el nuevo sistema de vida en las sociedades católicas, donde el Mercado tenía mucho menos poder que en las protestantes. Poco a poco, el sistema feudal, que había aprisionado las ansias expansivas de la burguesía en un corsé de rígidos convencionalismos, fue desmantelado.

 

Pocos fueron los intentos del Palacio para desembarazarse del poder de un Mercado omnímodo y hambriento. Napoleón, Abraham Lincoln, Hitler, Japón, Kennedy y los países del bloque comunista intentaron, cada cual a su manera, fortalecer al Estado a costa de “los mercados”. Debido a que los mercaderes corrompieron y mataron a los verdaderos estadistas (a los reyes y Césares del pasado, a esos soberanos que marchaban a la guerra al frente de sus ejércitos, que compartían las penurias del soldado raso, que combatían al enemigo con la espada en la mano, que se preocupaban de verdad por el destino de su pueblo y que dedicaban sus vidas a la gestión del Estado), desde 1945, no hay política en el mundo, sólo economía, diplomacia y palabras entre bastidores, de espaldas a los pueblos. El Estado ya no existe sino como sucursal del Mercado y mera provincia de una red global interdependiente, controlada con puño de hierro por señores que no salen por la TV. “Los mercados” se han convertido en el ídolo pagano, el becerro de oro, la superstición de nuestro tiempo: se rinde culto al “libre mercado” (un desastre a medio camino entre el burdel y el casino) y se habla de “apaciguar a los mercados” como si se estuviese ofreciendo un sacrificio a los dioses. Los políticos ―que en teoría deberían servir al pueblo y protegerlo― y los medios de comunicación (que en teoría deberían difundir la verdad sobre lo que está pasando) en la práctica están comprados por los mercaderes, comen en su pesebre, sólo buscan el beneficio personal y utilizan los aparatos estatales para desangrar al pueblo trabajador. Las clases dirigentes de Occidente ya no buscan el bienestar ni la riqueza de sus países o sus pueblos, sino su propio beneficio, aunque tengan que buscarlo fuera de Occidente. Por eso los Estados (o lo que queda de ellos) son un obstáculo, que les impide hacer migrar sus capitales entre paraísos esclavistas, paraísos fiscales y bancos, sin pagar jamás su debido tributo a las arcas públicas.

 

 

La contradicción entre el Estado y el Mercado queda meridianamente clara en este gráfico, que contrapone el riesgo de la banca con los CDS (derivados financieros que protegen de un impago por parte del Estado) de las deudas soberanas, tanto antes como después de la quiebra del cártel financiero estadounidense Lehman Brothers. La crisis es una crisis de los Estados, las sociedades y los pueblos, pero no de los bancos y grandes empresas, que están multiplicando sus rentas cada vez más.

 

El beneficio del Mercado, que se identifica con los objetos y el dinero, está en contradicción con la riqueza del Estado, que se identifica con el pueblo que lo sustenta. Por poner un ejemplo, hay infinidad de productos claramente perjudiciales para la salud (refrescos, tabaco, comida rápida, gominolas), que se venden sin ningún tipo de traba, por el único hecho de que aportan beneficios a un selecto grupo de parásitos que se enriquecen haciéndole mal al pueblo. La misma bolsa de valores, institución que podría abolirse hoy mismo sin perjuicio alguno para el pueblo trabajador, cuando va bien, enriquece sólo a los mercaderes, y cuando va mal, empobrece sólo al pueblo. Como hemos visto en el gráfico de más arriba, lo que para el pueblo es una grave crisis, para la banca es una oportunidad de oro: comprar barato en tiempos de vacas flacas, vender caro en tiempo de vacas gordas. Es así, en plena crisis, como el banquero Emilio Botín (testaferro del banco neoyorquino JPMorgan Chase) se convirtió en el hombre más influyente de España.

 

En estos planes de acumulación de riqueza por parte de “los mercados”, los Estados-nación son vistos como obstáculos para la consecución de un gobierno mundial, el control total de los recursos naturales y medios de producción del planeta en manos de una reducida oligarquía, y el establecimiento definitivo del “dinero sin fronteras”. Estos señores tienen ahora la intención de adueñarse de los únicos grandes capitales y medios de producción que no están en manos del Mercado: los fondos sociales soberanos ―pagados con los recursos naturales de un país y el sudor de su pueblo―, las infraestructuras públicas y la cuenta corriente y patrimonio del trabajador agobiado. La crisis les da a estos señores la oportunidad de adueñarse de estos bienes a precio-ganga.

 

 

Contra el Mercado y los mercaderes, el Estado y los estadistas

 

El artículo 1.2 de la Constitución española reza que “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Democracia significa “el poder del pueblo”. Por tanto, la única democracia es aquella en la que manda el Estado (es decir, los trabajadores que pagan impuestos), no los bancos, y el único Gobierno válido es aquel en el que los gobernantes realmente representan lo mejor del pueblo y han sido elegidos por el mismo, no mediante el afeminado e iluso gesto de depositar un papel en una urna cada cuatro años para votar a un candidato que ha pasado los filtros de “los mercados”, sino por participación directa y cotidiana, y por aclamación popular en tiempos turbulentos. La expresión “Estado de derecho”, usada actualmente de forma totalmente ignorante, significa en realidad “Estado que se constituye como resultado de un conflicto armado”.

 

La única vía para vencer a la influencia pulpoide y totalitaria del Mercado es la reconquista del Estado por parte del pueblo, el fortalecimiento de los aparatos estatales, la federación de varios Estados en bloques geopolíticos coherentes, su identificación con una ideología vigorosa que represente y canalice los misterios ancestrales profundos de los pueblos que los forman, y la lucha resuelta y a muerte contra la usurpación de los mercaderes y los parásitos del mundo.

 

Las megaempresas (especialmente en sectores estratégicos como banca, energía, prensa, minería o telecomunicaciones) que se han hecho tan poderosas que están en condiciones de presionar gobiernos y desencadenar guerras, deben ser nacionalizadas, y cuando queda claro que la actividad de una empresa perjudica al pueblo y/o a la tierra (caso de poderosísimas multinacionales que venden chucherías-veneno o “bienes” innecesarios cuya demanda está manipulada por la publicidad agresiva y el consumismo), dicha empresa debe ser expropiada, desmantelada y sus responsables procesados legalmente por alta traición.

 

Por tanto, la liberación de la voluntad de las garras del deseo, de los apetitos y del ciclo vicioso del consumismo mercantil, sólo podrá venir de la mano de la conquista del Estado por parte de una nueva casta de estadistas, líderes populares, especialistas y técnicos, que, por necesidad, deberán forjarse y distinguirse en las turbulencias venideras.

 

 

Puede que Rusia llegue a ser un bastión del Estado ante los atropellos de “los mercados”. En el vídeo, Vladimir Putin mete en cintura a los billonarios rusos, obligando al oligarca Oleg Deripaska, otrora el hombre más rico del país, a firmar un documento comprometiéndose, entre otras cosas, a pagarles los sueldos atrasados a sus obreros. “Y ahora devuélvame el bolígrafo”. En España, el último Presidente que puso firmes a “los mercados”, y que pagó por ello, fue Adolfo Suárez.

 

 

 

CONTRA LA GLOBALIZACIÓN, AUTARQUÍA Y SOBERANÍA

 

La palabra “autarquía” produce una respuesta mental programada en mucha gente: automáticamente se piensa en Corea del Norte o en la primera época del franquismo. Parece que a los que manejan la economía mundial les interesa que la autarquía sea una herejía impensable y se vea rodeada de tabúes. Y es que si algo turba el sueño de un mercader, es que los pueblos del mundo lleguen a ser autosuficientes. ¿Cómo se le va a vender algo a un pueblo que produce él mismo todo lo necesario para vivir con dignidad y al que no le interesan los lujos inútiles o los placeres fáciles? ¿Qué sentido tienen los intermediarios y los usureros cuando lo que se necesita está al alcance de la mano?

 

Decía el economista francés Charles Gide que “civilizar a un pueblo no es otra cosa que hacerle sentir nuevas necesidades”. Los seres humanos de los tiempos primitivos poseían todo lo necesario para vivir; su salud física y sin duda psicológica era muy superior a la del hombre moderno, y tenían muy pocas necesidades materiales fuera de los animales que cazaban para comer y abrigarse, lo cual por un lado reducía sus relaciones con otras sociedades ―favoreciendo la evolución del código genético― y por otro, dejaba a las necesidades inmateriales del espíritu humano manifestarse sin trabas.

 

Hoy, con la ayuda de medios de comunicación totalitarios, se ahogan las necesidades inmateriales del individuo y en cambio se le hacen sentir necesidades materiales tan artificiales e inútiles, que sólo tienen sentido para una civilización centrada en la materia inerte (los objetos, las mercancías) antes que en la materia viva (el hombre). Se arranca al individuo de su interacción con la Tierra, siguiendo la mentalidad de Ayn Rand: “Incluso si la contaminación fuese un riesgo para la vida humana, debemos recordar que la vida en la naturaleza, sin tecnología, es un matadero al por mayor”. Así, haciendo al hombre abominar del orden natural, el sistema económico le da rienda suelta a los instintos humanos bajos y mediocres, y cultiva cuidadosamente la mayor enfermedad del mundo moderno: el ego. Para subsistir, este ego reclama devorar materia insaciablemente hasta que la Tierra se agote. Ello ha provocado la multiplicación desordenada del ser humano y lo ha convertido en una plaga que amenaza al resto del mundo y de los seres vivos, una criatura tan alienada y enfermiza que su “kit de supervivencia” pesa toneladas y toneladas, se encuentra disperso por cinco continentes y produce toneladas de inmundicia y contaminación a diario.

 

Cuando un pueblo se resiste a sentir nuevas necesidades, se niega a aceptar que otros se las vendan a la fuerza, se empeña en producir él mismo todo lo que necesita, echando a las compañías extranjeras, o simplemente pretende disponer él mismo de los recursos de su tierra y los frutos de su trabajo, las potencias capitalistas “abren su mercado” a las compañías multinacionales. Y eso implica abrir de piernas, a golpe de misil Tomahawk, a las naciones insumisas del mundo, como están haciendo con Libia en el momento de escribir este artículo. Ya Marx criticaba esa tendencia del capitalismo a “abrir mercados”, a menudo de formas increíblemente agresivas, como muestran las guerras del opio que provocó el Imperio Británico (concretamente la familia Sassoon) en China, las guerras boer en Sudáfrica (control del oro y los diamantes por parte de la familia Oppenheimer) o la Primera Guerra Mundial (o mejor dicho, Guerra Civil europea), desencadenada para hundir a Alemania, una nación que ―sin apenas colonias― estaba a punto de convertirse en la primera potencia mundial por derecho propio.

 

Mientras los pueblos del mundo permitamos que organismos extraños a nosotros nos dicten qué es lo que necesitamos y nos lo “presten” (a interés), nunca seremos libres y nunca tendremos verdadera soberanía. Por tanto, lo primero es preguntarse qué es lo que realmente necesitamos para sobrevivir en el mundo moderno, y lo segundo, producirlo nosotros en la mayor medida de lo posible. España es de los países de la UE con la balanza comercial más deficitaria: somos de los que más compramos al extranjero (especialmente Alemania y Francia), en vez de producirlo aquí. Esto puede perdonarse cuando las mercancías son automóviles de alta gama, pero no cuando son productos agrarios, armamento y similares, ya que renunciar a su fabricación implica perder puestos de trajo aquí y crearlos en el extranjero.

 

Autarquía viene del griego “autosuficiente”. En términos económicos, significa independizarse del sistema globalista y volver a las raíces de la economía: un pueblo produce todo lo que necesita. Actualmente, ningún Estado puede producir el 100% de sus necesidades, pero sí se puede alcanzar un porcentaje muy alto. Hubo un tiempo en el que daba igual lo que pasase en “los mercados”, ya que uno obtenía de la tierra todo lo que precisaba para vivir. Volver a esta situación no es posible, y menos de repente, pero se puede recuperar en buena medida. Si se pretende autarquizar a los Estados, debe renunciarse a la economía especulativa (bolsa de valores, burbuja inmobiliaria, modas), que se basa en el devenir y en lo efímero, para volcarse en cambio en la producción de riqueza real, perdurable y tangible. Para ello, se debe sembrar todo el territorio nacional de medios de producción, desde campos de cultivo y pastos para la ganadería, hasta infraestructuras industriales, centrales nucleares o hidroeléctricas. Hasta ahora, Europa ha estado renunciando a buena parte de sus medios agropecuarios en favor del Tercer Mundo, y de sus infraestructuras industriales en favor de las “potencias emergentes” (especialmente China e India). A cambio, los europeos nos hemos quedado con un entramado de economía especulativa y comercial que no produce riqueza alguna, sino que gestiona la de otros, generalmente de manera odiosa, y encima los únicos que parecen estar beneficiándose de esto son un grupo reducido de oligarcas, mientras el resto del mundo se empobrece a pasos agigantados.

 

Algunos puntos a tener en cuenta en la búsqueda del mayor nivel de autarquía que sea posible:

 

• Un Estado sin soberanía alimentaria es un Estado sin soberanía alguna. Si un país depende del extranjero para poder comer, nada lo diferencia de los africanos que viven de ayudas humanitarias: una potencia enemiga puede bloquear su espacio marítimo y estrangular al Estado por hambre. Además, la dependencia alimentaria implica también excesiva dependencia del petróleo y de las veleidades menstruales de las grandes empresas, que pueden manipular a su antojo el precio de los productos. España tiene vastas extensiones de campos con buena fertilidad pero nula productividad debido a la despoblación del entorno rural, la falta de proteccionismo hacia los productos nacionales y, en suma, la globalización, que concede ventaja a los mercados agrarios extranjeros (especialmente franceses, marroquíes, turcos e israelíes). Por tanto, se debe incentivar la producción agrícola, ganadera y pesquera, repoblando nuestras zonas rurales de baja densidad de población y convirtiéndolas en regiones agrícolas productivas, y utilizando las Islas Canarias y el Sahara Occidental como base para convertir el Atlántico Norte en una zona pesquera privilegiada. Se debe fomentar la emigración de la ciudad al campo, suprimiendo puestos de trabajo ficticios o poco productivos, repoblando pueblos y poniendo la tierra a producir. Esto también solucionaría el desequilibrio territorial que padece España (población concentrada en las costas y en Madrid, vastas zonas despobladas al interior).

 

Política arancelaria fuertemente proteccionista para con los productos nacionales. Freír a impuestos a las multinacionales. Comprar productos nacionales y, al ser posible, locales. Si algo puede producirse y consumirse dentro de las fronteras españolas, no es necesario importarlo, exportarlo o ponerlo en circulación por el mercado mundial de ningún otro modo. La economía debería ser esencialmente nacional y de circuito cerrado en la mayor medida de lo posible.

 

Economía localista. Debe formarse una red de mercados comarcales, distribuidores, repartidores a domicilio, etc., para hacer circular productos locales y frescos, que no precisen de intermediarios usureros, petróleo, publicidad o aditivos artificiales, y que orienten la dependencia del individuo hacia sus familiares, sus vecinos, sus pueblos o sus barrios, no hacia oligarcas anónimos que se encuentran a miles de kilómetros. Debe implantarse un sistema de cooperativas y productores autónomos, como de hecho se hace en partes de Israel y el País Vasco. Debe también regularizarse esta nueva red y velar por que no degenere en la formación de una economía sumergida, aunque será lógico que una mínima parte se sumerja.

 

Economía de subsistencia a nivel individual y familiar. Debe buscarse la autarquía de cada hogar en lo posible, en alimentación, electricidad y calefacción. Huertos, corrales, dinamos, paneles solares, pozos, etc. Lo ideal (que no necesariamente alcanzable) sería que cada hogar familiar fuese totalmente soberano.

 

• Debe volver a levantarse el tejido industrial de España, re-localizando las empresas que se fueron al extranjero en busca de mano de obra esclava sin importarles la epidemia de paro que estaban causando en el país de origen. También se deberá prohibir la especulación para que las personas con capital inviertan en economía productiva, no en pufos como la burbuja inmobiliaria o la bolsa de valores.

 

• Instaurar algún tipo de educación para la supervivencia. La civilización humana nunca ha sido tan frágil como ahora y es necesario que la población sea capaz de sobrevivir por sus propios medios en caso de crisis energética y/o derrumbe económico. Se debe recoger el conocimiento de los grupúsculos rurales acostumbrados a vivir en condiciones de pre-revolución industrial, y procurar formar a los jóvenes en la caza, la pesca, la recolección y la agricultura. También es necesario impartir a la juventud conocimientos artesanales que les den la cualificación necesaria para hacer cosas realmente útiles con sus propias manos.

 

• Promover la nacionalización de la energía nuclear y finalizar la moratoria de construcción de nuevas centrales.

 

 

Click para agrandar. El rostro de “los mercados” en España.

 

 

 

ENERGÍA NUCLEAR: SOLUCIÓN PROVISIONAL AL PROBLEMA ENERGÉTICO

 

Los tejidos industriales e infraestructuras de transporte de un país necesitan ser regadas de energía del mismo modo que los tejidos celulares de un cuerpo necesitan ser regados de sangre. En el caso de nuestro cuerpo, la energía se obtiene de la respiración y la alimentación, y en el caso de la industria, actualmente la principal fuente de energía son los hidrocarburos (petróleo, gas natural y carbón).

 

Actualmente, se nos está forzando de forma insistente a depender de los hidrocarburos, para encadenarnos a la política de quienes los controlan (en Europa Occidental, compañías privadas e increíblemente poderosas). Todas las supuestas medidas medioambientales, la supuesta preocupación por el peak-oil por parte de los mandamases de la economía, son una farsa. No se ha puesto el más mínimo freno al consumo descontrolado de petróleo, al contrario, traemos manzanas de Chile en lugar de producirlas aquí, los supermercados reparten bolsas a tutiplén, la gente utiliza el coche hasta para ir a comprar el pan, el transporte público es anecdótico y el uso de la bicicleta inexistente.

 

Por otro lado, la globalización se ha encargado de sembrar la nucleofobia entre la opinión pública. Resulta bastante extraño que esta nucleofobia haya arraigado precisamente en los colectivos supuestamente antiglobalización. A veces parece que el anti-nuclearismo es un dogma religioso que no atiende a razón alguna, y que el perroflautismo militante cree que las centrales nucleares arrojan polvo de plutonio a la atmósfera o algo similar. La nucleofobia es en buena parte herencia del movimiento del Mayo del 68, dirigido contra la Francia de De Gaulle. Washington veía cómo Francia se estaba nuclearizando y convirtiendo en un país soberano, “respondón” (se salió de la OTAN en 1966, en 1971 pediría oro en vez de dólares como pago por sus exportaciones) y autárquico energéticamente, y sus servicios de Inteligencia organizaron un movimiento anti-gubernamental ―antepasado directo de las “revoluciones de colores” del espacio ex-soviético y las revueltas de la “primavera árabe”― para sabotear las políticas nacionalistas francesas. [1] Lo que más preocupa a “los mercados” de la energía nuclear, es que autarquiza energéticamente a un país (actualmente, el 80% de la electricidad generada por Francia es de origen nuclear), blinda las soberanías nacionales contra injerencias extranjeras y emancipa a las naciones de su dependencia de los hidrocarburos, sus enormes fluctuaciones de precios, el control de las rutas marítimas y oleoductos, la especulación económica a la que están sujetos y las guerras que causan. Como consecuencia, la energía nuclear generalmente está mucho más controlada por los Estados que por “los mercados”.

 

 

 

 

En el debate a favor de la energía nuclear hay que tener en cuenta una serie de puntos:

 

• De momento, incluso aunque se promoviese la energía nuclear y se adoptase otra fuente de energía para mover nuestro transporte, el petróleo seguiría siendo una materia prima fundamental, ya que con él se fabrican los neumáticos, todo tipo de plásticos, lubricantes, fibras sintéticas, asfalto, fertilizantes, pesticidas, etc.

 

• Por tanto, hay que aceptar que, al menos de momento, el petróleo es necesario ―si bien mucho menos necesario de lo que nos hacen creer― de modo que se tiene que importar petróleo, guste o no. El petróleo controlado por compañías privadas procede de la zona más geopolíticamente inestable de todo el planeta, y los conflictos petroleros han causado un daño atroz a los pueblos del mundo. Se debe recurrir, por tanto, a hidrocarburos estatalizados y/o procedentes de zonas estables, como Rusia, Irán, Libia hasta tiempos recientes y Argelia (quizás por poco tiempo). Existe una bolsa petrolera cerca de las Islas Canarias; se trata de una cantidad modesta, pero podría ser un balón de oxígeno en la economía española si se solucionase el estatus del Sahara Occidental [2].

 

• Los residuos radiactivos son considerados uno de los motivos de peso para no abrazar la energía nuclear. Son altamente peligrosos y su radiactividad puede durar milenios. Sin embargo, por un lado, en la naturaleza existen depósitos radiactivos naturales, y por otro, actualmente hay métodos modernos para almacenar los residuos de forma segura y reciclarlos, reconvertirlos y reincorporarlos al ciclo nuclear más adelante.

 

• El mayor problema para quienes rechazan la energía nuclear, son los accidentes puntuales que se han dado ―por ejemplo, en Chernobil o en Fukushima. Existen claros indicios de que estos accidentes están relacionados con los programas de guerra climatológica y sísmica del Pentágono, pero incluso aceptando que se dieron de forma “natural” (y teniendo presente que ninguna zona de Europa está situada sobre la falla sísmica más activa del Pacífico), tendríamos que contraponer a las víctimas los daños que han causado otras fuentes de energía: duras guerras con millones de muertos y costes militares desorbitados, especulación con el precio del combustible, contaminación atmosférica con gases tóxicos (las centrales nucleares sólo expulsan vapor de agua), lluvia ácida, posiblemente efecto invernadero, problemas respiratorios, cáncer de pulmón y otras enfermedades, vertidos de crudo en el mar (con la destrucción de ecosistemas que ello implica), mineros muertos en accidentes, atentados terroristas sospechosos contra gasoductos y oleoductos, mano de obra que podría ser empleada en otros sectores y, en el caso de algunas energías renovables, nula rentabilidad, deterioro paisajístico o hasta aves destrozadas por las hélices de un molino de viento.

 

 

Número de muertes causadas por cada Teravatio-hora de diversas fuentes de energía (nuclear, hidroeléctrica, gas natural, biomasa, turba, petróleo y carbón). Probablemente, si se contabilizasen los muertos en guerras por el petróleo y el gas natural, dichas fuentes de energía tendrían unas tasas de muertos mucho mayor. En comparación, la energía nuclear viene a ser algo así como viajar en avión: es mucho más seguro y más rápido que viajar en coche, pero aun así existen personas que le tienen un miedo irracional.

 

 

Situación de las centrales nucleares en España. Click para agrandar.

 

España también tiene grandes yacimientos de uranio, pero nuestra soberanía nacional es tan inexistente que es Berkeley Resources Ltd. (una corporación minera australiana) la que explota y se beneficia de las minas. Otra fuente de uranio que España debería estar explotando es el Sahara Occidental.

 

 

Mapa de la empresa australiana Berkeley Resources Ltd. de los yacimientos de uranio en España.

 

 

 

SEGURIDAD CIUDADANA Y CÓDIGO PENAL

 

El mayor problema de España y del mundo entero, es la delincuencia de corbata, guante blanco y maletín. El ciudadano vive atosigado por parásitos que se alimentan de su trabajo, y aquí entran principalmente banqueros, políticos y burócratas, pero tampoco sirve de nada ignorar la delincuencia de baja estofa que, de un tiempo a esta parte, ha convertido barrios y ciudades enteras en infiernos.

 

Es del todo inútil y hasta patético intentar separar delincuencia e inmigración como si no tuviesen nada que ver. En Oslo, todas las violaciones del 2009 fueron cometidas por musulmanes (un 4% de la población), mientras que en Bilbao, cometen el 55% de los crímenes y están involucrados en el 90% de denuncias por violación (y ver aquí). El 80% de los delitos de las grandes urbes los cometen inmigrantes, y son responsables del 50% de la violencia doméstica, cuando se supone que en España son el 15% de la población (se “supone”, ya que contando a ilegales y nacionalizados, la cifra superaría el 20%). Para colmo, en las estadísticas, los gitanos e inmigrantes nacionalizados computan como “españoles”.

 

La inmigración es, lisa y llanamente, la más importante causa del impresionante aumento de la delincuencia en Europa en los últimos tiempos. Por ende, no se puede plantear una lucha seria contra la delincuencia si no se incluye el problema de la inmigración y las criminales leyes de extranjería que tenemos. En España ya hay suficientes delincuentes autóctonos como para que encima tengamos que importarlos de fuera, así que por lo pronto, el delincuente que no sea de aquí debe ser deportado.

 

El problema no es tanto de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (que a menudo son los primeros que desearían cambiar las cosas), sino de la administración de justicia, la administración penitenciaria y la administración de extranjería. No sirve de nada tener una Policía eficaz y bien adiestrada (que en buena parte no la tenemos), si luego resulta que las leyes no culminan el buen hacer policial con una condena. Hoy en día, con nuestras leyes ridículas, un policía puede buscarse la ruina si le mete un par de guantazos a un delincuente. El día que haya un Gobierno que les deje a las FyCSE cumplir con su maldito trabajo, ese gobierno se ganará la lealtad incondicional de este importante sector social.

 

Por otro lado, se necesitan leyes celosamente proteccionistas para con la fuerza de trabajo productivo de este país, leyes que defiendan resueltamente al ciudadano corriente de los parásitos que, tanto desde arriba como desde abajo, se aprovechan de la tolerancia y la blandura de un sistema decadente, aplastando al trabajador español en un detestable sandwich. Es innegable que, actualmente, el sistema judicial funciona al revés, cebándose ferozmente en el ciudadano contribuyente, y recompensando la delincuencia. La Justicia, que consiste en darle a cada cual lo que se merece, es, en la práctica, inexistente. Se necesitan, por tanto:

 

Cambios radicales en el código penal. Las FyCSE deben ser libres para detener delincuentes sabiendo que al día siguiente no van a salir libres del calabozo quedándose con su cara. De lo contrario, viene el hastío, las murmuraciones, la dejadez y finalmente la incompetencia, por parte de los funcionarios. Un policía debe sentir que su trabajo sirve para algo y que es útil a la sociedad. Cuando el profesional cree que él no puede marcar la diferencia y que da igual lo que él haga, el terreno está abonado para la desmoralización, la negligencia, la corrupción, el “cada uno a lo suyo” y el “sálvese quien pueda”.

 

Reorganización de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Actualmente tenemos Guardia Civil, Policía Nacional, policías autonómicas, Policía Local y Policía Portuaria, a menudo descoordinadas y con competencias que se solapan. La Policía Nacional (para entornos urbanos) y la Guardia Civil (para entornos rurales) bastarían de sobra para imponer el cumplimiento de las leyes, y le ahorrarían dinero al pagador de impuestos.

 

Cambiar los procesos de selección y el adiestramiento de las FyCSE. La Policía, como brazo importantísimo para imponer la autoridad del Estado en una época de crimen y corrupción, debería estar más preparada para las intervenciones violentas y menos para el papeleo estéril y la burocracia ridícula y odiosa. Otro sinsentido es permitir que la Policía se llene de mujeres por un lado, y canis y ex-delincuentillos por el otro, “agentes” valientes con el débil, cobardes con el fuerte y totalmente ineptos.

 

• Se necesita volver al concepto de justicia popular y otorgar más importancia a los jurados populares, ya que los magistrados en demasiados casos forman parte de la casta endogámica de chalet, y difícilmente pueden ser considerados hijos del pueblo. Los magistrados se encuentran totalmente divorciados de los problemas del ciudadano corriente y de la realidad del mundo, al margen de sus leyes decadentes y buenistas. Por tanto, se necesita que la voz del pueblo trabajador sea escuchada en los tribunales, de forma alta y clara.

 

Juicios más rápidos. Agilización de trámites, supresión de intermediarios burocráticos, papeleo reducido al mínimo.

 

Castigar a los reincidentes. No puede ser que haya personas que han sido detenidas docenas de veces (por ejemplo, carteristas con cientos de denuncias acumuladas) y que jamás hayan pisado la cárcel ni hayan sido expulsadas del país. Cada detención conlleva el consabido papeleo, pagado por el ciudadano trabajador, y el amargamiento cada vez mayor de unas fuerzas de seguridad que ven que su trabajo no sirve de nada, ya que los delincuentes salen en libertad al día siguiente y riéndose en su cara.

 

Retirar cualquier tipo de subsidio a los delincuentes. No necesita mayor explicación. Hay delincuentes conocidos que viven en pisos de protección oficial y cobran todo tipo de subvenciones pagadas por el pueblo vía impuestos. Y como tal vez el dinero que les da el pueblo con sus impuestos no es bastante, el delincuente se dedica también a atracarlo directamente.

 

Cambio radical de la educación de los magistrados. Los funcionarios de “justicia” han pasado los mejores años de su juventud (5 años de carrera + 5 años de oposición) entre papeles, lámparas, aulas y estudios tediosos, pero del mundo real a pie de calle, conocen más bien poco. Salen de sus estudios para entrar en los tribunales, sin haber pasado por la escuela de la calle y de la vida, y aplicando un concepto de la justicia totalmente psicotrópico y alienante. Son, en suma, una casta aislada y endogámica. Por tanto, los magistrados deberían pasarse la carrera estudiando menos leyes y pisando más las comisarías, las cárceles, los reformatorios, los coches-patrulla y los barrios conflictivos. El Estado debería poner un empeño exquisito en asegurar que cualquier persona que llegue a magistrado esté total y absolutamente familiarizada con los problemas reales del pueblo trabajador. Un magistrado deberá responder de un mal ejercicio de su profesión, con un código de leyes más duro que el del ciudadano común.

 

ETA. Los nacionalismos periféricos de España son una creación británica de la época de la revolución industrial e incluso antes. ETA nació mucho después, como parte de la Operación Gladio de la OTAN. Se trató de un intento de las potencias atlantistas para desestabilizar España durante el tardofranquismo y la transición, y arrojar al pueblo español a las manos de las fuerzas políticas “moderadas, sensatas y ordenadas” avaladas por el Fondo Monetario Internacional y otros poderes financieros. Probablemente los únicos estadistas españoles que realmente estaban interesados en acabar con ETA fueron Franco, Carrero Blanco y Adolfo Suárez. Después, se han tenido, y se siguen teniendo, numerosas oportunidades para acabar con “la banda”, reducida a un papel de “terrorismo residual” de conveniencia. Las FyCSE saben perfectamente quiénes son los etarras y podrían detenerlos a todos, pero desde arriba vienen órdenes de no actuar. Hoy, ETA está controlada por las cloacas del Estado (con el ex-vicepresidente, ex-ministro del Interior y candidato a la presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, a la cabeza) y sirve para mantener a todo un chiringuito de burócratas, empresarios y políticos que usan la lucha contra el terrorismo para colgarse medallas y como medio de subsistencia económica y autojustificación existencial.

 

 

 

 

Alta traición. Deben incluirse en el concepto de “alta traición” las corruptelas de altos vuelos, la mala gestión de recursos y fondos públicos, el espionaje, la manipulación informativa y propagandística, la gran especulación, la deslealtad institucional y la manipulación del dinero por parte de banqueros, y castigarse con la pena de muerte. La correcta aplicación de este concepto aterrizaría a buena parte de nuestra clase política y cultural, y a la práctica totalidad de nuestra supra-élite económica, en el patíbulo.

 

Alta responsabilidad. Ser un alto cargo (político, público, empresarial, etc.) debe automáticamente implicar la aceptación de un código penal mucho más duro que el del ciudadano corriente, ya que el más mínimo error por parte de un político, banquero, gran empresario, magistrado, etc., puede computar perfectamente como alta traición. Los servicios de Inteligencia deben someter a los altos cargos a un escrutinio cotidiano exquisito en busca de la más mínima irregularidad. Actualmente, los peores delincuentes que existen, han endeudado ayuntamientos, fondos públicos, cajas de ahorro, etc., hasta límites inverosímiles, sólo para llevar al cabo obras de construcción con las que consiguen por un lado votos y por otro enriquecerse mediante la especulación y el tráfico de influencias. Con ello, han condenado al pueblo al pago de una deuda surrealista, por generaciones enteras. Estos delitos son muchísimo más graves que un asesinato, pero sus perpetradores jamás han sido llamados a responsabilidad para que rindan cuentas.

 

Castigos físicos. Los países que tienen mucha más experiencia que nosotros en la lucha contra la delincuencia dura, saben perfectamente que la cárcel no “reforma” a nadie, sino que, al contrario, junta al recluso con otros de su condición, confirmándole en su camino y dándole la oportunidad de aprender de los “mejores”. Sin embargo, un castigo físico a tiempo (por ejemplo, una paliza o unos azotes) tiende a hacer que el delincuente desista de profundizar en el submundo del crimen. En países como Brasil, de los que tenemos mucho que aprender en materia de lucha contra el crimen, este método se ha demostrado muy efectivo con delincuentes jóvenes. Aplicar un poco de brutalidad al delincuente precoz tiende a evitar que luego ese mismo delincuente aplique “un mucho” de brutalidad a la sociedad.

 

Trabajos forzados. Parece una aberración digna del mundo al revés que cuando un delincuente comete un delito, la sociedad tenga encima que pagarle un retiro y mantenerlo. Si el preso ha causado un daño a la sociedad y encima su mantenimiento le cuesta dinero a la sociedad, es justo que pague su deuda trabajando gratis y haciendo algo útil en vez de simplementer estar sentado en una celda consumiendo dinero por gentileza del contribuyente. Quien debe pagar siempre es el criminal, no el ciudadano corriente. El flujo de beneficios, por tanto, debe ir del preso al ciudadano, no viceversa.

 

Pena de muerte. Existen delitos y criminales tan odiosos (asesinos en serie, pedófilos, altos traidores, alta corrupción, terroristas, psicópatas, violadores reincidentes, grandes narcotraficantes) que es un insulto pedirle al pueblo que pague con el sudor de su frente la comida y el alojamiento de estos elementos durante décadas. Suprimir las vidas de los criminales odiosos es simplemente más rentable económicamente para el pueblo, y además la misma connotación ritual de una ejecución lanza un claro mensaje al subconsciente de la sociedad.

 

 

Derecho a la legítima defensa

 

Es de derecho natural defenderse del enemigo…

una ley sagrada, no escrita, pero que nace

con el hombre: ante un ataque injusto,

todo medio de salvación es legítimo.

(Cicerón).

 

El derecho más básico y fundamental de cualquier ser vivo es el de la autopreservación. Ello incluye respirar, comer, beber, refugiarse… y defenderse cuando se es atacado. Este derecho básico NO está garantizado en la España moderna, donde se protegen los derechos del perpetrador mucho más que los derechos de la víctima (sólo una casta dirigente de criminales, ladrones y gentuza podría promulgar leyes que benefician a los criminales, los ladrones y la gentuza). Parece que si un delincuente comete un robo en un domicilio y luego tropieza escaleras abajo, poco menos que se reprende al dueño de la vivienda por no tener medidas de seguridad adecuadas. En una España que sufre niveles de delincuencia en constante aumento, es corriente que se repita un esquema una y otra vez:

 

– Ciudadano corriente es robado, atacado o lo que sea por parásito social.

 

– Ciudadano corriente denuncia los hechos ante la Policía.

 

– Parásito social se entera de que le ha denunciado y corre a amenazarlo con sus amigos. Parásito social agrede de nuevo al ciudadano corriente y amenaza con dañar a su familia.

 

– Ciudadano corriente, desesperado por la inacción de las “autoridades competentes”, se toma la justicia por su mano.

 

– Ciudadano corriente es condenado a una larga pena de prisión. Su familia sufrirá las amenazas y el acoso de los familiares y amigos del parásito. Ni las “autoridades pertinentes” ni los familiares del parásito social recibirán castigo alguno por su despreciable conducta.

 

Otro esquema que se repite es el del parásito que entra a robar en casa de un ciudadano corriente, el ciudadano corriente se defiende y, como consecuencia, el parásito acaba muerto y el ciudadano corriente en la cárcel.

 

Hay toda una subclase de criminales que se encuentran al margen del sistema y que actúan como por encima de la ley, ya que la Policía no quiere meterse en problemas, debido a presiones que vienen desde arriba. Las oleadas de delincuencia, como la que estamos sufriendo ahora, sólo vienen cuando los delincuentes se sienten totalmente impunes, amparados por el sistema, y especialmente porque saben que las víctimas no se pueden defender. Generalmente, dicha víctima es una persona honrada que “forma parte del sistema”, que paga sus impuestos, que no tiene un “clan” que lo defienda (salvo supuestamente el Estado, que no cumple su función) que tiene mucho que perder y que intenta no meterse en problemas. Se trata del perfil típico de víctima de la globalización: varón europeo blanco, trabajador, heterosexual y de clase media o baja. Este tipo humano es el que más contribuye a mantener el sistema en pie, pero a la vez siempre es el más perjudicado y criminalizado por el mismo sistema.

 

Las víctimas de la globalización —es decir, las clases medias y bajas de Occidente— están siendo bombardeadas con una propaganda que extirpa de ellas el instinto natural de autodefensa, como si quisiesen convertirlas en un rebaño manipulable, asustado, sojuzgable y dependiente del pastor, para que sean capaces de vender su alma a cambio de un poco de seguridad. Decía Thomas Jefferson que “quienes renuncian a la libertad esencial para obtener seguridad temporal, no merecen ninguna de las dos cosas”. La sensación de indefensión del individuo es utilizada por el sistema para ir promulgando medidas de control social cada vez más atenazantes. El actual poder quiere, por la cuenta que le trae, ciudadanos indefensos y privados de todo derecho, ya que una turba de ciudadanos armados y legítimamente cabreados (lo de “indignados” no basta), no tendría problemas para cazar como animales y ajusticiar por su cuenta a quienes percibe como manzanas podridas, desde alcaldes, banqueros, jueces, oligarcas, ministros y concejales hasta delincuentes comunes. La casta, grupo social endogámico que no se entera de cómo es el día a día del pueblo trabajador, va protegida hasta las trancas. Sin embargo, esta misma casta es la que le niega al pueblo indefenso los medios para protegerse. Para acabar con este repugnante estado de cosas, deben introducirse cambios en el sistema:

 

Fin de la ley de proporcionalidad entre defensa y agresión. El ciudadano tiene derecho a defenderse de los parásitos que le chupan la sangre ―sean ladrones de guante blanco, de pasamontañas o de navaja― con medios más contundentes de los que el criminal usa para atacarlo a él. Es cierto que las FyCSE están para proteger al ciudadano de los criminales, pero si se ha producido un robo o un ataque, es precisamente porque las FyCSE no lo han podido evitar y han fracasado en su labor. En tal caso, el ciudadano tiene derecho a protegerse sin miedo a que la ley recaiga sobre él.

 

Relajación de los requisitos para conceder licencias de armas para la autodefensa de civiles honrados y sin antecedentes penales ―previo examen psicotécnico, curso de manejo y examen teórico-práctico. Actualmente existe una licencia de armas (la B) que autoriza a portar armas a personas que están bajo peligro. Sin embargo, en un reflejo típico de la sociedad “igualitaria” de este “Estado de derecho”, dicha licencia sólo suele concederse a políticos, futbolistas, famosos, jueces, banqueros y similar ralea de la casta privilegiada, mientras que a otras personas que necesitan la licencia igual o más, se les pone todo tipo de trabas administrativas. Un taxista, un joyero, un farmacéutico o un dependiente de kiosco o de gasolinera, trabaja con riesgo y tiene derecho a defender su vida, su propiedad y los frutos de su trabajo. Lo mismo reza para cualquier persona que desee estar en condiciones de defender su hogar, su vida y la de los suyos. Tanto las armas cortas como las escopetas deberían poderse guiar con una licencia de autodefensa.

 

Relajación del reglamento de armas. Existen toda una serie de trabas (armeros caros, restricción por calibres, revistas periódicas, cupos de munición, etc.) a la posesión de armas, diseñadas para entorpecer y encarecer la adquisición y tenencia de armas por parte de los ciudadanos corrientes. Esto resulta particularmente exasperante por cuanto existe un mercado negro de miles de armas ilegales (en 1999 la Guardia Civil estimaba 350.000, hoy este número es mucho mayor tras la distribución de material de los Balcanes), contra el cual no se está luchando como es debido, sino que se atosiga a los tiradores deportivos, cazadores, aficionados a las armas y coleccionistas, propietarios de armas perfectamente registradas, controladas por el Estado y con todos los papeles en regla. No se debe mirar con sospecha a los ciudadanos corrientes, sino a los altos cargos y peces gordos del capitalismo y a los delincuentes de baja estofa, que se aprovechan de un sistema judicial decadente y odioso.

 

Endurecimiento de la lucha contra las armas ilegales. Las FyCSE saben perfectamente que existen focos de tráfico de armas ilegales, pero no actúan contra ellos por razones de “fuerza mayor” y para no suscitar las quejas de ONGs y medios de comunicación financiados por el gran capital. Los campamentos gitanos, los barrios conflictivos, los lugares donde abundan las bandas étnicas y el tráfico de estupefacientes, etc., están armados hasta los dientes. Incluso bandas organizadas han llegado a robar grandes cantidades de armamento en bases militares y comisarías, pero la “justicia” se ceba en los poseedores de armas legales. Esto recompensa al delincuente, penaliza al ciudadano honrado y encima estimula la proliferación de armas ilegales. Sólo una política férrea de intervenciones policiales, como ha realizado Brasil en sus favelas, podría poner orden en estos agujeros negros territoriales. El problema es que dichas intervenciones no quedan bonitas en las noticias, no son buenas para captar votos y además supuestamente violan los derechos humanos de toda la basura humana que no tiene reparos en violar los derechos de los demás.

 

 

Sistema penitenciario

 

La cárcel debería ser un lugar donde a nadie le gustaría estar, no un hotel pagado por el contribuyente. En España, se ha llegado a un punto en el que los delincuentes extranjeros viven mejor enjaulados que en sus países de origen, y en el que no les importa ser encarcelados, ya que se encuentran con sus familiares, sus amigos, y tienen una serie de comodidades impensables para muchos ciudadanos corrientes (carrera pagada, cursos de formación profesional, gimnasio gratuito, etc.). Resulta también muy representativo que el Estado gaste más dinero en la comida de los reclusos que en la comida de los soldados. Cada recluso le cuesta al contribuyente 26.000 euros al año (unos 2.150 euros al mes, muy por encima del salario medio). Esta burrada es una grave hemorragia para el Estado.

 

Durante “la dictatura franquista”, la proporción de reclusos sobre el total de la población era de las más bajas del mundo: durante 1975, en plena efervescencia de detenciones anti-terroristas, había unos 15.000 reclusos de un total de 36 millones de habitantes, es decir, 24 presos por cada cien mil habitantes. Actualmente, España tiene 80.000 presos, el equivalente a 170 por cada cien mil habitantes. En comparación, Reino Unido tiene una proporción de 150, Francia 96, Italia 95, Alemania 90 y Suecia 75. Lisa y llanamente, desde la caída del franquismo, la proporción de presos se ha multiplicado por siete.

 

Dos son los factores que explican la particularidad española, puesto que el argumento de la inmigración no sirve al ser común con el resto de países europeos:

 

a) Presencia de focos de población autóctona altamente problemática (especialmente gitanos y similares).

 

b) Ley Integral de Violencia de Género de 2007 y Ley de Divorcio de 2005.

 

Como en el caso de la delincuencia común, los problemas penitenciarios no pueden abordarse sin tener en cuenta además el problema de la inmigración. El 60% de los presos encarcelados en España en la última década son extranjeros. Como de costumbre, una importante parte del 40% restante se compone de gitanos e inmigrantes nacionalizados que computan como “españoles”. Durante este periodo, el número de reclusos nacionales ha crecido un 29%, mientras que el de extranjeros ha crecido un 228%. Las cifras van en aumento.

 

 

 

 

En torno al sistema penitenciario florecen todo tipo de negocios y chiringuitos parasitarios, cosa que podría acabar desembocando en una privatización de las cárceles, como en Estados Unidos (país con la mayor tasa de encarcelados del mundo: 756 por cada cien mil habitantes), donde hay megaempresas a las que les conviene mucho tener una población penitenciaria anormalmente numerosa. Para mantener bajo el número de reclusos y evitar que sigan siendo una hemorragia para el Estado, se tendrían que aplicar una serie de medidas.

 

Repatriación de toda la población penitenciaria de origen extranjero. Que delincan o vayan a la cárcel en su propio país, si tienen valor para ello. El contribuyente español bastante tiene ya con mantener a los reclusos españoles.

 

• El ya mencionado asunto de los castigos físicos podría ahorrarle al Estado el tener que gastar dinero en mantener a otro recluso. No sale rentable meter en la cárcel a un pequeño trapero o a un aprendiz de macarra, si luego resulta que en la cárcel se junta con individuos de mucha peor estofa, se endurece y aprende de ellos. Sale más rentable darle un correctivo físico, totalmente gratuito, de tal modo que no se atreva a volver a delinquir. La cárcel debería reservarse en la medida de lo posible a elementos socialmente peligrosos e incorregibles.

 

Fin de los lujos en las cárceles. No puede ser que un ciudadano trabajador y padre de familia no llegue a fin de mes y que a un criminal no le falte de nada. Es inmoral, injusto y odioso. Las ayudas sociales, para los ciudadanos trabajadores, y sólo si sobra dinero puede llegar a pensarse en mejorar las condiciones de vida de los criminales.

 

Amnistía a los hombres condenados por “leyes de violencia de género” anticonstitucionales, que tienen buena parte de la responsabilidad en el aumento de reclusos y en la sobresaturación del sistema penitenciario español, muy a menudo con hombres totalmente inocentes. Esta medida debe complementarse con la derogación de la Ley Integral de Violencia de Género y la Ley de Divorcio y la lucha contra el fenómeno social de las denuncias falsas por parte de mujeres sin escrúpulos, dispuestas a aprovecharse de la imbecilidad de una “justicia” decadente.

 

•  Castigar a los organismos e individuos responsables de subvencionar y promover la misandría y la criminalización del varón ―especialmente del varón blanco y heterosexual―, sea con dinero privado o especialmente con dinero público.

 

Ir a la raíz del problema. Es innegable que una sociedad aberrante produce inadaptados sociales, y probablemente muchos de estos inadaptados son seres humanos más cuerdos que quienes les condenan. Se debe trabajar para constituir una sociedad que no esté en contradicción con la naturaleza humana y que no aliene ni desposea al individuo de sus vocaciones naturales ―que en el caso del hombre, tienden a la acción, y en el caso de la mujer, a la maternidad.

 

 

 

LA CRISIS NO ES SÓLO ECONÓMICA NI SÓLO ESPAÑOLA ― DECADENCIA DE OCCIDENTE

 

Hubo un tiempo en el que el ser humano estaba gobernado por la voluntad, y sus apetitos eran instrumentos de esa voluntad. Ahora está gobernado por el deseo, y su voluntad es el instrumento de sus apetitos. Mientras vivamos en un sistema económico que convierte en rentable el envenenamiento del planeta y del cuerpo y la mente del hombre, esto jamás se podrá cambiar. Se necesita un sistema económico antropocéntrico, que se base en el hombre, y en el que la economía esté al servicio del hombre, no el hombre al servicio de la economía.

 

Nos encontramos en una época de transición. Un sistema de vida muere, y otro ocupará su lugar. Como todas las sociedades que llegan a fin de ciclo, la nuestra es una sociedad fuertemente decadente y desorientada. Nadie cree en nada, el idealismo está muerto y todo son intereses, beneficios e impulsos del bajo vientre. En esto, tienen la responsabilidad tres instituciones encargadas de formar los valores del individuo: la familia, el sistema educativo y los medios de comunicación.

 

La familia, depositaria del imaginario colectivo de la antigüedad, ha sido totalmente neutralizada como célula independiente. En los pocos lugares donde los lazos familiares todavía son superiores a los lazos económicos (como en las tribus libias), la globalización se está encargando de imponer su ley. La familia tradicional es antisistema: una familia, usando la misma casa, el mismo coche, compartiendo gastos, etc., consume menos que cada individuo por su lado con su propia casa, su propio coche, comiendo fuera de casa, etc. Lo que interesa no es que el individuo comparta sus posesiones y haga causa común con otros, lo que interesa es que abunde la gente independiente, “liberada”, hedonista, superficial, insatisfecha y egoísta, cuanto más frustrados e infelices, mejor —ya que buscarán la felicidad de manera artificial, en placeres superficiales, vicios fáciles y compras compulsivas, y ello multiplica las rentas de la casta.

 

Además, la familia es la unidad social más básica. El individuo tiende a aplicar en su vida social los mismos patrones que ha absorbido en su familia. Quien no sabe vivir en familia, nunca podrá vivir en una sociedad estructurada, y por tanto, sin familia, es imposible construir un verdadero socialismo —ya que el individuo pasa a regirse por directrices que no tienen nada que ver con su propia gente, sino con lo que se vocea en los medios de comunicación y en la “cultura” oficial mainstream.

 

El sistema educativo se ha convertido en una fábrica de esclavos en serie, recompensando las virtudes del animal de ganado, ahogando la excelencia humana, machacando el vigor de la juventud y neutralizando a los superdotados. Se ha convertido también en un negocio y en un centro de adoctrinamiento para la ingeniería social con directrices impuestas por la UNESCO (multiculturalismo, igualitarismo, aborto libre, sexualidad libre, normalización de la homosexualidad, cultura de la anti-voluntad y del anti-esfuerzo, anti-patriotismo, tecnofilia, anti-racismo, consumismo, moral del esclavo, pro-globalización, etc.).

 

En cuanto a los medios de comunicación, están secuestrados por el gran capital y sólo difunden la ideología oficial, la publicidad, las modas necesarias para que el sistema económico de consumo se mantenga en pie, y las consignas que están envenenando la mente de la humanidad.

 


 

 

Las crisis que veremos a continuación se añaden a las más graves de todas, que son la multiplicación exponencial de los seres humanos en las áreas más deprimidas del planeta, la lucha por los recursos y la degradación del código genético humano. Cuando se promueve la disolución social y moral más absoluta, el ateísmo, el igualitarismo, el relativismo, el nihilismo y el cortoplacismo, todo se hunde, y sólo una élite financiera y comercial, firmemente religiosa, cohesionada, educada y rica, asciende a lo alto del desastre como la nata a lo alto de la leche.

 

 

Crisis biológica

 

El ser humano, como cualquier otro animal, interacciona con el medio que le sostiene de diversas formas: respirando, bebiendo, comiendo, observando, escuchando, sintiendo, saboreando, tocando. Estos procesos estimulan todo un sistema psicofísico, y de ellos depende la creación de un ser humano sano, equilibrado y amante de lo suyo, o la creación de una criatura enfermiza, autodestructiva, endofóbica y neurótica.

 

En los tiempos antiguos, el ser humano interaccionaba con un entorno virginal, prístino y natural, tal y como nos pedía nuestro código genético, moldeado por dicho entorno. Actualmente, interaccionamos con un entorno corrompido y contaminado, que está en contradicción con todos los circuitos físicos y mentales de nuestro cuerpo. El agua está contaminada, el aire está contaminado, la comida está corrompida, la contaminación electromagnética es constante y nuestro entorno está desnaturalizado. En una frase, estamos respirando, bebiendo, comiendo, observando, escuchando, sintiendo, saboreando y tocando cosas que no son aptas para el consumo humano, y que desequilibran la salud tanto física como mental del individuo. Es en las ciudades grandes y zonas industrializadas donde este proceso está más avanzado, y donde ha causado una grave epidemia de esterilidad, problemas de salud, enfermedades mentales y feminización debido a los xenoestrógenos y otras sustancias estrogenizantes. El ser humano moderno tiene, para consigo mismo y para con el medio, comportamientos anormales y destructivos, propios del animal enjaulado.

 

La culpa de esta involución la tiene un determinado mindset, o bagaje mental-ideológico, que considera que el ser humano no es un animal sujeto a las mismas leyes naturales que rigen la evolución del resto de animales. Incluso a quienes afirmen que el hombre tiene un espíritu que lo distingue y que lo eleva, habría que explicarles que sigue teniendo, hasta el momento de su muerte, una parte material, sujeta a las leyes de la tierra. Este lastre mental sólo puede solucionarse con un cambio total de paradigma, basado en la idea de que “si perjudica a la especie, es malo”.

 

La única manera de volver a someter a los pueblos europeos a unos hábitos de vida mínimamente sanos, es operando una militarización y regimentación total de toda la sociedad, y familiarizándola con la vida de campamento, lo cual sólo podría hacerse cuando un sistema de poder político de carácter socialista haya reconquistado los Estados.

 

 

Crisis antropológica

 

El proceso de domesticación de un animal es largo y triste. Por poner un ejemplo, para pasar de los antiguos y salvajes uros a la vaca, se tuvo que operar una selección artificial que contradecía radicalmente a la selección natural hasta entonces vigente. Los hombres capturaron rebaños de uros y sistemáticamente, generación tras generación, mataron a los más bravos, inquietos e inteligentes para que su código genético no pasase a la siguiente generación. Al final, los hombres obtuvieron lo que querían: un animal al que le da igual que una persona se le acerque descaradamente y le agarre de un pezón para ordeñarle toda la leche que debería ir para sus terneros.

 

Desde el Neolítico, la civilización ha operado una “selección a la inversa” en el genoma humano. En cada generación, los individuos más nobles, bravos, abnegados, altruistas, valientes, heroicos, sanos e inteligentes, han caído en guerras y luchas por el poder. La civilización lleva milenios recompensando evolutivamente la multiplicación de los individuos vagos, cobardes, aduladores, mentirosos, materialistas, egoístas, débiles, “espabilados” o simplemente mediocres. Actualmente, el “superviviente” ya no es el cazador o el guerrero de otros tiempos, sino el buitre oportunista, el buscavidas, el mercader, el tendero o el tacaño que acapara riqueza como un roedor. Este horroroso retroceso en la evolución, prolongado al infinito, acaba creando dos tipos humanos:

 

1- El rebaño. Un tipo humano conformista, sin anhelos, curiosidades, inquietudes, imaginación, valor, idealismo ni inteligencia ―salvo la estrictamente necesaria para desempeñar su puesto de trabajo. Un tipo humano gobernado por apetitos mediocres y desordenados: un ser apto para aceptar su esclavitud como animal de ganado en una inmensa granja gestionada por una selecta casta de granjeros. A cambio de ser ordeñado hasta el agotamiento, el hombre-ganado obtiene lo que Nietzsche llamaba “bienestar digno de lástima”. Se trata del tipo humano mayoritario en las sociedades más involucionadas, un tipo humano que se cree lo que le cuentan. Dentro del rebaño aun hay encerradas porciones del genoma de los mejores hombres de otros tiempos, pero la hipnosis a la que están sometidos sus portadores evita que esta sangre maravillosa se exprese, y el paso del tiempo la va erosionando y diluyendo irremisiblemente generación tras generación.

 

2- El pastor. Un tipo humano taimado, retorcido, materialista, vivaz, que ha sabido aprovechar la coyuntura para subir a lo más alto, que prospera con la desgracia ajena, que fomenta deliberadamente la estupidez del resto de la humanidad y que neutraliza a las cabezas pensantes del rebaño. Un carácter gobernado por la ambición material y el ansia por trepar hacia ni él sabe dónde. Estos individuos se unieron entre ellos por intereses comunes, adularon a los antiguos héroes para fomentar las ambiciones que les hicieron caer, usurparon su lugar y se colocaron en condiciones de explotar de forma parasitaria al pueblo huérfano. Este tipo humano es el que predomina en las castas económicas y políticas que gobiernan al mundo actualmente, y no le conviene que el hombre evolucione para despertarse y liberarse.

 

La degeneración de la especie, debida a la sobreprotección y domesticación del ser humano civilizado, puede compararse con lo que pasa cuando un jardín se descuida y se abandona: las malas hierbas lo invaden y amenazan con convertirse en la especie dominante. Sólo una política de eugenesia impuesta por el Estado podría poner coto a este proceso. Se trata de un tema complejo que queda fuera del marco de este escrito y que será tratado en un artículo futuro.

 

 

Crisis étnica

 

La globalización está gobernada por una casta financiera, comercial y mediática altamente endogámica, que considera que la amalgama de la “raza blanca”, que vertebra a la Civilización Occidental  (especialmente las clases medias y bajas europeas y los WASP y “rednecks” estadounidenses), es el único bloque social multinacional que, bajo ciertas condiciones, podría ser capaz de desafiar la hegemonía económica y política de la plutocracia mundialista.

 

Las identidades étnicas (especialmente las occidentales) son vistas como un obstáculo en los planes de la globalización, un bastión reaccionario del antiguo orden natural de las cosas. Muchas culturas y muchos pueblos son difíciles de dominar por una casta internacionalista, ya que son miles de escenarios, cada uno con sus reglas —pero una cultura y una sociedad global, es fácil de dominar: se forjan los valores y las mentalidades, se toma nota de las debilidades, y se procede. Por eso la globalización busca de forma sistemática y agresiva la disolución de las identidades de todos los pueblos del planeta. Y aunque a la homogeneización racial total le falta tiempo, la homogeneización de las ideas y del carácter, está muy avanzada: cada vez más se tiene la sensación de que la gente piensa igual en todas partes y tiene metas similares.

 

La inmigración masiva de los últimos tiempos sirve bien al objetivo de la homogeneización masiva de la humanidad, y está abocada a provocar gravísimos conflictos sociales en el futuro próximo. Se tratarán otros aspectos de la crisis étnica en la tercera parte del artículo.

 

 

Crisis moral, ideológica y espiritual

 

No sólo de pan vive el hombre. Como se ha dicho más arriba, el hombre tiene necesidades inmateriales, y necesita formas de organizar y canalizar las capacidades más elevadas de su cerebro. A un nivel básico, el ser humano necesita sentirse identificado con un proyecto común “tribal” digno de orgullo, que le dé la oportunidad de formar parte de algo que trascienda su individualidad mediocre y efímera, algo que lo aúpe a la eternidad. El hombre del hemisferio norte, cuyos antepasados vivieron en condiciones que exigían cooperación y trabajo en equipo, parece particularmente programado para querer ser útil a su “tribu”. Cuando se le niega la posibilidad de ayudar a sus semejantes y participar en una gran empresa común, el hombre sufre. Sin una tabla de salvación, una brújula que le señale el Norte, el hombre se vuelve desorientado y sus instintos se disgregan. Por ende, las civilizaciones necesitan una disciplina social, un imaginario colectivo que organice a las masas y las cristalice y estructure, convirtiéndolas en una unidad férrea y pletórica de fe.

 

El problema del hombre moderno corriente no es ya que tenga una ideología equivocada, sino que directamente no tiene ideología alguna —pues no está dispuesto a luchar y morir por absolutamente nada. De eso se ha encargado el sistema, cultivando una de las peores enfermedades mentales que existen (el ego, el “yo no creo en nada, sólo en mí mismo” y el “yo soy más guay que el vecino”). Esto es pernicioso por cuanto las ideologías proporcionan cohesión social y vertebran a un pueblo, mientras que los egos lo dividen. Cuando no hay ideología (podríamos decir “ego común”), la colectividad carece de propósito y de sentido, tanto para bien como para mal. La India védica, la antigua Esparta, la Roma imperial, la Europa medieval, los califatos árabes, los pioneros puritanos, el Japón feudal, la Francia napoleónica, la Alemania nazi, la Unión Soviética y la España franquista (o actualmente Corea del Norte o Irán), fueron, para bien y para mal, sociedades fuertemente ideologizadas, en las que “se creía en algo”. En Occidente, ese “algo” ha sido arrancado, y el hueco ideológico no se ha llenado con nada nuevo satisfactorio, de modo que automáticamente el vacío atrae a las fuerzas parasitarias, las malas hierbas: materialismo, hedonismo, pereza, indolencia, nihilismo y otros vicios. Parece que el hombre moderno no siente respeto por nada, que nada lo motiva y que nada le conmueve de verdad el alma… salvo el dinero y el estatus socioeconómico.

 

Que la sociedad debe ser fuerte y honorable lo corrobora el hecho de que las mismas masas, de carácter netamente femenino, tienden a despreciar y a revolverse contra la civilización y contra los líderes que les permiten comportarse de manera disoluta e indisciplinada. La proliferación de tribus urbanas, sectas, independentismos, hinchadas de fútbol, mundos virtuales, estéticas raras, aficiones extravagantes, etc., se debe a que el individuo carece de una fe, una ideología vigorosa y prometedora con la que sentirse identificado, y una Tradición ancestral que asegure la continuidad de su código genético y su mentalidad —de modo que busca sucedáneos cutres para auto-afirmarse, de manera inadecuada e infantil. Este proceso surgió ya durante la decadencia de Roma: proliferaron infinidad de “cultos de salvación”, de los cuales sólo el cristianismo acabó imponiéndose. La Europa actual, que es hija de Roma, está atontada por las sustancias químicas y los impulsos sensoriales desordenados, y parece que será el Islam quien se llevará la palma, a menos que Europa sea capaz de crear un sistema de valores que supere al Islam en fuerza y magnetismo, recuperando ideas “medievales, anticuadas y obsoletas” como el patriotismo (que no patrioterismo), el honor, la lealtad, el valor, el orden, la jerarquía, la obediencia, el sacrificio, el altruismo y la disciplina.

 

Los pueblos europeos deben ser capaces de crear, de forma espontánea y bajo una fuerte presión ambiental (ya que el hombre nunca ha evolucionado por iniciativa propia, sino arreado por el látigo de la vida y del mundo), un nuevo sistema de valores y creencias que invierta totalmente la perniciosa tendencia de los últimos milenios y que inyecte una masiva dosis de fe, ilusión, pasión y fanatismo en el triste espíritu del hombre europeo. Es difícil concebir este proceso de transformación sin contar con la mayor maquinaria trituradora de egos individuales que ha llegado hasta nuestros días: el mundo militar.

 

 

Crisis sexual

 

El sexo es una de las mayores fuerzas que mueven al ser humano y, actualmente, es también un enorme negocio para un sistema que intenta sacar beneficio económico hasta de los instintos naturales. La pornografía, las modas, la prostitución, la economía del mundo de la noche, las drogas, el alcohol, las hipotecas, las profesiones y un sinfín de negocios extremadamente lucrativos, utilizan al sexo como su principal combustible.

 

Resulta muy claro a estas alturas que el sistema moderno, utilizando principalmente los medios de comunicación y diversas consignas y “memes” lanzados a las masas, se dedica a:

 

a) Sobre-estimular sexualmente al individuo, especialmente a los varones. Con ello, promueve la expresión desordenada y superficial de los instintos sexuales naturales, la subordinación de la voluntad a los deseos y el drenaje de la fuerza vital. Además, evita que el individuo piense en otras cosas que lo puedan convertir en un disidente.

 

b) Derribar los sentimientos naturales de pudor, inocencia, idealismo y dignidad, que obstaculizan la “libre circulación” de flujos sexuales en la nueva sociedad-revoltijo pseudomatriarcal.

 

Del mismo modo que el capitalismo busca “abrir mercados” violando la soberanía de países ajenos, también ha descubierto que en el seno de cada individuo también hay “mercados” susceptibles de ser explotados, y que deben ser también abiertos. En una época de promiscuidad y corrupción universales, sólo los grupos altamente organizados, puritanos, jerarquizados y de alta natalidad, ascienden a lo alto. Simplemente, “los mercados” quieren asegurarse de que los pueblos a los que explotan no sean de esos grupos.

 

En otro orden de cosas, el sistema económico se ha dado cuenta de que los hombres producen la mayor parte de bienes y servicios que circulan por el mundo, pero son las mujeres quienes los consumen en mayor cantidad. Obviamente, al sistema económico le conviene un “individuo universal”, sin identidad sexual, que tenga los hábitos de trabajo y competitividad de un hombre, pero los hábitos de consumo de una mujer. En términos de ingeniería social, eso se traduce en intentar inocularle al hombre la enfermedad del consumismo, de la moda y de la superficialidad social, y en intentar embrutecer el carácter de la mujer insuflándole agresividad masculina para volverla “competitiva”. El resultado ha sido una generación de poco-hombres y poco-mujeres, quizás aptos para el sistema, pero no para la especie. Ahora se ve con más claridad que la “liberación de la mujer” en realidad ha sido una estrategia del gran capital para destruir la célula familiar, duplicar la mano de obra, reducir los sueldos a la mitad, aumentar el consumo y dejar a los hijos a merced de la agresiva propaganda emanada de las multinacionales. Entendemos que el verdadero machismo consiste en pensar que la mujer debe adoptar la conducta de un hombre, y en no reconocer la importancia económica y social de la madre y del ama de casa.

 

Finalmente, el hombre autoritario, el pater familias de los tiempos romanos, ejerce una influencia magnética sobre la masa social, disciplinándola. Los pastores sociales saben que para obtener un rebaño disoluto, vulnerable y atolondrado, necesitan anular la influencia de los “machos cabríos” y conceder libre albedrío al consumismo, asegurándose de que las inseguridades y veleidades consumistas de las mujeres no se vean restringidas por la seguridad ofrecida por un hombre que se viste por los pies. El patriarcado ha sido efectivamente desmantelado.

 

Esto, junto con la consabida táctica del “divide y vencerás”, es el verdadero origen de la “lucha de sexos” y de las leyes y convenciones sociales que criminalizan al hombre blanco heterosexual de a pie e intentan arrancarle poder y autoridad sobre su entorno, para concedérselo a “los mercados” (medios de comunicación, gobiernos, sistema educativo, mega-empresas, bancos). En la práctica, la atenuación de las identidades sexuales, que comenzó con el Neolítico, está acelerándose en las sociedades “desarrolladas”. Los hombres son cada vez menos hombres, las mujeres cada vez menos mujeres, la esterilidad se ha incrementado de forma alarmante, la natalidad ha caído en picado y ha aumentado drásticamente la cantidad de homosexuales.

 

 

Crisis medioambiental

 

La fuente de energía más efectiva, limpia y renovable es la que utilizó el hombre durante la mayor parte de su historia: animales, productos vegetales, agua, piedra y madera. La civilización moderna devora infinidad de recursos, desde petróleo hasta minerales, y desde ríos hasta montañas, endeudándose con la Naturaleza por generaciones y generaciones. Este proceso, para colmo, ha aumentado la cantidad de seres humanos, pero no ha aumentado su calidad, sino todo lo contrario, ya que el hombre no puede volverse contra la tierra que lo sustenta sin involucionar. Las sustancias tóxicas se están acumulando en la tierra, el aire, el agua, nuestros alimentos y nuestros propios cuerpos, produciendo seres humanos cada vez más endebles y enfermizos. Parece que la humanidad se ha concentrado tanto en el progreso de la tecnología que se ha olvidado del progreso evolutivo del mismo hombre, y que en vez de utilizar la tecnología para mejorar al hombre, estamos utilizando al hombre para mejorar a la tecnología.

 

Los eufemismos como el “crecimiento sostenible” o el “desarrollo sostenible” son palabroides políticamente correctos (ya que ningún crecimiento ni desarrollo es sostenible indefinidamente) que enmascaran las verdaderas intenciones de la finanza internacional: privatizar la Naturaleza, ponerla a producir rentas y utilizar problemas globales (cambio climático) para introducir medidas, soluciones y organismos igualmente globales. Lo que se necesita es un cambio radical en los hábitos del ser humano civilizado si se pretende salvar a la biosfera. Tres simples medidas que borrarían de un plumazo buena parte de nuestros problemas ambientales serían:

 

• Reducir drásticamente el consumo, eliminando las modas, simplificando el estilo de vida y fabricando productos necesarios y que duren mucho tiempo. Lo veremos con más detalle en la tercera parte del artículo.

 

• Economía nacional, local y de circuito cerrado en la máxima medida de lo posible. Se emplearía menos petróleo y menos aditivos químicos, fertilizantes y pesticidas (que a su vez son en buena parte derivados del petróleo).

 

• Promover la reforestación.

 

 

Crisis demográfica

 

Un país equivale, antes que a sus materias primas o capitales, a la calidad, cantidad, composición y distribución de su capital humano. Todos los aspectos de una nación (economía, cultura, productividad, política, relaciones exteriores, etc.) se basan en última instancia en que las mujeres producen hijos. Cuando esto falla, todo lo demás falla.

 

Todas las sociedades decaen porque el sustrato biológico que aseguraba su existencia, sucumbió. Una sociedad puede sobrevivir a una guerra, una hambruna, una peste, una sequía o una catástrofe natural, pero no puede sobrevivir a la modificación de su código genético, a la proliferación de los tipos humanos menos valiosos o a la molicie inducida por un confort demasiado prolongado. Si un sistema económico entra en crisis, si una catástrofe destruye una ciudad o si cae un régimen político, todo eso se puede solucionar. Lo que no tiene solución es la disolución de un pueblo, su mentalidad, su carácter y su sangre. En otras palabras, los pueblos no sobreviven a la deformación de sus rasgos originarios o al agotamiento de su pozo genético.

 

Existe un problema demográfico en Occidente. El problema demográfico es que no se tienen hijos. Las corporaciones capitalistas dieron un paso al frente y dijeron “traed gente de fuera”. ¿No habría sido más fácil fomentar políticas de natalidad, apoyo a las familias numerosas, remuneración del trabajo de las amas de casa, que ser madre fuese prácticamente un trabajo pagado por el Estado, etc.? Sí, habría sido más fácil. Y no tendríamos los problemas que tenemos ahora, de grupos inasimilables que odian a muerte al Estado que les da de comer, que lo desangran económicamente y que, para celebrarlo, han disparado la tasa de delincuencia. El problema es que esto no habría multiplicado las rentas de “los mercados” (es decir, de una reducida casta de parásitos).

 

Una sociedad necesita una media de hijos de por lo menos 2 por individuo si desea asegurar el relevo generacional. Actualmente, la media de hijos en las sociedades “desarrolladas” ronda el 1,2. Es decir, que prácticamente nuestra población se divide por 2 en cada generación.

 

 

Pirámide de población de España de 2007.

 


Pirámide de población de África Occidental vs. Europa Occidental. Numéricamente, los africanos son demasiados para los medios que tienen, pero las proporciones de su pirámide poblacional son mucho más naturales. En Europa, nuestros números son más acordes con nuestros medios, pero la composición de nuestra pirámide es totalmente antinatural.

 

El pronóstico es insostenible: una minoría de trabajadores jóvenes va a tener que sostener con su trabajo a una mayoría de pensionistas. El remedio propuesto por “los mercados” (importar inmigrantes a mansalva) está demostrando ser peor que la enfermedad. Sólo una política social de apoyo a la familia y fomento de la natalidad entre la población autóctona, podría revertir esta tendencia: remuneración y cotización a la Seguridad Social del trabajo de las amas de casa, los préstamos sin interés a las parejas jóvenes (cosa que se hacía en la Libia gadafista), pisos de protección oficial (se necesitaría nacionalizar stocks enteros y poner orden en el mercado de la vivienda), y cualquier medida que tienda a estimular la natalidad y solidificar la familia tradicional.

 

IR A LA TERCERA PARTE

 

 

 

NOTAS

 

[1] Más tarde, el mismo De Gaulle pediría a EEUU oro en vez de dólares para pagar sus exportaciones, desencadenando la abolición del patrón-oro decretada por Nixon en 1971. En 1973, Carrero Blanco amenazaba con convertirse en el nuevo De Gaulle, debido a sus planes para armar a España con la bomba atómica y otros asuntos. El Secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger lo hizo asesinar. Las naciones soberanas, sin duda, son un quebradero de cabeza para las potencias hegemónicas de la era de la globalización. (Francia volvió a entrar en la OTAN en 2009 bajo Sarkozy).

 

[2] Ver los siguientes enlaces:

 

http://www.elimparcial.es/contenido/6786.html

 

http://www.elpais.com/articulo/reportajes/saharauis/juegan/carta/nueva/petroleo/elpdomrpj/20060409elpdmgrep_5/Tes

 

http://www.rtvc.es/participa/blogs/miequipaje/archive/2010/09/16/petroleo-canario-o-marroqui.aspx

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